domingo, 5 de noviembre de 2017

EL ABUELO MATERNO Capitulo 9



                                                EL ABUELO MATERNO  Capitulo  9


   Sonia no podía salir de su asombro, como le podía estar pasando a ella el vivir esa experiencia tan desagradable. Se encontraba en su habitación deambulando de un lado para otro, estaba muy nerviosa, pero lo peor de todo eran sus nervios, de un momento a otro aparecería su tía en la habitación para cambiarle el pañal. Sabía que si la encontraba levantada le iba a dar de nuevo una azotaina, algo que no le gustaría que sucediera, pues sentía como aun le ardían sus nalgas de la azotaina de la tarde noche del día anterior, pero mucho peor era la sensación de escozor que sentía en el culo, ya que desde antes de la cena llevaba puesto el pañal, por lo cual al no poder ir al servicio, no había podido evitar el tener que hacer sus necesidades. De muy buena gana hubiera salido de la habitación, a pesar de que ello hubiera significado que bien, su tío o su tía, la hubieran sorprendido lo cual habría significado un castigo seguro. Pero lo habría preferido cien veces antes que tener que hacer en el pañal sus necesidades como una chiquilla, cuando ella ya no era ninguna niña. Pero sus tíos se habían cerciorado que no pudiera salir de la habitación, estaban muy decepcionados por lo sucedido, Sonia lo sabía, les había decepcionado sobre todo ella, no era ninguna damisela traviesa, era una mujer profesora en una importante universidad, no como su hija que siempre había destacado por ser rebelde y despreocupada haciendo las cosas sin pensar en las consecuencias que podría tener, por ese motivo estaban más enfadados que de costumbre cerciorándose que no pudiera o pudieran tener un comportamiento como solían tener diariamente. Habiendo cerrado con llave por fuera, asegurándose que el castigo fuese ejemplar.
    Sonia introducía sus dedos entre el elástico de las bragas de plástico, para así aliviar la presión en sus nalgas doloridas, pero lo peor de todo, era llevar el interior del pañal empapado de su orina. Durante la noche no había podido evitar el tener que hacer pis, la primera vez, pudo sentir como la celulosa del pañal había absorbido la humedad, aunque ello no mediara en absoluto con la vergüenza que había sentido, pues la primera vez, tuvo lugar estando sentada en la silla cenando con sus primas, la Sra. Luisa y sus tíos, intento por todos los medios retener hacer pis, primero juntando sus muslos, luego pasando una pierna por encima de la otra cruzándolas, pero aun así, no pudo evitar que este saliera mojando el pañal. Recordaba esos instantes como habían sido de mortificantes para ella, a sus treinta y dos años, y haciéndose pis ante todos, estaba segura que se habían debido de dar cuenta de ello, pues su rostro no había podido evitar dar señales de estar en un aprieto, y debían de haber visto como se mordía los labios, o como apretaba sus parpados para retener el vaciado de su vejiga. Ella misma había notado como sus primas unos momentos antes que ella, habían hecho claramente gestos de estar en un aprieto, y como cerrando los ojos, sus mejillas se habían coloreado de rojo por el rubor y vergüenza.
   Los minutos pasaban, el temor a ser castigada así como la angustia comenzaba a amedrentar a Sonia, se decía así misma que aún estaba a tiempo de evitar ser castigada, pero el escozor en su entrepierna y sus nalgas, estando en la cama tumbada resultaba inaguantable, por esa razón deambulaba por la habitación, pero ese temor se estaba acrecentando, solo con poner sus manos sobre su trasero, este parecía despertar de nuevo sintiendo un insoportable dolor en el culo, ni mucho menos había sido su primera azotaina severa, pero algo muy distinto era sentir el culo adolorido por haber sido castigada y como spankee, disfrutar de esas molestias dolorosas, sintiendo la humedad del fondillo de sus braguitas producido por ese amargo y agradable  bienestar. Y otra cosa muy distinta era sentir esas dolorosas molestias en sus nalgas, las cuales no estaban resultando nada placenteras para ella, pues por un lado estaba el nauseabundo olor a orines, y el escozor terrible que sentía en sus nalgas, producido por su propia orina que empapaba por completo el pañal, al haber liberado su vejiga en varias ocasiones durante la noche, el pañal ya no daba más de sí mismo no absorbiendo, pero lo peor de todo era el roce de sus nalgas con el empapado pañal, daba la impresión de llevar papel de lijar, con lo cual podía sentir lo irritada que debía estar la piel de sus nalgas. En su deambular por la habitación, se contempló  en el espejo del armario, pudo verse así misma caminar arqueando sus piernas, para así evitar el roce de sus muslos, como el abultado pañal. Observándose se encontraba cuando escucho, como una llave era introducida en la cerradura de la puerta, en esos instantes el temor se apodero de ella, corrió hacia la cama metiéndose precipitadamente en la cama, pero ya era tarde, su tío la había visto.   
    Este al entrar se paró ante ella, al borde de la cama, a los pies de su sobrina. La observaba con cara muy seria, Sonia ante aquella mirada de hombre decepcionado con que la miraba, aun se sentía mucho peor teniendo que girar la cabeza para no mirarle directamente, estaba muy avergonzada de haber hecho pasar momentos duros para su tío, era un buen hombre aunque fuera estricto, como hombre tenía su forma de pensar, podía ser quizás anticuado, pero él era de ese modo, para él la disciplina siempre había sido muy importante en su vida, nadie le podía culpar de ser como era.
(Sr. Adams)  -. Ahora vendrá tu tía a cambiarte…
    Era lo justo que la castigara por pillarla levantada, pero en aquellos ojos, había visto un hombre confundido, aletargado, sin fuerzas, no porque no las tuviera. Sonia era como su propia hija, la había querido como tal siempre, solamente tenía un hermano, el padre de Sonia, ella era como su propia hija, Sonia se lo repetía así misma una y otra vez. Pensando en él estaba, cuando su tía apareció de improviso ante ella, no la había oído entrar.
    Sin mediar palabra alguna retiro las sabanas, Sonia esperaba ser regañada por la tía, pero no, en silencio soltó los adhesivos laterales que sujetaban el pañal, aquello era superior a lo que ella podría aguantar, aquel silencio era el peor de los regaños para Sonia. Sintió como por su entrepierna pasaban toallitas húmedas limpiando, así como unas toallas de algodón muy suaves secando su intimidad, como sus piernas fueron levantadas, pasando ahora las toallitas húmedas por y entre sus nalgas, luego vio como el pañal que quedaba bajo ella sin ya tocarle la piel, este fue retirado y enrollado sobre sí mismo dejándolo caer al suelo, el contacto de la toalla de algodón secando el culo, la alivio considerablemente. Sus piernas fueron de nuevo depositadas sobre las sabanas, y asiéndola de las manos fue levantada haciéndola sentar en el borde de la cama, aunque solamente fueron unos segundos, ya que tirando de sus manos la hizo poner en pie. De buena gana le habría dicho algo a su tía como…”porque no me regañas?” “Castígame” hubiera sido preferible a aquel silencio. La tía agarro el abultado pañal del suelo en una mano, con la mano derecha agarro de la mano izquierda a Sonia, llevándosela consigo hacia el baño, una vez en el, la introdujo en la bañera que ya había sido preparada previamente con agua caliente, haciéndola sentar la baño pasándole la esponja enjabonada por todo su cuerpo desnudo. Una vez acabado el baño, la hizo levantar para secarla, Sonia en ese momento recordaba como cuando era una niña su tía la bañaba en esa bañera. Pero ahora era diferente, entonces no sentía vergüenza al ser bañada, en cambio en esos momentos deseaba que se abriera la tierra y se la tragara. Una vez seca, pensó que ya había acabado, que la vestiría y todo se habría acabado. Pero… Su tía no pensaba dejarla así, aun iba a pasar más vergüenza Sonia. La sentó en el borde de la bañera haciéndola abrir bien los muslos, del lavabo cogió una maquinilla de depilar, pasándole previamente un poco de agua con jabón, fue lentamente depilándole el sexo, Sonia no sabía a donde mirar de vergüenza en esos momentos. Su tía se tomó su tiempo con calma, rasurándole el sexo y dejándolo sin un solo vello, una vez acabada la tarea. Paso la esponja para lavárselo bien y pasando a secarlo después con una toalla. De la mano, de nuevo la condujo hacia la habitación haciéndola permanecer junto a la cama en pie. El culo de Sonia lo tenía amoratado con zonas azuladas, en ese momento que su tía le dio la espalda, aprovecho para pasarse las manos por sus nalgas doloridas, en parte sentía un gran alivio, pues el escozor del pañal había desaparecido con el baño, el jabón había hecho de desinfectante aliviando así sus partes íntimas, acariciándose el culo estaba cuando volvió hacia ella su tía con unas bragas en las manos, Sonia creyó que la iba a regañar por sobarse el culo, pero no dijo nada en absoluto. Se limitó a abrir las bragas con sus manos y agachándose un poco, e indico con la mirada a Sonia que levantara el pie para ponérselas, primero paso por ellas el pie derecho e izquierdo después, subiéndoselas por sus piernas y ajustándosela a la cintura dejándoselas bien tensas marcándole bien el culo, eran unas bragas blancas de algodón con margaritas, eran sus preferidas. La tía volvió a retirarse de ella, esta vez dirección al armario del cual extrajo un vestido verde a cuadros ribeteado por aristas amarillas, volviendo hacia Sonia. Le paso el vestido por la cabeza, dejándolo caer, luego la hizo girar sobre sí misma para abrocharle los cuatro botones del vestido en la espalda. Luego le indico que se pusiera unas zapatillas de estar por casa, una vez vestida pudo mirarse en el espejo en un momento que la tía dejo de mirarla, Sonia se vio preciosa con aquel recatado vestido, recatado por delante, ya que era de cuello redondo, pero que al girarse, vio que sin agacharse se le veían las braguitas de algodón con margaritas.
    En ese momento la tía recogió las sabanas poniéndolas a airearse en la ventana, volviendo poco después a donde había dejado a Sonia, volviéndola a sujetar de la mano, tiro de ella hacia la puerta de la habitación por la que salieron al pasillo y se dirigieron hacia las escaleras, bajándolas hacia el salón. Donde aguardaba el Sr. Adams sentado en una silla mirando hacia las escaleras, Sonia conducida por su tía la dejo de pie ante su tío, el cual seguía con aquella mirada, pero ahora era de enfado, muy enfadado…
(Sr. Adams)  -. Que Sonia! Tan complicado era comportarte como es debido? No podías haber permanecido en la cama como han hecho tus primas? Ellas aún están en la cama, y puedes estar segura de que están con sus culos tan molestos e irritados como lo tenías tú!!! Pero ellas saben que cuando se está castigada, no se pueden mover de la cama, hasta que se lo digan que lo pueden hacer… Pero tú, no verdad? Te crees que eres especial? Crees que a ellas no tienen la irritación en sus culos por tener sus pañales mojados? Tenías que levantarte de la cama? Eh!!! Ahora te voy a enseñar a aprender como debes comportarte! Te aseguro que aprenderás enseguida que cuando se te manda a la cama!!! En ella es donde debes permanecer hasta que se te diga o se te levante el castigo… y ahora, ven aquí acércate…
   Sonia miraba su tío que se palmeaba en el muslo derecho con la mano diestra, le indicaba donde debía ponerse, sobre sus piernas boca abajo. Los dedos de sus manos temblorosos por el temor a lo que se le venía encima, jugaban con el dobladillo de la falda del vestido. Como podía ser tan idiota al pensar que se había librado en la habitación, lo único que había sucedido, es que su tío no tenía intención de castigarla en aquel preciso momento, prefería esperar a que su tía la aseara. Sabía bien que no convenía hacerle esperar, a pasos cortos se fue acercando temblorosa, ahora sus manos alisaban el trasero de su falda pasándolas con la palma de la mano abierta, parándose en el borde y tirando del hacia abajo, como si pretendiera tapar que se le vieran sus braguitas, no porque estas se le estuvieran viendo, porque el estar con sus tíos en ropa interior no le daba vergüenza a esas alturas, prácticamente casi diariamente recibía una azotaina, pero intentaba cubrir su trasero para que este no se le subiera al colocarse sobre las rodillas, dejando así su trasero plenamente al aire, quedando su trasero expuesto y desprotegido de la falda. No tenía intención de correr a arrojarse sobre sus rodillas y que su tío empezase a calentarle el culo, no tenía mucha prisa por adelantarse a los acontecimientos. Como la spankee que era, esos momentos cruciales eran los más deseados por ella, era cuando acuciaba en ella las ganas de salir corriendo en dirección contraria, con las ganas de estar ya boca abajo sobre las rodillas, con el aliciente de espera al primer azote. Pero eso sería en otras circunstancias. Precisamente en ese instante habría salido corriendo para no volver, tenía el trasero demasiado dolorido para ser castigada de nuevo, sabía que a sus treinta y dos años, apenas sintiera el inicio de la azotaina sus lágrimas iban a brotar de sus pupilas. Eran un momento que la embargaba una acuciante preocupación, sus bragas limpias y puestas hacia tan solo unos instantes antes, ya podía notar en el fondillo de estas la humedad, siempre la excitaba sobre manera cuando sabía que le iban a dar una buena azotaina en el culo, sobre todo con sus braguitas preferidas, el recibir una azotaina sobre la tela de algodón de las braguitas era algo que la superaba, aun, teniendo el culo como lo tenía en ese instante, que con solamente pasarse la mano por encima de sus braguitas, del dolor que experimentaba ya le daban ganas de echarse a llorar, era una sensación maravillosa para ella, por eso había puesto su mano derecha bajo su falda, posada la palma de su mano sobre su culo, exactamente su nalga derecha, con el dedo pulgar jugaba con la puntilla del ribete elástico de la pernera de sus  bragas, le gustaba aquella caricia en la yema del dedo, todo unido era una deliciosa situación, si no fuera por la azotaina que iba a recibir y esta no iba a ser muy de acuerdo con ella misma.
    Para Sonia podría parecerle que habían pasado varios minutos pensando, pero realmente solamente habían transcurrido unos segundos, pero así de acelerado se hallaba su cerebro de spankee, mientras le fuera posible, procuraba disfrutar de aquellos hermosos segundos.
(Sra. Adams)  -. Venga desvergonzada!!! No podemos estar así todo el día…
    Dándole una sonora palmada en la nalga izquierda, ya que sobre la derecha Sonia tenia posada su mano. Avanzo inconscientemente un metro y medio hacia adelante, al tiempo que su cabeza se giraba hacia el lado izquierdo que sintiera aquella sonora y fuerte palmada en su trasero mirando a su tía, que estaba claramente dibujado en su rostro el enfado. En ese momento desprevenida totalmente sintió como la mano de su tío se posaba en su espalda, sintiéndose empujada hacia adelante, perdió el equilibrio no pudiendo evitar su caída, su rostro contrariado, recuperó la consciencia de lo sucedido cuando ya era tarde para ella. Cuando abrió los ojos de par en par, no sabía que había sucedido, hasta que sintió una ráfaga de fuertes azotes en su desprotegido trasero, estaba sobre las rodillas de su tío. La azotaina había empezado en un momento que ella no se encontraba preparada, por lo que los azotes tuvieron su repercusión, comenzando a llorar sin control. Cuando quiso tener consciencia de lo que había sucedido y como se había visto colocada sobre el regazo de su tío, ya no pensaba en ello, solamente tenía sus pensamientos en su trasero que ya había comenzado a abrasarle sus nalgas. Ni podía pararse a pensar si le había bajado sus bragas o si, por el contrario las tenía aun puestas. El dolor intenso no la dejaba centrarse en nada, solamente sentía como le ardía el culo desmesuradamente. No sentía sus piernas, ni sus brazos, parecía que estos estuvieran adormilados. Pero en realidad no los sentía, por estar estas extremidades agotadas. Pues desde el inicio de la azotaina sus piernas habían comenzado una loca agitación de las mismas en cualquier dirección, y seguían agitándose en el aire como si tratara de nadar en una piscina, sus brazos no paraban de subir y bajar buscando algo a donde aferrarse, de ahí, que no los sintiera moverse, se hallaba agotada por completo. Pero sí que se movían, aunque fuera sencillamente por efecto de la azotaina en el culo que estaba recibiendo, y que después de veinte minutos siendo castigada había quedado sobre las rodillas inerte, extenuada. Pero la azotaina con la mano de su tío aún no había remitido, aunque los azotes ya no fueran muy fuertes, más bien simplemente la dejaba caer sobre el culo de Sonia. Apenas sus lloriqueos eran audibles, simplemente eran gemidos azote tras azote. Aunque solo eran palmadas algo sonoras, dolían lo suyo para Sonia que tenía el culo muy ardiente, le abrasaba como el fuego de una fundición que fundiera el metal, pero para Sonia no se fundía nada, solamente su temperatura aumentaba por segundos. Pasados lo minutos sin poder calcular cuántos, la mano de su tío se había detenido dejándola posada sobre su adormecido trasero, en realidad solo permaneció adormecido unos segundos que la palma de la mano de su tío la mantuvo posada. Al retirarla dejando de hacer presión sobre el culo, este pareció tomar vida propia doliéndole horrorosamente, abrasándole el trasero. Ayudada por su tía se incorporó de las rodillas, apenas podía sostenerse sobre sus pies, pero al estar con el cuerpo encorvado hacia delante vio el porqué, sus zapatillas se le habían salido de sus pies, quedando estas cruzadas bajo las plantas de sus pies, de ahí, que no se pudiera sostener. Fue su tío quien poniendo una rodilla en el suelo, se agacho para ponérselas correctamente.  Ahora si tenía equilibrio, aunque no dejara de sollozar. Sus manos se sobaban el trasero con fricción, entonces se percató que no le habían bajado las bragas, aunque más que notar en la palma de sus manos el tacto de la tela de algodón de sus bragas blancas con margaritas, lo que sentía era el intenso ardor que emanaba del trasero. Algo que cambio al sentir como su tía la agarraba del lóbulo de la oreja izquierda y tirando de ella, hizo que  su mano izquierda dejase de sobarse el culo e intentara mitigar el dolor de la oreja  por la mano que asía del lóbulo de la oreja, intentando soltarse sin éxito alguno, mientras su cabeza se ladeaba hacia ese lado que sentía el dolor, mientras la derecha seguía sobándose el ardiente trasero sobre sus bragas, metida está bajo su corta falda. Así fue conducida hacia el rincón donde la dejara su tía cara a la pared, con las manos sobre su cabeza, para que no pudiera sobarse el culo, levantándole la falda dejándola sujeta en su cintura, y dejando claramente a la vista su colorado trasero, a pesar de llevar puestas las bragas.
   Una hora después sintió pasos a sus espaldas, eran sus primas Susana y María. Iban vestidas como ella, con el vestido verde a cuadros con aristas amarillas, como era habitual iban enseñando las bragas, ya que la falda nada más les cubría como de costumbre, dejando a la vista su parte baja de las braguitas.  Susana llevaba unas bragas rosas sin dibujo con el elástico de las perneras de la clásica puntilla de hilo hechas posiblemente a ganchillo, mientras que María llevaba unas bragas blancas con lunares de colores azul, rojo, verde, amarillo, negro. A ambas asomaban las marcas azuladas de la azotaina de la noche anterior,  claramente  visibles en las zonas de sus traseros que el elástico de las perneras y el fondillo de sus bragas no les cubría. Sonia mirando por el rabillo del ojo las vio pasar por detrás de ella,  vio entonces que no estaba su tía en la cocina, momento que aprovecho para bajar una de sus manos para sobarse el culo, además de sentir llamas encendidas sobre él, por sus nalgas llevaba rato con un horrible picor, el cual no se atrevía a llevarse una mano al trasero por si pudiera ser descubierta. Aprovechando que sus primas hacían ruido, era el momento esperado…pero…
(Sra. Adams)  -. Señorita Sonia Adams!!! De verdad vas a atreverte a bajar esa mano? Quieres que vaya y me saque la zapatilla?.- Sonia volvió a subir su mano rauda, no podía ver donde se encontraba la tía, pero su voz había sonado muy cerca. -. Eso está mucho mejor! Como lo vuelvas hacer, vas a ver cómo te voy aponer el culo con la zapatilla!!!  Y vosotras dos, poneos hacer vuestras tareas que se os ha ordenado…
    Susana y María llevaban en sus manos una libreta cada una, se sentaron en la mesa del salón una a cada extremo en la cabecera de la misma. Al apoyar sus traseros en las frías y duras sillas de madera, sus cuerpos se estremecieron al mismo tiempo. De la forma que estaba sentada, Susana tenía a su prima Sonia a su izquierda, María la tenía a su derecha. Las dos tenían tareas puestas, Susana multiplicaciones y divisiones, en cambio María debía resolver unos problemas de matemáticas que John le había facilitado al tío de Sonia, y que eran de los temas que debía de repasar para cuando volviera a la universidad después de las vacaciones. Sentadas las dos se pusieron hacer sus deberes, de vez en cuando se las veía tanto a una, como a la otra, levantar disimuladamente el culo del asiento de las sillas, así como cambiar la posición de sus muslos. Llevaban una hora y media de estudio…
     Susana estaba enfrascada en sus deberes, en cambio la pequeña María tenía la mejilla de su cara apoyada sobre su brazo izquierdo, mientras su mirada estaba fija en el culo de su prima Sonia. Su respiración era agitada, algo que hizo que Susana levantase la mirada hacia su hija María. Dejo caer el bolígrafo al suelo.
(Susana)  -. Madre, se me cayó el lápiz… puedo levantarme para recogerlo?
(Sra. Adams)  -. Estate más atenta a tus tareas y no se te caerá! Levántate y recógelo!
     Al escuchar hablar a la abuela, María levanto la cabeza de su brazo, simulando estar leyendo… La madre de María se había movido de su silla, levantándose de la misma y con serias dificultades por las molestias de su trasero, se agacho poniéndose en cuclillas poniéndose la mano en la boca para silenciar el suspiro de puro dolor al acuclillarse, mirando bajo la mesa pudo ver a su hija María, como tenía su mano derecha dentro de sus braguitas, y viendo el rítmico movimiento de sus dedos en el interior del fondillo de las braguitas, aunque solo podía ver como la tela de algodón de las bragas se movía, pero no era difícil de deducir que hacía. Susana agarrándose a la mesa para sostenerse, se ayudó de esta para levantarse, mientras en su rostro este, se desfiguraba por el dolor del trasero al enderezar su espalda, ayudándose con su mano libre, la derecha para sobarse el culo con brío. Volviendo a ocupar su lugar sentada… entonces se dirigió a su hija hablando en voz muy baja, casi un susurro…
(Susana)  -. Se puede saber qué haces? Como te vea tu abuela vas a ver…
(María)  -. Es tan tentadora la imagen, mamá! Mírala no me dirás que no te gusta? Y con este dolorcillo en mi trasero, HUUUMMMM es irresistible…
(Susana)  -. Ya sabes que a tu abuela no le gusta que te toques, estas avisada…
(Sra. Adams)  -. Niñas!!! Nada de hablar entre vosotras, o voy allá!!!
(Susana)  -. Has visto?
(María)  -. Es culpa tuya!
(Sra. Adams)  -. Como me hagáis levantarme, veréis lo que es bueno… a callar desvergonzadas!!!
    Sonia llevaba en el rincón tiempo que no podía definir cuanto había pasado, tenía los brazos dormidos de tenerlos sobre la cabeza, las nalgas doloridas e entumecidas además de aquel ardor que no cesaba. Pero lo peor de todo, era el picor en su trasero que no disminuía. Ya no podía contenerse por más tiempo, la presión de sus bragas la estaban mortificando, el elástico de las perneras las sentía como si le estuvieran mordiendo en el inicio de sus muslos, las nalgas muy inflamadas, el dolor, el ardor, el picor… era desesperante para ella. Sabía que su tía continuaba tras de ella, era como si estuviera esperando que Sonia cometiera la grave falta de moverse, permaneciendo castigada cara a la pared. Había visto que zapatillas llevaba puestas la tía, eran las que más temía ella, como igualmente las temían sus primas Susana y María. Zapatillas cerradas por delante de paño, con un dibujo característico a cuadros amarillos con otros cuadros más pequeños en el interior azul marino, abiertas por detrás con un ligero tacón, el grosor de que estaba forrada la suela por un tipo de espuma o poliéster con burbujas de aire que la hacían ser cómodas al andar y al tiempo algo pesadas, con una fina suela sin dibujo blanca. Ya lo creo que conocía bien aquellas zapatillas que escocían como era difícil de poder imaginar, pero que recibir una azotaina con ellas era temible.
    Durante el tiempo que le parecían horas allí en aquel rincón, postrada ante las miradas de sus primas que las había oído susurrar en un murmullo, seguramente se dirían entre ellas lo coloradas que estaban sus nalgas, así como las bragas blancas de algodón con margaritas, o como podían ver que el elástico debía de estarle mortificando el culo. En el tiempo que llevaba en aquel aburrido rincón, había intentado todas sus argucias para mitigar o al menos intentar mitigar aquel horrible picor, lentamente había ido moviendo sus muslos frotándoselos entre ellos hacia adelante y atrás, con ello lograba un poco de alivio, así como apretar las nalgas una contra la otra para suavizar la tirantez de sus bragas, pero ya se hallaba en un punto que nada de eso mitigaba nada el intenso ardor del trasero, como así la presión que ejercían sus bragas.  Tenía la imperiosa necesidad de hacer algo, pero temía las consecuencias si era sorprendida, otra azotaina sería demasiado incluso para ella, pero ya no podía más. Giro un poco el cuello, ladeando así la cabeza intentando averiguar si su tía permanecía tras de ella.  Primero lo hizo hacia su derecha, luego lentamente hacia la izquierda sin éxito, no pudo descubrir donde estaba su tía situada. Ante la incertidumbre de recibir una nueva azotaina, su cuerpo la estaba traicionando. En apenas un momento el fondillo de sus braguitas, pasaron de estar húmedas, pasando a estar mojadas, incluso algunas gotas fluían entre sus muslos sin poder evitarlo, aunque intentaba frotar estos uno contra el otro, para con el roce secar esas pequeñas gotitas rebeldes.
(Sra. Adams)  -. Sonia! ven aquí.
     Aquello sonaba demasiado bien para Sonia, pudiera ser que hubiera acabado su castigo, pero no las tenía todas con ella misma. Pero al girarse hacia su tía, lo hizo dejando sus manos sobre la cabeza.
(Sra. Adams)  -. Puedes bajar tu manos, y arreglarte la falda, puedes cubrirte el trasero, ven tenemos que hablar tu y yo.
      Sonia no se hizo de rogar, deseaba con todas sus fuerzas poder cubrir su trasero, aprovechando esa ocasión para acariciarse el culo y aflojar el elástico de sus bragas que la estaban mortificando.  Pero en esos momentos lo que sentía una frenética necesidad, era aligerar la presión de sus bragas se acarició el culo con suavidad por encima de las braguitas,…”dolía mucho”… pero la caricia leve en su trasero la agradeció, llevaba no sabía cuánto deseando poder hacerlo, luego al tiempo que su mano bajaba a la base de sus nalgas, introdujo el dedo índice y con el pulgar ayudándose por encima, estiro del elástico de las perneras ribeteado de fina puntilla ondulada, de sus labios resoplo de puro alivio de aquella presión que la había estado mortificando, incluso la imagen de su rostro cambio, ahora este se mostraba aliviada. Caminaba con lentitud hacia la silla bajo la ventana donde estaba su tía tejiendo un jersey de lana, tuvo que pasar por delante de la mesa del salón, donde aún permanecían sus primas haciendo sus tareas. La observaban en su lento caminar, como arqueaba sus muslos para que no se rozaran entre ellos, o para tratar de mitigar aquellos horribles pinchazos que sentía en sus nalgas a cada paso que daba, a pesar de llevar sus manos bajo su falda sobándose el culo por encima de sus bragas blancas de algodón con aquellas margaritas como dibujos. Al estar frente a su tía, esta le tendió la mano derecha y Sonia hizo lo propio tendiéndole la izquierda, sin dejar de sobarse el culo con la palma de su mano derecha. Su tía la sentó sobre su muslo derecho, quedando las piernas entre las piernas de su tía, Sonia hizo unos guiños con sus ojos al apoyar su trasero sobre el muslo de la tía, a lo que esta hizo un comentario que no daba a lugar por su obviedad.
(Sra. Adams)  -. Te duele verdad? .- Sonia asintió con la cabeza afirmativamente.-. Ves a lo que nos obligas hacer con tu comportamiento! A tus treinta y dos años, ya deberías saber muy bien las consecuencias de tus actos! Tanto tu tío, como a mí misma no nos gusta tener que vernos obligados a castigarte, pero hay ciertas cosas que en esta casa no están permitidas, la disciplina es muy importante para una buena convivencia, las normas están para cumplirse, lo sabes verdad? .- Sonia le pasaban unos pensamientos por su mente, que de buena gana le habría soltado con su desparpajo habitual, pero ello tendría serias consecuencias, prefiriendo callarse la boca.-. Aunque ya no seas una chiquilla como cuando eras pequeña, para mí y para tu tío sigues siendo aquella niña alocada que la única manera de que obedecieras cuando te ponías tozuda, era poniéndote sobre las rodillas y darte una azotaina con las braguitas bajadas. Es curioso que a tus años aun te guste utilizar aquellas mismas bragas que cuando eras una niña, resulta muy sugerente que las sigas llevando, porque a tu edad aún es muy necesario darte una azotaina cuando te portas mal, y hoy niña! Te has portado muy mal y lo sabes! Para tu tío lo que has hecho hoy es algo inaceptable, desobedecernos cuando sabias que estabas castigada, ha estado muy mal por tu parte. Tu tío ya te ha castigado, pero yo aún no lo he hecho, y eso no está bien….- “…Oh! Nooo…” Aquellas palabras de su tía resonaban en su cabeza, “Mas nooo, por favooor…”-. Sabes que te mereces que yo te castigue, verdad?
(Sonia)  -. Tía! No por favor… me portare bien, lo prometo… no volveré a desobedeceros!
(Sra. Adams)  -. NO! Tengo que asegurarme que has aprendido la lección, ya no eres ninguna niña, sabes? Y es necesario que sepas y conozcas las consecuencias de tu mal comportamiento. No entendemos como no aprendes a respetar las normas de esta casa, pero te aseguro que las aprenderás por las buenas o por las malas! Pero las aprenderás…
      En ese instante, la tía retiro la pierna en la que había hecho sentar a su sobrina. Esta al sentir que la retiraba, quedo de pie ante su tía dando un paso atrás aterrada por lo que se le venía encima. La tía miraba a su sobrina a los ojos, mientras movía su pie derecho de atrás hacia adelante, extrayendo el pie enfundado en unas medias con un tono color carne, la zapatilla queda frente a ella como en estado de orfandad. Inclinando su cuerpo un poco a la derecha, su mano derecha agarro la zapatilla por el talón al tiempo que se reincorporaba, blandiendo la zapatilla en el aire, se golpeó en la palma de su mano izquierda, para a continuación echar sus brazos y cuerpo hacia atrás, mirando a Sonia. La estaba invitando a tenderse sobre sus muslos, Sonia con los ojos abiertos como platos la miraba espantada, asustada, aterrada, temblorosa… aún no se lo podía creer, tenía el trasero dolorido de manera y forma imposible de valorar e iba a recibir de nuevo.
(Sra. Adams)   -. Sonia!!! Mejor será que no me hagas repetírtelo de nuevo… Vosotras dos, Susana y María! Venid y poneros ahí delante, ya que a vuestra prima parece que le da vergüenza vuestra presencia, poned vuestro culo aquí delante para ver bien como le caliento el trasero a vuestra prima.
     Aquello no se lo esperaba Sonia. Su tía tenia parte de razón en pensar que le daba vergüenza recibir una azotaina delante de ellas,  sus primas. A Sonia no era que le desagradase, pero no era igual ser castigadas las tres, que solamente ella, definitivamente no era lo mismo.
     Susana y María se habían puesto a unos tres metros delante, Susana le hacía unos gestos a María, gestos que no pasaron desapercibidos a su madre, por lo que Susana paro de hacerle gestos a su hija.
(Sra. Adams)   -. María!!!! Ven aquí ahora mismo!!! .- María se acercó a la abuela extrañada, no se explicaba a que venía aquella cara amarga de su abuela.-. Se puede saber que maneras son esas de llevar la falda? Que has estado haciendo para llevar la falda por dentro de tus bragas, eh? Me lo quieres explicar?
     María bajo su mirada hacia abajo, viendo que el lateral derecho de su falda se le había metido dentro de sus bragas de algodón con aquellos lunares de colores varios. Pero aquello no era más que el principio del problema para ella.
(Sra. Adams)   -. Y esto que es? Como llevas así de manchadas tus bragas en la entrepierna? Has vuelto hacerlo, verdad? Que te tengo dicho, cochina!!! Marrana!!! Como he de decirte que no debes tocarte, ahí!!!
     La abuela estaba enfurecida como pocas veces la había visto Sonia. su mano derecha dejo la zapatilla sobre su regazo, y con ambas manos, sus dedos se introdujeron en la cinturilla de las bragas blancas de María, asiéndola de ambos costados al tiempo, y tirando hacia abajo le bajo las bragas a su nieta, el fondillo quedo como sujeto en su entrepierna, María mantenía sus muslos prietos, por lo que el fondo de sus bragas se mantuvo en su posición inicial, dejando a la vista de la abuela el sexo depilado, aunque el fondillo de sus bragas se mantenían cubriendo la parte de los labios del sexo, con los dedos índice y pulgar la abuela sujeto el fondillo de las bragas, separando la tela de paño del sexo, unos hilillos finos de fluidos viscosos emanaban del sexo y el fondillo de las bragas al que estaban pegados. La abuela no era tan mojigata como podrían pensar, sabía muy bien que era aquello y el porqué. Mojigata no, no lo era. Pero si era muy anticuada y aquello no iba a consentírselo de ninguna de las maneras a su nieta.
(Sra. Adams)   -. Desvergonzada!!! Esos son los deberes que estabas haciendo estando sentada? Ahora veras cochina!!!
     María se vio sin esperarlo sobre las rodillas de la abuela, la cual metió su mano bajo el cuerpo de María, sacando la zapatilla que había dejado sobre su regazo, y que al colocar a María sobre él regazo, la zapatilla había quedado bajo su barriga. En milésimas la zapatilla ya estaba calentando el culo desnudo de su nieta, Sonia había visto en varias ocasiones utilizar la zapatilla a su tía, pero era la primera vez que la veía aterrada su manera de usarla en esta ocasión. No es necesario decir que María ante aquel aluvión de zapatillazos en su culo desnudo, berreaba hasta desgañitarse, debía de dolerle muchísimo aquella azotaina. El pequeño trasero de su prima en pocos minutos estaba muy muy colorado, con claros moretones azulados de la azotaina de la noche anterior, en las que las tres primas fueron castigadas. Diez minutos contados con esmero por Sonia fue lo que duro la terrible azotaina, cuando libero la abuela a su nieta, esta empezó a saltar y a sobarse el culo con ahínco.
(Sra. Adams)   -. María! Ya estas subiendo a tu habitación inmediatamente, estas castigada hasta la hora de comer… cuando se entere tu abuelo vas a ver tu!!!  
     Sonia se había echado varios pasos atrás, se le paso por la cabeza la estúpida idea que su tía se habría olvidado de ella, incluso por un momento pensó que podía darse esa casualidad…  su tía se había vuelto a calzar la zapatilla, puesto de pie, y se había ido tras María acompañándola a su habitación, tras subir las escaleras desapareció de la visión de Sonia en el piso de arriba. Poco después se volvía a escuchar el sonido  inconfundible de azotes, María estaba volviendo a recibir en su habitación…
      Arriba se dejó de escuchar el sonido de azotes, entonces Sonia escucho pasos en el piso de arriba, el corazón casi se le detuvo al ver aparecer en el umbral de las escaleras a su tía. Llevaba la zapatilla en su mano derecha, desde arriba vio como la mirada de su tía se clavaba en ella, todo su cuerpo se estremeció desde la cabeza a los pies. Atónita vio cómo su tía dejaba caer la zapatilla al suelo, luego empezó a bajar escaleras abajo lentamente, escalón por escalón. Ya en el salón, la vio sentarse de nuevo en su silla bajo la ventana, con el dedo índice flexionándolo varias veces insinuó a Susana que se acercase a ella, su hija se le acerco lentamente, no podía imaginar para que la llamaba. Ella no había hecho nada ese día, al menos no todavía. Al tenerla a su alcance, le subió la falda haciendo que Susana la sujetase por encima de su cintura. Cogió la cinturilla de sus bragas rosas y se las bajo lentamente. Miro el fondillo de estas. La tenía muy húmeda, se podría decir que demasiado mojadas, Susana temblaba como un flan. Ya se veía sobre las rodillas de su madre, recibiendo una dolorosa azotaina y lo que más la enfurecía de todo, era que de nuevo habría sido por culpa de María, su calenturienta hija, que a la más mínima ya se estaba masturbando metiendo su mano entre sus bragas. Se preguntaba cuando iba a sentar la cabeza la pequeña María. Entonces vio cómo su madre le miro a los ojos, meneando la cabeza como rechazando lo que estaba viendo, pero por esta vez parecía que iba a tener la suerte de su lado, pues volvió a subirle las bragas ajustándoselas a la cintura y dándole la vuelta le dio una buena palmada en el culo, desde abajo a arriba, dándole el azote sobre sus braguitas.
(Sra. Adams)   -. Bien Susana! Vuelve a la mesa y sigue con lo que estabas haciendo, cuando acabes tus tareas me las traes que te las corrija… .- La Sra. Adams miro en dirección en la que se encontraba su sobrina, la veía preocupada, sobre todo al ver que la estaba mirando a ella, la vio como con las manos temblorosas jugaba con el dobladillo de su falda. -. Sonia acércate a mí!!!
    Resoplaba confundida Sonia, pero sabía por experiencia que no debía demorarse en obedecer. Tenía el culo demasiado inflamado por la azotaina que había recibido por la mañana, aparte de la ya recibida en la tarde noche del día anterior, no, no le convenía hacer esperar a su tía Íngrid. Se acercó a su tía, no sabía cómo podía hablar con ella para que la perdonara, pero no le salían las palabras.
(Sra. Adams)  -. Sonia, bueno tu primita nos ha interrumpido como es de costumbre en ella, esa niña nunca cambiara, pero por el momento estará bien servida, luego su abuelo le ajustara las cuentas… Pero ahora tu y yo tenemos una cuenta pendiente. .- Vio aterrada como el pie de su tía Ingrid flexionaba el pie levantándolo levemente, bajo su mano derecha y cogiendo la zapatilla por el talón, empujándola hacia adelante lentamente la extrajo del pie, empuñando la zapatilla de nuevo en su mano derecha, dejando el brazo inerte estirado. Sonia temblaba de la cabeza a los pies, pero se puso sobre las rodillas de su tía boca abajo. -. Muy bien mi pequeña sobrina, así me gusta, que sepas que es mejor obedecer a tu tía Ingrid. .- Sonia sintió los fríos dedos de su tía introduciéndose en la cinturilla de sus bragas, lentamente se las bajo hasta las rodillas, colocándoselas bien puestas, era meticulosa en esas situaciones, de ese modo las braguitas por mucho que pataleara o las agitara, no se moverían un ápice de las rodillas. -. Ahora Sonia vas aprender que no debes desobedecerme, si te castigo a estar metida en tu cama! Te quedaras en tu cama hasta que yo vaya a tu habitación y te permita levantarte, entendido?
     No obtuvo respuesta de Sonia, está estaba roja de la vergüenza pues su tía habría podido ver claramente al bajarle las bragas blancas con margaritas, lo mojaditas que las tenía. Pero por suerte no hizo ningún comentario sobre el estado de sus braguitas, pero Sonia ya no pudo seguir pensando en nada más. La zapatilla había ya comenzado a azotarla en el trasero, y le dolía horrores, la zapatilla no dejaba tregua para coger aire, aun no se había recuperado del azote dado con fuerza en su culo, cuando ya sentía uno de nuevo. Apenas llevaría una docena y ya estaba llorando, escuchaba como la regañaba sin parar, pero no era capaz de entender una palabra, bastante tenía con sentir como escocia aquella endiablada zapatilla, pataleaba como una chiquilla, mientras con sus manos se agarraba a las patas de la silla, su cabeza hacia giros de ciento ochenta grados, haciendo que su cabello suelto se removiera de un lado a otro, sus zapatillas salieron despedidas de sus pies, por su frenético pataleo. En cierto momento sintió como sus bragas se las subían, le bajaban la falda, bueno teniendo en cuenta lo escasa de esta, sus bragas quedaron expuestas igualmente, solamente al estar de pie sintió como la falda cubría parte del trasero. Sonia aun con lágrimas emanando de sus pupilas sintió como la conducían hacia el rincón o eso se imaginó ella, pero la tía la llevo hacia el sofá dejándola en el estirada boca abajo, sus manos apenas podían rozar su dolorido trasero por encima de las bragas, pero tal y como estaba tumbada, mantenía las manos sobre su trasero… Había sido una mañana muy difícil para ella… Sonia no pensaba en nada que no fuera en el intenso ardor del culo, ardía como si estuviera sentada en el infierno…

(Continuará…)
        
  




miércoles, 1 de noviembre de 2017

EL SHERIFF DE SPANK CITY SPRING´S     CAPITULO  9


                                    EL SHERIFF DE SPANK CITY SPRING´S     CAPITULO  9



      Habían pasado unas dos horas.  Sarah, recibiera su castigo por el Sheriff de Spank City Spring´s. Seguía en la celda echada sobre su camastro, tal como la dejase  William el sheriff, permanecía de costado, se había podido subir las bragas blancas, aunque había tenido  serias dificultades para ponérselas bien, sin que el elástico hiciera presión sobre las nalgas doloridas siendo un calvario el llevar las bragas, pero debía cubrirse su desnudez de miradas indiscretas, como las de las hermanas Watson en la celda de enfrente, que no dejaban de mantener aquellas sonrisas socarronas en sus rostros, desistiendo en subirse los pantalones, sus nalgas estaban muy doloridas e inflamadas para intentar subírselos, el solo probar había sido demasiado molesto.  En la celda de enfrente estaban las hermanas Watson, no comprendían como había dado con ellas el salvaje sheriff de spank City Spring´s, estaban sumamente preocupadas las dos hermanas, angustiadas y temblorosas. Conocían bien al salvaje del sheriff, nunca amenazaba en balde. Si les había dicho que ellas eran las siguientes, estaban convencidas de que iba a ser así, salvo que ocurriera un milagro.

    El sheriff William estaba sentado en el despacho, había revisado los cajones en busca de una botella de whisky para echar un buen trago, estaba agotado del esfuerzo empleado, no hallando nada beber. Únicamente unos pasquines de delincuentes comunes para revisar, cuando alguien llamo a la puerta.

(Sheriff William)   -. Adelante, quién diablos sea…!

(Susan)  -. Buenas tardes Sheriff!

(Sheriff William)   -. Ah! Ya te recuerdo, tú y tu amigo habíais hecho algo que no está nada bien,… pero que nada bien! Y habíais sido castigados los dos, por cierto… Donde esta él? Y como se llama?

(Susan)  -. Esta aquí conmigo señor. Se llama Frank.

(Sheriff William)    -. Hazle pasar! y entrad los dos, he de hablar con vosotros! Así que tú eres Frank, verdad?  Bájate los pantalones y muestra el trasero que tal lo tienes, después de casi tres horas desde que te han dado una buena azotaina, veamos que tal esta? .- Colorado de vergüenza de tener que bajarse el pantalón ante una chica, aunque hacia tan solo unas horas había visto como le zurraban y un hombre desconocido para él, también había observado como la recibía sobre las rodillas de la ex-sheriff Sarah, resignándose hizo lo que se le ordeno,  se lo bajo dándose la vuelta mostrando el culo completamente morado. -. A ver tu muchacha, no me seas vergonzosa a estas alturas, súbete el vestido y bájate las bragas. .- La muchacha se dio la vuelta levantándose la falda del vestido y bajándose las bragas. -. Se puede saber porque tu solamente tienes el culo colorado, mientras tu amigo lo tiene morado?

     La muchacha iba a responder, pero Frank se le adelanto…

(Frank)   -. A ella solamente le había dado la Sra. Wilson una azotaina con la mano, iba a ser castigada con el cepillo después de castigarme a mí, señor!

(Susan)  -. Eso no es cierto sheriff!!! A mí me dio solamente una azotaina con la mano porque solamente acompañaba a Frank, y yo no había tenido nada que ver con tratar  buscar alguien para ayudar a las Watson a escapar, todo había sido idea de él.

(Frank)  -. Mentirosa!!! Tu madre te envió a ti a la cárcel a traerles de comer a las Watson, hablaron contigo y luego viniste a contármelo a mí, que nos podíamos ganar fácilmente cincuenta dólares cada uno a partes iguales, si buscábamos alguien para que fuera avisar a las indias que acampaban en la cabeza del Búfalo, y se lo dijimos a Alberta, ella se ofreció para ir avisarlas, la ayudaste a cortarse el cabello y poner vendas en sus pechos para parecer un chico y no ser descubierta…

(Alberta)  -. Chivato!!! Porque siempre tienes que hablar de más…?

    Alberta acababa de entrar tras escuchar  todo lo que Frank estaba contando y delatándola a ella, diciendo quien la había ayudado a cambiar de apariencia. Alberta acababa de llegar a la oficina desde su casa de arreglarse y ponerse un vestido color verde esmeralda, traía una maleta con ropa para su madre y ella misma.

(Sheriff William) -. Vaya! Esta sí que es buena!!! Quien te ha autorizado a entrar a esta oficina si se puede saber? Esta es la educación que tu madre te ha inculcado? Así que habéis sido vosotras dos las que habéis urdido ese plan descabellado, y por lo visto pensabais quedaros para vosotras los ciento cincuenta dólares y a este infeliz solo le dabais cincuenta de los doscientos dólares que os iban a pagar las Watson. Siempre he oído que las chicas os creéis demasiado listillas, tan listillas que no pedisteis el dinero por anticipado, de haberlo hecho, os hubiera ido mucho mejor. Pues estaríais enteradas que las Watson no llevaban un céntimo en sus bolsillos, pues tu madre, Alberta! las había registrado al detenerlas, para pagar los destrozos ocasionados en el salón, por ese motivo estaban encerradas, por no poder pagar el estropicio. Así, que mucho menos os podían pagar a vosotras… Ingenuas!!! Pero podéis estar tranquilas, porque cobrar, vais a cobrar y de lo lindo. Tu Frank puedes marcharte a casa, luego iré a contárselo todo a tus padres, seguramente a ellos le gustara saber tu travesura con tus amiguitas.

      El chico miro a las chicas con cara de desprecio, mientras se subía sus pantalones y salía corriendo del despacho del Sheriff. El agente de la ley sonreía como había salido el chico con tanta rapidez del despacho, a pesar de las molestias que debía sentir en su trasero, era una escena graciosa ver con qué rapidez había desaparecido. Pero dirigiendo su mirada hacia las chicas desapareció su sonrisa, por una cara que solo mirar asusto a las dos chicas. Y más aún, cuando levantándose de la silla, la separo de la mesa y la arrastro colocándola entre medias de las dos chicas, se sentó en ella sin mediar palabra alguna, agarro a Susan por la cintura levantándola del suelo, apenas tuvo tiempo de reaccionar, en volandas fue izada, la chica empezó a patalear con sus piernas, pero de nada le sirvió, el sheriff la coloco sobre su regazo boca abajo. Extrayendo un cepillo de madera de la caña de su bota derecha, fue tan rápido que parecía que hubiera aparecido en la mano por arte de magia. Los alaridos de dolor de la chica no se hicieron de rogar, con el primer azote del cepillo, grito de manera desesperada por el dolor, pero no hacía más que comenzar su canturreo, el cepillo caía implacable sobre su trasero desnudo, pues mantenía la falda subida y aun sujeta por sus manos, por orden del sheriff, mantenía las bragas bajadas por ella misma. Alberta paralizada y angustiada, aguardaba su turno en cuanto el sheriff acabase de calentarle el culo a su amiga, teniendo que ver como dicho trasero se debatía sobre las piernas del sheriff, que por más que pataleara alocadamente y agitase sus brazos intentando cogerse a algo, sin poder hacer nada más que aullar al sentir como sus nalgas iban ardiendo cada vez más y más, mientras el cepillo caía una y otra vez implacable sobre su ya muy ardiente trasero. Alberta tenía los ojos desorbitados viendo a una distancia de un metro, como recibía la azotaina Susan, no sabía qué hacer, si huir ahora que aun podía o permanecer y esperar su turno. Escapar sería una opción, pero tarde o temprano acabaría siendo cazada, y quien sabe cómo sería  su castigo despues, resolvió valientemente quedarse y recibir su merecido castigo. Veía aterrada como enrojecía el culo de Susan, y que en breves momentos seria el suyo propio el que estaría así de colorado. Instintivamente se llevó sus manos a su trasero, masajeándoselo, al tocarlo se dio cuenta que aún le dolía la azotaina recibida un día antes sobre el caballo, hasta ese momento no se había vuelto a recordar de ese dolor leve, mientras estaba de pie no le dolía apenas nada, pero ahora si pensaba en ello. En aquel momento absorta en sus pensamientos, no se percató que el sheriff había liberado a Susan, cuando se quiso dar cuenta de ello, ya se encontraba boca abajo sobre las rodillas del sheriff, y este le estaba levantando su falda del vestido verde que se había puesto, sus bragas blancas con florecillas silvestres cubría su redondo y pequeño trasero, Alberta era una chica muy delgada, muy al contrario a Susan que para ser una chica joven de unos veinte años, tenía un cuerpo más formado y su trasero era más robusto. Alberta estando sobre las rodillas, vio como el horrible cepillo el sheriff lo había devuelto a la caña de su bota derecha, al verlo trato con sus manos alcanzarlo, después de varios intentos lo consiguió agarrar por el mango y lo tiro lo más lejos posible de donde se encontraba el sheriff. Eso enfureció al sheriff de tal manera que le bajo las bragas tan bruscamente que se las arranco del tirón, estas fueron a parar al suelo extendidas al estar abiertas de sus perneras desgarradas. Pero pronto se dio cuenta Alberta de su error, pues el sheriff con algo de dificultad logro sacarse el cinturón, moviendo su pierna derecha hacia un lado, hizo que Alberta quedara solamente sobre su pierna izquierda, con lo que su cuerpo quedo apoyado en el suelo, y su culo en alto sobre la pierna izquierda, al tiempo que el sheriff cruzaba su pierna derecha por encima de las de ella, quedando inmovilizadas, expuestas e indefensas de ese modo a su trasero el cual quedo en una posición desfavorable, pues no tenía manera alguna de poder moverse, con lo cual, no iba a poder evitar de manera alguna la azotaina que ya había comenzado cruzándole el culo repetidamente. Intentaba a la desesperada llevarse sus manos hacia su trasero, para cubrir con sus manos, pero la forzada posición le impedía alcanzarlo. Pronto tuvo el culo ardiendo como brasas encendidas, le abrasaba! Su pequeño trasero indefenso nada podía hacer para evitar que el cinturón del sheriff siguiera cayendo sobre él. Deseaba que aquel bestia que la estaba dando aquella azotaina, se detuviera cuanto antes, no podía precisar cuántos azotes del cinturón le había dado, pero no cesaba de llorar desconsoladamente, le parecía que llevaba horas azotándola, que estaba recibiendo mucho más que su amiga Susan, y se maldecía así misma por haber hecho enfurecer al sheriff arrojando el cepillo lejos de su alcance.

(Sheriff William) -. Susan! Si no deseas que te de otra azotaina ahora mismo, tráeme el cepillo que ha lanzado tu amiguita allá al rincón…

(Alberta)  -. NOOOOOOOOOO…!!!

    Susan aun con las bragas bajadas sobándose el culo con delicadeza, fue hacia donde se hallaba el cepillo, con dificultad se agacho para recogerlo del suelo, luego con temor y con la mano que lo sostenía temblorosa se lo alcanzo al sheriff para entregárselo, manteniéndose ella a cierta distancia.

(Sheriff William)  -. Que te habías creído, eh? Que te ibas a librar? Vas a saber lo que es bueno por tu mala cabeza, vas a recibir el doble por espabilada…!!! Aprenderás que con el sheriff de spank City Spring´s no se juega… vas a estar sin poder sentarte dos semanas…!!!

     El cepillo ya en movimiento, azotaba las doloridas nalgas de Alberta. Esta,  solamente podía llorar y gritar del fuego intenso que tenía en su trasero. Pensaba que la haría sangrar por lo mucho que le dolía el culo, nunca había recibido una azotaina tan larga y continuada sin hacer descanso alguno, su madre la había castigado varias veces, pero cuando tenía que darle una azotaina severa, la dejaba descansar en el rincón y minutos después continuaba, pero así de seguido, era su primera vez y su primera azotaina. Cuando por fin se detuvo el sheriff, Alberta lloraba desconsolada, absorbiendo sus propias mucosidades de la nariz. El sheriff la obligo a ponerse en pie, cogiéndola de un brazo a ella con su mano izquierda, y a su amiga Susan con la derecha, las llevo por el pasillo hacia las celdas encerrando a cada una en una celda diferente, el sheriff pensó que de ponerlas juntas, Alberta sería capaz de arrancarle los pelos a Susan a tirones.

(Sra. Wilson)    -. Gracias sheriff William por castigar a mi hija como se merecía, lo hubiera hecho yo misma de estar en condiciones para hacerlo, y gracias por haber descubierto que la culpable de todo ha sido esa Susan, ya la arreglare yo cuando esta caiga en mis manos…

(Sheriff William)   -. Sra. Wilson! No he castigado a su hija por su comportamiento anterior, de esa circunstancia usted misma podrá ocuparse de ella. Haga el favor de arreglarse y súbase el pantalón, ya no es ninguna niña para estar en paños menores, le voy abrir su celda. Cuando esté arreglada salga y venga al despacho tenemos que hablar sobre algunos temas.

      Unos minutos después la Sra. Wilson aparecía por la puerta de acceso a la oficina, desde  el pasillo de las celdas, se la veía con algunas dificultades al andar, que lamentaba congestionando sus facciones del rostro y sobándose el culo con la mano derecha, ahora que se encontraba fuera de la vista de las chicas se podía masajear sin que escuchara susurros o risitas, dirigiéndose hacia la mesa del despacho la cual había sido su mesa, tan solo hacia unas horas antes.

     El sheriff William continuaba ensimismado en sus pensamientos, quien sabe que estaría pasando por su cerebro, si eran las hermanas Watson las que en la en mente, las cuales tenía pensado darles su merecido, pero no sin antes hacerlas esperar y que se pusieran nerviosas, eso es algo que tenía muy presente, el cocinarlas a fuego lento en su angustia y temor antes de dedicarse a ellas. Vio, que la señora Wilson o Sarah como la llamaba él, estaba ante su mesa, o mejor dicho la mesa que le perteneciera a ella.

(Sheriff William) -. Ah! Ya estás aquí…! .- El sheriff guardo los pasquines que estaba repasando en el cajón de donde los había sacado. -. Bien, seré rápido. Imagino que debes estar muy molesta permaneciendo de pie, puedes tomar asiento si lo deseas… 

(Sarah)   -. Gracias, sheriff. Pero si no le importa prefiero mantenerme de pie.

(Sheriff William) -. Suelo tomarme muy en serio cuando castigo a una chica o… mujer, entiendo que debes tener el trasero muy dolorido..- lo dijo sonriendo-. Pero así es una manera muy eficaz de aprender con rapidez, que es  lo que no se debe hacer, verdad?  

(Sarah)  -. Si, si usted lo dice, así debe ser.

(Sheriff William)  -. Desde luego que sí, es algo que podrás comprobar cada vez que resulte necesario.  De lo que deseaba hablarte! Es un asunto peliagudo, pero que por mi parte estoy dispuesto a colaborar. El caso es, que el Sr. Fiscal General cree que podrías ser una buena comisaria, ofreciéndote la oportunidad de poder continuar sirviendo a la ley, bajo la responsabilidad de una persona como el Marshall General del Estado. Te interesa el cargo? Lógicamente tendrías derecho a un o una ayudante, el cual se ocuparía de nombrar, permaneciendo dicha persona,  bajo tu responsabilidad y del susodicho Marshall General…

(Sarah)  -. El Fiscal General es muy amable en pensar en mí para ese puesto, después de mi desliz con los Henderson.

(Sheriff William)  -. Entonces aceptas el cargo? No deseas saber quién será tu nuevo jefe?

(Sarah)  -. La verdad es que si me gustaría saber de quién se trata, pero seguro que es mejor compañía que la de usted, el cual es un bestia…!!!

(Sheriff William) -. Esa boca te puede traer serios problemas, porque el nuevo Marshall general del estado, seré yo!!! Pero tranquila, por esta vez y solo por esta vez, hare que no he oído nada. No hay que decir que estarás bajo mi responsabilidad, y si tu trabajo es deficiente,  lo lamentarás…!!! Como mi comisaria, podrás tomarte la justicia por tu mano y disciplinar como desees, yo no me entrometeré en esas cuestiones y también podrás disciplinar a tu ayudante, a la cual conocerás en unos días, mañana por la mañana partiremos hacia Spank City Spring´s, este poblado se quedara sin autoridad por unos días, hasta que envíen al nuevo sheriff, desde este instante estas libre, sobre la mesa tienes la que fue tu placa, póntela. Imagino que desearas ocuparte de tu hija personalmente, aunque si esperas unos días estarás  en mejores condiciones. Aunque no debes tener prisa, tu hija y su amiga Susan, pasaran una temporada encerradas para que aprendan que no se debe jugar con la justicia, aunque no cursare denuncia alguna contra ellas, de hacerlo las encerrarían en la cárcel del estado de mujeres, pero imagino que tu sabrás como corregir su conducta e inculcarles que ese camino no es aconsejable para ellas, sí, creo que harás bien tu labor.

(Sarah)      -. Puedo hacerle una pregunta, Inspector?

(Marshall)   -. Desde luego.

(Sarah)      -. Que merito tan importante ha hecho para que le asciendan a ese cargo?

(Marshall)    -. Me encargue de la banda de los Henderson y capture a la tigresa.

(Sarah)      -. Ostras!!! Usted solo? Debe de ser un diablo con las armas, esos Henderson eran verdaderos monstruos.

(Marshall)    -. Tuve suerte! Y ellos muy mala suerte al cruzarse conmigo. Cambiando de tema. Las Watson te dieron problemas al capturarlas?

(Sarah)  -. No, ninguno. Habían tomado alguna zarzaparrilla de mas, y crearon un alboroto en el salón, cuando llegue el dueño las tenía encañonadas con su escopeta de dos cañones, solo tuve que llevármelas.

(Marshall)  -. Les diste su merecido?

(Sarah)   -. Desde luego, Marshall! Aún deben tener el trasero con molestias al sentarse…

(Marshall) -. Muy bien, si no te importa.  Me encargare de ellas, por su fuga de mi comisaría, luego podrás hacerlo tú misma si lo crees conveniente. Cuando puedas ocuparte de ellas y te puedas sentar por supuesto.

(Sarah)   -. La verdad Sr. Marshall, me gustaría encargarme de ellas, a pesar que este con molestias. Pero es mayor la humillación que me ha hecho usted pasar, y que esas mocosas se han comportado de manera poco educada, aprovechándose de mi estado, algo que no deberían de hacer  con la representante de la ley, no le parece?

(Marshall)   -. Tienes razón. Pero estas tentando demasiado a tu suerte, al referirte a mi persona, hablando de forma poco recomendable y me estas cansando! Primero tráeme a Penélope y luego me traes a Maggie, hablare con ellas antes de que te ocupes de ellas, tráemelas sin los pantalones, no les hará falta y de paso quítatelos tú también, pensándolo mejor a ti también te irán muy bien unos azotes extras, has jugado con fuego y te has quemado arriesgándote tanto, y cámbiate de bragas.

(Sarah)    -. Marshall!!!  No se atreverá usted a ponerme sus sucias manos encima de nuevo… Y quien se ha creído que es usted para decirme que ropa interior debo ponerme, eh? Soy una mujer adulta, y me debe tratar como tal…

(Marshall)  -. Tráemelas!!! Ahora!!! Primero a Penélope y cuando haya terminado con ella, me traes a Maggie, espero por tu bien! Que cuando haya acabado con esta última, tú te hayas cambiado de bragas y estés aquí dispuesta a recibir tu castigo por desacato a la autoridad, por tu propio bien. Espero no tener que recordártelo de nuevo, entendido?

(Sarah)   -. Una mierda!!! Ya puede olvidarse de eso, quien se ha pensado que es? No espere que haga tal cosa por mi propia voluntad… pero le traeré a esas chicas… SEÑOR MARSHALL…!!!

       Sin decir palabra alguna más, desapareció de su vista entrando en el pasillo de las celdas, en su mano derecha llevaba las llaves que abría estas. Se aproximó a la celda que estaba la pequeña de las Watson, mirando a la muchacha a los ojos.  A esta, al verla con la estrella en el pecho se le cayó el alma al suelo, temblaba aterrada. Pues la pequeña Penélope se imaginaba que venía a arreglarle las cuentas por haberse burlado de ella, cuando permanecía echada en el camastro y riéndose de ella, tanto su hermana Maggie y ella misma, al verla como tenía el trasero desnudo y colorado como un tomate.

(Sarah)    -. Bien Penélope! Ya veo que tiemblas de miedo al verme de nuevo con la estrella, y haces bien en hacerlo, quítate los pantalones quedándote únicamente en camisa y bragas! no me hagas que tenga que entrar a quitártelos yo!!!

     La chica temblando por la que estaba a punto de venírsele encima, prefirió obedecer. Era mejor ser obediente teniendo todas las de perder si se rebelaba, conocía bien a la Sheriff Wilson. Si por un simple altercado les había dado una severa azotaina a ella y su hermana con el trasero desnudo de ambas, no se podía imaginar que sería capaz de hacerles por burlarse de ella. Así que temblándole las manos se desabrocho el pantalón bajándoselo, sacándose las botas, se quitó los pantalones quedando solamente en bragas, unas bonitas bragas rosas con flores.

(Penélope)   -. Ya está, sheriff. Ya me los quite!

(Sarah)     -. Bien, sal de la celda y acompáñame. No me llames sheriff, no lo soy. Soy la ayudante del Marshall del estado y es quien desea verte. No sonrías! Créeme, preferirás no verle… camina delante de mí. Pon las manos sobre la cabeza y camina delante de mí!

      La detenida caminaba delante de la ayudante, al llevar sus manos sobre la cabeza, la camisa se le había alzado, dejando a la vista el pequeño trasero de la pequeña de las Watson. Su trasero se contoneaba de manera muy graciosa, con aquellas preciosas bragas rosas con flores. Sarah contemplaba su joven caminar por el pasillo, en otras circunstancias le resultaría gracioso ver como se agitaba el trasero a cada paso, pero lo que no sabía la muchacha era lo que la esperaba, más allá de la puerta de las celdas. Al traspasar la puerta todo cambio para la pequeña de las Watson. Su peor pesadilla la tenía ante ella en ese momento.

(Marshall)   -. Y bien… que tienes que decir Penélope? Vas a decirme donde se esconden el resto de tus hermanas y esas renegadas indias? Llevo días buscándolas, pero tranquila si no quieres hablar, las encontrare igualmente sin tu ayuda, pero ya que a ti ya te tengo, te voy a enseñar  a escaparte, ven aquí que te voy arreglar bien el trasero desvergonzada!!! Vas a venir o tendré que ir a buscarte?  

     La joven estaba atemorizada, no podía mover ni un pie. Tenía ante ella al salvaje, así le habían apodado sus hermanas. De atreverse lo habría llamado así, pero eso no habría mejorado su situación, aunque empeorarla tampoco. Algo sucedía, sus pies avanzaban hacia el Marshall, el cual permanecía sentado. Sus pies no la obedecían, ella deseaba retroceder, entonces se percató que era la ayudante del Marshall quien la arrastraba hacia él. Hasta colocarla a su alcance, algo que no omitió, pues la agarró del brazo colocándola a su costado derecho. Penélope miraba hacia las piernas del Marshall, ya que era donde en breve seria el lugar que ocuparía, tumbada sobre ellas.

(Marshall)   -. Bueno mi pequeña Watson, ya imagino que serás precavida y no delataras a tus hermanas, verdad que no? Ya me lo imaginaba… Pero al menos con tu hermana Maggie y contigo Penélope, me voy a encargar de que no olvidéis este día. Sabes? Estuvisteis a punto de meterme en un buen lio, estaba cerca de un ascenso a comisario del estado, por vuestra culpa al escapar ayudadas por unas indias, podía haber peligrado ese ascenso, pero… mira por donde aparecieron los Henderson, una banda de forajidos de verdad, no como vosotras que sois unas aprendices, para que el asunto mejorase, apareció la Tigresa. Eso sí fue un toque de suerte, pues capturarla y deshacerme de sus hermanos, eso fue un buen tanto a mi favor, y… he acabado siendo nombrado Marshall del estado, algo que supera en mucho el cargo de comisario del estado, como en parte ha sido por vuestra fuga, voy a ser benevolente con vosotras, pero eso no me impedirá daros una buena azotaina a las dos. Así como a tus hermanas y vuestras amigas indias. Huuummm bonitas braguitas… ahora haz los honores y colócate sobre mis rodillas… ha llegado el momento de ajustarte las cuentas.

     Penélope se acariciaba las manos anudando sus dedos temblorosos, debía pasar por la vergüenza de ser ella quien se pusiera sobre las rodillas, el macabro Marshall deseaba avergonzarla al máximo, no puede haber nada peor para una adolescente que va a recibir una azotaina, que tener que ser ella misma quien se eche sobre las rodillas del hombre que la va a dar una azotaina en el trasero, ella lo sabía por propia experiencia en su infancia, pues era el método que utilizaba tanto su padre y su madre, pero con ellos la preocupación era mayor por el castigo que iba a recibir, el tener que echarse sobre las rodillas de su padre o madre, no le preocupaba apenas la vergüenza que fuera a pasar, en ese tema la vergüenza la tenía por tener que hacerlo en presencia de sus hermanas, sobre todo cuando ella no había hecho nada malo, pero la que había sido pillada infraganti había sido ella, y no la culpable real. Pero entre hermanas siempre había habido el saber aceptar el castigo de una de sus hermanas, sobre todo estas sabían cómo liar a la pequeña, pues ella era la consentida de sus padres, y la azotaina seria mucho menor, que de ser otra de sus hermanas mayores.

     Pero en esta ocasión no era la misma situación, no eran de su padre  las rodillas que debía ponerse, esto era mucho más duro de acometer y más difícil de realizar.  Como tampoco se iba a escapar de rositas con una simple azotaina, ya tenía por desgracia experiencia de ser disciplinada por el Marshall, y sabía que iba a ser larga y prolongada azotaina, así como también sabía que iba a pasarlo muy mal… vio en la cara del Marshall que empezaba a impacientarse por la demora en obedecer, por lo que Penélope cerrando los ojos se armó de valor y su cuerpo se inclinó hacia adelante apoyando sus manos sobre el muslo izquierdo, flexionando sus brazos hasta que su pecho se acomodó sobre las piernas, retirando sus manos del muslo del Marshall, para depositarlas en el suelo inertes. Quedando su pequeño cuerpo echado sobre las piernas del Marshall, en una figura paternal de disciplina, sus piernas flexionadas sin llegar a rozar el suelo y sus manos tocándolo ligeramente. La camisa o blusa se le había subido dejando su trasero cubierto por unas deliciosas braguitas rosas con flores, unas bragas muy castas que le cubrían sus nalgas y que las perneras de las mismas realzaban los mofletes del culo. Pronto sintió la caricia de la mano derecha del Marshall, el cual trazaba círculos acariciando el saliente trasero respingón de Penélope, mientras su mano izquierda, le daba unos golpecitos en su costado derecho a la joven, dándole a entender que le tendiera su mano derecha para sujetársela e impidiera así, entorpecer interponiendo su mano a los azotes que en breve empezarían a caer. La joven obedeció de inmediato, aún mantenía sus braguitas subidas y temía que de demorarse se enfadara el Marshall y se las pudiera bajar descubriendo su trasero, sabía que poco o nada le iban a proteger sus bragas, pero si protegían su intimidad. Había presenciado  el castigo  de Susan cuando estaba sobre las rodillas de la sheriff Wilson, y cuando esta le había bajado las braguitas, la manera impúdica que esta había mostrado sus partes íntimas de manera indecorosa, y estaba esa visión la tenía muy presente en su mente.

     Pronto empezó a sentir como los azotes de la mano derecha del Marshall, caían implacables sobre su desprotegido trasero. Así mismo su cuerpo reaccionaba a cada uno de aquellos azotes, moviendo sus caderas a un lado o al otro, dependiendo en qué lado de sus nalgas cayera el siguiente azote. Sentía en sus oídos como resonaba el sonido que estos producían al impactar fuertes sobre su trasero, pronto empezó a arderle cada vez más, llegando a ser cada azote más molesto, con lo que sus piernas empezaban a moverse sin tener ella conciencia hacia qué lado o dirección iban estas.

      El Marshall, en cambio pensaba que la joven estaba disfrutando más de lo que debería. La estaba dando una azotaina por una falta que le podría haberle causado problemas serios, si no fuera por las circunstancias posteriores, y en cambio, en el fondillo de las bragas rosas estaba apareciendo por momentos una mancha oscura, estaba claro que el sexo de la joven la delataba, así como su ligero pataleo de sus piernas, estaba claro que lo que la joven estaba haciendo era frotar su sexo sobre su muslo para darse placer.  Había llegado la hora de hacérselo saber a la joven, esta sintió con un estremecimiento en su cuerpo al sentir los dedos introducirse entre el elástico de la cinturilla de sus braguitas, en ese instante la mancha en el fondillo de sus braguitas paso a ser más visible, y también más notable en su entrepierna, sus mejillas se tiñeron de color colorado, el mismo que imaginaba debía tener su culo, y que dicho color sobresaldría de las perneras de sus bragas, estaba claro que se había ruborizado de la vergüenza, la Sra. Wilson estaba justo enfrente suya, esta era difícil que no estuviera viéndola como sus mejillas habían cambiado su tono de color, y como en sus bragas se debía de ver a simple vista como las había humedecido, y ahora, en ese momento el Marshall se las iba a bajar. Fue demasiado para ella sentir como la tela de algodón se deslizaba por sus muslos, suspirando audiblemente, algo que no pasó desapercibido. Las bragas en ese instante, de hacerlas descender en el desbrague lentamente, el Marshall se las acabo de bajar de un tirón brusco a las rodillas.  La mano del Marshall reanudo la azotaina dándole azotes más seguidos e intensos, la muchacha Penélope sintió la brusquedad del cambio de ritmo, algo que comenzó acusar su trasero con rapidez, sus piernas sobre todo fueron las que anticipaban que se había acabado el juego, ahora los azotes dolían más de lo que la joven esperaba. Conocía al Marshall, ya la había zurrado antes viendo las estrellas, en cambio esta vez, había comenzado de manera diferente a aquellas otras azotainas, esta no picaba tanto desde un principio, quizás por ello la joven habituada a recibir azotainas en su infancia, ahora la había experimentado como algo no desagradable, más bien todo lo contrario. Se estaría volviendo loca? Pero no pudo seguir pensando en lo que le había ocurrido, la azotaina por momentos estaba resultando cada vez más dolorosa, el ardor intenso en sus denudas nalgas ya no resultaba de su gusto, ahora sentía fuego puro en su culo, de manera que su cuerpo se retorcía sobre las piernas del Marshall. Le resultaba imposible el agitarse y contonear sus caderas, intentaba escapar apoyando sus piernas en el suelo, pero apenas llegaba a rozarlo. Las lágrimas no se hicieron mucho más de rogar, pues emanaban de sus pupilas una tras otra. El Marshall ahora sonreía satisfecho, había llegado al clímax de la azotaina, ya no veía fluir líquido entre sus muslos, aunque estos claramente estaban muy mojados por la humedad de la joven.

     En cambio frente a la escena, estaba la Sra. Wilson en su nueva faceta de ayudante del Marshall como comisaria, en su rostro se dibujaba una tenue sonrisa era nuevo para ella, no podía definir lo que la estaba ocurriendo, pero estaba disfrutando de la escena y lo más inverosímil para ella, estaba deseando ocupar el lugar de la muchacha.   Veía anonadada como esta se debatía agitando sus piernas y brazos, las bragas de la joven ahora en sus tobillos, como estas se estiraban como si fueran de goma al abrir y cerrar las piernas, tensándose y encogiéndose haciendo unas figuras que la tenían hechizada, pero sobre todo, lo que más la hacía desear estar sobre las piernas en el lugar de la joven, era el ver cómo había cambiado de color el trasero de un color rosado a rosado oscuro, cambiando a colorado, para poco después volver a cambiar a un tono colorado más intenso. Ver el fondillo de las braguitas de la joven tan de cerca, la había debido trastornar, porque esa misma humedad era la que en esos momentos sentía ella en sus propias bragas. Estaba tan ensimismada mirando a la joven como se debatía recibiendo aquella azotaina, sobre todo mirándole el trasero pequeño y respingón, y que ambas redondeces estuvieran coloradas por igual, lo que hacía más tentador ocupar su lugar.  

(Marshall)   -. Sarah… Sarah… Sarah… es que no me oyes? Despierta!!!

     La comisaria totalmente absorta escucho que decían su nombre, en ese instante salió de su letargo…

(Sarah)    -.  Si…. Dígame… Señor… Digo, Sheriff… Perdón… Marshall… Decía usted? 

(Marshall)   -. Te decía que te llevases a Penélope a su celda y me traigas a Maggie…

(Sarah)    -. Súbete las bragas y vamos a tu celda…!!!

     Con dificultad, pero ayudada por el Marshall se levantó de su regazo, su primer instinto fue sobarse el trasero, mientras miraba a su interlocutora. Luego agachándose con serias molestias en su trasero, desenredo sus bragas liadas entre sí mismas en sus tobillos, una de las perneras se le había debido salir en su forcejeo, por lo que tuvo que abrir sus bragas con las manos, para así poder pasar su pie izquierdo para ponérselas, luego lentamente las hizo ascender por sus piernas hasta alcanzar la base de sus nalgas, el pasarlas por ellas lo hizo con parsimonia lentitud hasta lograr ajustárselas en su cintura, luego paso su dedo pulgar por el interior de sus perneras de arriba hacia abajo, aligerando así la presión del elástico de las perneras de sus bragas rosas con flores. Obedeciendo a la comisaria comenzó andar hacia la puerta que conducía a las celdas, con la mano izquierda se restregaba los ojos secándose las lágrimas de sus ojos, la derecha la llevaba sobre su trasero acariciándoselo con suavidad sobre sus braguitas rosas. Al llegar a la celda entro dentro escuchando como se cerraba la puerta, luego miro a su hermana Maggie que se hallaba con lágrimas en los ojos, pues había escuchado todo desde la celda, escuchar llorar a su hermana la había hecho sentirse mal por la impotencia de no poder ayudarla.

     Segundos después, Sarah la comisaria abría su celda. Maggie la miro sorprendida, se había quitado el pantalón y cambiado las bragas, ahora llevaba unas bonitas bragas amarillas de algodón con unos dibujos de frutas silvestres.

(Sarah)   -. Maggie! Quítate esos pantalones enseguida, ha llegado tu hora de salir hablar con el Marshall… Venga!!! No tenemos todo el día.

    Minutos después salía Maggie de la celda, simplemente con una camisa azul a cuadros verdes, y bragas blancas de algodón con unos simpáticos osos alegres. Toda seria, caminaba delante de la comisaria, con los dedos índice de ambas manos se estiro el elástico de sus braguitas, como si intentara tapar más la desnudez que la prenda íntima podía cubrir. En segundos estaban ante el Marshall, este apenas dijo palabra alguna. Agarro a Maggie de la muñeca derecha y tirando hacia él, la dejo caer sobre sus rodillas bajándole las bragas blancas de algodón con osos, dejándole el culo desnudo. El Marshall sin miramiento alguno, extrajo el cepillo que guardaba en la caña de su bota, sin palabra alguna comenzó a azotarle el culo con el cepillo, azotes rápidos y certeros. Maggie no tardo más que unos segundos en reaccionar, pues no esperaba una azotaina de buenas a primeras con el cepillo, había escuchado como había regañado a su hermana Penélope y luego escuchar los azotes propinados con la mano, ella esperaba algo similar, para nada había sospechado que con ella fuera diferente, pero así fue. Se revolvía sobre las piernas del Marshall, deseaba que acabara aquel intenso fuego que había empezado sin más, sus lágrimas no tardaron en derramarse mojando sus mejillas, sus bragas salieron despedidas de sus tobillos, de la fuerza que impulsaba estas. Con sus manos libres intentaba cubrirse el culo sin éxito, y cuando lograba cubrirse, el cepillo impactaba sobre estas, por lo que las retiraba rápidamente sintiendo nuevos azotes en sus maltrechas nalgas, la azotaina severa de verdad duro unos minutos que a ella le parecieron horas, pero fueron diez escasos minutos los que duro la zurra sobre su culo desnudo.

    La comisaria aterrada veía como se debatía fieramente Maggie, en esos momentos se arrepentía de haber hecho lo que había hecho. Con la pequeña Penélope se había excitado y mojado el fondillo de sus braguitas, deseando estar ocupar su lugar. Ahora en cambio estaba aterrada viendo como el culo de Maggie, como había cambiado en apenas una cuarentena de azotes, del rojo a muy rojo intenso, nada parecido a como había sido castigada su hermana, pero lo más incomprensible para ella misma era… que había vuelto a humedecer el fondillo de sus bragas amarillas, aunque ahora ya no deseara ocupar el lugar de Maggie, pero en su interior algo la hacía contradecirse a sí misma. Sus ojos no paraban de mirar a la pobre muchacha retorciéndose sobre sí misma, como sus piernas se levantaban frenéticamente y bajaban abriéndolas todo lo  que sus extremidades le permitían, así como a su nuevo jefe luchando por mantenerla sobre sus piernas. Cansado de forcejear con ella, retiro su pierna derecha dejando que Maggie quedara sobre su muslo izquierdo, de tal manera que trazando un semi circulo con la derecha, la paso por encima de las piernas de la desesperada joven logrando así, inmovilizar sus piernas de manera que con el cuerpo cayendo lateralmente manteniendo en alto el trasero sobre el muslo izquierdo y las piernas inmovilizadas, de tal manera que el cepillo ahora caía sobre el culo desprotegido, sin que esta pudiera hacer nada. Sarah se arrepentía de haber acabado obedeciendo quitándose las bragas, así como aparecer en la oficina preparada para ser castigada, tal y como le había sugerido que hiciera el Marshall, incluso se había cambiado de bragas, dando a entender al Marshall que aceptaba ser disciplinada, no comprendía como había podido hacerlo.

(Marshall)   -. Se puede saber qué diablos te ocurre hoy, no hago mas que hablarte y estas como en otro mundo!!! Sarah!!! Me escuchas?

(Sarah)   -. Per…Perdone no estaba por usted…

(Marshall)   -. Lleva a Maggie a su celda y vuelve rápido!!!

(Sarah)   -. Vamos Maggie!!!

      Maggie estaba acurrucada en el suelo, intentaba poner sus manos en su dolorido trasero, pero el solo roce era muy molesto, intento levantarse del suelo, pero era en ese instante imposible. Sarah viéndola supo que necesitaría su ayuda, por lo que se aproximó a ella, antes recogiendo sus bragas que salieran despedidas de sus tobillos, luego la ayudo a levantarse dándole las bragas blancas de algodón con osos. Con las bragas en la mano, Maggie avanzo lentamente hacia la puerta, ayudada por Sarah. Pero el orgullo de las Watson era fuerte en ellas, así que rechazo la ayuda y se encamino sola hacia el pasillo que daba a las celdas. Con la mano derecha sobre su cadera derecha y en la izquierda llevando sus propias bragas colgando de sus dedos. Quedo encerrada en su celda, aunque se dejó caer de costado con suavidad sobre el camastro, sus nalgas las tenía sumamente doloridas amenazando mentalmente con vengarse de aquel ser salvaje…

   Sarah salió del pasillo deteniéndose en la puerta, ella que creía haberlo visto todo en disciplina. Los años en que había sido ayudante del que fuese su marido y padre de Alberta, había sido en muchas ocasiones disciplinada por él, así como las azotainas que sus padres le habían dado en su infancia, ya que solía ser muy rebelde. En pocas horas había podido comprobar que aquellas zurras de sus padres y posteriormente su marido, no eran nada con las que solía castigar el Marshall William era un ser de otra galaxia. Y ese ser, estaba ante ella sentado en la silla con el cepillo de nuevo guardado en la caña de su bota derecha.



(Marshall)  -. Que voy a tener que hacer contigo, Sarah Wilson? Las autoridades me dieron la orden de enviarte a prisión, pero el Fiscal General y gran amigo de tu marido, pensó que a mi lado estarías mucho mejor, dado que yo también tenía gran amistad con tu marido, sabias que estuvimos juntos en la guerra de secesión? Albert era un verdadero diablo con un revolver en la mano, no es de extrañar que lo mataran por la espalda, cara a cara, no tenía rival. Él nos enseñó a disparar rápido y ser únicos, nos salvó la vida muchas veces, por ese motivo tanto el Fiscal como yo mismo, estamos en deuda con él, por ello estas aquí. Ni Johnny, ni yo mismo, jamás permitiríamos que ingresaras en prisión, pero nos encargaremos de ti y de tu hija, a la cual la consideramos como hija nuestra. A Johnny le conoces bien, es el padrino de Alberta, después de la guerra yo tome otro camino, por ese motivo tu y yo no nos conocíamos, pero ahora me vas a conocer! Johnny me recomendó la idea de utilizar tu experiencia de luchar por restablecer la ley, por tu marido el cual fue siempre un buen hombre, no merecía tener un final como el suyo. Ambos decidimos darte la opción de estar bajo mi tutela, hasta que Johnny acabe su mandato como Fiscal General y se haga cargo de vosotras dos. Hablándome mal, faltándome al respeto y no obedecer es algo que no te ayudara demasiado, por Johnny conozco bien como te disciplinaba frecuentemente Albert, decía que eras única metiéndote en problemas, que eras muy buena en tu trabajo, pero al mismo tiempo muy inocente, motivo por el cual tenías serios problemas, por lo visto tu ambición por el dinero siempre te ha cegado, con tu marido en vida, sabia como llevarte más derecha que una vela! El se encargaba de ti, no permitiéndote esa debilidad tuya. Pero apenas has estado sola unos meses, te metiste en serios problemas. Esta es tu manera de mostrar gratitud? Portándote arrisca conmigo? Con un comportamiento poco adecuado! Hablas sin ninguna educación hacia un superior! Te rebelas constantemente! Tienes un genio de mil diablos! Pero si no aprendes por las buenas, aprenderás pos las bravas!!! Sabes? No te imaginas lo tozudo que puedo llegar a ser, y no te voy a permitir ni el más mínimo error más! Ahora sinvergüenza! Ven y colócate sobre mis rodillas, te voy a enseñar que faltarme al respeto no te va a ser en el futuro, algo que puedas hacer sin que ello tenga serias consecuencias, he tratado de ser amable contigo, incluso el decirte que no iba a tomar tus palabras obscenas hacia mi persona en cuenta, que no habrían represalias tomando medidas contigo, pero no ha funcionado y has seguido en tus trece por seguir faltándome el respeto una y otra vez.  Vas a venir y echarte sobre mis rodillas? O me vas hacer levantarme? .- El Marshall al lanzar esa amenaza, haciendo ademan de levantarse de la silla, metiendo su mano en la caña de su bota derecha empuñando el mango del cepillo de madera, eso hizo que Sarah decidiera acercarse por sí sola, le tenía verdadero pánico aquel cepillo. Ya lo había probado hacia unas horas, y no le apetecía sentirlo de nuevo, por eso se colocó ella misma sobre las rodillas del Marshall..- Bien! Veo que sabes bien lo que te conviene, y ser obediente es muy imperativo para salvar tu trasero, de una azotaina mucho más severa!!! Veamos como tienes el culo, a ver qué color tiene. -. William, paso sus dedos por el interior del elástico ribeteado de puntilla de sus braguitas amarillas, estirando de la cinturilla para poder ver el estado del culo-. Lo tienes muy moradito, tiene que dolerte bastante, verdad? .- Sarah asintió con la cabeza en sentido afirmativo.-. No te voy a bajar las bragas! por esta vez!

      Sarah se vio en apenas un momento echada sobre el regazo boca abajo,  las nalgas aun la tenía muy adoloridas y mas solo el pensar  a que el Marshall utilizara el cepillo. Sarah se avergonzó hasta lo más hondo de su ser, cuando el Marshall estiro del elástico de sus braguitas para verle el estado de sus nalgas, el obsceno comentario sobre su estado, la humillo. Pero por otro lado le tranquilizo saber que no iba a bajarle las bragas, pero seguía temiendo que le diera la azotaina con el cepillo. Su cuerpo temblaba como los pétalos de una amapola a merced del viento. La azotaina dio comienzo. La mano del Marshall empezó a calentarle el trasero, ese hecho tranquilizo por el momento a Sarah, aunque por poco tiempo, pues la mano pesada dolía horrores al tener el culo dolorido, Sarah no sabía que sería peor en esos instantes, el culo le dolía cada vez más, sus piernas pronto empezaron a desobedecer a su mente, empezando estas a agitarse y como sus caderas se retorcían a cada azote que caía sobre su trasero recubierto por sus bragas amarillas de algodón. Estas eran unas bragas que cubrían su culo, en nada parecidas a las de las chicas más jóvenes, que apenas cubrían sus nalgas. A Sarah le cubrían todo el culo, dadas que eran de cintura alta, cubrían desde el inicio de sus muslos, hasta el límite de su espalda, vistas cuando estaba de pie frente al Marshall, cubría justo hasta el ombligo. La azotaina se prolongó durante varios minutos, las lágrimas llevaban desde el inicio de la azotaina bajando por sus mejillas, aunque ella no lloraba, pero le resultaba inevitable impedir que estas emanaran de sus pupilas, pues el ardor, así como el dolor de su culo era muy intenso. Fueron varias tandas de azotes las que el Marshall le propino en el dolorido y muy caliente trasero. entre tanda y tanda, este se entretenía en acariciar el culo a Sarah, bajando esas caricias por sus muslos, subiendo por el interior de los mismos hasta su entrepierna, la cual Sarah no debía imaginar como el fondillo de sus bragas destacaba una mancha de humedad considerable, en ese momento ella si se percató de esa humedad, pues el Marshall paso sus dedos por la zona más oscura, lo que hizo a la comisaria sentir la acaricia y que la humedad fuera muy palpable estremeciéndose de placer, hacía tiempo que no se sentía de ese modo, recordando los tiempos que la colocaba sobre sus piernas su marido. La mano derecha del Marshall hizo que Sarah sintiera una enorme vergüenza en sí misma, este de manera obscena había metido uno, dos, y luego tres dedos bajo el fondillo de la tela de algodón de sus bragas, sintiendo la caricia directa sobre su encharcado sexo, el cual hacia ruiditos al moverse los dedos bajo la prenda, sobre todo al sentir como estos no contentos con acariciar su sexo libre de vello rasurado, los introdujo en el sexo, lo justo para tocar el botón mágico, haciendo que Sarah se estremeciera con esa caricia intima. De su labios surgió de improviso un gutural gemido de placer, el cual hizo que la mujer se avergonzase de sí misma, enrojeciendo su rostro hasta las orejas, se acababa de correr estrepitosamente con los dedos del Marshall en su sexo, temía que hubieran podido escuchar su gemido en el pasillo de las celdas, no podría mirar a ninguna de las chicas a la cara, sobre todo a su hija. Algo que no pasó desapercibido por el Marshall, que extrayendo sus dedos continuo la azotaina ahora mucho más intensamente, haciéndola gritar de dolor, Sarah pensó que aquel horrible dolor solo podía tratarse que estuviera utilizando el terrible cepillo, pero no tardo en sentir que no era así, cuando la mano volvió acariciar su dolorido trasero, dando por acabada en ese instante la azotaina. Aun permaneció unos minutos más sobre sus rodillas, pues Sarah estaba ahora más calmada y relajada, aunque el trasero no dijera lo mismo, pues le dolía horrores. Cuando por fin se incorporó se acarició el culo con ambas manos muy suavemente, a pesar del dolor al pasar las palmas de sus manos sobándoselo. En ese instante se volvió hacia el hombre que le acababa de administrar una azotaina tan larga e intensa, pero este en su rostro no vio odio en él, lo que vio en ese rostro fue una angelical mirada de agradecimiento y una agradable sonrisa en sus labios, pero sin dejar de acariciarse las nalgas, el pasar las yemas de sus dedos por ellas, estas le dolían, pero a pesar de ello, sentía en sus manos el intenso fuego que sus nalgas desprendían, el Marshall se acercó a ella en ese instante, colocándose detrás de ella, paso sus dedos por la cinturilla de sus braguitas y se las bajo lentamente hasta colocárselas a la altura de medio muslo, mirándole el culo lo colorado que lo tenía… Estando así en pie, el Marshall abrió un frasco echando parte de su contenido en la palma de su mano derecha, luego se lo repartió uniformemente por sus nalgas rojas como tomates maduros, hasta que estas absorbieron el líquido aceitoso del producto. Algo que Sarah agradeció dándose la vuelta y abrazando a quien le había mondado el culo de aquella severa azotaina, abrazo que el Marshall amablemente devolvió a Sarah. Durante varios minutos estuvieron así abrazados, ella con la cabeza ligeramente apoyada sobre su pecho, y el con sus largos brazos acariciándole el trasero… cuando se separaron…

(Marshall)  -. Venga ves a mirar a las chicas que hacen, y toma este frasco, y se lo untas a Maggie, Penélope y tu hija Alberta además de su amiga Susan. -. Cuando Sarah se dio la vuelta para dirigirse a las celdas, una fuerte palmada sintió en sus nalgas, mirando hacia atrás pícaramente sonrió al Marshall, no había odio en aquella mirada, solo se veía agradecimiento… -. Venga, o voy y veras tú, la que te espera!!.- Sarah cómicamente le saco la lengua al Marshall echando a correr hacia las celdas, subiéndose las bragas al mismo tiempo que se alejaba…