Seguidores

domingo, 10 de junio de 2018

EL ABUELO MATERNO Capitulo 11


                                          EL ABUELO MATERNO     Capitulo 11

        Sonia no podía dejar de pensar en cómo se la había jugado a ella y su prima la pequeña María. Como se la había podido jugar de aquella mala manera…? Era un verdadero diablillo la pequeña, pero ya no era tan niña, era toda una jovencita de casi veinte años, no era lógico aquel comportamiento. Pero sobre todo lo que más le molestaba de todo, es que ella, podía moverse por la casa como si tal cosa. En cambio tanto ella y su prima, tenían que esperar por las mañanas a que subiera su tía y madre de Susana a cambiarles el pañal. O peor aún, que ella estuviera ocupada y subiera su tío. Aquello sí que la avergonzaba de verdad, aunque fuera como un padre para ella, no dejaba de estar a punto de cumplir los treinta y tres años, y tener que pasar por aquella vergüenza era superior a ella. No dejaba de ser un hombre maduro, el cual la dejaba sobre la cama echada desnuda después de sacarle el pañal mojado de orina de la noche, así como volver momentos después y llevarla desnuda al baño para asearla, teniendo que sentir como le pasaba la esponja con jabón y pasársela por sus zonas intimas, así como tener que ver como después la hacía poner de pie en la bañera y aclararle el jabón. Por si fuera poco, luego se tenía que dejar secar con la toalla… Pero la primera semana fue mucho peor, pues según su tío o su tía, no podían entender que tanto su hija o su sobrina, la cual era como su propia hija, hubieran sido capaces de hacerle algo tan descabellado a la pequeña María. Y abandonarla de aquella forma tan ruin, por lo tanto, la primera semana tenían que ir por la casa con el pañal puesto a todas horas, no dejándoles utilizar el servicio ni para aguas mayores, pasando por aquella vergüenza de tener que hacer sus necesidades. Aquello si fue para ellas ir demasiado lejos, y siempre que se cruzaban con la pequeña, le daba la espalda. Pero tenían que ir con cuidado que no les vieran hacerlo su tío o tía, pues si las pillaban, acababan con el culo caliente y en el rincón toda la mañana o tarde.
      Recordaba cuando estaba sola echada en su cama, la primera vez que se vio en pañales. Al ser por primera vez, sentía sensaciones inenarrables cuando era su tío el que subía a cambiarla, incluso si lo hacia su tía, aquellas sensaciones le gustaban. Aunque la vergüenza que pasaba era demasiada para ella, en aquella primera vez, le resulto agradable de alguna manera. Pero la última vez que sucedió vivir esa situación fue algo horrible para ella, pues fueron varias semanas. Y en esta ocasión, después de la jugarreta de la niña, ya llevaba tres semanas sufriendo esa misma vergüenza, ya no le resultaba una novedad o juego divertido. Sobre todo por la causa que no era realmente tan grave, porque ella no había cometido falta alguna. Porque si pasaba por un castigo así, pero por descuido de ella misma o una falta, así como una travesura, pues le gustaba hacer travesuras como a cualquier chica spankee, aunque luego recibiera una soberana azotaina y prolongación de su castigo teniendo que dormir con pañales durante un tiempo determinado. Pero en esos casos había sido ella quien se lo había buscado, o había sido la culpable de ello. Por lo tanto, tener que pasar por aquella vergüenza, no era tan vergonzoso para ella.
      Pero esta vez, ella no había hecho nada de nada para merecer ese castigo. Y las veces que había intentado hablar con su tía sobre ello, había acabado sobre sus rodillas con las bragas bajadas y le había tocado recibir otra dolorosa azotaina en el trasero. Durante la primera semana, había intentado hablar con su tía. Y cada vez que sacaba el tema, acababa con el culo ardiendo, y a veces por partida doble. Pues su tía al llegar su marido le contaba como había intentado recriminar y culpar a su nieta. El Sr. Adams enfadado subía las escaleras desabrochándose el cinturón, entraba en la habitación con el cinturón ya doblado a la mitad, regañándola severamente por su intento de culpar a prácticamente una chiquilla, Sonia le veía aterrada al traspasar el umbral de la puerta con el cinturón colgando de su mano derecha, mientras la regañaba retiraba las sabanas y de un tirón le bajaba las bragas hasta dejarle el culo al aire o el pañal si ya llevaba este colocado,  sin dejar de regañarla con el cinturón le ponía el culo ardiendo como un volcán.
     Sonia durante todas las veces que fue castigada aquella semana, al fin tuvo que resignarse y  que sería mejor no volver a sacar ese tema a relucir, pues las veces que lo había hecho, no había salido nada bien parada. En cambio su prima Susana, los tres primeros días también probo de explicárselo a su madre, pero acabo esos días con el culo como un tomate maduro con la zapatilla y al igual que con Sonia, luego recibía la visita de su padre lo que empeoraba su situación. Dejando el tema por imposible, y ceso en sus intentos, no así Sonia, que más cabezota siguió intentándolo pues ella era inocente de aquella travesura de María, la cual las había implicado a cosa hecha, pero después de varios días de verse castigada, no tuvo más remedio que dejar de probarlo, pues el solo mencionárselo a la tía, el resultado era terminar con el culo bien caliente y en la cama castigada sin cenar. Algunos de esos días, llego a estar castigada sin poder levantarse de la cama todo el día, y al llegar su tío, al enterarse de lo sucedido, subía a por ella cinturón en mano.
     Las últimas tres semanas habían sido una auténtica pesadilla para Sonia, no así para Susana, la cual hablaba con su hija como si nada hubiera sucedido. Quizás fuera que al fin y al cabo era su madre, y aunque pudiera tenerle en cuenta lo sucedido, no se lo parecía para nada a Sonia. Por esa razón entre Susana y Sonia, se echaban miradas que fulminaban.
     Sonia en su habitación aguardaba que subiera su tía a quitarle el pañal, igual que había estado haciendo esas semanas. A pesar de los días que habían trascendido, aun le costaba mantener la mirada a su tía, de la vergüenza que le daba tener que esperar a ser cambiada. Así un día más apareció su tía por la puerta, pero no sola, iba acompañada por su tío, Sonia cerró los ojos al verles. Sintió como eran retiradas las sabanas, y su tía procedió a desabrocharle los laterales adhesivos del pañal, por fortuna esa noche había bebido poco agua antes de acostarse y su pañal estaba seco. La dejaron desnuda de cintura para abajo sobre la cama, y escucho como varios pasos se retiraban hasta salir de la habitación.  Abrió los ojos, viendo solamente a su tía Ingrid…
(Sra. Adams)   -. Sobre la cómoda te dejo ropa para vestirte, más te vale ser buena chica o volverás a estar castigada de nuevo… vístete y baja a desayunar, apresúrate o subiré a por ti para que bajes, y lo harás calentita…!!! Ha sido tu tío! Él te ha levantado el castigo, yo te habría dejado unos días más…
      Sonia no daba crédito, la habían levantado el castigo. Podía asearse sola por primera vez en tres semanas… Salió rauda de la cama a asearse al baño, solamente vestía un corto camisón que usaba para dormir, aunque apenas le cubría el trasero, el cual aún llevaba visible las marcas moradas del cinturón de su tío de la última azotaina, de la cual solo hacía unos días que la había recibido. Esta había sido por no querer comer durante la cena, verdura.  Algo habitual en Sonia el que no quisiera comerse la verdura, desde niña había resultado difícil para sus tíos hacérsela comer, pero al retirar el plato hacia el centro de la mesa apartándolo de ella, su tía se lo volvía a poner, en ese instante hubo un pequeño forcejeo entre tía y sobrina, acabando el plato volcado sobre la mesa, su tía se levantó furiosa de su silla yendo hacia Sonia, pero al hacerla levantar de la silla, Sonia echo a correr en sentido contrario acabando chocando contra su tío, que ante la escena también se había levantado enfadado porque cada vez que había verdura de cena o comida, Sonia acababa liándola de alguna manera, Sonia sin ver cómo, acabo inclinada y bajo el brazo izquierdo de su tío, y con una sola mano, la derecha se desabrocho el cinturón extrayéndolo de las presillas del pantalón y arreglándoselas para doblarlo a la mitad, dando una vuelta a su muñeca, para luego asirlo fuertemente con la palma de su mano derecha. Empezó a darle con el cinturón en el culo aun cubierto por sus braguitas blancas de algodón con unos lunares de colores, amarillo, azul, verde, rojo, negro.  Fueron muchos los azotes que recibió pataleando con sus piernas en el aire, ya que su tío por su alta estatura, la mantenía a varios centímetros del suelo. Pero… para Sonia aún se llevaría la sorpresa de sentir como alguien le bajaba sus bragas hasta las rodillas, era su tía Ingrid que colocada tras ella con su rostro de indignación miraba como su marido la zurraba bien zurrada, ese día no acabo ahí la cosa, su tía al soltarla el marido, viendo como Sonia daba saltitos del intenso ardor del trasero, está, la agarro del lóbulo de la oreja y se la llevó al piso de arriba a su habitación, con los problemas de ir entre dando pequeños saltos y trastabillando al llevar sus bragas trabándole sus piernas, al entrar en su habitación Sonia seguía llorando ante el intenso ardor de su culo, había sido una severa azotaina con el cinturón, pero para ella aún no había acabado, en la habitación la tía furiosa la tumbo sobre sus rodillas, y continuo la azotaina con la mano, durante varios minutos hasta que se detuvo está, al tener la mano dolorida, aunque Sonia tenía su culo, mucho más dolorido…. Sonia mientras se dirigía al baño a asearse, acariciándose el culo aun con molestias que la hacían caminar meticulosamente, pues solo hacía unos días que la recibiese, pero recordaba esa azotaina como si acabase de recibirla… al contrario que la recibida por culpa de su pequeña primita, esta última azotaina la había provocado ella, y esta, si la recordaba con cierta melancolía. Sobre todo tenía el momento grabado en su mente cuando sintió que mientras era castigada por el cinturón a manos de su tío, tía Ingrid le bajase las braguitas en el momento en el que más le estaba doliendo la azotaina, y una vez las bragas bajadas, el dolor era el mismo, pero los azotes de cinturón los sentía más intensos… teniendo ese recuerdo entraba al baño, haciendo sus necesidades y lavándose la cara, así como peinar su preciosa cabellera. Al acabar volvió a su habitación para vestirse con rapidez, se había entretenido más de lo debido en el baño. Así que se puso la blusa azul celeste que había dejado sobre la cómoda su tía, luego se puso las bragas blancas con flores de colores, la falda blanca tableada que como siempre apenas le cubría el trasero, dejando la parte baja de sus braguitas claramente a la vista, y unos calcetines azules celestes, así como unas zapatillas de deporte blancas, se miró al espejo viéndose esplendorosa, así como darse la vuelta y levantándose la falda, revisarse que las braguitas las llevase bien tensas y colocadas correctamente. Sabía que su tía aun  andaba bastante quisquillosa con ella, y le valdría una azotaina si le diera por revisárselas, era algo que últimamente no solía hacer su tía, pero con ella nunca se sabía que podía ocurrir.  
    Saliendo de la habitación a buen paso, bajo las escaleras dando saltando de dos en dos, pero lo que no esperaba es que su tía estuviera abajo en el rellano de las mismas esperándola a que bajara.  Estaba visto que no iba a ser un buen día para ella, al bajar el último escalón sujetándola del brazo izquierdo a la altura del ante brazo  tía Ingrid, con la derecha iba dándole azotes de abajo a  arriba, con lo que cada azote lo recibió sobre sus bragas, al compás su falda corta tableada a cada azote, esta se le levantaba por la inercia a cada azote dejándola con el trasero al aire, revestido por su bonitas braguitas de algodón con lunares de colores, Sonia se cubría con su mano derecha, pero esta solo alcanzaba a taparse el culo en su nalga derecha,  por lo que los azotes se repetían una y otra vez sobre su nalga izquierda, hasta que llego a su silla destinada para desayunar sobándose el trasero… miraba de reojo a su tía… Mientras era regañada por su tío que ya se hallaba sentado a la mesa…
(Sr. Adams)   -. Es que no vas aprender nunca a comportarte!!!  Te crees que siempre vas a ser una niña para hacer lo mismo? Siempre igual contigo…
     Sonia desayunando no dejaba de observar a su prima María, esta sonreía mirándola, mientras mantenía su mano derecha bajo la mesa, Sonia vio que era el momento que había estado esperando, que su primita del diablo cometiera un error…
(Sonia)   -. Tía Íngrid mira que hace María con su mano… .- lo dijo mirando a la pequeña María, con una sonrisa de triunfo -. Se está tocando la cochina, tía!
      Tía Íngrid desde la cocina, miro a la pequeña, esta se encogió de hombros mientras su sonrisa desaparecía de sus labios, lo que indicaba que era cierto, María viendo la mirada de su abuela comenzó a temblar, está, desde donde se hallaba se sacó la zapatilla con el clásico movimiento dando un paso hacia adelante, María solo de ver como se agachaba a recoger la zapatilla y que al hacerlo la estaba viendo donde tenía su mano,  la vería que tenía  la mano dentro de sus braguitas. María temía a su abuela, sabía que no le gustaba nada que se tocaran y menos aún, estando en la mesa.
     Ahora era Sonia la que sonreía al ver como su primita estaba como un  flan temblando… tenía en su rostro una sonrisa de triunfo, por fin veía a su primita de apenas veinte años preocupada y metida en serios problemas, pues se le avecinaba una buena azotaina. Eso no hacía a Sonia sentirse bien, pero necesitaba una buena lección la pequeña engreída, y así era pagarle con su misma moneda. Pero incluso Sonia temblaba cuando tía Ingrid paso por el otro extremo de la mesa, blandiendo en su mano derecha la zapatilla. Esa mañana no llevaba las clásicas zapatillas de siempre, por lo visto ese día tía Ingrid tenía pensado ir a la huerta, y llevaba puestas las zapatillas tipo espardeña de tejido de ropa, con la temida suela de esparto. Esa zapatilla era más pesada, y tanto Sonia como Susana habían recibido en su infancia terribles azotainas con ella, sabían ambas muy bien lo mucho que dolía esa zapatilla con su endiablada suela de esparto. María era más joven, pero no iba a ser la primera vez que sintiera en el culo esa zapatilla, habían sido varias veces, y por ello sabía bien lo mucho que dolía, ver como se le aproximaba su abuela la hacía temblar de miedo, al verla venir había sacado su mano del interior de sus braguitas blancas de algodón con dibujos de frutas, fresas, plátanos, y piñas. Con sus colores que hacían que las braguitas fueran muy visibles, por esos colores vivos.
     Su abuelo sentado al frente de la mesa tenia a María a su lado como de costumbre, siempre se sentaba a su izquierda, solo tuvo que alargar el brazo y agarrarle del lóbulo de la oreja derecha, así la hizo levantarse de la silla, llevaba un cortito vestido de flores blancas con el fondo verde turquesa, con una pretina a la espalda a la altura de la cintura se estrechaba y  marcaba el inicio, donde la corta falda se tableaba acampanándose dejando como de costumbre sus braguitas a la vista, aunque en su despiste al ser descubierta, no se había dado cuenta que sus braguitas al extraer la mano, la falda había quedado por dentro de sus braguitas de algodón, con aquellos graciosos dibujos de frutas, ahora muy visibles, dejando visible la parte derecha de sus braguitas, así como su entrepierna clara y visiblemente húmeda. Aunque en sus últimos años residiendo en casa de los abuelos, era algo obvio que había estado desnuda ante ellos, en infinidad de veces,  ello no restaba que se sintiera avergonzada y que sus mejillas se ruborizaran muy coloradas de la vergüenza.
    En ese instante su abuela ya estaba a su lado, con la zapatilla en su mano derecha, ni tan siquiera la miro. La cogió de la mano derecha tirando de ella para llevársela arriba, a su habitación cuando…
(Sr. Adams)   -. Toma querida! aquí tienes donde acomodarte para calentar el culo a esta desvergonzada! No la lleves arriba, ya que tanto disfruta tocándose, la muy cochina!!! .- Levantándose de su silla, la retiro de la mesa colocándola en el centro del salón. -. Aquí tienes…
    La pequeña al ver levantar a su abuelo, en un momento llego a pensar que iba a ser el quien la diera la azotaina, pero en breves segundos se vio acomodada sobre las rodillas de su abuela, con la corta falda tableada que prácticamente se le había levantado por sí misma, únicamente tuvo la abuela que acomodársela sobre su cintura para dejarle el trasero bien predispuesto para aplicarle la azotaina que se merecía, quedando su trasero expuesto únicamente cubierto por sus bragas blancas de algodón con aquellos dibujos de frutas, que hacían resaltar su salido y abultado trasero. María era una chica delgada y bien desarrollada, pero en esa posición sobre el regazo de la abuela, su trasero redondo sobresalía graciosamente resaltándolo sobremanera. Y más, cuando sin preámbulos sus nalgas aunque tensas por sus bragas, la zapatilla con la temible suela de esparto comenzó a hacerlas bailar, las braguitas tensas por el elástico de sus perneras, marcaban deliciosamente el culo. Pero a los pocos azotes las piernas de María empezaron a agitarse en el aire, luchando frenéticamente por evitar que la zapatilla de la abuela continuara dándole aquellos terribles azotes.
      Susana embelesada sentada en el mismo lado de la mesa que ocupaba la pequeña María, vestía un vestido similar al de su hija María. Con solamente mirar a su derecha, tenía plena visión de su hija echada boca abajo sobre las rodillas de su madre. Para ella era una visión muy sugestiva y agradable, para cualquier madre debería ser algo horrible ver como su hija recibía una azotaina en el trasero, pero para Susana, no solamente era su hija, era como una compañera más, como cuando iba al colegio. María la había metido en tantos problemas a su madre, acabando siempre ella o madre e hija, con el culo más colorado que un tomate maduro y dolorido por varios días. Así que ahora en vez de lastima, solo sentía ganas de hallarse en su lugar y ser ella la que sintiera la zapatilla en su trasero. Viendo como su pequeña diablilla era castigada, en esos momentos por su cabeza solamente tenía pensamientos de cómo había sido duramente castigada tan solo hacia unas semanas, y que desde esa vez, la pequeña había sido la buena niña que no había roto un plato, mientras que ella y su prima Sonia, tenían que esperar a su madre y tía a que entrara a la habitación a cambiarles el pañal, algo que la mayoría de los días acababan recibiendo una azotaina.
     En varias semanas desde el día fatídico que salieran para ir al cine, María no había sido castigada ni una sola vez, siempre iba con la abuela a todas partes, así como estar presente en gran parte de las azotainas que habían recibido Sonia y Susana, su madre. Estar ahora disfrutando con la agradable visión de ver a la pequeña sobre las rodillas de su madre, y ver como los mofletes tensados por las perneras del elástico de las braguitas que permanecían a la vista, y disfrutar viendo cómo se iban enrojeciendo a cada azote más y más colorados, con lo que le era fácil de imaginar cómo tendría la parte del redondo trasero, que aún le cubría sus braguitas. Ver como la pequeña movía sus piernas agitándose alocadamente en todas direcciones posibles, era todo un deleite para sus ojos a pesar de ser su hija, no sentía lastima alguna por ella. Es más, su mano derecha la mantenía sobre la mesa, pero la izquierda no se había podido resistir la tentación de llevársela a su entrepierna y acariciarse con el dedo índice y anular por encima de sus braguitas sobre su fondillo. En su rostro se reflejaba claramente el resultado de sus mágicos deditos, el mismo que tenía la misma Sonia, pues disimuladamente se miraban entre ellas, viéndose la una a la otra con su mismo rostro, ya que también Sonia se acariciaba sin perder detalle de cómo recibía la azotaina María, así como las dos miraban a su padre y tío, que les daba la espalda por si se giraba y las pillase infraganti. Susana tuvo que ponerse la mano izquierda tapándose la boca, cuando con sus ojos abiertos como platos de deseo, en el instante que  vieron como su madre introducía sus dedos por el interior del elástico de la cinturilla de las bragas de María, el ver como las braguitas le eran bajadas a María, apareciendo su rojo e inflamado trasero, Susana se tuvo que morder su mano izquierda al sentir como los fluidos inundaban en ese preciso instante el fondillo de sus braguitas blancas, que al igual que su hija, eran también de frutas con vivos colores. La humedad desbordo la tela de sus braguitas, mojando claramente sus dedos a través del tejido de algodón, incluso llegando a mojar el asiento de madera de la silla, por la intensidad del orgasmo.
    En otro momento le habría preocupado, pero en ese momento solo prestaba atención a la manera que María seguía removiéndose sobre el regazo de su abuela, mientras está le bajaba sus bragas de algodón hasta las rodillas. En ese momento de tregua en el cual su abuela había dejado de asestarle los buenos zapatillazos en el culo, este aun le abrasaba como si los azotes no se hubieran detenido, intento por todos sus medios el remover las caderas, dificultándole a su abuela el bajarle las bragas, a pesar de realizar todo tipo de argucias  para soltarse, pero si había algo que indignara a su abuela, era que sus chicas, y al decir sus chicas, también se refería a su sobrina Sonia.  Para tía Ingrid era como si fuera su propia hija, por ese motivo cuando hacia una trastada se encargaba de que se acordara durante días de haberse portado mal.   Así mismo si algo podía hacer enfurecer a su abuela, era el verlas o pillarlas tocándose, bien sobre sus braguitas, o teniendo la mano en el interior de estás. Eso era algo que la indignaba sobre manera, y pobre de la que fuera sorprendida haciéndolo… Y Sonia lo sabía, vaya si lo sabía…
     Sonia desde el día que fuera castigada por la mala jugada de su primita, María. Había intentado de todo para cobrarse en especias de su primita la azotaina tan severa que había recibido, y lo peor de todo, sin tener culpa de nada. Sonia sabia por Susana, que la pequeña se las componía sola, para meter en problemas a su madre. Que en más de una ocasión había hecho que su abuelo castigara a su madre, y para este, aun con el paso de los años no había olvidado su falta al irse de casa y tener en la distancia a su nieta, pasaron años hasta que Susana tuvo serios problemas económicos y se viera en la necesidad de volver a casa. Hasta ese momento sus abuelos no habían tenido noticias de su hija Susana, y menos aún que tuvieran una nieta, algo que aun con el paso de los años, su padre lo tenía bien presente, pues no lo olvidaba ni le perdonaba que no les hubiera tenido al corriente de su existencia.
     Sonia, durante días había estado buscando la forma de vengarse. Era una profesora universitaria, la cual había urdido un arriesgado plan para ser castigada a sus treinta y dos años, corriendo el grave riesgo de perder no solo su puesto de trabajo, si no, también su carrera, urdiendo un plan descabellado para ser castigada como cuando era una niña, junto a dos de sus mejores amigas y que resultaban que eran sus alumnas, algo que hacía casi imposible que su argucia tuviera las consecuencias deseadas. Pero le salió a la perfección su maquiavelo plan. En cambio, ahora no encontraba la manera de que su prima María fuera castigada, cuando vivía en un ambiente y en un hogar, donde ella misma era colocada sobre las rodillas y con sus bragas bajadas, bien a las manos de su tía o tío con una endiablada facilidad, a pesar de tener casi los treinta y tres años. Pero no hallaba la forma de devolverle la mala jugada, una mujer como ella y lo mucho que había arriesgado, y en cambio ahora era totalmente incapaz de lograr que una niñata le dieran su merecido y le mondaran el culo.
     Pero Sonia no pensaba en rendirse  de ninguna de las maneras, aunque tuviera que hacer de carabina para lograr su objetivo, arriesgando su propio trasero en lograrlo. Le había dado mil y una vueltas al asunto. Tratando de arriesgarse ella misma en su objetivo, sí, el fin valía la pena consiguiendo su deseo de venganza. Durante unos días estuvo interrogando a su prima Susana, de manera disimulada, pretendía sonsacarle alguna idea para lograr su objetivo de venganza.
… “Susana, sabes que haría enfadar a tu madre, más que nada en este mundo, más que cualquier otra cosa o motivo”…?
… “ Parece mentira que no conozcas aun a mi madre? Es que piensas en provocarla para que te zurre”?...
… “Ya me conoces, me encanta cuando me pone sobre sus rodillas y por algo que yo me haya buscado… O es que, a ti no”?...
… “Oh!... Sí que me encanta… algo que yo jamás haría, seria tocarme estando ella presente, o sabiendo que ella vaya a revisar mis braguitas, si hay algo que la enfurece es justamente eso, no sé por qué… pero eso es lo peor que no nos tolera a ninguna de las tres… deberías de saberlo, pues nos ha castigado muchas veces a las tres por ese motivo”…
     Sonia se golpeó en la frente con la palma de su mano al quedarse a solas…
… “que tonta que he sido! Lo tenía todo el tiempo delante mía, y no había pensado en ello”… “María!!! Ya te puedes preparar…”
    Sonia había dejado pasar varios días, desde la conversación con su prima Susana… No quería que Susana pudiera sospechar que lo había ideado ella, al fin y al cabo María era su hija. No podía imaginar cómo respondería Susana al enterarse de su mala jugada ideada para hacer comprometer a su hija María. Tenía que dar apariencia de no estar ella implicada. María era demasiado picara para hacer algo así en su contra, y que esta, se enterase de ello. Porque era fijo que encontraría algo o manera  para hacer castigar su prima mayor. Incluso a su madre si era necesario… La pequeña no tenía escrúpulos a la hora de hacer una de las suyas. Por lo tanto su plan debía ejecutarlo a la perfección, para que no hubiera sospechas de que ella estaba implicada.
     Durante toda la semana anterior, Sonia se había estado portando de manera perfecta, como no beber nada antes de irse a dormir, para así amanecer el nuevo día con su pañal seco, por ello la habían incluso levantado sus tíos su castigo. El volver a poder dormir con bragas, fue una sensación muy agradable y deseada. Sus pensamientos durante aquellas noches era el cómo iba a disfrutar, viendo como zurraban a la pequeña María. Lo peor de esos pensamientos era el no poder tocarse durante esas noches, pues ello habría hecho mojar el fondillo de sus braguitas, algo que cada amanecer era revisada cada mañana por su tía. Teniendo que levantarse de la cama, mientras tía Ingrid se sentaba en la cama, y ella misma tenía que acercarse y colocarse entre sus rodillas en pie, teniendo que soportar que su tía le bajase las bragas hasta medio muslo, lo suficiente para poder revisar no únicamente el fondillo de sus braguitas, si no, también pasarle la mano por la entrepierna y comprobar que no estaba mojada, algo que la hacía morirse de la vergüenza.
    Ahora en cambio estaba disfrutando de su anhelada venganza, viendo como María se debatía sobre las rodillas de la abuela, al igual que Susana tuvo que morderse su muñeca, pues Sonia era la muñeca lo que había utilizado para cubrirse y no ser descubierta. Aunque su calentura era tal, que no le hubiera importado ser la siguiente. Pero tenía que regocijarse viendo a la pequeña María de apenas veinte años, como era severamente castigada por la abuela. Ahora ya con sus bragas bajadas, sus pataleos eran más forzados, pues el algodón de la tela de sus braguitas, le trababan sus piernas. Algo que hacía que la zapatilla hiciera que sus nalgas fueran cambiando de tono, pasando de un color rojo intenso y brillante, a un tono más oscuro amoratado.
     La abuela después de varios minutos aplicándole a su nieta María la severa tunda en el culo desnudo, la mantuvo sobre sus rodillas echada boca abajo, pero no la soltó, la mantenía firmemente sujeta, eso extraño tanto a Susana como a la propia Sonia.
(Sra. Adams)   -. Ahora tu abuelo te va a arreglar bien sinvergüenza!!! Vas a aprender que está muy feo en una chica el tocarse ahí, porque a tu prima se haya ganado unos azotes por saltar al bajar las escalaras…!!!
      Sonia exclamo con un “OooohhH” ahogado al cubrirse la boca, nunca hubiera podido imaginar que su plan fuera a salir tan redondo, y más cuando vio que su tío se desabrochaba el cinturón, y cogiéndolo por la hebilla lo extrajo de un fuerte tirón de las presillas de su pantalón. Luego acercándose a su esposa, tía Ingrid. Junto ambos extremos en su mano y dando una vuelta a su muñeca derecha, para luego pasarlo sobre la palma de su mano derecha y así sujetarlo con fuerza. Acabo de acercarse a su esposa, colocándose a su derecha con el cinturón colgando de su mano. María mirando hacia atrás, al tiempo que apoyaba las palmas de sus manos sobre el muslo izquierdo de su abuela, forcejeando con ella que la tenía firmemente sujeta por sus caderas, pudo mirar por detrás de la espalda y ante la mirada de su abuela fija en la suya, pudo ver en ella lo enfadada que estaba y  como el abuelo se ponía a su costado derecho, justamente detrás de ella. María aterrada con lágrimas en sus ojos descendiendo por sus mejillas y observando a su abuelo cinturón en mano, solamente pudo ver como lo alzaba, lo siguiente que sintió, fue como el cinturón laceraba su ya muy dolorido culo por la azotaina recibida por la zapatilla.  Se debatió agitando sus caderas de un lado a otro, pero solamente fue un reflejo lo que logro, pues su abuela la mantenía firmemente. Sus rodillas las intento separar una de la otra, pero sus bragas blancas de algodón las mantenía trabadas, logrando solamente separarlas lo que la elasticidad del algodón de sus braguitas le permitió, actuando como un resorte sobre sus rodillas, el cual la obligo a juntarlas de nuevo, cuando otro azote volvía a lacerar su trasero, ahora en la parte baja de sus nalgas, al sentir esa quemazón resulto ser horriblemente doloroso en extremo, lo que la impulso de nuevo a separar sus piernas levantando la derecha y bajando la izquierda, con lo que sus braguitas se estiraron el máximo de sí mismas alargándose dos veces su medida, así como las perneras donde sujetaba sus rodillas, el elástico se estiro debido a su forcejeo pudiendo introducir dos veces sus piernas por las perneras, aunque solamente fueron unos segundos el tiempo que mantuvo sus piernas separadas estirando al máximo sus braguitas blancas de algodón, con esos dibujos de frutas de colores vivos, que al estirarse el tejido, estos se deformaron dada su elasticidad de la tela de algodón, pero de nuevo actuando como un resorte hizo que sus piernas volvieran a juntarse y entrecruzarlas entre sí mismas, con lo cual el elástico de sus braguitas al volver a su tamaño original y al haberse estirado tanto de sí mismas, estás, por su ligero peso, y que el elástico de las perneras aun tardo unos segundos en volver a su posición,  se deslizaron por sus pantorrillas hasta quedar paradas en sus tobillos, los azotes del cinturón eran continuados, tanto en la zona superior de sus nalgas, en el centro, en una nalga únicamente, en las dos cruzando ambas, como devolviendo a los anteriores azotes en la base de sus nalgas, como el inicio de sus muslos, sus piernas continuaban pataleando alocadamente abriéndose y cerrándose, ahora con las bragas en sus tobillos se estiraban aún más y más, mientras sus caderas las intentaba retorcer sobre si mismas sin éxito alguno.
     Sonia no había perdido detalle alguno de la severa azotaina que había recibido María, viendo como al acabar su tío de azotarla con el cinturón, se volvió a poner el mismo, pasándolo por cada una de las presillas de su pantalón. Cuando María quedo liberada pudiendo levantarse de las rodillas de la abuela, ayudada por está a incorporarse abrazándose a su abuela, muy a pesar de lo mucho que le ardía el trasero. Se abrazó a su abuela, para luego está, le subiera sus braguitas ajustándoselas en su cintura. Aun estando abrazada a ella. Cuando María dejo de llorar, aun sollozando y secándose las lágrimas con sus manos, la abuela la condujo al rincón del fondo del salón donde la coloco de cara a la pared, le sujeto la falda en la pretina de su cintura, dejando claramente expuesto el culo de María. Está suspiro al sentir la brisa fresca refrescar su dolorido culo, ya que la abuela introduciendo sus manos por la cinturilla de sus braguitas blancas de algodón, con los dibujos de frutas se las bajo a las rodillas, dejándola en el rincón castigada.
    Sonia al ver como ponía la tía Ingrid a María en el rincón, y como la dejaba con el culo morado en él, dejándola con las bragas bajadas a la altura de las rodillas, aprovechando que estaba de espaldas su tía, se removió en el asiento de la silla removiendo bien el culo, con ello lo que hizo fue secar el asiento de la silla con sus bragas blancas de algodón con flores de colores, las cuales se mojaron bastante de los fluidos que habían traspasado la tela de sus bragas mojando la silla, pudo sentir a través de la tela la humedad en sus culo, pero sobre todo no podía dejar esos restos de fluidos en su silla. Pues la siguiente habría sido ella, y aun así, si su tía le revisaba sus braguitas estaría en serios problemas de nuevo. Algo que no deseaba Sonia, pues si a la nieta la habían castigado tan severamente, a ella siendo mayor, no saldría mucho mejor librada.
     Sonia se levantó de su silla, no sin antes mirar bien el asiento y que lo hubiera dejado bien seco, aunque había sido una marranada secar sus fluidos frotando el culo y removiendo su trasero para que sus bragas secaran el rastro dejado. De pie, al ver que su tía Ingrid volvía hacia el centro del salón…
(Sonia)   -. Tía Ingrid… Puedo subir a mi habitación?
(Sra. Adams)   -. Podéis subir las dos a vuestras habitaciones, pero no creáis que no vaya a subir luego a revisar vuestras braguitas… y pobre de vosotras como las encuentre mojadas…
     Sonia se apresuró a subir a su habitación, tras ella Susana hizo lo propio, una tras la otra subieron las escaleras, no sin ir preocupadas. Sonia al entrar en su habitación cerró la puerta nada más pasar el umbral, y apoyando su espalda en la puerta, estiro su puño cerrado en alto con una sonrisa de triunfo en sus labios. Su venganza había sido un hecho real, lo había logrado.
     Sonia se acercó al espejo dándose la vuelta levantándose la falda, mirando asustada la mancha húmeda de sus bragas en el mismo centro del culo, que dejaba claramente visible la humedad de sus braguitas blancas de algodón, con flores de colores.  Con lo cual sabía que la siguiente seria ella, pues su habitación era la primera puerta después de subir las escaleras, por lo que a no ser que ocurriera un milagro, ella sería la primera en ser revisada sus braguitas. Y por lo tanto la siguiente en ser castigada. Sabía que sus tíos estaban muy enfadados, por lo cual iba a recibir una azotaina memorable…  “Pero sucedió el milagro”… Pudo escuchar los gritos que procedían del piso de abajo desde el salón, era la voz de tía Ingrid que llamaba a gritos a su hija.  Como había descubierto un pequeño charco de fluidos en la silla de Susana…
(Sra. Adams)   -. SUSANAAAA…. Trae tu culo aquí abajo, AHORA MISMO!!!


(Continuará…)

   

miércoles, 23 de mayo de 2018

UN AÑO SABATICO CON SOBRESALTOS Capitulo 7


                            UN AÑO SABATICO CON SOBRESALTOS          Capitulo  7

      Las alumnas caminaban ligeras a sus clases, estaba prohibido permanecer  por los pasillos sin una causa justificada.   Alison y Laura caminaban desorientadas sin saber muy bien a donde debían ir, ya que al salir del despacho de la directora, no las acompaño ninguna celadora, e iban de un pasillo a otro.   Así fue como se dieron de bruces al girar por uno de los pasillos, con el Sr. Thomas, un señor de unos sesenta años alto y corpulento, vestía un traje  negro. Las dos muchachas se llevaron un susto enorme al prácticamente chocar con esa mole humana de negro.
(Sr. Thomas)   -. Se puede saber a dónde vais vosotras? No deberíais estar en clase?
    Alison y Laura no sabían que responder, Alison recordaba a  ese señor del primer día cuando llego en compañía del alguacil Felipe. Pero no sabía que responder…
(Sr. Thomas)   -. Y vuestras celadoras? Dónde están?
     Tampoco respondieron nada, pues no sabían dónde estaban. En esa situación el Sr. Thomas cogió a cada una de la mano y las insto que le siguieran.  Llevaban caminando unos minutos por aquellos largos pasillos, bajando por unas escaleras al piso inferior, y andando por un nuevo pasillo. Alison fue la primera que empezó a detenerse, con lo que el Sr. Thomas tenía que hacerla caminar, Alison cada vez que se detenía cruzaba sus piernas. Ante la insistencia del mayordomo, Alison caminaba tras él, yendo sujetada de su mano izquierda, mientras Laura iba sujeta de la mano derecha, poco después era Laura la que al igual que Alison se detenía, ambas cruzaban sus piernas.
(Sr. Thomas)  -. No os detengáis, ya sé que tenéis las dos pis, pero si lo hacéis encima mojando las braguitas vais a saber lo que es bueno… Lo que no llego a comprender es lo que hacíais solas por los pasillos. Aquí hay un lavabo, aunque es de los profesoras, pero debido a la urgencia podéis entrar. .- Entraron delante del amable señor, lo que les sorprendió a ambas es que él se encargó de bajarle las braguitas a Laura, colocándola en el inodoro, luego fue hacia donde se ha había metido Alison, que en esos instantes procedía a cerrar la puerta, pero Alison se sorprendió al ver que ese señor habría su puerta, cuando ella ya se había introducido sus manos bajo la falda para bajarse sus braguitas, pero…-. A dónde vas tan rápido pequeña? Sabéis que por vuestra condición no podéis hacerlo solas, sin la supervisión de un adulto.
       Alison roja de la vergüenza se quedó petrificada teniendo sus manos a punto de bajarse las braguitas por  la cinturilla, cuando el Sr. Thomas se le acerco y levanto la falda, él se encargó de bajarle las braguitas. Aquello no se lo esperaba la pequeña Alison a sus veinticinco años, y que un hombre que podía ser su abuelo, le bajase sus braguitas para ponerla en el inodoro, con la impresión que le causo tener que pasar esa vergüenza, se le escaparon unas gotas mojando sus braguitas, pues el Sr. Thomas cuando se las quiso sujetar por el elástico de la cinturilla y  bajárselas fue tarde,  ya las había mojado. Luego las dos muchachas tuvieron que hacer sus necesidades ante la atenta mirada del mayordomo, al principio les costó bastante, pero la necesidad era acuciante en ambas, por lo que acabaron haciendo pis ante el Sr. Thomas.
     En ese preciso instante la puerta se abrió, entrando la Sra. Emilia al servicio…
(Sra. Emilia)   -. Que es esto!!! Desde cuando usted entra al servicio de las señoras? Que diablos ocurre en este centro que nadie respeta las normas.
(Sr. Thomas)   -. Disculpe Sra. Emilia, pero la situación lo requería estas dos alumnas las he encontrado deambulando perdidas por los pasillos, y cuando me disponía a llevarlas al despacho de la directora, a las chicas les urgía ir al servicio, me he visto obligado a hacerlas entrar en el primer servicio disponible, o se habrían orinado encima, para una de ellas casi ha sido tarde, pues a mojado sus braguitas.
(Sra. Emilia)   -. Como es posible que deambularan por los pasillos? .- Entrando al servicio y  cerrando la puerta vio a las chicas sentadas en los inodoros con sus braguitas en los tobillos haciendo sus necesidades. -. Vosotras dos teníais que ser!!! Que hacíais deambulando? Y vuestras celadoras?
     Las dos chicas se encogieron de hombros al no saber que responder…
(Sra. Emilia)   -. Es que no vais a responder ninguna? No me habéis escuchado!!! Donde están las celadoras que os llevaban y debían de haberos llevado a clase…
      Alison siendo más descarada que Laura, y que no la temía tanto como Laura, respondió con descaro…
(Alison)   -. No tenemos ni idea de donde están… Salimos del despacho de la directora a buscar unos documentos, y al llegar al departamento de las celadoras aguardamos afuera sentadas en unas sillas como se nos dijo que hiciéramos. Luego las celadoras salieron muy preocupadas con una carpeta y nos dejaron allí, pues no nos dijeron nada a nosotras. Y paso el tiempo y como no venían pues… buscábamos una celadora que nos guiase a clase, más no sabemos… de saber a qué clase debíamos ir, habríamos ido nosotras mismas…
      Con las palabras de Alison, la Sra. Emilia hizo un gesto como que se imaginaba lo sucedido, pues recordó lo sucedido en el despacho después de recibir a las celadoras, y la censura a ambas. Estaba claro que con los nervios de haberse dado cuenta que no se habían leído los informes, como deberían de haber hecho, se olvidaron de las chicas.
(Sra. Emilia)   -. Sr. Thomas puede salir conmigo a fuera un momento… Vosotras quedaros ahí, ahora entrare a por vosotras yo misma.
       Salió primero la Sra. Emilia seguida del Sr. Thomas,…
(Sra. Emilia)   -. Sr. Thomas, ya imagino lo sucedido a las chicas. Las celadoras han sido sancionadas hace varios minutos, una ha sido suspendida dos semanas de empleo y sueldo, la segunda enviada a usted para recibir disciplina. Una tal Ana Guzmán. Imagino que aún no se ha entrevistado con ella.
(Sr. Thomas)   -. Pues dice usted bien, aun no me he entrevistado con ella. Sabe usted bien, que a estas horas de la mañana superviso que ninguna alumna quede rezagada por los pasillos y todas estén en clase. Ahora me dirigía a mi despacho, cuando me he encontrado a las chicas con régimen especial, por ello me encontraba yo dentro del servicio con ellas, no es el servicio que deben utilizar las alumnas, pero a las pobres con ese tratamiento no habrían llegado a dependencias de las alumnas. Disculpe si le ha causado una usurpación el utilizar servicio de profesoras.
(Sra. Emilia)   -. No es necesario que se disculpe, entiendo que las chicas iban apuradas. Es otra de las negligencias de las celadoras, pues esas chicas por su tratamiento especial, deberían de llevar pañales y no ir en braguitas para evitar este riesgo. Ahora puede retirarse a su despacho, en el, debe estar aguardando una de las celadoras, junto con el resto de celadoras que deben estar aguardando que usted les de sus instrucciones del día.  Por cierto, encárguese de todas y cada una de las celadoras que tengan en el contrato incluido el de ser disciplinadas de este turno, para comunicarle este comunicado es por lo que le buscaba a usted.   Y las que no, envíelas al despacho de Karen que las estaré esperando personalmente yo.   Luego desearía que me hiciera un pequeño favor, cuando haya acabado de ocuparse de las celadoras, me llama al móvil. Karen últimamente está cometiendo algunos errores que hay que subsanar antes de que cometa más. Podrá hacerlo?  
(Sr. Thomas)   -. Qué tipo de disciplina desea que les imparta?
(Sra. Emilia)    -. La tal Ana Guzmán es portadora de una nota mía, a las demás como no han sido sorprendidas en la falta, aunque es conocido que son culpables, una pequeña amonestación bastara, con veinte de vara bastara. Primero encárguese de la tal Ana, en su nota va descrita la falta cometida, con lo que resulta equivalente para las demás, pero al no ser halladas cometiendo la falta directamente, les hace saber por qué por esta ocasión todas recibirán el mismo trato de correctivo de aviso. Y con el turno de noche, recuerde que deberá darles el mismo recordatorio, y las del turno de noche que en su contrato estén exentas, que se esperen mañana hasta que las entreviste en el despacho de la directora Karen. Esta todo claro?
(Sr. Thomas)   -. Desde luego que está muy claro… Otro tema es como se lo van a tomar las celadoras, es complicado después del tiempo que llevan actuando mal.
(Sra. Emilia)   -. Actuando mal, dice? No me dirá que usted lo sabía!
(Sr. Thomas)   -. Usted señora conoce mis funciones en esta gran casa… Por supuesto que lo sabía, ya le advertí a usted que yo debería tener más autoridad, que un simple mayordomo no era el puesto más indicado, para alguien que se encarga de corregir  a las trabajadoras, que debía tener un puesto de más consideración hacia ellas, para que me tuvieran más respeto y mi palabra tuviera autoridad en ellas. Pero usted considero en su momento que como mayordomo ya era suficiente, claro que entonces eran pocas las trabajadoras en este centro y me consideraban su superior, luego esta casa se convirtió en Fundación, y las trabajadoras me ven a mi como un igual, aunque para las que tienen  contrato con células de aplicación de correctivo o clausulas, aceptan mi autoridad. El resto solamente soy un mayordomo de la casa, y no me prestaron ninguna atención cuando las advertí que no era correcto lo que hacían. Esto se lo advertí a usted que sucedería, y ya ve, tenía yo razón. 
(Sra. Emilia)   -. Me doy perfecta cuenta de ello, y que usted me lo advirtió que sucedería, tomare cartas sobre ese asunto, no puedo ascenderle, pero si dejar claro que su puesto es de capataz de la fundación y que está aquí en condición de que haya la correcta armonía en el trabajo, como cargo de igualdad con la dirección de la fundación. Eso creo que será suficiente por el momento. Y le cambiare el despacho a la planta de oficinas, al lado de mi despacho y el de Karen. Justamente hay uno libre, lo acondicionare en estos días para que lo pueda ocupar en breve. Luego cuando venga a aclarar las ideas a Karen, cambiaremos su contrato laboral… luego nos vemos…
      La alcaldesa entro de nuevo al servicio para encargarse de las chicas, al entrar las dos aún permanecían sentadas en los inodoros, habían llegado a temer a la Sra. Emilia y respetarla, por nada del mundo se hubieran atrevido a desobedecerla. Alison a sus veinticinco años estaba muy avergonzada, un hombre que podría pasar por su abuelo la había puesto como una chiquilla de seis años a hacer pis, y de la impresión se había mojado las braguitas, pues al ver como abría la puerta del servicio, se quería morir de la vergüenza, y no digamos cuando se vio que él, le levanto su falda y le bajo las bragas, aquello la desconcentro, lo que hizo que su vejiga liberara líquidos. Laura se sentía aun peor, a sus treinta años y pasando por aquella locura, pues aún no se podía hacer a la idea de lo que estaba viviendo.
    Al entrar la Sra. Emilia se ocupó primero de Laura, haciéndole poner en pie y subirle las braguitas de ositos marrones. Luego se ocupó de Alison, pero con esta al ir a subirle las braguitas vio que se las había mojado.
(Sra. Emilia)   -. Mira cómo te has puesto las bragas, cochina!!! No te doy una azotaina ahora mismo, porque no es culpa tuya que haya sucedido esto, pero vas a ir con las bragas mojadas, ven que te suba esas braguitas de ositos, veo que a las dos os han puesto braguitas iguales.
     La Sra. Emilia se lavó las manos, y se arregló facialmente, pues era a lo que había entrado al servicio. Las dos chicas salieron del servicio con ella, minutos después entraban en la dependencia de las celadoras y abriendo un armario saco dos pañales, además de unas bragas blancas de algodón con cierre a la espalda, para que no se las pudieran quitar las chicas. En breves minutos después salían de nuevo al pasillo conduciéndolas a su clase, yendo las dos chicas muertas de la vergüenza al entrar en la aula con sus faldas abultadas por el pañal, y viendo en las demás alumnas como sonreían al verlas.

        El Sr. Thomas se encamino hacia su despacho, pasando primeramente por el comedor donde aguardaban las celadoras instrucciones sobre sus trabajos a realizar, estas eran bastantes más que las de las aulas normales, donde solamente con veinte celadoras bastaban, y estas no se reunían en dicha sala, pues sus trabajos eran aleatorios. Las de las alas sur y este vestían falda blanca con tirantes y blusas azul celeste.  Estas aguardaban sentadas alrededor de dos mesas, donde eran ocupadas normalmente por las alumnas. El Sr. Thomas entro con gesto agrio claramente algo sucedía, y todas las celadoras se percataron de ello, pues ya esperaban una bronca, pues ahí también se encontraban  Ana y Betty, era de esperar que hubieran hablado entre ellas.
(Sr. Thomas)   -. Buenos días señoras y señoritas!   Bueno… imagino que ya habéis hablado con Ana y Betty aquí presentes. Me acaba de informar la Sra. Emilia de lo sucedido a vosotras dos.  No voy a deciros que ya os lo había dicho que pasaría, porque lo he repetido hasta la saciedad que hacíais mal, esas cosas se hablan y se discuten, para quienes sean de la responsabilidad se encarguen de arreglar o cambiar, pero nunca tomaros la ley por vuestra mano, pues ello tiene consecuencias.  El caso es que se ha descubierto el pastel! Y van a ver represalias por la dirección como era de esperar y que yo os lo había avisado.   Aquí y ahora en el turno de día, estáis las sesenta celadoras del turno de día, las cuarenta de la noche también se les ajustara las cuentas mañana al finalizar su turno. Las que no tenéis cláusula en vuestros contratos de disciplina, levantaros de las sillas y poneros en pie. Sois unas cuarenta verdad? Bien! Os podéis retirar e ir al despacho de la directora, excepto Betty Shepard que ya es conocedora de su sanción, las demás podéis salir. Las que tenéis cláusula, poneos en fila a la puerta de mi despacho, iréis entrando una después de otra, la primera Ana Guzmán.
    El Sr. Thomas aguardo que se fueran colocando las chicas en el pasillo formando una fila india, una vez colocadas, abrió la puerta invitando a Ana Guzmán que entrara delante de él. La puerta se cerró tras entrar el mayordomo…
(Sr. Thomas)   -. Tienes una nota que entregarme, verdad? Entrégamela! .- El Sr. Thomas la leyó detenidamente. Luego se encamino a un mueble que tenía al fondo, lo abrió extrayendo un expediente, el cual repaso leyendo su contenido y lo deposito sobre su mesa. Luego volvió a donde se había detenido Ana. Se la podía ver nerviosa como un flan, se acariciaba sus manos entrelazando sus dedos dados sus nervios. El Sr. Thomas agarro una silla colocándola en el centro entre la celadora y él, sentándose en ella. -. Bueno después de haber ojeado tu expediente, solamente tienes algunas notas informando de faltas leves, por lo que son de poca importancia, en ese sentido vas a tener suerte. Ahora acércate, levántate la falda y bájate las bragas colocándote sobre mis rodillas boca abajo. A qué esperas!!! Tengo mucho trabajo por vuestra culpa, o sea que aligérate…
     Ana miraba con los ojos desorbitados, pero no deseaba empeorar su situación, así que se levantó su falda por detrás e introduciendo sus manos se bajó las bragas, luego se volvió a levantar la falda, pues esta se le había bajado y sujetándola se colocó sobre las rodillas, con sus aureolas de sus mejillas  coloradas por la vergüenza y el trasero al aire. Con los ojos cerrados, empezó a sentir el sonido de los azotes, así como su trasero iba sintiendo como se le iba calentando de manera progresiva. La azotaina duro varios minutos, entre diez o quince pudo calcular ella, aunque fue algo más de ese tiempo. Podía sentir como su trasero le abrasaba, pero no dijo nada y ni se quejó ni una sola vez, aunque si de su boca brotaban gemidos de dolor, pues llego un momento que le ardía el culo de verdad y ya no podía aguantar mucho más sin ponerse a llorar.
(Sr. Thomas)   -. Levántate! .- Tenia sus manos aferradas a las patas de la silla, y cuando recibió la orden de levantarse, lo hizo apoyando sus manos sobre la pierna izquierda del Sr. Thomas, tenía el rostro descompuesto por el dolor, de sus ojos salían unas lágrimas, aunque no se había puesto a llorar en ningún momento, las lágrimas se deberían a la impotencia y vergüenza. Se sobó el culo a dos manos sobre la falda, pues al levantarse esta se le había bajado, aunque conservaba sus bragas aun bajadas. -. Ahora apoya tus manos sobre el asiento de la silla, manteniendo las piernas rectas. .- El Sr. Thomas se había levantado de la silla, dando paso a colocarse la joven en la posición indicada -. .
    La muchacha seguía sobándose el culo, pero adopto la posición que se había mandado colocarse. Ella pudo ver como el mayordomo se colocaba tras de ella, y agarrando el dobladillo de su falda se la subió doblándola sobre su espalda, dejando su colorado trasero al aire. Luego la joven escucho que caminaba hacia el rincón, donde había un extensible del cual había varios grosores de varas colocadas en horizontal, pudo ver que agarraba una vara de grueso calibre, y pudo escuchar como la hizo silbar varias veces en el aire, mientras caminaba hacia ella, esos silbidos la hacían aguantar la respiración  estremecida y asustada. Aterrada vio cómo se colocaba él a su izquierda al manejar la vara con la mano derecha. En apenas  tres minutos tiempo le asesto veinte azotes sobre sus nalgas desnudas, a un azote cada diez segundos aproximadamente, marcando en su culo veinte líneas debidamente colocadas una bajo la otra. Depositando la vara sobre su espalda, le subió las bragas, eran unas bragas de encaje rosas. Recogió la vara de la espalda  y dejo caer la falda de la joven cubriendo su trasero. Entonces se encamino a su mesa, sentándose tras ella, cogió el expediente de ella y escribió unas anotaciones que describían el castigo recibido.
(Sr. Thomas)  -. Ven y acércate a la mesa, tienes que firmar en esta hoja que quedara anotada en tu expediente.  Bien, puedes retirarte y volver a tus obligaciones. Recibirás en breve una copia de este expediente. Haz pasar a la siguiente…
     La joven salía del despacho meneando sus caderas, al tiempo que se acariciaba el trasero por encima de la falda, al traspasar la puerta y ver a sus compañeras se puso a llorar y sin querer  mirarlas se alejó, entro la siguiente que aguardaba afuera cerrando la puerta a su paso.
(Sr. Thomas)    -. Nombre!!!  Bien, Isabel Ferrán,  dices. .-El Sr. Thomas, del archivador extrajo su expediente, dejándolo sobre su mesa. -. Inclínate sobre el asiento de la silla poniendo tus manos.
      La chica obedeció sin rechistar adoptando la posición mandada.  El mayordomo se colocó tras ella y levanto su falda, doblándola sobre su espalda en dos pliegues, luego agarro el elástico de la cinturilla de sus bragas verde esperanza y se las bajo a las rodillas. Luego se desplazó al rincón, agarrando una vara de grosor mediano y se encamino hacia la muchacha colocándose a su izquierda. Los veinte azotes fueron rápidos, marcando veinte líneas bien rojas en sus robustas nalgas una encima de la otra como si hubiera utilizado una cinta métrica, para que cada línea quedara marcada a la misma distancia una de otra.   Luego le subió sus bragas y le bajo la falda. Poco después la chica llamada Isabel Ferrán, firmaba su expediente y salía del despacho. Así fueron desfilando una tras otra por el despacho, al salir todas salían sobándose el culo con mas fricción unas que otras, la que tenían culo con mediana robustez, salían sobándose  con una o dos manos, en cambio las que tenían el culo pequeño, la mayoría de ellas salían llorando a lagrima viva, y sobándose vigorosamente su trasero…
     En el pasillo frente a la puerta de la directora aguardaban el resto de las celadoras, la Sra. Emilia acababa de llegar entrando al despacho e invitando a todas a entrar delante de ella. Todas iban preocupadas por lo que pudiera suceder, y que represalias iban a tomar para ellas. Al entrar todas entro la Sra. Emilia cerrando la puerta del despacho. Y tomo la palabra…
(Sra. Emilia)   -. Creo que todas conocéis por qué estamos aquí, verdad? .- Todas asintieron con un movimiento de cabeza afirmativo. -. Por esta ocasión no va haber despidos, pero van haber cambios drásticos. Las chicas que han recibido correctivo disciplinario, para ellas no les afectara, aunque si constara en sus expedientes. Para vosotras en cambio, vais a tener que quedaros cada día dos horas más de trabajo, hasta recuperar las horas que habéis trabajado de menos en estos cuatro meses, hemos calculado que son cuatro meses, y si no lo son, es lo de menos. Por otro lado constara en vuestros expedientes, ya  que se os van abrir a todas vosotras como falta muy grave, con lo cual, si en un periodo de un año no cometéis falta grave alguna, los expedientes abiertos quedaran sin valor, pero si cometéis una falta en este periodo, seréis despedidas en el acto sin indemnización económica.  Como es necesario que alguien tenga autoridad sobre vosotras, el Sr. Thomas pasara a  ser capataz de esta Fundación, por lo que el dispondrá de autoridad sobrada a actuar como crea conveniente. Si alguna de vosotras no está de acuerdo, que se quede en este despacho para formalizar su despido inmediato, y si alguna de vosotras preferís cambiar la cláusula de vuestro contrato a aplicación de correctivos, que vaya al despacho del Sr. Thomas. Podéis retiraros a vuestros trabajos respectivos…
     Todas las chicas salieron del despacho, formando un coro en el pasillo y hablaron entre ellas, minutos después se retiraban con sus rostros claramente enfurruñados, pues algunas de ellas formularon la posibilidad de declararse en huelga, pero en ese instante llego el Sr. Thomas y les dio su opinión al respecto.
(Sr. Thomas)   -. … decís de declararos en huelga…? Eso después de cómo habéis hecho caso omiso, no respetando vuestros horarios laborales voluntariamente, sin haberlo comunicado a la empresa previamente, está, tiene la libertad que vosotras mismas les habéis concedido al no respetar los horarios estipulados en vuestros contratos, a ser despedidas en el acto, ningún sindicato os apoyaría después de ser informado de la razón del despido, por lo tanto, si no os han sancionado como a Betty Guzmán con despido de dos semanas de empleo y sueldo, podéis estar contentas.
    El Sr. Thomas espero que se disolvieran las celadoras, desapareciendo por los pasillos en varias direcciones, dependiendo de sus trabajos. Entonces extrajo su teléfono del bolsillo, marcando un número…
(Sr. Thomas)   -. Si, si Sra. Emilia. Estoy en la puerta del despacho… bien enseguida entro…
     El Sr. Thomas entro en el despacho sin llamar, encontrándose con la Sra. Emilia sentada en un diván sentada, enfrente de ella en pie, estaba Karen la directora mostrándole unos documentos. Se sorprendió al ver la entrada de Thomas al despacho sin llamar previamente.
(Karen)   -. Buenos días Thomas! A qué se debe esta entrada, que yo tenga conocimiento no ha sido llamado a este despacho, y esas maneras de entrar no son las mas adecuadas…
(Sra. Emilia)   -. He sido yo Karen. Yo he autorizado su entrada y yo le he hecho venir a tu despacho. En cuanto firme su nuevo contrato, Thomas será el capataz de la fundación y en condición de capataz está aquí. Ya te he advertido en varias ocasiones que no estas prestando demasiada atención a tu trabajo. Sin ir más lejos el caso de las celadoras ha sido lo que ha colmado el vaso, y será tu último descuido en mucho tiempo, espero. Ya te he advertido que encontraría a alguien para encargarse de ti, y Thomas va a ser el encargado de hacerte comprender que los errores, tienen sus consecuencias.
(Karen)    -. Sra. Emilia! Yo no soy ninguna damisela para que me… eso… Supero la cincuentena para andar recibiendo correctivos, señora!!!
(Sra. Emilia)   -. Desde luego que no eres una mocosa!!! Pero el caso de las celadoras es algo imperdonable, eso adjuntado a la alumna que has enviado a un plan que no tenías autoridad para enviarla… aunque por otro lado, el castigar a esa chica no ha estado mal que lo hicieras, sus padres conocen perfectamente los castigos que se aplican en esta Fundación y firmaron su consentimiento. Yo soy mayor que tú, y el alcalde, mi marido. Aun me vapulea cuando lo considera necesario.  O sea que déjate de remilgos y quítate la falda, ya que al ser de tubo y ajustada no te la va a poder levantar, por lo tanto quítatela o lo hare yo misma.
    La señora Emilia hizo ademan de levantarse, cuando Karen Johnson se desabrocho la falda e hizo bajar la cremallera lateral de la falda cayendo a sus pies, quedándose en unas finas braguitas de seda blancas transparentes.  El señor Thomas se dirigió al mueble del rincón, y abriendo un armario extrajo una vara de avellano gruesa, volviendo con ella en la mano segundos después, con el extremo de la vara, dio unos golpecitos sobre la mesa del despacho de la propia directora. Las palabras sobraban, está, se inclinó sobre la mesa apoyando el pecho y con sus manos estiradas agarrándose al otro extremo. Acechándose a ella introdujo sus dedos en el interior de la cinturilla de sus bragas, bajándoselas con delicadeza a medio muslo. El Sr. Thomas como buen disciplinador, colocándose detrás de ella a su izquierda, blandió la vara en el aire varias veces, pasando la vara lo suficientemente cerca del trasero para que sintiera la brisa de la vara al cortar el aire, así como admirar como se estremecía encogiéndose las nalgas desnudas de la directora. A un gesto de la Sra. Emilia, comenzó el castigo con la vara, haciendo fe a su labor, la vara fue golpeando la robustez del culo desnudo, sembrando una marca roja en línea en la blancura del trasero. A  cada azote que recibía, se escuchaba un gutural gemido de dolor que salía de los labios de la directora. El Sr. Thomas fue dejando una marca debajo de la siguiente a una separación de uno o dos centímetros, entre una marca y otra. Así hasta marcar el trasero con treinta buenos varazos, en ese momento el Sr. Thomas dirigió su mirada a la señora alcaldesa, haciendo esta un gesto con el dedo índice indicando que continuará con el castigo, con lo que el Sr. Thomas continuo utilizando la vara, ahora golpeaba entre medias de cada marca roja, poniendo colorado y surcado todo el trasero con la vara. Solamente había que ver como meneaba el culo la directora, a partir del treintaiunavo azote, ya que tras este, a cada azote Karen menaba el trasero de lado a lado, o levantaba una pierna flexionándola hacia arriba, y luego de igual manera la pierna derecha.  Al no quedar ya ninguna zona blanquecina en sus nalgas, y habiendo llegado a los cincuenta azotes. Volvió su mirada a la Sra. Emilia, pero esta continuaba impasible. Con lo cual, continuo lacerando el trasero de la directora con otra veintena más de azotes, las nalgas habían dejado de estar rojas, para pasar a un tono más oscuro, surgiendo donde la vara había caído varias veces, unos alineados verdugones finos, y estos comenzaban a reventarse a nuevos azotes, llegados a los cien, el culo estaba muy maltrecho, con lo que conlleva un castigo de ese nivel, de las marcas más pronunciadas habían unas gotitas de sangre formando hilillos de la misma que bajaban por sus nalgas, desde hacía unos minutos la directora estaba llorando, llegado a ese momento, la alcaldesa levanto la palma de su mano indicando que era suficiente. El señor Thomas, arrojo la vara al suelo de malas maneras. Era su forma de indicarle a la alcaldesa que había ido demasiado lejos, acto seguido abandono el despacho desairado.
(Sra. Emilia)   -. Bien… aun sigues pensando que eres muy mayor para ser castigada? Así aprenderás que si digo que mereces un correctivo, no me replicaras de nuevo, de un simple castigo que te merecías, has hecho que me vea obligada a hacer que recibas un correctivo mayor y más severo. .- La señora alcaldesa, se levantó del diván. Dirigiéndose a un armario, extrajo las gasas y agua oxigenada para desinfectar. Con suma delicadeza fue aplicando las gasas empapadas en agua oxigenada, y limpiando así el trasero de la directora. -. Lamento que me hayas forzado a castigarte de este modo, pero aprenderás que a mí!!! No se me replica, y menos aún ante otras personas inferiores, cuando estemos a solas, replica lo que desees, quédate quieta, te voy a limpiar bien el trasero, luego ya hablaremos de otros temas, cuando estés mejor.
     Pasados unos treinta minutos, las nalgas dejaron de brotar esos hilillos de sangre, quedando las nalgas bien aseadas, pero muy marcadas por la vara. La propia alcaldesa le subió las bragas ajustándoselas a la cintura y ayudo a la directora a incorporarse, aun con lagrimones descendiendo por  sus mejillas del dolor. Se llevó una de sus manos, la derecha a tocarse el culo, pero ni tan siquiera soportaba el tacto de su mano. En ese instante se abrazó a la alcaldesa, devolviéndole está el abrazo consolándola afectuosamente.
(Sra. Emilia)   -. Espero que no se te ocurra cometer el mismo error, siempre hemos sido muy buenas amigas, pero no te tolerare ninguna imprudencia… Y si debo hacer que te vuelvan a castigar, no lo dudes que lo hare, aunque me pese tener que hacerlo…

(Continuará…)