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martes, 26 de junio de 2018

EL CASO DE LAS AMAPOLAS Capitulo 1


                                          EL CASO DE LAS AMAPOLAS   Capitulo  1


       Thomas Miller redactor jefe del periódico de la ciudad, leía en su despacho el periódico del día, donde se destacaba uno nuevo caso de desaparición de una mujer de veinticinco años, en la noticia se destacaba que ya eran diez las mujeres de edades  comprendidas entre los veinte años y los veintiocho años, las que en tres meses habían desaparecido, la policía no avanzaba en los casos de las desapariciones, resultaba algo sospechoso y nada común en ellos, por algún problema burocrático las denuncias de las desapariciones eran desestimadas, como si alguien quisiera que no avanzaran las pesquisas de investigación. El fiscal encargado de llevar la investigación, dado el número de desapariciones, parecía no encontrar pruebas, por lo que desestimaba toda investigación. Era demasiado raro y extraño que toda información, toda prueba, fuera extraviada sin más explicación…
     
      …En la oficina se desarrollaba el trabajo como un día cualquiera, las empleadas ejercían sus labores yendo y viniendo de un lado para otro, todas las empleadas no estaban pendientes de nada que no fuera su trabajo, aunque tuvieran motivos para mirar hacia sus compañeras. Pero cualquiera de los motivos que pudieran darse, era algo habitual en la oficina, por lo tanto no prestaban atención fuera de aquellas funciones ordinarias en un día normal de trabajo.  En el vestíbulo acababa de entrar una señora mayor, parecía perdida o que no sabía muy bien donde estaba, debería rondar los sesenta años vestida de manera sencilla con una blusa blanca, falda negra lisa por debajo de las rodillas, zapatos negros, con unas medias color beige  o  color carne. Miraba en todas direcciones a ver si alguien aparecía para atenderla, habían pasado algunas chicas por su lado, sin prestarle atención alguna, vestían de manera muy peculiar o al menos para la señora así le pareció, pues todas eran chicas y todas vestían igual, pero no le dio mayor importancia, pues debía de ser el uniforme de trabajo, aunque sintiera cierto rubor al mirarlas pues veía en ellas algo no habitual, sus uniformes eran demasiado escandalosos a sus ojos.  Aguardaba ser recibida por el jefe de la agencia de detectives Miller S.A.  Que debía estar su oficina en el edificio. Una chica joven de unos veinticinco años salía de un despacho, vistiendo el mismo uniforme que las demás chicas, iba vestida con una falda corta ondulada de color gris perla, y una blusa azul turquesa, medias blancas transparentes por debajo de la rodilla y zapatos modelo Merceditas sin tacón, en la blusa llevaba una tarjeta identificativa con el nombre de la muchacha, al verla esperando en la entrada la chica se dirigió hacia ella  para atenderla. Al acercarse a la señora, esta pudo ver que la chica se llamaba Helen Smith.
(Helen Smith)   -. Espera a alguien señora? O desea algo.
(Señora)   -. Estoy citada con un tal, Sr. Clark Miller. La agencia de detectives Miller S.A. debe estar en el edificio según me han indicado en recepción. Es mi primera vez y no sé a dónde debo dirigirme.
(Helen Smith)    -. Esta usted en la agencia señora, Acompáñeme si me hace el favor de seguirme…?   La llevare a la sala de espera, enseguida la atenderá el Sr. Miller.
(Sra. Henderson)    -. Mi nombre es, Maggie Henderson.
(Helen Smith)    -. Sra. Henderson si hace el favor de seguirme.
    La señora Henderson avanzo tras la muchacha, viendo que la joven caminaba con cierta dificultad, así como se llevaba la mano derecha al trasero de su falda, pero que trataba de ocultar algo a la señora.  Entonces fue cuando su mirada se centró, en mirarle  los  muslos, pues prácticamente al caminar se le veían las bragas blancas  a la muchacha, a pesar de que intentaba cubrirse sujetando el dobladillo de su falda con su mano derecha, algo que hizo a la señora llamarle su atención, fijándose más atentamente en el trasero de su falda corta ondulada de color gris perla, a pesar de llevar su mano derecha sujetando el dobladillo de su corta falda, en sus andares le era imposible ocultar lo que la escasez de su falda no podía cubrirle, lo que bajo el dobladillo  dejaba entrever claramente la parte baja de sus braguitas blancas, y que en los bordes del elástico de sus perneras, destacaban las nalgas de la chica bastante  coloradas.
     Después de pasar por un pasillo, llegaron a una pequeña sala de espera. La chica se giro hacia la señora, esta pudo ver que a la chica se ruborizaban sus mejillas.
(Helen Smith)   -. Espere aquí señora, enseguida la atenderá el Sr. Miller.
     La chica se dio la vuelta, al hacerlo sin la sujeción de su mano derecha, el dobladillo de la falda se levantó por la brisa más de lo debido, mostrando la mitad de su trasero cubierto por unas  braguitas blancas de algodón con unos dibujos de ramilletes de flores verdes. La señora quedo intrigada por lo que acababa de ver, aunque las chicas jóvenes solían vestir a la moda, y las minifaldas estaban comenzando a ser habituales en la época, pero el ser tan cortas que fueran mostrando la ropa interior era descarado para ella.
    La señora se encontraba algo incomodada por la coquetería del personal femenino, y empezaba a tener ganas de salir de aquel lugar cuanto antes. Cuando vio aparecer a otra joven, vestía de igual forma que la anterior chica que la atendiera hacia unos breves minutos. También llevaba en el pecho izquierdo una etiqueta identificativa con el nombre.
(Marie Nelson)   -. Señora Henderson? -. La señora movió la cabeza en sentido afirmativo.-. Hace el favor de seguirme, gracias.
    La chica espero que la señora estuviera a su lado, y abriendo de nuevo la puerta por la que había aparecido, la mantuvo abierta hasta que la señora paso a su lado. Luego colocándose delante de ella, andando a buen paso caminaba por un largo pasillo. La llamada Marie Nelson, caminaba con cierta gracia en el contoneo de sus caderas, por lo visto a esta otra chica no le producía ningún rubor el andar mostrando sus braguitas bajo su corta falda ondulada gris perla, la señora pudo ver claramente que llevaba la joven unas braguitas de algodón amarillas, pero esta llevaba las nalgas asomando sobre el borde de las perneras de sus braguitas, dejando entrever unas nalgas blanquitas en el tono de su piel. La señora se la podía ver nerviosa y contrariada por aquella desfachatez de las chicas en su forma de vestir, demasiado descaradas para ella. En cuanto estuviera con el señor Miller iba a decirle cuatro palabras al respecto…  Llegaron al final del pasillo, la chica abrió una puerta entrando por ella, unos segundos después volvía a salir…
(Marie Nelson)   -. Puede usted entrar… el Sr. Miller la espera en su despacho!
     La señora entro por la puerta, una vez entro la señora,  la joven la cerró a su vez la puerta  quedándose dentro de pie al lado de la puerta. Un hombre de unos setenta años poniéndose en pie bordeando su mesa de despacho, salió al encuentro de la señora.
(Clark Miller)   -. Buenos días, debe ser usted la señora Maggie Henderson, verdad? La estaba esperando… Acompáñeme y siéntese, así hablaremos más cómodamente sobre el caso que la trae a esta agencia.
    Thomas Miller le indico la silla a la que acomodarse sujetando la silla por el respaldo, luego el, volvió sobre sus pasos bordeando su mesa y sentándose en su sillón.
(Clark Miller)   -. Usted dirá señora, aún no he podido estudiar su caso, a primera hora he tenido que encargarme de un serio caso de indisciplina por una de mis secretarias, la cual creo que habrá conocido, ruego disculpe si se ha visto usted algo indispuesta al ver cómo nos ocupamos en esta empresa de las faltas de nuestras empleadas. La disciplina es algo importante para esta empresa, y como tal, nos ocupamos asegurándonos que no vuelva a suceder. De haber realizado su trabajo como debía, yo habría tenido el expediente de usted sobre mi mesa y lo habría leído poniéndome en antecedentes, algo que ahora nos evitaría pérdida de tiempo innecesario.
(Sra. Henderson)   -. Debo reconocer que el vestuario me ha resultado indecoroso, pero como usted, pienso que las faltas de disciplina deben ser corregidas en el momento, y aunque me ha extrañado en extremo, y me ha molestado, imagino que tendrá una explicación de ese descaro de uniformes.
(Clark Miller)   -.  No puedo refutar su opinión sobre el vestuario escandaloso, porque lo es. Pero a pesar de ello, y que usted tiene toda la razón. El vestuario de las empleadas es el adecuado cuando se requiere disciplina. No únicamente son cómodos a la hora de aplicar correctivos, también les recuerda en todo momento que corren el riesgo de ser disciplinadas, lo que hace que sean mucho más eficientes en sus trabajos, pues saben lo que les deparará si no es así. 
(Sra. Henderson)   -. En mi familia Sr. Miller durante años se ha disciplinado a las mujeres, y  hemos sido disciplinadas pero nunca hemos ido medio desnudas. Aunque para disciplinarnos se nos pusiera el trasero al aire para hacerlo, no es que nos parezca lógica esa manera de actuar cuando se comete un error, pero está visto que las mujeres británicas tenemos que pasar por esa vieja e anticuada costumbre anglo sajona. Pero ese no es el tema que me ha traído a su oficina, imagino que aunque no haya leído el expediente informativo, si tendrá datos facilitados por su hermano Thomas. Verdad?
       Clark Miller estaba cambiando su semblante afectivo por momentos, la señora Henderson le estaba comenzando a resultar molesta, le estaba dando lecciones de moralidad y eso no le gustaba nada, era un hombre de carácter arrogante y varonil como todo buen inglés, y que le estuvieran soltando un sermón en su propia oficina no le estaba gustando nada. En el fondo de la oficina permanecía inmóvil de pie su secretaria personal, la cual poniéndose la mano derecha cerrada con el puño para no ser vista, trataba de no reírse de las protestas de la Sra. Henderson. Pero su jefe la había visto y ese era el principal motivo de que estuviera perdiendo su británica buena educación, perdiendo la paciencia, ya que la Sra. Henderson continuaba en sus trece. En el hombre se apreciaba que iba a estallar en cualquier momento, aquello era intolerable.
(Clark Miller)   -. Sra. Henderson!!! Usted está aquí para exponerme un caso de desaparición, no está aquí para decirme como debo hacer vestirse a mis secretarias y resto del personal femenino…!!! Y mucho menos, para exponer su manera de opinar sobre la disciplina británica o anglo sajona, ha entendido? Por su manera de hablarme en mi propia oficina, es algo que su familia no creo que le hayan enseñado esa educación, más bien habrá recibido múltiples azotainas en su vida privada, por su arrogancia y atrevimiento por esa desfachatez impropia de una dama británica. Sra. Henderson!!! Su atrevimiento hacia mi persona es inapropiado, y no estoy dispuesto a tolerárselo, por lo tanto debería disciplinarla aquí y ahora!!! Usted!!! Vaya pensándose si desea mis servicios, porque para que me encargue de su caso exijo una compensación que satisfaga mi honor puesto por usted en duda. Sabe Sra. Henderson que ha conseguido? Que tenga que disciplinar a mi secretaria personal Marie, sabe lo que significa usted? Es una gran chica y muy eficiente en su trabajo, rara es la vez que debo colocarla sobre mis rodillas y darle una azotaina en el trasero, hasta dejárselo colorado como las aristas coloradas de nuestra bandera, pero las palabras subidas de tono que usted ha pronunciado en este despacho, ha hecho que la pequeña Marie me pierda el respeto y se haya reído de sus improperios que me ha referido con su habladuría engreída. -. Marie al escuchar su nombre se puso seria en el acto, su cuerpo se estremecía temblando como gelatina, el saber que iba a ser castigada la provoco una preocupación y temor por las consecuencias, era verdad que se había reído de su jefe, aunque había intentado disimular y no ser vista, pero el atrevimiento de la señora Henderson no era para menos, nadie conociendo al Sr. Clark se habría atrevido a hablarle de esa forma, y mucho menos en su oficina. Marie se encontraba desconcertada, era la primera vez que le faltaba al respeto a su jefe, temía que pudiera reparar tal falta. -. Ahora Marie ven aquí!!!  Estará usted contenta… Ve usted a lo que me obliga hacer, ahora me veo obligado a disciplinar a mi secretaria por su culpa señora!!!
     Marie acatando las órdenes de su jefe el Sr. Clark Miller se acercó caminando lentamente, estaba contrariada consigo misma, no comprendía como había podido ocurrirle a ella. Tenía la formación adecuada para hacer el trabajo de secretaria personal, se había formado en una academia privada, donde lo primero que le enseñaban era a no interferir escuchara lo que escuchara, por lo tanto ella debía de haber hecho caso omiso a las palabras de la Sra. Henderson, y sobre todo no haberse comportado de esa manera descortés. Unos años atrás al conocer que puesto iba a ocupar en la empresa, se le advirtió como a cualquier empleada que era una empresa británica con costumbres ancestrales, y que corrían el riesgo de ser disciplinadas mediante castigos corporales, por ese motivo es por lo que acudió a una academia privada pagada por la empresa, debía aprender sobre todo a comportarse cuando hubiera una visita, y aunque esta contara un chiste gracioso, no debía interactuar de manera alguna, a no ser que alguien tanto la visita o su jefe la instaran a participar, de lo contrario, debía comportarse como si fuera un simple adorno u objeto, cuando su jefe o para quien fuera a atender, como secretaria personal no debía destacar su presencia, ni hacer  interpretación alguna o simplemente, no mostrarse afectada de lo que pudiera escuchar, en otros términos debía no interferir de ninguna manera, y estaba muy claro, que no solo había interferido, si no, que además se había burlado de su jefe perdiendo la compostura al reírse, algo que le podía costar incluso el puesto y ser despedida. Marie siendo claramente conocedora de su falta, se acercaba nerviosa y temblorosa, no deseaba dar muestra alguna de estar claramente afectada, pero sabiendo que la iban a dar una buena azotaina, por su indiscreción no pudo evitar llevarse una de sus manos al trasero y tallarse la falda con suavidad disimuladamente, aunque no logro que la señora Henderson, no advirtiera esa acción, con una sonrisa dibujada en sus labios, mientras aterrada miraba a su jefe como se levantaba de su sillón e se dirigía a una silla del siglo XVIII de madera de nogal, con respaldo con adornos de la época trazando curvas engalanadas que hacían imposible de admirar su belleza, pero su jefe el Sr. Miller la tenía en su despacho para otros fines, dada su altura poco convencional al ser más alta en sus patas, y un respaldo alargado y muy destacado por sus medidas fuera de lo común, pues una persona puesta de pie al lado, el respaldo resaltaba en altura siendo más alta que una persona que pudiera medir el metro setenta, ya que la altura de dicho respaldo alcanzaba el metro ochenta de altura.
      Clark Miller se sentó en dicha silla, era de complexión fuerte, su estatura de un metro noventa y cinco, al sentarse en la silla, dada su corpulencia quedaba mermada, destacando claramente la silla por el alto respaldo. Marie se acercó a él, al estar a su lado la muchacha estaba aterrada aún mucho más, dada la altura de la silla y el corpulento cuerpo del Sr. Clark, al estar ante tal silla con semejante altura, el regazo de su jefe quedaba a la altura de su pecho, y en breve debería estar boca abajo sobre sus rodillas, pero para ella, le resultaría difícil ponerse por sus medios, tendría que auparla su jefe levantándola de la cintura. La silla era muy acorde a la altura del Sr. Clark, él al sentarse no tuvo que hacer más que acomodarse.
     Marie con apenas su metro sesenta y cinco, con un peso que apenas llegaría a los cuarenta y ocho kilos, era delgada, puede que unos kilitos de mas no estarían mal, se veía así misma más pequeña de lo que era en realidad, le daba verdadero pavor estar al costado derecho de su jefe, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse de su comportamiento. No iba a ser su primera azotaina, ya había tenido otras situaciones en que se había visto ante esa enorme silla, pero algo en su interior le decía que esta ocasión no iba a ser igual, solamente era un presentimiento que tenía ella. Pero dada la situación delicada que se encontraba, cualquier chica en su lugar tendría esos mismos pesares.
(Clark Miller)   -. Señora Henderson!!! Quiere hacer el favor de levantarse de ese cómodo sillón y venir ante mi presencia, colóquese aquí delante a unos metros para no perder detalle alguno de lo que ha provocado usted, sepa que esta muchacha es una secretaria muy eficiente, pero ha cometido una serie de errores indignos de su puesto, pero nada que no tenga solución con una buena azotaina en el CULO!!! .- El Sr. Clark enfatizo las silabas CU-LO, las cuales hicieron sus efectos deseados, al mencionarlas después de “azotaina”. La señora Henderson se levantó del cómodo sillón y girándose hacia el lugar de la estancia amplia del despacho, la impresiono  al ver la estampa del Sr. Clark, se quedó perpleja, viéndolo sentado y como su secretaria aparentaba no tener más de doce años al permanecer a su costado derecho, por lo pequeña que se la veía. La falda ondulada gris perla, como la blusa azul turquesa, y aquellas medias blancas por debajo de la rodilla, hacía que viera a la joven secretaria, como una colegiala a punto de recibir unos azotes por su profesor. Su rostro cambio de color carne a un tenue color rojizo, claramente se sintió avergonzada de lo que había provocado y se apiadaba de la joven. -. Marie Nelson! Tu conducta es totalmente intolerable en una secretaria que ocupa tu posición,  tu negligencia de comportamiento resulta algo preocupante, cuando has sido adiestrada e instruida  en la mejor academia de protocolo al más alto nivel. Pero todo en esta vida tiene la corrección adecuada, y eso justamente es lo que sigue a continuación, tu corrección!!!
      El Sr. Clark Miller ya no continuo hablando, mirando a la Sra. Henderson con la vista fija en ella, vio como la señora intimidada por su mirada bajo la cabeza mirando al suelo. Entonces desvió la mirada hacia Marie, la chica sabía que había llegado el momento. Así fue, posando el Sr. Clark sus enormes manos en la cintura de la secretaria, a la cual levanto como si fuera una ligera pluma, colocándola sobre sus rodillas boca abajo. Volviendo a dirigir su firme mirada a la Sra. Henderson, le levanto la corta falda ondulada gris perla a Marie, e introduciendo sus dedos por la cinturilla de las braguitas amarillas que llevaba puestas su secretaria, se las bajo lentamente hasta casi a las rodillas. Las manos de la muchacha se asieron a las patas de la silla, ya que quedaban a pocos centímetros del suelo sin llegar a tocarlo, mientras sus piernas las mantenía semi flexionadas, sus rodillas permanecían a unos veinte centímetros de suelo, aunque se removía sobre las rodillas del Sr. Clark, su jefe, no lograba su propósito de sentirse acomodada y poder tocar el suelo con sus pies, se sentía como una chiquilla a punto de recibir una azotaina en su trasero desnudo. Y así fue como sucedió, en breve los primeros azotes comenzaron a resonar en el silencio del despacho, y aunque Marie intento en un primer momento levantarse del regazo, la fuerte mano izquierda de su jefe posada sobre su cintura donde acababa la espalda e iniciaba su trasero la mantuvo firmemente sujeta. Los azotes fuertes y sonoros resonaban una y otra vez, su pequeño trasero  saltaba a cada azote que recibía, lo que hacía costarle en el instante que sus pulmones cogían aire, al tiempo que de su garganta surgían “aiyes” lastimeros de dolor. Llevaría como una treintena de buenos azotes en su trasero desnudo, sentía como sus rodillas había algo que las atenazaba, que imposibilitaba poder moverlas con libertad, sus pequeñas bragas amarillas de algodón apenas le permitían separar sus rodillas o abrir sus muslos, el único movimiento que tenía la libertad de moverse eran sus pantorrillas, así como sus pies. Así que intentando mover a la desesperada  sus rodillas, separándolas lo mínimo que el elástico de las perneras de sus braguitas, daban de sí mismas que eran bien poco, lo justo y limitado que el fondillo de sus bragas daba de sí mismo, mientras las perneras si se abrían algo más. El trasero le ardía de tal manera, que sentía que en cualquier momento podían brotar llamas de él, hasta tal punto o extremo que la hacía forcejear, intentando mover o menear sus caderas, un esfuerzo que resultaba infructuoso. La  cabeza parte del cuerpo que tenía libre, la giraba de un lado, a otro descontrolada por el ardor y dolor que sentía en el culo, haciendo que su hermosa cabellera rubia se balanceara en el aire, de manera que según para que lado la movía, su rostro era cubierto por la melena rubia. La azotaina se prolongó por varios minutos, para Marie le parecieron horas que su culo ardiente y abrasador no cesaba de arder ni un momento, pero en cambio no fueron horas, en realidad fueron unos treinta largos minutos de duración de la  azotaina. Ella no se lo podía ver como es natural, pero para la señora Henderson sí que podía observar como el trasero de la chica fue pasando del blanco, cuando las bragas amarillas le fueron bajadas, y como la chica protestaba a medida que arreciaban los azotes y el calor de la azotaina, y como las pequeñas nalgas redondeadas y de preciosa redondez, iban cambiando de tono del blanco al rosado, para unos minutos después, pasar del rosado al rojo, y luego del rojo, al rojo brillante. Vio como la chica se desgañitaba gritando de lo muchísimo que le debía de doler el culo, la manera de llorar descontrolada, la forma que se removía sobre las rodillas de su jefe, y como las piernas pataleaban en el aire lo poco que le era permitido por la presión que ejercían sus propias braguitas amarillas en su rodillas.  Así como cuando liberada una vez acabo la dura azotaina y depositada en el suelo, pudo ver la cariñosa imagen del Sr. Clark que tenía a la joven entre sus piernas, y se abrazaba a él como si fuera su padre, aunque simplemente era una clara acción de afecto, ya que después de la terrible azotaina que acababa de recibir, la muchacha necesitaba consuelo, y el Sr. Clark no se lo negó, durante varios minutos se mantuvo la secretaria llorando sobre el pecho de su jefe.
    La Sra. Henderson sonreía al ver la escena de afecto, Marie en pie entre las rodillas de su jefe, la falda color gris perla arrugada aun permanecía sobre la cintura, el culo completamente colorado de la muchacha, mientras su mano derecha se posaba en su ardiente trasero, las bragas amarillas de algodón bajadas a la altura de sus rodillas, su mano izquierda abrazada al hombro del hombre que la acababa de mondar el culo poniéndoselo bien colorado, mientras el Sr. Clark la abrazaba afectuosamente acariciándole la espalda con la mano izquierda y la derecha acariciando la nalga izquierda de la joven, que se dejaba mimar y acariciar el culo dolorido. Era un bonito cuadro para la visión de la Sra. Henderson que se sintió conmovida.
    Pasados unos minutos Marie se fue recuperando, y se separó ella misma del  afectuoso abrazo, dolorida y aun sollozando se inclinó lo mínimo posible para subirse las bragas, ajustándoselas a la cintura y bajándose la falda arreglándola dentro de lo poco que se podía arreglar, pues lógicamente estaba arrugada.
(Clark Miller)   -. Bien Marie… Puedes retirarte al servicio para adecentarte, luego vuelve al despacho.
     Con pasos cortos y pausados por el dolor e intenso ardor que procedía de su trasero, ya que sentía un picor intenso en él, era incapaz de dar pasos más largos,  se retiró Marie con una mano secándose las lágrimas, y con la otra sobándose el trasero dolorido por la azotaina recibida, ni siendo una niña, recordaba una azotaina tan amarga y dolorosa para ella. Cuando desapareció tras cruzar la puerta…
(Clark Miller)   -.  Bueno…Bueno… Sra. Henderson ha llegado el momento de la verdad, desea realmente que lleve su caso?
     La Sra. Henderson había captado el mensaje del Sr. Clark. Por un lado deseaba que llevara el caso su agencia de detectives, pues era la mejor de la ciudad y de más renombre. Pero recordaba la amenaza velada si deseaba que llevase su caso, debía mostrarse más amable y rendirse a las exigencias. Y estas habían sido muy claras…
(Sra. Henderson)   -. Si! Deseo que usted y su agencia se encarguen de llevar mi caso, pero no pienso tolerarle…
      El Sr. Clark la corto en la retahíla de palabras que iniciaba la Sra. Henderson…
(Clark Miller)    -. Si desea que lleve su caso… Lo que necesita esta en aquella especie de caja de puros habanos, ábrala y tráigame lo que hay dentro, luego quítese la falda y venga aquí… Ha comprendido?
    La Sra. Henderson se quedó sin palabras, para nada le hacia ninguna ilusión recibir una azotaina a sus sesenta años, pero después de rogarle a su ex-marido que intercediera por ella, pagando la investigación de su hija, una hija fruto de su pareja actual y no de él, algo que no le había perdonado a pesar de los años que habían trascendido, la agencia Miller fue la que descubrió que tenía un amante ella, y  le pidió el divorcio por ese motivo, por infidelidad. Ahora veintiséis años después, volvía a ver al detective que la investigo y que le arruino su vida. Quizás él no la recordase, la verdad que habían cambiado ambos, por aquellos entonces ella tenía la edad de treinta años más o menos y el Sr. Miller estaría entre los cuarenta años, ella entonces su apellido de casada era Wilson, Maggie Wilson. Viendo que ella meditaba que hacer… El Sr. Clark la saco de su pesadumbre…
(Clark Miller)  -. Sra. Henderson! No piense usted que no la he reconocido al verla, me ha contrariado que no llevara el apellido del hombre con el cual fue investigada por esta agencia, creo que yo mismo si no recuerdo mal, lleve su caso. Cuando mi hermano me llamo la semana pasada para que me encargase de este caso, y que me ocupara yo mismo en llevar la investigación, algo que es obvio hará uno de mis mejores agentes, porque yo ya estoy retirado de realizar esos trabajos de campo. Me hablo de uno de sus inversores, el que le había pedido que intercediera en este caso y que era algo imprescindible llevar con discreción, dado que la policía podría estar implicada, por la desaparición de pruebas, algo que la verdad complica bastante la investigación. Aún recuerdo sus improperios e insultos a esta agencia, al asistir al juicio exponiendo las pruebas de un claro caso de adulterio. Pero que conste que no se lo tengo en cuenta, eso son gajes del oficio, en mi época de investigador privado, me llamaron cosas peores. Por lo tanto señora!!! Lo que va a suceder en este despacho, aquí y ahora, es por lo que acaba de hacer y lo que es peor, por su culpa he tenido que aplicar un severo correctivo a mi secretaria, si se pregunta si soy un animal por ser tan estricto, y que me he sobrepasado acariciándola, sepa señora que esa joven es mi hija, lo que sucede es que las juventudes de hoy día, es que son orgullosas y quieren llegar a sus expectativas de futuro por ellas mismas, algo que es muy de admirar que no pretenda subir por el apellido de quien es su padre, si no por méritos propios algo que hace que me sienta muy orgulloso de ella, pero no por ello, le voy a consentir privilegios si comete una falta, es castigada al igual que el resto de mis empleadas. Por ello usa el apellido de mi esposa de soltera, Nelson.   
    Ante tal declaración vio en él, que no era tan mala persona como se había pensado en un primer momento, y que lo había juzgado sin conocer sus motivos.  Así que procedió a obedecer, fue hacia la mesa y abrió la caja de madera alargada, era muy similar a una caja de puros, pero al abrirla y ver su contenido se quedó perpleja. En su interior había un feo cepillo de madera de baño, lo extrajo temblándole la mano, de hecho le temblaba todo su cuerpo como un flan. Dándose la vuelta camino hacia el Sr. Clark que la esperaba aun sin levantarse de aquella silla, al llegar a su lado pudo imaginar cómo debía haberse sentido la muchacha, la verdad que imponía muchísimo verlo sentado. Le entrego el cepillo que el agarro con firmeza con su mano derecha, bajándolo a continuación sosteniéndolo por el mango, estirando el brazo hacia abajo, quedando su brazo en perpendicular al respaldo de  la silla en modo de espera para colocarla sobre sus rodillas, pero antes debía quitarse la falda.
     Colocando sus dedos en el broche que llevaba a su derecha, desabrocho el mismo y haciendo descender la cremallera, la falda negra quedo suelta, por lo que procedió a bajársela y sacando primero el pie derecho, luego el izquierdo se quedó de cintura para abajo solamente en bragas y medias.  Llevaba unas bragas blancas de encaje de talle alto, clásicas en mujeres de su edad, aunque la señora pudo ver que la tal Marie, e hija como acababa de descubrir, las bragas eran también de talle alto justo por debajo del ombligo, similares a las que ella llevaba puestas, pero las suyas no eran de algodón, si no de encaje de nylon. Con la falda en sus manos, miro en derredor suyo donde poder dejarla, al no haber donde cerca, se encamino hacia el sillón dejando la falda sobre el respaldo. Se giró y se dirigió de nuevo hacia el Sr. Clark, mientras caminaba hacia él, se llevó ambas manos a su trasero introduciendo los dedos índice y anular de cada mano, entre el elástico de las perneras de sus bragas, haciendo bajar los dedos a la forma circular de dichas perneras y luego en sentido inverso ajustándose bien las perneras y estirando bien las bragas, luego hizo lo propio sobre la cintura de las bragas subiéndoselas al máximo de sí mismas, para acabar pasándose las palmas de sus manos por encima de las bragas tallándose el trasero a modo de caricia.
      El Sr. Clark cuando la tuvo a su costado derecho, la acomodo sobre sus rodillas boca abajo, y nada más tenerla firmemente sujeta por la cintura con la mano izquierda, la derecha fue alzada, dejándola caer con fuerza sobre su trasero revestido únicamente por las bragas blancas de nylon. La azotaina fue rápida y consecuente, por ser una mujer de sesenta años no mostro ninguna piedad con ella, y cada azote era más fuerte que el anterior, o eso le parecía a ella. Pero en realidad los azotes del cepillo eran inflexibles e igual de intensos uno que otro. Pero para ella no le parecía para nada así. Pues cada nuevo azote en su trasero le parecía que era más duro, no tardó mucho en comenzar a patalear con sus piernas, abriéndolas y cerrándolas todo lo que estas le permitían, sus caderas se removían e incluso trataba de levantarlas, pero se encontraba firmemente sujeta, lo cual le impedía menear el culo que cada vez lo tenía más y más ardiente, en realidad le abrasaba todo el culo de manera que ya no podía soportar más, pero trataba a pesar del intenso dolor, mantenerse serena y aguantar la severa azotaina. Pero llego un momento que ya fue demasiado para ella, cuando sintió que los dedos de las manos del Sr. Clark se introducían por la cinturilla de sus bragas, y que se disponía a bajárselas, algo que trato de impedir con sus manos que lo hiciera, pero no lo logro y sus bragas acabaron por debajo de sus rodillas. Eso fue demasiado para ella, ahora su vergüenza era tal, que no pudo mantener su serenidad para no ponerse a llorar, a pesar de lo muchísimo que le dolía el culo, pero ahora los azotes sobre su piel directamente no es que dolieran más, pues las bragas nada podían menguar el dolor o hacer de protección,  pero si cubrían su pudor, tenía la noción de que le había bajado las bragas y continuado la azotaina sobre el culo desnudo. La vergüenza de saber que tenía el culo al aire y que la estaba viendo desnuda, fue más fuerte para ella, era como una barrera que mantenía su orgullo al mantener las bragas puestas, en cambio ahora a pesar del horrible dolor en el trasero, el tener las bragas bajadas hizo que la barrera invisible  que existía desapareciera, por lo que no pudiendo aguantar más el terrible ardor debido a la azotaina que estaba recibiendo, ya no pudo mantener la serenidad  y la vergüenza de saber que tenía el culo desnudo a sus sesenta años fue lo que sobrepaso la barrera, esa vergüenza fue mucho mayor, no pudiendo evitar el ponerse a llorar de lo que dolía el dichoso cepillo. El culo de la Sra. Henderson no es que fuera grande o carnoso, para su edad aún estaba de buen ver, pues era una mujer que claramente se mantenía sana haciendo deporte.  Cuando ceso la azotaina, al no sentir la presión en su cintura sujetándola, se levantó del regazo como pudo, poniéndose de pie, lo primero que hizo fue subirse las bragas, luego fue hacia el sillón en el cual había estado sentada y arrodillándose en el suelo, se echó sobre el asiento del sillón a llorar, tenía el culo ardiéndole en llamas. Así pasaron varios minutos, hasta que en un momento dado dejo de llorar. Levantándose y poniéndose en pie, se sobaba el trasero con fricción debido al intenso picor que sentía en él, así como un ardor que le abrasaba, como si se hubiera sentado en unas brasas al rojo vivo. Pero ahora ya más tranquila, lo que más le acuciaba era ponerse la falda de nuevo, no deseaba estar por más tiempo mostrando sus bragas y el culo completamente colorado y con marcas moradas en él. Recogiendo la falda del respaldo del sillón, el trasero le dolía demasiado, pero le molestaba más en su pudor el estar desnuda en bragas. Con gran dificultad logro ponerse la falda, dificultad porque el tener que agacharse para pasar sus pies y subirse la falda, ello acentuaba el dolor en el culo acentuándose más. En cuanto se vio con la falda puesta, su entereza volvió a ella, en pocos minutos más había dejado de llorar, aunque seguía ardiéndole el trasero.
    El Sr. Clark la sostuvo del brazo y la condujo a un servicio que había dentro del despacho, para que se aseara y arreglase el maquillaje que se le había corrido todo por sus mejillas, de llorar.  Minutos después salía del servicio como si nada hubiera ocurrido, Marie la secretaria había vuelto. La Sra. Henderson se acercó al sillón y para asombro del Sr. Clark tomo asiento en el sillón, aunque unas muecas en su rostro al sentarse demostraban lo que le debía de doler el culo, pero el orgullo ante una chica que podría ser su hija, era mucho mayor, por lo que a pesar de lo que le dolía el trasero, tomo asiento en el sillón.
(Clark Miller)   -. Bien señora, mientras ha permanecido en el servicio he podido leer por encima su caso, muy gustosamente nos encargaremos de él, sepa usted que será difícil y ardua su investigación, no será nada fácil para mi agente ocuparse de él, pero haremos todo lo posible por aclarar esta delicada situación. Marie! Puedes hacer el favor de traerme un café, gracias… .- Para Marie no resulto sorpresivo el enviarla a por café, sabía que eso lo hacía cuando pretendía quedarse a solas con un cliente, de hecho espero su jefe a que saliera del despacho antes de seguir hablando. -. Ahora que estamos a solas podemos hablar del caso. Veo según el expediente que son diez chicas las desaparecidas, y que por alguna causa que no sabemos, el Fiscal general del estado, no hace nada por que se avance en la investigación, ya que las pruebas desaparecen antes de que lleguen a sus manos. Según ha hecho público en sus declaraciones, esto es algo completamente anormal, no tiene lógica alguna para que se sostenga va a ser complicado, muy complicado… Por alguna razón que desconocemos, alguien pretende que las investigaciones no vayan más allá. Eso nos deja poco margen para poder investigar, le aconsejo Sra. Henderson que no hable de esto con nadie, ni siquiera en privado, pues alguien se está tomando muchas molestias para que no sepa o conozca lo que ocurre, y está claro que para ello, quien está obstaculizando todo debe ser alguien importante, lo que nos lleva a que habría el riesgo de que si descubren que alguien está realizando una investigación, podrían haber más desapariciones… empezaremos con investigar a esas chicas desaparecidas y ver qué es lo que tienen en común, si es que hay algo en común. Pues son como amapolas en el prado, que crecen separadas o en grupos, pero es necesario esclarecer esa vinculación de haberla. Toda investigación se le da un nombre clave, con respecto al cliente, o clienta. Por lo tanto cuando nos pongamos en contacto con usted para tenerla informada, nos referiremos como “Las amapolas” así usted sabrá que debemos ponernos en contacto para darle información de nuestros avances, que mientras no hayan cambios, le daremos el lugar donde encontrarnos, yo seré su contacto, por lo tanto no hable con nadie más que no sea yo, si alguien se pusiera en contacto con usted, debido a las circunstancias de los hechos, no podemos confiar en nadie, ha entendido? Nuestro próximo encuentro teniendo en cuenta que ya sabrán que alguien está investigando, porque cuando hay peces grandes en la pecera, estos lo saben todo, gracias a los peces pequeños. Por lo tanto no correremos ningún riesgo, nuestro encuentro será justamente en una semana, en el café de la calle catorce, lo conoce? Bien pues en él nos veremos, ahora puede marcharse. Para decirle la hora del encuentro, recibirá una llamada mía, recuerde nadie más podrá ponerse en contacto con usted, que no sea yo. La hora será en clave, “Amapolas 15” querrá decir que quedaremos a las quince horas en el café referido, puede irse, la mantendré informada, el día de la cita siguiente le informare en nuestro próximo encuentro, por discreción siempre cambiaremos de lugar, el cual solamente conocerá usted. Si alguien descubre el lugar de encuentro, será porque usted no ha sido discreta y se lo habrá contado a alguien, si fuéramos descubiertos, no volverá a tener noticias mías, dado el peligro que con lleva esta investigación. Hemos terminado, puede marcharse…


(Continuara…) 

domingo, 24 de junio de 2018

EL ABUELO MATERNO Capitulo 12


                                           EL ABUELO MATERNO    Capitulo  12


     Sonia permanecía en su habitación, el nerviosismo no la dejaba pensar con lucidez. Se podría decir que había tenido una gran victoria en sus pretensiones de lograr su objetivo…, que María fuera castigada. Pero en sus pretensiones no entraba el verse implicada, y vaya si lo estaba, estaba en serios problemas. No llegaba a comprender como se las arreglaba para estar siempre metida en todos los embrollos. Era spankee de la cabeza a los pies, le encantaba como a cualquier buena spankee meterse en problemas, pero de tanto en tanto, tener sus nalgas blancas inmaculadas también era agradable, y desde que su prometido John Lewiston la enviara a la casa de sus tíos paternos, al quedar desahuciada de la casa que habitaba, por pertenecer está, a la universidad.  No había pasado una sola semana sin estar sobre las rodillas de su tía o su tío. No se podía decir que las azotainas que recibía fueran  placenteras, más bien todo lo contrario, acababa siempre con el culo dolorido por varios días o siendo castigada con castigos de mantenimiento durante días, no era para nada lo que ella hubiera podido desear.
       Pero tampoco se desvinculaba de  disfrutar cuando era castigada. El tener que vivir el día a día bajo la estricta disciplina en casa de sus tíos, tampoco era algo que no le gustase, todo lo contrario en cierta manera le encantaba, vivir bajo sus reglas aunque fueran muy estrictas.
      Desde que dejo de ser una  adolescente  graduándose en la misma universidad que estaba  ejerciendo como profesora, universidad donde provoco una gran discordia entre profesores y la junta, donde había comenzado todo el problema que estaba viviendo, por su mala cabeza, o por el contrario, por su deseo inasumible en una sociedad moderna del siglo XXI.  
      Siempre que volvía al pueblo en sus primeros años en la universidad y disponía de vacaciones o días libres, regresaba con sus tíos, en el pueblo al cual pertenecían sus  padres, procuraba pasar el tiempo con sus tíos, era su única familia que le quedaba, una vez que fallecieron sus padres. Mientras permanecía en su casa, siempre se las componía para hacer trastadas, como el llegar a casa más tarde de lo debido, sabiendo que eso a sus tíos  les disgustaba en extremo  y  no lo llevaban nada bien, veía en sus rostros el enfado y la preocupación que les causaba ese comportamiento, incluso llegar a casa algo pasada de alcohol. Siempre con la esperanza de que sus tíos la regañaran y le dieran una azotaina o era lo que ella intentaba provocar.
      Pero estaban demasiado orgullosos de su sobrina, así como de lo alto que había llegado como profesora, cuando notifico  Sonia su intención de realizar un  Master, fue una gran alegría para sus tíos y eso que ese día fue de celebración alocada  por parte de  Sonia saliendo con viejas amistades de fiesta, volviendo a casa borracha como una cuba. Lo más que llegaron  hacer sus tíos, fue el amenazarla de manera ostensible pero sin llegar la leña  al fuego…  “ si tuvieras unos años menos ibas a ver cómo te ponía el culo, desvergonzada!!!...” “ Esas son maneras de llegar a casa? Si de mí dependiera  ya te tendría sobre mis rodillas como cuando eras una niña, y bajarte esos humos con una buena azotaina con las bragas bajadas,… te iba poner bien caliente el culo”… y su tía… “ Si tuvieras unos años menos me sacaba la zapatilla e ibas a ver tú, descarada!!!...” “ Como me saque la zapatilla vas a ver que caliente vas a dormir…” “te libras que ya no seas una niña, si no te ponía el culo como un tomate sobre mis rodillas!!!...”
      Con una sonrisa en sus labios recordaba aquellas amenazas baldías, si ellos llegaran a descubrir que todo aquellos quebraderos de cabeza, su sobrina Sonia lo hacía adrede para ver si la castigaban como cuando era una chiquilla. Bueno, y no tan chiquilla, pues recordaba con añoranza la última azotaina que recibió de su tío, contando ella la edad de veinte años, estando estudiando en la universidad, le quedaron cuatro suspensos, su tío enfadado y defraudado, la coloco sobre sus rodillas y le dio una buena azotaina en el culo desnudo, pues le bajo sus bragas como cuando era una niña.  Luego Sonia pudo escuchar la fenomenal y  bronca terrible, que le echo su tía Ingrid a su marido, sobre todo por haberle levantado la falda y bajado las bragas, esa fue la última azotaina que recibiera en aquella casa.  Sus tíos nunca lo sabrían, pero esa azotaina a sus veinte años fue la que despertaría en ella, sus deseos por ser castigada, por ello era la razón que cuando volvía al pueblo de visita, hacia lo posible por enfurecer a sus tíos y así, verse de nuevo castigada como en su adolescencia o como esa vez con veinte años, por aquellos cuatro suspensos, que mucho tuvo que ver la azotaina, para que aprobara esas cuatro asignaturas antes de vacaciones.  En su mente divagaban esos recuerdos, así como el despertar en ella su sentimiento de ser spankee, aunque ello fue algo que no descubriría hasta un tiempo después, por una revista que cayera en sus manos por casualidad, y ello la hizo investigar el tema, descubriendo que habían otras mujeres que sentían esos mismos sentimientos spankos, que era el vocabulario que utilizaban.
       Los últimos cinco o seis años había creído que lograría su objetivo, Susana había regresado a casa de sus padres. Teniendo que pasar el mes de  sus vacaciones en la misma casa y viendo lo que sucedía, escuchando como su prima recibía severas azotainas, algunas de esas veces ella había estado presente. Envidiaba ver a su prima Susana al verla como la obligaban a vestirse, tanto a ella, como a su hija María. Aunque para María el vestir con aquellos cortos vestidos o cortas faldas enseñando sus braguitas, a ella no le producía vergüenza alguna, al fin y al cabo, aún era una niña de quince años y durante los meses de calor del verano, la pequeña María se paseaba por la casa vestida con una blusa o camiseta, y de cintura para abajo, solamente llevaba sus braguitas.  Pues fue a esa edad cuando Sonia la conoció, hasta ese momento, al igual que sus abuelos ni sabía que existiera. Ese primer verano, al ver a su prima Susana se alegró al verla, aunque no comprendía el que fuera vestida como una chiquilla a su edad, siempre con vestiditos cortos y mostrando la parte baja de sus braguitas, y no solamente sus braguitas, también podía ver con frecuencia que su prima Susana llevara la parte baja del culo como un tomate, muchas veces con marcas recientes de haber sido castigada con el cinturón.
      Durante esos años resultó ser una tortura para Sonia, como había hecho los últimos años, cada vez que disponía de días libres, como Navidad, Semana Santa, y vacaciones volvía a casa de sus tíos. Cuando Susana no estaba castigada, solían salir juntas al pueblo y en algunas de esas veces había hecho adrede hacer a su prima llegar tarde. Lo que le suponía a Susana una buena azotaina nada más entrar en casa, ante la atenta mirada de Sonia. una de esas veces, vio cómo su prima la colocaba su padre sobre sus rodillas, como le levantaba la falda y como introducía los dedos por el interior de la cinturilla de las bragas, así como se las bajaba por debajo de las rodillas, así como su padre agarraba el cepillo de madera y le daba a su hija Susana una buena azotaina, mientras apenas tres metros se encontraba Sonia sobándose el trasero, pues temía que ella iba a ser la siguiente en esa ocasión, pues su tío mientras calentaba el culo a su hija, la mirada de este, estaba clavada en Sonia. al  acabar de darle la azotaina a Susana, y viendo como su prima se subía las bragas llorando, Sonia vio cómo su tío se levantaba de la silla, y pasando por delante de su sobrina, se detenía ante ella mirándola con cara de pocos amigos, después de unos segundos que habían hecho que Sonia se estremeciera cada centímetro de su ser, pues por fin creía que ese día no se libraba de una buena azotaina como era su anhelo. Pero su tío indignado, después de mover la cabeza varias veces en sentido negativo, como si se sintiera desilusionado por el comportamiento de su sobrina Sonia, miraba hacia otro lado prosiguiendo andando hacia uno de los sillones y sentándose negándole la mirada a su sobrina. Ese día Sonia se sintió fatal al mirar luego a su prima Susana, pues esta, paso a su lado sin siquiera mirarla. Sonia se sintió fatal por ello, y aunque trato de hablar con su tío diciéndole que había sido culpa de ella y no de Susana, solamente logro que su tío disgustado se levantara de su sillón y abandonara la estancia. Esa noche Sonia no pudo dormir en toda la noche, en la mañana siguiente bajo a desayunar, vestida únicamente con el camisón y en bragas, resignada a ser castigada por haber hecho llegar tarde a su prima Susana y meterla en problemas, trato de hablarle a su tía Ingrid y confesarle que había sido su culpa, y no de Susana. A fin de cuentas Susana y Sonia tenían la misma edad, incluso utilizo ese argumento para convencer a su tía, total Susana era unos meses mayor que Sonia. Pero ni su tía quiso hablar con ella, a pesar que hubo un instante que su tía dudo, y se acercó amenazante hacia Sonia, incluso llego a sacarse la zapatilla con la intención de zurrarla, pero a último momento ante la mirada de su marido, dejo caer la zapatilla al suelo volviendo a introducir su pie en ella. El desayuno fue frio y desagradable, pues sus tíos hablaban entre ellos, y Sonia trato de meterse en esa conversación, incluso trato de cambiar el tema llevándolo a cuando era una niña, y sus tíos eran para ella como unos padres y no dudaban en colocarla sobe sus rodillas para darle una azotaina, pero todos sus intentos resultaron en vano, pues sus tíos seguían su conversación sin tener en cuenta de sus comentarios, como si Sonia no estuviera en la mesa sentada a desayunar. Sonia volvió a su habitación preocupada, veía en las miradas de sus tíos que los había defraudado, de nada le sirvió bajar a sus veintinueve años en braguitas, unas bragas como las que le hacían llevar a su prima, bragas de algodón de pernera baja, talle alto, con dibujos de racimos de uva color violeta. Aún estaba solamente en bragas en su habitación con la puerta abierta, vio pasar ante la puerta a su tío claramente indignado, este se detuvo unos instantes mirándola, Sonia ante aquella mirada, se tumbó en la cama boca abajo y se bajó las bragas como solía tener que hacer cuando era una chiquilla y su tío subía a castigarla a su habitación, se había tumbado con la mejilla derecha de la cara apoyada en la almohada, mirando hacia la puerta, aquellos ojos fijos en ella podía ver la decepción de su tío William, sus manos incluso llegaron a desabrochar la hebilla del cinturón, y dar unos pasos hacia adelante entrando en la habitación, Sonia cerro los ojos resignada a recibir una azotaina, pero no pasaba nada, cuando volvió a abrirlos, su tío ya no estaba en el umbral de la puerta, se había ido. Eso fue mucho peor que si la hubiera calentado el culo, se sintió decepcionada de sí misma por causar aquel malestar a sus tíos, se sentía culpable de lo sucedido.
      Esas vacaciones fueron las últimas que Sonia pasará en el pueblo, ya no volvió en años, pues su vergüenza no le permitía volver a ver a sus tíos, viéndolos en aquel estado de decepción, pasados los años aun recordaba el gesto de sus rostros avergonzados de ella, aquello resulto muy duro para ella, por ello había tomado la determinación de no volver, hasta que sucedieron los hechos ya conocidos en la universidad.
     Sonia recordaba lo sucedido aquel día, de casi tres años atrás, desde aquella última visita al pueblo, en su cabeza rondaba la idea que quizás si con ella eran más severos, en gran parte debía deberse a aquella gran decepción que les había causado siendo ella,  su sobrina favorita.  Recordaba avergonzada la poca delicadeza por su parte, debía de haber comprendido lo difícil que se lo había puesto a sus tíos, pero lo que más la avergonzaba, era el cómo  ver a su tío en el umbral de la puerta, ella se había echado boca abajo y bajado las bragas quedándose con el culo al aire, siendo toda una mujer.  Deambulaba por la habitación como sonámbula, caminando por la habitación de un extremo a otro, como un león enjaulado en su jaula, el escuchar a tía Ingrid llamar a su hija, había sido como un milagro caído del cielo. Pero entre recuerdos de tiempos pasados y lo ocurrido últimamente la preocupaba en extremo.

      En un primer instante había respirado tranquila, sabedora que se iba a librar de recibir una azotaina tan severa o mucho más que la pequeña María. A fin de cuentas, para sus tíos era solo una niña, o al menos a sus ojos. Pero la habían dado una tunda que difícilmente iba a olvidar en bastante tiempo. No había más que ver cómo le habían puesto el trasero, algo que no podía ver con claridad cuando estaba sobre las rodillas de su abuela, o cuando su abuelo le dio una azotaina con el cinturón.  Pero luego cuando la dejo su tía en el rincón de cara a la pared, y le subió la falda del vestido, para luego ver cómo le bajaba las braguitas.  Viendo el estado que le había quedado el culo, inflamado e hinchado, casi abultaba sus nalguitas que habitualmente, lo tenía pequeñín y redondito, en cambio ahora mostraba más abultado por la inflamación, el vérselo en tal estado le dio lastima en un momento dado,  pero luego recordó la terrible azotaina que recibieron Susana y ella misma sin haber hecho nada para merecerla y ello, volvió a endurecer su corazón, acercándose hacia la cómoda donde se detuvo ensimismada observándose en el espejo.    
       Sonia a sus treinta y dos años se miraba el trasero en el espejo de la cómoda, observaba lo mona que se veía así misma con aquel conjunto de blusa de color azul celeste  y la falda blanca con las aristas tableadas, y como bajo el dobladillo asomaban sus braguitas blancas, podía ver el corte redondeado en la base de su trasero oculto, justo donde se entreveía  la fina costura del fondillo de las braguitas con esa forma circular como una pequeña media luna, así como algunos ramilletes de flores en relieve que dada, la escasez de tela en el dobladillo de la falda dejaba entrever, se veía así misma muy hermosa, se miraba si era visible la mancha amarillenta que destacaba en su nalga derecha en sus braguitas, por suerte para ella no destacaba al no quedar visible, estaba nerviosa aunque respiraba relajada por unos minutos podría no pensar en lo que la esperaba, su tía aun tardaría en entrar por la puerta de su habitación.
     Cuando lo hiciera sus bragas ya se habrían secado, esa era la razón  que le preocupaba en esos momentos, pues la mancha aunque estuviera seca, quedaría en sus braguitas impregnada al secarse. Lo único que le quedaba de esperanza, era que solamente comprobase el fondillo de sus braguitas tal y como hacia siempre pero,  que no la hiciera darse la vuelta mostrando el trasero con la falda levantada, de hacerlo no podría evitar que viera la mancha en la tela de algodón del trasero de sus braguitas, con el que había restregado el asiento de la silla con asiento de madera para secarla, aunque ahora no pensaba que hubiera sido tan buena idea haberlo hecho, comenzaba a tener serias dudas.  Podía resultar una argucia muy buena, pero Sonia no creía que su tía pensara lo mismo, ahora estaba arrepentida de haberlo hecho, pues para su tía sería interpretado de otra forma muy distinta, y que habría intentado engañarla o reírse de ella, lo que tendría graves consecuencias para Sonia.  
     En esos momentos ya notaba la humedad en su entrepierna, no iba a poder disimular  el tenerlas mojadas, pues el solo pensar en la azotaina que iba a recibir su prima Susana en breve, sumada a la angustia de librarse temporalmente de ser castigada, no mitigaba para nada sus nervios y así mismo el temor a recibir una azotaina a manos de su tía, aunque cierta parte de su mente, lo deseaba con fervor, pero sus pensamientos en esos momentos  la hacía estremecerse el solo pensarlo. Se acarició el trasero con su mano izquierda introduciéndola bajo su falda por encima de sus braguitas, poniendo la palma de su mano sobre su nalga izquierda, pasándose los dedos por aquella costura que ribeteaba el fondillo de sus braguitas, en forma de media luna, para pocos segundos después levantarse la falda con la mano derecha, se veía preciosa en el espejo con la cortita falda blanca con las aristas tableadas  y sus braguitas blancas de algodón con aquellas flores de colores en relieve que resaltaba ante la blancura de su falda y de sus bragas haciendo un bonito contraste de colores. 
     Mientras con la derecha mantenía la corta falda blanca tableada levantada a su cintura, dejando a su mirada la nalga izquierda, mientras la falda cubría la otra mitad, la palma de su mano izquierda trazaba círculos lentos sobre la nalga izquierda sintiendo en las yemas de sus dedos, el tejido de sus bragas de algodón así como su suavidad, ahora recordaba la breve tanda de azotes que había recibido, al bajar las escaleras saltando, conocía a su tía, así mismo que ello la enfadaría en extremo, la breve azotaina si se le podía llamar así, porque  aunque fuera breve sabía cuál sería el efecto que causaría en la pequeña María, ya que esa misma sensación la experimentaba ella misma, cuando sentía su mano como la azotaba en el culo, sentía cada azote sobre sus braguitas, y como la brisa causada por la fuerza del azote sentía arder el trasero, y como  su corta falda tableada blanca se levantaba por la fuerza del azote,  dejando expuesto su culo al siguiente, la cual antes de bajarse por su ligereza, volvía a sentir de nuevo la mano en su trasero. Su tía era así, no se ponía de armas en jarras para uno o dos azotes, aunque apenas habían unos metros desde el pie de las escaleras a la mesa, donde aguardaban sus primas y su tío,  con su mano izquierda la sujetaba del brazo izquierdo reteniéndola, al tiempo que la conducía hacia su silla, pero su tía manteniéndola bien sujeta, con su cuerpo ligeramente encorvado hacia delante, y con la derecha asestando unos buenos y seguidos azotes sobre las braguitas blancas de algodón con flores, así era su tía Ingrid. Si algo hacia bien, era dar unos buenos azotes…
     Sonia así mismo iba dando saltitos hacia adelante propulsada por la fuerza de la mano, al sentir los azotes en el culo, pero aunque trataba de acercarse lo más rápido posible ante el ardor en su trasero a su lugar en la mesa, sentía la presión de su antebrazo izquierdo como era sujetada, y al tiempo era retraída hacia atrás, para así impedir su avance, aunque fuera una azotaina breve, en apenas cuatro metros recibiría unos treinta buenos azotes bien seguidos y bien dados, aunque Sonia no tuvo ocasión de verse el culo en ese instante, lo notaba que este le ardía como si le pusieran brasas candentes entre la caliente piel de sus nalgas  y sus bragas por lo caliente que se lo acababa de poner su tía, de habérselo podido mirar, seguro que debía de estar muy colorado, aunque su cerebro intentaba hacerla avanzar rápido, lo único que podía hacer Sonia era encorvar su cuerpo hacia atrás, al tiempo que al dar aquellos saltitos, sacando su tripita hacia delante, al tiempo que el culo hacia adelante, para tratar de librarse de los azotes, pero la mano de tía Ingrid era muy diestra cuando se trataba de calentar un trasero a sus pequeñas, como ella las llamaba cuando estaba de buen humor, algo que sucedía en muy pocas ocasiones. Sonia en su habitación se imaginaba la escena pintoresca que debía de parecer, pero no se podía sacar la imagen de su cabeza, viendo a su tía al pie de las escaleras  esperándola como cuando era una chiquilla, aunque con el tiempo transcurrido ya apenas sentía un leve ardor. En aquellos años solía siempre bajar las escaleras de dos en dos, incluso de tres en tres, recordaba como su tía la esperaba al pie de la escalera, a veces ya con la zapatilla en la mano. El resultado en aquellos años, era que Sonia acababa llorando y con el culo abrasándole por la azotaina que le había dado su tía. Pues en aquellos años, su tía tenía el carácter mucho más fuerte, y no dudaba un instante en colocarla bajo su brazo, bajarle las braguitas y en volandas le daba una buena y severa azotaina.  
       Así era su tía Ingrid…
    Sonia de alguna manera añoraba aquellos años, aunque en ellos aún no sentía los deseos de ser traviesa para acabar con el culo caliente, su ardor por ser castigada, fue algo que surgiría años después, justamente cuando su tío le dio aquella ultima azotaina por sus malas notas. Simplemente sucedían aquellos actos de disciplina, por la disciplina que siempre había existido en aquella casa. Pero la nostalgia de sentimiento spankeee, le hacía recordar aquellos tiempos, en los que tía Ingrid la colocaba bajo su brazo, y como le bajaba sus braguitas para darle una azotaina en volandas. Era una posición en la cual había recibido muchas veces de niña, sucedía cuando su tía Ingrid no tenía una silla cerca donde sentarse, y poner a su sobrinita sobre sus rodillas, ya entonces Sonia prefería que su tía la colocase bajo su brazo, pues en esa posición acababa cansándose y la azotaina resultaba menos intensa, en cambio cuando se sentaba en una silla y  la colocaba sobre sus rodillas, la azotaina solía ser mucho más larga y Sonia acababa llorando por bastante más tiempo echada sobre las rodillas. Añoraba aquellos años, hoy día la mano de tía Ingrid continuaba siendo fuerte, y sus azotainas con la mano dolorosas en extremo, pero aun así, no era nada comparado como siendo niña. Ahora acababa tanto Sonia como sus primas llorando si su tía les daba una azotaina con la mano, pero para hacerlas llorar les tenía que dar mucho más tiempo que entonces. En aquellos recuerdos, Sonia recordaba que solo era ser levantada del suelo, o colocarla sobre sus rodillas, tanto ella como su prima Susana, ya estaban llorando con solo ver lo que se les venía encima.
     Sonia teniendo tales recuerdos en su mente, sumado a lo que se le avecinaba, temblaba de temor con solo imaginarse sobre el regazo de su tía. Tenía nostalgia de aquellos años, ahora solamente su tío William tenia fuerza para colocarla bajo su brazo, aunque con su tío solo verse cerca de él, ya hacía que las lágrimas emanaran de sus pupilas como cuando era una chiquilla, pues la mano de su tío era casi más fuerte, más templada, más dura y temida ahora que en aquellos años, pues en aquellos años, su tío se apiadaba de ella apenas empezaba  llorar, en cambio ahora no era nada piadoso cuando la castigaba. Con tanta añoranza sintió que se estaba mojando, sentía la humedad en su entrepierna, de continuar así, no tardaría en mojar sus braguitas, y de nada le habría servido  el secar la silla restregando su culo y secar el asiento de la silla de sus fluidos, pronto tendía el fondillo de sus braguitas empapado. Por lo que decidió que sería mejor bajarse las bragas y evitar así el mojarlas. Aunque se bajó sus bragas a las rodillas, para no humedecerlas con sus recuerdos y  en breve escuchar la azotaina que iba a recibir su prima Susana. En esos momentos escucho pasos afuera, en el pasillo. Debía tratarse de Susana que se dirigía al salón, Sonia no pudo evitar acercarse a la puerta y abrirla lo justo para poder mirar, aun le dio tiempo ver a Susana antes de disponerse a bajar las escaleras, con su corto vestido de flores, llevando sus manos por debajo de su falda y acariciándose  de arriba abajo y de abajo arriba su trasero por encima de sus bragas, un trasero robusto pero precioso, bien redondeado y a pesar de su madurez aún muy turgente, nada parecido al de Sonia, ya que Sonia era más delgada, tenía el trasero más pequeño y respingón, muy similar al de la pequeña María. El cual era más pequeño pero redondeado como el de su madre, aunque algo respingón, solamente había que ver a Sonia haciendo lo propio que su prima, aunque esta, llevaba las bragas bajadas a las rodillas, mirando por la pequeña abertura de la puerta, temía que su tía subiera por las escaleras a buscar a su hija y pudiera verla estar espiando. Lo que le habría supuesto a Sonia, adelantar acontecimientos.
     En breve perdió de vista a Susana, que ya bajaba las escaleras lentamente.  Sonia escucho un sonido característico de su tía Ingrid, le acababa de soltar dos bofetadas a Susana, y múltiples improperios clásicos en ella cuando estaba enfadada. Era un sonido que reconoció, la misma Sonia las había recibido en sus mejillas sintiéndolas arder al instante. La bronca que le largo fue apoteósica, aunque Sonia desde su escondite trataba de escuchar pero no llegaba a escuchar con claridad. Por lo que opto por abrir la puerta lo justo para que su cuerpo pudiera escurrirse y salir  en cuclillas, con sus bragas bajadas en sus rodillas caminó a pasos cortos hasta la baranda de la escalera, desde ese punto podía ver lo que ocurría abajo en el salón, sin ser vista. Pero Sonia no había visto entrar a su tío momentos antes de que ella subiera a su habitación, este apareció por detrás de ella sin que se diera cuenta. Susana ya estaba sobre las rodillas de su madre recibiendo la azotaina, le había bajado las bragas nada más colocarla en el regazo, y Susana ya estaba llorando, pues su madre la estaba azotando con el cepillo de baño.
      Sonia estaba tan abstraída viendo como  su prima se debatía  sobre las rodillas de su madre, que no se percató que su tío había aparecido tras de ella. Este, no decía nada, simplemente guardo silencio  observando a su sobrina que es lo que hacía en cuclillas y con las bragas bajadas a la altura de sus rodillas, para cualquiera que la viera podría decir que estaba haciendo pis, pues la posición era similar. Pero su tío no dudaba un instante que hacia la desvergonzada de su sobrina.  Pues su tío no podía ver desde detrás de ella lo que Sonia hacía con su mano derecha, pero si veía que está desaparecía bajo su corta falda blanca tableada, la mano izquierda si la divisaba, pues con esta, Sonia se agarraba a uno de los barrotes de madera rustica de la escalera, para así mantener el equilibrio. Lo que si destacaba en el suelo de piedra, era unas pequeñas gotitas que caían manchando el suelo, estas apenas fueron dos o tres gotitas, pero al ser el suelo de piedra, resaltaban sobremanera.
     Pero no únicamente resaltaba esas pequeñas gotitas, lo que más resaltaba era el trasero de Sonia, al estar en cuclillas, la corta falda blanca se le había subido de tal manera que está quedaba a la altura de su cintura, dejando totalmente el culo abultado y redondo  al aire, aun algo sonrosado por los azotes recibidos hacía ya casi una hora. Justamente por algo que ver con la escalera, y mira por donde, ahora no presagiaba que lo fuera a pasar muy bien, pero su tío, se mantenía en silencio observándola.
     Sonia totalmente abstraída viendo como su prima era castigada, seguía jugando con sus dedos anular e índice, totalmente absorta en lo que estaba sintiendo en su entrepierna, la posición era claramente incomoda, pero viendo como el trasero de su prima se enrojecía cada vez más y más, teniendo una visión de él privilegiada, pues la visión desde lo alto de la escalera, era fascinante en ese primer plano desde lo alto, viendo como su prima echada boca abajo sobre el regazo de su madre, y como la mano subía sin poder ver a que altura llegaba, para luego aparecer  bajando una, otra y otra vez. Pues dado su ángulo de visión, solamente podía ver a su tía desde el pecho hacia abajo, la cabeza y hasta donde levantaba el brazo, el techo del salón no le daba visibilidad a más, en cambio, si tenía total visibilidad de su prima. Así como se debatía teniendo las bragas bajadas a la altura de sus rodillas, el agitar de sus piernas, que vistas desde lo alto, era una visión fabulosa como se abrían y cerraban dejando su sexo rasurado plenamente a su oculta mirada desde lo alto. Tan fabulosamente fantástica, que Sonia no pudo reprimir un gemido de placer al llegar a un orgasmo intensísimo. Llegando incluso a perder el equilibrio por un momento, cambio sus pies de posición abriendo así mas sus rodillas, haciendo al mismo tiempo que sus bragas se estirasen aún más, entonces hubo un momento de necesidad por la forzada posición, que la obligo a cambiar ambos pies, al hacerlo tuvo que contonear sus caderas de lado a lado, estirando el brazo izquierdo con el que se ayudaba para no caerse de culo al suelo. Al realizar ese cambio de posición, vio una sombra tras ella…
(Sonia)   -.  María… no hagas ruido o nos va a pillar tu abuela. .- Lo dijo sin mirar atrás, creyendo que era su primita… pero una voz, la saco de su error en el acto.
(Sr. Adams)   -. Su abuela no te va a pillar… pero si lo ha hecho su abuelo!!!
      Sonia al escuchar la voz del tío, casi se hizo pis del susto que se había llevado, se levantó sobresaltada en el acto  subiéndose las bragas, sabiendo que iba a resultar imposible buscar una explicación, difícil explicar que estaba haciendo en cuclillas y espiando.
(Sonia)   -. Tío William!!!... No es lo que parece… estaba… en la habitación y he oído… gritos de la tía… y…
(Sr. Adams)   -. De verdad crees que vas a poder explicarme esto? Te piensas que tu tío se chupa el dedo? Ya hace años que deje de chuparme el dedo, niña!!! Crees que vas hacerme creer, que has salido de la habitación con las bragas bajadas enseñando el culo, cochina!!! y que has salido alarmada por escuchar gritar a tu tía, de verdad que crees que me vas a convencer… Y esas gotas en el suelo? Te has fijado en el suelo, marrana!!! Es que te piensas que tienes quince años para masturbarte como una adolescente!!! Eres toda una mujer y te comportas como una chiquilla… en qué diablos estás pensando Sonia!!! Tienes treinta y tres años…!!! Y no aparentas más de catorce!!! Pero ya te voy a enseñar yo hacer cochinadas!!! .- Sonia estaba muy avergonzada, la habían pillado infraganti. No había manera o forma de encontrar una buena excusa o razón para definir lo que hacía. La había sorprendido masturbándose en cuclillas y con las bragas bajadas a la altura de sus rodillas, eso era imposible de explicar. Sonia miraba a su tío William aterrada, pues se había desabrochado la boca manga de su camisa a cuadros, y para más temor para Sonia, se la estaba arremangando hasta por encima del codo, primero lo hizo con la derecha, y luego con la izquierda. Luego lo vio como tomaba asiento en un taburete pequeño que estaba tras él. -. Bien desvergonzada!!! Vas a venir aquí? O voy a tener que ir a buscarte!!! Te voy a poner el culo más colorado que un tomate maduro, y luego tu tía ya te arreglara a ti, sinvergüenza!!! A ver que le explicas a ella, no creo que le guste saber lo que hacías… de hecho puedes escuchar como recibe tu prima, y ella no ha hecho tal cochinada como tú! Buena te espera cuando se entere!!! De la manera que berrea tu prima, de la azotaina que le está dando en el culo con el cepillo, te puedes preparar, DESVERGONZADA!!! Luego será tu culo el que reciba… Pero ahora vas a ver cochina!!! Trae ese culo aquí, ya!!!
     Sonia miraba a su tío asustada, con su mano derecha introducida bajo su falda, se acariciaba el culo por encima de sus braguitas blancas de algodón con flores de colores en relieve, estaba muy avergonzada. Mientras avanzaba dando pasos cortos hacia su tío, pronto estaba arrimada a su muslo derecho, y sintió como las manos de este, la sujetaba de su cintura aupándola para colocarla sobre sus rodillas, pronto se vio acomodada sobre ellas, sintiendo como le levantaba la falda, quedando su sobre su espalda estirada, podía sentir el peso ligero de la falda arremangada e introducida en la pretina de su cintura para que se quedara sujeta y no se le bajase al darle los azotes. Sonia temía que de un momento a otro le iba a bajar sus bragas, pues sentía como la mano derecha de su tío se introducía en el elástico ribeteado de puntilla fina. Pero lo que hizo fue subirle bien las bragas y luego hizo igual con el elástico de las perneras de sus bragas, sintiéndolas bien tensas y tirantes, de manera que cubría bien su trasero.  Avergonzada de sentir como las manos de su tío la manoseaba el trasero, acariciándoselo  con la palma de su gran  mano abarcando su pequeño y abultado trasero que resaltaba  por la postura.
     El taburete era bajo para la estatura de su tío,  por lo que en tal posición su tío apoyaba sus pies por el talón cruzando uno sobre otro en el suelo, mientras su espalda quedaba apoyada en la pared con firmeza, con lo cual permanecía en relativa comodidad  y plena libertad de movilidad para su brazo derecho, quedando relativa postura incómoda para él, dada su elevada estatura, cualquiera diría que  teniendo  las piernas semi estiradas no estaría cómodo, pues las tenía que estirar en un Angulo de unos setenta grados en la articulación de sus rodillas, en vez de los noventa que estaría en una silla más cómoda para él y su estatura, en tal posición el costado de Sonia quedaba retirado del estómago de él, como unos veinte centímetros de separación,  estando echada boca abajo sobre el regazo de su tío, su cabeza colgaba y sus brazos a la altura del codo tocaban el suelo, así como sus manos, podía notar  como sus rodillas  se apoyaban al suelo.  Pero dada la posición, lo que realmente facilitaba era el que su brazo derecho, no tuviera problemas para darle una buena azotaina a su sobrina, pues al quedar su cuerpo separado de su barriga unos veinte centímetros, no tendría nada que le estorbase o resultara molesto para él, en una silla convencional, tendría que entre girar su cuerpo hacia su costado derecho, para así, separar la cintura de su sobrina y poder alcanzar a azotar la nalga izquierda, en cambio así en el taburete, no le costaría trabajo alguno el calentarle el culo como debía hacerlo.
     (Si alguien se pregunta por qué esta descripción, es la explicación porque a las spankee´s se les marca más la nalga derecha que la izquierda, debido a que el spanker no puede azotar de la misma manera, la nalga izquierda que queda más arrimada a su cuerpo, y la derecha al estar más retirada es la que queda más marcada utilizando la mano derecha para azotar el spanker)
       No tardo Sonia en sentir la mano como caía una y otra vez sobre su trasero, los primeros azotes fueron calentando su trasero de manera progresiva, no tardó mucho en sentir el ardor en el culo, y como ese ardor se iba volviendo cada vez más y más intenso. Los azotes dolían de lo lindo, el fuerte brazo de su tío William se hacía patente a medida que la azotaina se iba haciendo mas intensa. A pesar de tener las bragas aun puestas,  la azotaina en el culo estaba haciendo mella en ella, trato varias veces de taparse el culo con la mano derecha, pero sus intentos resultaron infructuosos ya que su mano acabo sujeta a su espalda, ahora ya nada podía hacer para intentar cubrirse el ardiente trasero. Sonia pudo darse cuenta que su tío no estaba siendo tan severo como en otras ocasiones, aunque el culo lo sentía arder como si tuviera fuego prendido en él, su mano derecha inmovilizada, su mano izquierda le resultaba imposible pasarla por delante del cuerpo de su tío que se interponía, sus piernas estando con sus rodillas tocando el suelo, le resultaba difícil el agitarlas, por lo que solamente podía forcejear intentando mover sus caderas, algo que lograba a veces, pero los azotes caían en esos momentos más fuertes sobre su ya muy caliente trasero. A medida que la azotaina se estaba intensificando, debido a que el ardor del culo se acrecentaba por momentos haciendo resultar para Sonia imposible de soportar aquel intenso fuego. Las lágrimas no tardaron en aparecer en sus pupilas, para poco después comenzar  a llorar descontrolada.
       La azotaina estaba siendo muy dura para Sonia, ahora sus piernas se levantaban del suelo, agitándolas de manera alocada, su cuerpo se retorcía sobre el regazo de su tío William, pero para esté, no resultaba problema alguno, por lo que intensifico la azotaina siendo más rápidos los azotes en el culo de su sobrina, apenas tenía Sonia resuello entre azote y azote. Algo que entre llorar de manera incontenible, lo peor era la mucosidad mezclada con la saliva, lo que hacía que de la boca al tenerla abierta con sus protestas, esa mucosidad salía por su boca.
      Sonia sintió en cierto momento tener libre su mano derecha, algo que aprovecho para llevársela al ardiente trasero. Pero no tardo en percatarse del porque tenía su mano derecha libre, su tío había aflojado por unos instantes el mantenerla bien sujeta sobre sus rodillas. Pero inmediatamente sintió como los dedos de sus manos, se introducían en el interior del elástico de la cinturilla de sus bragas, y como procedía a bajárselas. Al sentir la brisa fresca en el culo a medida que le bajaba las bragas, Sonia por acto de auto reflejo, pudo llevarse al trasero su mano izquierda, y antes de que su tío le bajara las bragas más abajo del inicio de sus muslos, intento sujetarse las bragas con las manos, lo que le costó recibir varios azotes en los muslos e interior de ellos, con lo que ante el vivo dolor en sus muslos, soltó sus bragas, llevándose ambas manos a ellos para protegerse. Y su tío volvió a introducir sus manos bajo sus bragas, y de un tirón brusco se las bajo a las rodillas. Continuando la azotaina sobre su trasero ahora desnudo, mostrando a sus ojos lo colorado que ya le había puesto el culo. La azotaina aún se prolongó durante varios minutos, algo que a Sonia le parecieron horas, aunque apenas fueron unos veinticinco minutos de duración, sobre su culo desnudo, al tener sus bragas bajadas a sus rodillas.
   Sonia agotada de patalear y llorar, no pudo hacer nada más que mantenerse sobre las rodillas de su tío, rindiéndose a la azotaina que estaba recibiendo. Su tío al ver que ya no ponía resistencia alguna, siguió calentándole el culo a su sobrina sin tregua. Cuando dio por finalizada la azotaina, Sonia tenía el culo muy colorado. Su tío la libero dejándola exhausta sobre su regazo. Ella al sentir que ya no caía mas azotes sobre su trasero desnudo, se quedó quieta llorando, con sus manos sobre su trasero. Hasta que fue sacada de su sopor al hacerla levantar del regazo, colocándose de pie junto a su tío, sin dejar de sobarse el culo.
(Sr. Adams)   -. Bien!!! Sinvergüenza!!! Ya estas metiéndote en tu habitación, tienes suerte que no me saque el cinturón y te deje bien arreglada!!! Pero estoy seguro que a tu tía cuando se entere subirá a por ti… y ya te puedes preparar para la que te espera!!!  Y si no me quito el cinturón es por tu tía, pues ella te dará tu merecido tanto si te pongo el culo morado con el cinturón, como si no!!! Ella subirá a darte una de buena, la conozco y se va a enfurecer mucho… entra rápido antes de que me arrepienta… cochina!!! 
     Sobándose el culo con la mano derecha, mientras con la izquierda se secaba las lágrimas, Sonia entro en su habitación llorando, aun con la falda sujeta a la pretina de la falda y llevando el culo al aire, pues sus bragas aún permanecían a la altura de sus rodillas bajadas. Como se movía con lentitud por el dolor del culo, su tío William fue tras ella dándole unos buenos azotes con la correa, pues ante la parsimonia que Sonia se dirigía a su habitación, su tío acabo sacándose el cinturón y entrando tras ella dándole unos buenos correazos en el culo desnudo…  no contento con arrearle con el cinturón, se aseguró de que no estuviera nada cómoda, y el mismo le subió las bragas y al hacerlo lo hizo con tal fuerza, que levanto a Sonia del suelo unos centímetros al ajustarle las bragas a la cintura, luego le bajo la falda… y salió de la habitación cerrando la puerta de un portazo…
    Sonia estaba muy adolorida, acababa de recibir una azotaina de las buenas, y los pocos correazos que recibió en el culo desnudo, acentuó sobre manera el ardor intenso del trasero. Estaba muy preocupada por lo que se le avecinaba o lo que se le venía encima, su tía Ingrid apenas el marido la informara aparecería por la puerta de su habitación de manera inmediata… estaba muy nerviosa. Sentía una enorme angustia, sobre todo sentía como en su estómago revoloteaban miles de mariposas, y sentía que lo tuviera vacío, pues sonaban sus intestinos del miedo que tenía.
    En apenas unos minutos se escuchó que por las escaleras subía alguien con mucha prisa, la puerta de su habitación se abrió de golpe, de la fuerza que empleo quien entraba, la puerta golpeo en la pared haciendo arrancar del suelo, el tope que este debía impedir que la puerta llegara a dañar la pared. Era su tía Ingrid con cara de muy pocos amigos, rauda fue hacia Sonia y le cruzo la cara hasta en cuatro ocasiones, de las cuatro bofetadas que le dio su tía, cuatro, que fueron ocho, ya que primero le dio con la palma en la mejilla izquierda  y luego con el revés en la mejilla derecha, y así hasta cuatro veces. Luego la agarro con fuerza del lóbulo de la oreja, y tirando de ella la llevo escaleras abajo al salón, cuando se rezagaba, la soltaba de la oreja y volvía a cruzarle la cara, y no contenta con ello le soltaba varios azotes en el culo por encima de la falda, su tía estaba muy enfadada con su sobrina, entre bofetadas y azotes en el culo llegaron al salón… donde al soltarla ante su tío, aun se llevó dos bofetadas más, con lo que se cumplía las advertencias que le hizo a Sonia su tío William.
(Sra. Adams)   -. Ahora desvergonzada!!! Me vas a contar que hacías cuando tu tío te ha sorprendido… serás cochina!!! Marrana!!! Desvergonzada!!! Sinvergüenza!!!
    Sonia miraba a todas partes, no sabía a donde mirar… en uno de los rincones vio a María aun con las bragas bajadas y el culo como un tomate maduro de colorado que lo tenía… En el otro rincón, estaba su madre Susana. Tenía el culo completamente amoratado de la terrible azotaina que había recibido hacia unos instantes con el cepillo de madera… El cual estaba sobre la mesa del salón, y al cual, Sonia no podía apartar sus ojos de él.
(Sra. Adams)   -. Vas a hablar cochina!!! .- Dos bofetadas se volvieron a escuchar. -. Desvergonzada!!! Me vas a contar que estabas haciendo de una vez… COCHINA!!!
    Sonia miraba al suelo, no se atrevía a mirarles a la cara, ni a su tío, y mucho menos a su tía Ingrid… Nunca la había visto tan enfadada como en esos momentos… el lóbulo de su oreja volvió a sentir la presión de los dedos de su tía, no contenta, le volvió a cruzar la cara con otras dos bofetadas bien dadas, e insatisfecha, se acercó  a donde estaba el cepillo y lo agarro de la mesa del salón, y se lio a cepillazos en el culo de Sonia por encima de la falda. Esta saltaba a cada fuerte azote de cepillo manteniéndose de pie en el salón, que fueron varios los que recibió y bien dados…
(Sra. Adams)   -. No vas a hablar desgraciada!!! Bien tú te lo has buscado, sácate la falda, quítatela… COCHINA!!!
      Sonia no se atrevía a mirar a tía Ingrid, pero se sentía avergonzada y la vergüenza de tener que quitarse la falda ella misma, era algo nuevo para ella. Había estado desnuda en las últimas semanas muchas veces delante de sus tíos. Incluso la habían conducido al baño hacer sus necesidades, le habían cambiado pañales y eso si resultaba muy vergonzoso para ella. la habían desnudado para ir a dormir, había tenido que esperar a que vinieran sus tíos para vestirse, incluso no había podido cambiarse ella misma de braguitas, tenía que aguardar a que se las quitaran y se las pusieran limpias, todo ello resultaba para ella súper vergonzoso. Pero ahora debía quitarse ella misma la falda, y eso la avergonzaba terriblemente. Pero a pesar de todo no tenía más remedio, se las tenía que quitar y quedarse en braguitas. Los dedos temblorosos se desabrocho el botón de la falda y bajo la cremallera lateral, la falda cayo a sus pies formando una corona.
(Sra. Adams)    -. Bien pequeña sinvergüenza!!!  Ya veo que no aprendes!!! Ahora sácate las bragas!!!
     El quedarse ante sus tíos en bragas era algo que le producía mucha vergüenza, pero tener también que quitarse las bragas, eso era superior a sus fuerzas.  Introduciendo los dedos entre la cinturilla de sus braguitas, iba a bajárselas ella misma. Pero la vergüenza de tener que hacerlo ella misma resultaba superior a sus fuerzas, había estado desnuda ante su tía muchas veces, así como también en presencia de su tío, no hacía más que unos minutos que había tenido sus bragas bajadas delante de su tío y este la había podido ver desnuda, incluso verle sus partes íntimas, pero no era lo mismo que le bajasen las bragas y enseñar su sexo, así como mostrar su trasero desnudo y  todo colorado como un tomate después de recibir una azotaina. Pero tener que bajárselas ella misma no lo había hecho nunca, o al menos no lo recordaba. Cierto que había tenido que ponérselas en ocasiones, después de haber salido sus braguitas despedidas por el pataleo o el agitar  de sus piernas y haber salido estás  por si mismas de sus pies. Pero ello había sucedido de manera accidental o por causas ajenas a sus deseos, durante el transcurso de una azotaina.  Muerta de vergüenza  se las bajo un poco a la altura de su ombligo, ya que hacía unos minutos que su tío se las había subido, y lo había  hecho de manera brusca subiéndoselas por encima de su ombligo, ya que las bragas de algodón se daban  bastante de sí mismas si eran forzadas, pero ahí se detuvo poniendo su rostro colorado, aunque esto no era visible, pues tenía coloradas las mejillas de las bofetadas recibidas.  Pero al ver que su tía se acercaba a ella con el cepillo en la mano, se las bajo de inmediato a medio muslo, no se las pudo bajar más, no por la vergüenza que sentía, que era mucha. Si no, porque su tía Íngrid ya la estaba azotando de nuevo con el cepillo ahora en su culo desnudo. Entre veinte y treinta buenos azotes le hizo bajarse las bragas y quitárselas, a pesar que su tía la estaba calentando el culo, y como Sonia se agacho para sacarse las braguitas, también recibió varios azotes en sus muslos, incluso más abajo.
    Sonia estaba muy nerviosa, así mismo muy avergonzada, se hallaba desnuda de cintura para abajo y lo peor de todo, lo había tenido que hacer ella misma intimidada por los azotes que recibía en el culo al no obedecer. Tu tía estaba muy enfadada con ella…
(Sra. Adams)   -. Ahora que estas sin falda y  bragas, vas a ser buena chica y me vas a contar que hacías cuando tu tío te ha descubierto haciendo algo que no debías de estar haciendo… o te lo saco yo a base de cepillo…
     Solo le faltaba a Sonia que encima su tía le recalcara una y otra vez en qué estado de desnudez se encontraba. La vergüenza que sentía ya de por sí, era demasiada para ella, y no hacía más que pasar por su mente, el cómo habían sucedido los acontecimientos. Estaba muy avergonzada, tenía las mejillas que le ardían de las bofetadas que había recibido, y por si no fuera suficiente, tenía el culo que le abrasaba por la azotaina que le acababa de dar su tío William, y si no fuera suficiente, acababa de recibir más azotes en el culo con el cepillo de baño a manos de su tía, y estos le habían dejado el trasero aún más dolorido así como el fuerte ardor que le quemaba el culo.  A todo ello, se encontraba desbordada por el momento tan forzado, pues si contestaba diciendo que estaba haciendo, le iban a dar la azotaina de su vida. Y si no decía nada, iba a correr la misma suerte o quizás mucho peor.  La situación era desesperada para Sonia, hiciera lo que hiciera no se presagiaba nada bueno. Además la vergüenza que la embargaba era tanta que no sabía a donde mirar, a sus treinta y dos años, casi treinta y tres, y se encontraba en una situación muy delicada para ella.
     A más tenía a su lado a su tía, que no hacía más que darle azotes en el culo desnudo, haciéndola bailar una danza, pues como no respondía rápido a sus demandas, esta no hacía más que descargar certeros azotes en el culo, o el inicio de sus muslos, al tiempo que la mano libre, la izquierda, le daba bofetadas cuando se ponía las manos en el trasero para tapárselo y que su tía no la pudiera seguir dando aquellos tremendos azotes a golpe de cepillo.
      Sonia tenía el culo amoratado y muy colorado en los rebordes de sus nalgas, así como sus caderas se iban también tiñendo de color rojo, pues Sonia se movía desesperada a cada azote que su tía le administraba y Sonia meneando sus caderas, así como saltando para evitar recibir tan dolorosos azotes, que sin intención por parte de su tía le daba azotes en muslos y caderas, pues a donde iban claramente dirigidos era a su muy adolorido trasero desnudo.
(Sra. Adams)   -. Vas a responder de un condenada vez? Vas a decirme que estabas haciendo? Que es eso cochina desvergonzada de estar espiando en el hueco de las escaleras, mientras estaba dando una azotaina a tu prima!!! Y con las bragas bajadas marrana!!! Tocándote como una posesa mientras tu prima lo estaba pasando muy mal…!!! Es que no tienes remordimientos de conciencia? Te crees que es eso justo, sinvergüenza!!! Tu prima Susana llorando mientras yo la estaba castigando, dándole una buena azotaina, y tu cochina espiando desde arriba… Tenías buena vista verdad desvergonzada!!! Pero ya te voy a arreglar cochina!!! Marrana!!! Pero te voy a enseñar yo!!! No vas a responder… Pues vas a ver sinvergüenza!!!
     Sonia no se atrevía a responder, estaba en un estado de terror o pánico, sabía perfectamente que nada la iba a librar de una buena zurra. Estaba asustada como pocas veces había estado, pero su tía Ingrid le infundía un miedo atroz. Si hablaba y explicaba que hacía, estaba perdida, como se puede explicar a una mujer como ella de firmes convicciones, tanto morales, como religiosas, por no hablar de su forma de creer en una férrea disciplina, y que la mejor disciplina solamente aplicándola sobre la carne era posible lograr un comportamiento ejemplar. Como podía explicarle que todo lo que le había contado su marido, era totalmente cierto. Que la había sorprendido en cuclillas espiando, como ella, tu tía… le estaba propinando una buena azotaina a su hija, con las bragas bajadas y dándole una terrible azotaina con el cepillo de madera, y… Que esas imágenes, para ella… Su sobrina Sonia de treinta y dos años, la  habían excitado sobre manera y estaba en el piso superior espiando en el hueco de la escalera, como ella le calentaba el trasero con firmeza a su hija Susana, y Sonia su sobrina predilecta, se estaba masturbando y teniendo uno de sus orgasmos más evocadores y placenteros de su vida. Que se había bajado las bragas momentos antes, no para masturbarse, si no para asi no humedecer sus braguitas blancas de algodón con florecillas, y engañarla a ella, su tía. Cuando subiera a revisarle las bragas. Como era posible confesar todo eso, seria ganarse a ciencia cierta la mayor de las azotainas posibles e imaginables…
     Sonia prefería esperar como salía de aquel atolladero, antes que buscarse un castigo que no podía ni imaginarse como podría acabar, era mejor para ella seguir recibiendo azotes o bofetadas, antes que confesar que todo lo que su tía Ingrid había comentado por referencia de su marido era cierto. Sobre todo no deseaba volver a estar una temporada siendo castigada, sabía que si hablaba demostraría que se había comportado como una adolescente, y algo así no era a su juicio salir bien parada del problema. Sobre todo deseaba evitar que su tía, viera en ella que su comportamiento había sido infantil y desafiante a ella. Conocía muy bien a su tía Ingrid, demasiado bien. Por mucho menos de lo que había hecho, había estado casi tres semanas teniendo que dormir todas las noches con pañales, con la terrible humillación y degradación que era para ella.
     La primera vez que su tía la castigo de esa manera, disfruto sobremanera de tener que dormir con sus pañales puestos, incluso se podría decir que ello hizo realidad una de sus más oscuras  y ocultas fantasías. Pero eso era algo que cuando nunca ha ocurrido, se puede llegar a disfrutar, incluso gustar vivir esa experiencia. Pero cuando se ha vivido durante varias veces, ese mismo castigo a modo de disciplina, o así lo interpretaba su tía Ingrid, una práctica necesaria para una buena disciplina. Era una experiencia que no deseaba vivirla de nuevo, ya le había sucedido más veces de las que ella podría contar y que para nada se podía encontrar algo erótico en ellas.
     Sonia no pensaba en nada, bastante tenía con verse desnuda ante sus tíos, mantenía sus manos cruzadas ocultando su sexo, no es que no la hubieran visto desnuda, pues recientemente a sus treinta y dos años, había pasado tres semanas teniendo que soportar ser bañada, secada y vestida por sus tíos. Y para más inri… había soportado que la embardunara su sexo de polvos talco cuando le ponían un pañal limpio y seco. Pero en esta ocasión había algo que resultaba completamente diferente para ella, podría resultar una tontería quizás a ojos de sus tíos. Pero para ella el tener que desnudarse ella misma, era su peor experiencia vivida,  desde que vivía en la casa con sus tíos, que nunca la permitían vestirse sola, o que ella eligiera la ropa que se iba a poner ese día, o cualquiera de los días en aquella casa. Habían días que por buen comportamiento la permitían vestirse sola y por sí misma. Pero la ropa que debía ponerse, siempre era sacada del armario por su tía, incluso la ropa interior, ni unas bragas se las podía poner por libre albedrio. El tener que sacarse la falda y las bragas por ella misma, había resultado demasiado vergonzoso para ella.
    Su tío permanecía sin decir nada apoyando su espalda en la pared del salón con los brazos cruzados, no perdía detalle de lo que sucedía en el salón. Sonia cubriéndose el sexo con sus manos, no había estado apenas cuatro minutos sin recibir unos azotes o bofetadas por su tía. Sus ojos en la casi media hora que llevaba en el centro del salón, no habían dejado ni in instante de llorar, pero ahora había transcurrido unos minutos de relativa calma, pues su tía claramente estaba agotada, miraba a su sobrina con la mirada encendida de ira, estaba furiosa con Sonia, y esta la miraba asustada sin dejar de cubrirse su sexo, sus mejillas la ardían de las bofetadas que había recibido que habían sido unas cuantas, el trasero lo tenía ardiendo en llamas. Ahora que llevaba unos minutos de relativa calma, con la mano derecha se cubría el sexo desnudo, mientras con la izquierda se la pasaba por las mejillas secándose las lágrimas, y disimuladamente bajaba sus mano por su cadera y la posaba en su ardiente culo, acariciándoselo con suavidad, pues este le picaba horrores, así como lo sentía arder intensamente, pero al pasar su mano sentía el calor que desprendía el culo en la palma de su mano.
     Miraba en todas las direcciones, preocupada veía en el rincón de la derecha a María aun con sus braguitas bajadas desde la mañana y castigada cara a la pared, por haberse masturbado en la mesa, mientras Sonia recibía unos buenos azotes. Susana son el culo amoratado estaba castigada igual que su hija, mirando a la pared. Y en el centro del salón estaba Sonia siendo regañada y recibiendo azotes alternos al negarse a contestar. En definitiva, las tres tenían sus traseros sumamente doloridos y muy colorados. Pero se destacaba el amoratado trasero de Susana, aunque Sonia no podía vérselo en esos instantes, pero también lo tenía muy colorado e incluso con algunas marcas recientes moradas, por los azotes fuertes que había recibido con el cepillo, y que no iban a ser los últimos, tanto Susana, María y la propia Sonia, sabia está perfectamente que aún no había acabado de recibir, pues lo que había recibido hasta el momento, la única azotaina bien dada era la que le había dado su tío William en el rellano del piso de arriba, y la razón que llevara el culo colorado como un tomate maduro...
(Sra. Adams)   -. A ver vosotras dos… Subiros las bragas y subid a vuestra habitación!!! Y en cuanto a ti, pequeña sinvergüenza!!! Recoge tu falda y tus bragas y vete a tu habitación, ahora estoy demasiado cansada para darte tu merecido, luego subiré a encargarme de ti, no creas que te vas a librar de esta tan fácilmente… William puedes encargarte de ella por mí, no quiero que piense que nos hemos ablandado. Dale una tunda bien dada con el cinturón, y la metes en la cama con un pañal… Ya que no sabe comportarse como la mujer que es, le enseñaremos a ser una buena niña!!!
      Susana fue la primera en subirse las braguitas, y sin bajarse la falda que la llevaba sujeta en la pretina, así se encamino hacia las escaleras. María se las subió lentamente, hasta ajustarse bien las braguitas en su cintura y pasando la mano derecha atrás, soltó la falda que la tenía sujeta a su cintura. Sonia recogió la falda del suelo con la mano derecha, luego con la izquierda recogió sus bragas. Llevando falda y bragas en sus manos, se encamino hacia las escaleras, las tres coincidieron a la hora de empezar a subirlas, era todo un cuadro vistas desde abajo, quien tenía plena visibilidad de ellas era el padre, abuelo y tío de ambas chicas. Que subía detrás de ellas, viéndolas como ascendían las escaleras, Susana con la falda aun sujeta sobre la pretina de su cintura y sus braguitas blancas de algodón con lunares de colores, eran una visión de lo más evocadora… En cambio María subía al costado derecho de su madre, con la falda bajada y mostrando bajo la corta falda sus braguitas blancas de algodón igual que las de su madre, con lunares de colores. Sonia subía detrás de ellas llevando sus bragas en su mano izquierda, y la falda en la derecha, mostrando claramente su rojo trasero. Susana con una mano en el culo, iba subiendo lentamente las escaleras, a su costado, subía su hija María también con una de sus manos sobándose el culo bajo la falda, Sonia tras de ellas, se pasaba la mano izquierda por el culo que debía de molestarla al subir las escaleras, al igual que les molestaba a sus primas Susana y María.
     Al llegar al rellano, Susana y María continuaron a sus habitaciones, se les notaba que les molestaba el trasero al caminar, al igual que le molestaba a Sonia. La primera puerta del rellano era la habitación de Sonia, esta miro hacia atrás y vio que detrás de ella iba su tío William, y para su asombro, detrás de él iba su tía Ingrid. Al entrar en su habitación fue hacia la cama depositando sobre la cama la falda y sus bragas que prácticamente las arrojo sobre las sabanas. William su tío, entro poco después ya con sus manos en la hebilla de su cinturón, detrás entraba su tía Ingrid que cerró la puerta a su paso.
     Sonia tenía los ojos abiertos como platos, viendo como su tío se desabrochaba el cinturón, este no tardo más que unos segundos en liberar el cinturón de las presillas del pantalón. Y teniéndolo en su mano derecha, con la izquierda unió ambos extremos a su mano derecha, una vez unidos, dio una vuelta del cinturón sobre su muñeca y pasando el resto sobre la palma de su mano derecha la cual cerro apretándolo con fuerza. Sonia solamente tenía ojos para mirar el cinturón en su mano derecha, ella ahora lejos de sentir pudor por mostrar su sexo, le preocupaba más su trasero, por ello tenía sus dos manos posadas sobre su pequeño culito. Tenía ante ella a su tío William con el cinturón colgando de su mano derecha, su tía Ingrid se había quedado en la puerta en la cual se había apoyado.
(Sr. Adams)   -. Sonia!!! tu tía y yo sabemos que ya no eres ninguna niña. Eres toda una mujer, pero no llegamos a comprender este comportamiento tuyo. Tienes treinta y dos años, en un mes, vas hacer los treinta y tres años, es incomprensible que te sigas comportando como una niña pequeña, ya deberías haber aprendido que en esta casa no nos gusta tu comportamiento, eres una mujer, pero… para nosotros siempre serás nuestra pequeña, te hemos criado como a nuestra propia hija, y nos cuesta tener que ser duros contigo, pero no nos dejas otro remedio más que castigarte siempre y cuando lo creamos conveniente. Y en esta ocasión has ido demasiado lejos pequeña!!! Es algo que está muy feo, lo que estabas haciendo hace unos momentos, cuesta comprender que te comportes de esta manera, pero es intolerable lo que estabas haciendo en el rellano, junto al hueco de la escalera. Tu tía si te llega a ver ella, ahora mismo habría cogido una buena vara y te habría dejado el culo en carne viva con ella. Si no lo ha hecho, es porque no se lo he permitido, una cosa es dejarte el culo morado o colorado como un tomate, y que no te puedas sentar en una semana, pero una muy diferente es arrancarte la piel con una fina vara. Pero debes comprender que es muy grave lo que estabas haciendo, ¡¡¡joder Sonia!!! Susana es nuestra hija!!! Como se te ocurre ponerte en cuclillas con las bragas bajadas y masturbarte de una manera indecente, mientras nuestra hija es castigada por hacer lo mismo que tú, masturbarse!!! Pero ella lo ha hecho de manera no menos indecente que tú!!! Y por ello ha recibido una buena zurra, y durante días se va a acordar de este día, no creo que lo vuelva hacer en un tiempo… Pero como se te ha ocurrido hacerlo de una manera tan indecente? No te pienses ni por un momento que nos chupamos el dedo tu tía o yo!!! Sabemos lo que sois las tres!!! Y que os gusta recibir azotainas en el culo, dicho de otra manera, “sois unas spankee´s desde la cabeza a los pies”.  Nosotros somos spankers los dos, entiendes? Por lo tanto sabemos que el masturbaros es algo obvio y natural. El hacerlo no es algo que se prohíba en esta casa, pero si os pillamos con las bragas mojadas, lo normal es castigaros por ello con una buena azotaina… Pero… Joder!!! Sonia!!! No delante nuestra y de manera tan descarada como lo has hecho tú, eso SINVERGUENZA!!! NO SE DEBE HACER!!! Y si os pillamos haciéndolo se os castiga como corresponde, por eso ahora nos vemos en la obligación de darte una buena azotaina de escarmiento, no creo que sea necesario añadir nada más!!! Prepárate!!!
     Sonia estaba avergonzada como nunca lo había estado, no era capaz de mirarlos a la cara a ninguno. Pues sabía que tenían razón para darle una buena azotaina, era verdad, se estaba masturbando descaradamente mientras que la castigada era su prima e hija de sus tíos, y se estaba tocando con sus dedos cuando su tío estaba detrás de ella, en un lugar donde era claramente visible una acción así.   María había sido castigada porque ella misma se había chivado que lo estaba haciendo, pero ninguno de sus abuelos la había visto hacerlo. Con Susana la habían descubierto por mojar el asiento donde estaba sentada, y por tanto la habían pillado infraganti, y en su caso la gravedad para la severidad de su castigo, era porque lo hacía al ser castigada su propia hija, por cual era menester aplicarle una azotaina más severa. Y ella… ella… ella había sido sorprendida haciéndolo descaradamente…
     Sonia mientras su mente daba vueltas a todo lo sucedido, vio cómo su tío se acercaba a ella sin mediar más palabras, le levanto el brazo izquierdo hacia arriba y con la derecha comenzó a descargar certeros azotes con el cinturón en el culo desnudo. El cinturón restallaba al impactar sobre sus nalgas desnudas, los primeros impactos los aguanto sin apenas moverse del lugar, pero a medida que se iban incrementando los azotes bien sonoros en sus nalgas, Sonia empezó a dar saltos a cada impacto y avanzaba hacia adelante al impacto de cada azote del cinturón, acabando como estaba sujeta del brazo, dando círculos alrededor de su tío, el cual la mantenía con su brazo en alto, ella solamente podía saltar pataleando en el aire con sus piernas, mientras los azotes se centraban en su culo desnudo, en el cual sentía como los azotes del cinturón le abrasaban sus nalgas y varios azotes caían sobre sus muslos, así como en la parte baja de su trasero, haciéndola ver todas las estrellas del firmamento. En uno de esos círculos que trazaba alrededor de su tío, saltando a cada nuevo impacto del cinturón en sus nalgas las cuales le ardían de manera continuada, pues los azotes eran certeros como no podía ser de otra forma, pues su tío demostraba ser un experto en su uso y en cómo dar un severo correctivo. Al saltar de manera descontrolada al tiempo que pataleaba en el aire al hacer esos saltos incontrolados, pero bien sujeta por el fuerte brazo de su tío, el cual al levantarle el brazo izquierdo, Sonia quedaba a merced suya para administrarle los azotes controlados y certeros en su culo, el cual comenzaba a estar muy marcado ya, dejando los trazos de la correa en sus nalgas bien marcados, en ese alocado saltar y patalear, acabo por rendirse agotada, y en un último azote con el cinturón, fue a caer boca abajo sobre la cama. Al hacerlo, para no lastimarla del brazo, su tío la soltó, pero no por ello dejo de azotarla en el trasero, que ahora al estar quieta sobre la cama, eran más certeros y más fuertes, apareciendo marcas del cinturón azuladas. Sonia se movía sobre sus caderas de manera que dificultaba a su tío acertar de pleno en el culo, por lo que su tía Ingrid entro en acción, sentándose al otro lado de la cama, y así sujetarla de los brazos. Ahora solamente podía mover sus caderas de un lado a otro, pero no así voltearse y ponerse boca arriba como hacía en uno de sus intentos por librarse del intenso ardor de su culo, muy adolorido por la zurra que recibía.
       Sonia poco después quedaba echada sobre la cama boca abajo, mientras su tío volvía aponerse el cinturón, como había estado toda la azotaina desnuda de cintura para abajo, quedo echada sobre la cama. Minutos después sintió como era dada la vuelta a su cuerpo, dejándola boca arriba, por el contrario Sonia arqueaba el culo para que este no rozara en las sabanas… Cuando se quiso dar cuenta, su tía le había levantado sus piernas y colocado bajo su trasero un pañal, diestra como era su tía Ingrid, apenas cuando quiso darse cuenta, ya tenía el pañal colocado y le había puesto unas ajustadas bragas por encima del pañal para que no pudiera aflojárselo, luego fue metida en la cama y tapada. El resto de la jornada lo paso metida en cama castigada…