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sábado, 6 de enero de 2018

SORAYA Y SU NUEVO HOGAR Capitulo 3



                                SORAYA Y SU NUEVO HOGAR      Capitulo 3

         La Sra. Stuart como debían llamarla en la casa, dada su posición de autoridad en la casa con el servicio, como “Ama de Llaves”. En la casa por supuesto había más personal de servicio, pero este solía trabajar en la planta de abajo, y no tenía acceso a la planta superior. Por lo tanto el personal del servicio era ajeno a lo que ocurría en el piso superior, al estar este, totalmente insonorizado. La Sra. Stuart caminaba por el largo pasillo  a las habitaciones de las chicas, estas caminaban detrás de ella a unos metros, pues lógicamente se habían quedado rezagadas, pues sus doloridos traseros les causaban problemas para caminar y seguir el paso del “Ama de Llaves”. Algo que las muy desvergonzadas aprovecharon para hablar entre ellas, sin que la montaña de huesos se enterase de nada, el apelativo que le había puesto Soraya, en un futuro le iba a causar serios problemas, con la Sra. Stuart, pero eso sucederá más adelante. Tanto Soraya, como Carmen. Llevaban sus manos en sus traseros, la falda se les había subido al posar sus manos en sus nalgas, las dos desvergonzadas iban con sus braguitas al aire, si hubiera aparecido la señora o el señor, seguramente habrían sido reprendidas.
(Carmen)  -. AAUUU…! Jo como duele…
(Soraya)  -. AAyyy! Ni que lo digas, no puedo ni tocármelo…
(Carmen)  -. UUUFFFFF… Me habían…dado varias azotainas desde que estoy en la casa. Pero ninguna me había dolido tanto como esta vez! Tu como estas?
(Soraya)   -. UUuuyyy… No lo sé, pero me duele el culo una barbaridad, me cuesta incluso caminar, siento unos pinchazos terribles a cada paso que doy… llevas mucho tiempo aquí?
(Carmen)  -. A mi… AAYYY! Me ocurre igual, lo peor son las braguitas, como me raspan…AAAH!  Si, unos cuatro meses y en este tiempo he visto pasar a unas cuatro chicas más. Pero no aguantaron mucho, una me acuerdo que llego y se marchó a las dos horas…
(Soraya)  -. AAAYYY! Sí, es verdad. Parece que lleve arena dentro de ellas, como cuando voy a la playa y se me mete la arena bajo la braguita del bikini, pero mucho mas molesta…AAAHHH! tengo el culo ardiendo, no veas como me arde!
(Carmen)  -. A mí también! Esto es sensacional!!!
(Soraya)  -.  Sensacional? Debes de estar loca de atar, con lo que duele…AY,AY,AYYYY…!!!
(Carmen)  -. No me refiero a eso, tonta! Me refería a poder hablar con otra chica que también ha sido castigada, es la primera vez que puedo hablar de ello, de cómo me siento después de haberme dado una azotaina… Es sensacional la sensación de poder hablar… Tengo las… braguitas empapadas…
(Soraya)   -. Bueno… eso si tienes razón. Es genial verte como te vas sobando el culito y ver lo rojo que lo tienes…
(Carmen)  -. Pues tu tampoco te quedas atrás, porque no veas que colorado lo tienes!!! y lo mejor ha sido ver cómo te daban la azotaina, me ha encantado verte como llorabas y pataleabas, o ver cómo te bajaban las bragas, hasta hoy no se las había visto bajar a ninguna chica.  Y como te has resistido… Ha sido genial…Hasta ahora solamente había visto recibir en videos, pero en directo es mucho mejor…je,je…
(Soraya)  -. Bueno… Ha estado bien verte cómo te han puesto sobre las rodillas, levantado la falda y ver cómo te las bajaban las bragas, ha sido mejor que en video. Pero tú has tenido suerte de ser la primera. No has tenido que sentirte angustiada como yo y por dos veces además, saber que después me tocaba a mí… Eso ha sido lo más duro, la peor experiencia de mi vida, tener que esperar me llegase mi turno, después de verte a ti, como llorabas o como te removías en sus rodillas, o como te dolía la azotaina… Por un lado deseaba que me la dieran rápido, y por otro lado deseaba salir corriendo.
(Carmen)  -. Es verdad… Yo no he vivido eso nunca, pero me parece que en breve lo voy a saber estando tú en la casa… Porque te quedaras, verdad?
(Soraya)  -. No sé qué decirte… Me ha dolido mucho, no esperaba que pudiera doler tanto, nunca había recibido una azotaina. Y ahora mismo no sé qué pensar… y he pasado mucha vergüenza… cuando me han regañado en la habitación, y luego en el despacho, o haciendo esas malditas líneas… tengo la mano destrozada de escribir…
(Carmen)  -. Ya! Eso suele pasar, la mano se te queda hecha polvo. Pero todo en general va unido, cuando me regañan es cuando más se me… se me mojan… las braguitas, a ti no?
(Soraya)  -. Bueno… Visto de ese modo, quizás si está bien, a mí también se me han… eso…
(Carmen)  -. A mí cuando me sorprenden haciendo algo mal y me mandan al despacho, esa angustia de tener que ir al despacho, es genial… y la vergüenza al ser regañada, eso en ese momento no lo piensas, solo sientes miedo y angustia, pero luego recordarlo todo, cuando estoy sola es genial acabo ya sabes… tocándome… hasta llegar a lo mejor…, y aunque ahora me duele el culo una barbaridad, me encanta la sensación de pesadez, parece que el culo me pesa mucho más, así como el llevarlo calentito y la sensación es genial, la de llevar el culo dolorido, a ti no te lo parece?
(Soraya)  -. Diciéndolo de esa manera, es posible, sí.  Creo que tienes razón, igual es que tengo mucho que aprender todavía sobre lo que siento y lo que me gusta…
        La Sra. Stuart se había detenido ante una puerta, había estado escuchando a las chicas hablar…
(Sra. Stuart)  -. Ya habéis acabado? Tenéis mucha suerte que no os hayan visto o oído hablar entre vosotras… Venga, tú  Carmen entra a tu cuarto… y tú, sinvergüenza!!! Sígueme…
       En silencio Soraya siguió a la “Ama de Llaves” hasta llegar a su habitación…
       Soraya entro en su habitación lentamente, escucho como tras ella se cerraba la puerta. Miro alrededor de ella viendo como seguía la habitación, aún estaba todo tirado por el suelo.  Hecho una mirada hacia  la cama, en frente la cómoda, a la derecha el armario, a la izquierda la ventana, bajo la cual había una silla acolchada, a un metro había un tocador con un espejo en la pared. Todo debería de haber estado ordenado como correspondería, en la habitación de una chica de veintidós años. En cambio, la cama estaba desecha con la colcha cubre cama cayendo al suelo, en la cómoda deberían de haber unos cajones cerrados, pero estaban a medio abrir o abiertos, la ropa que debería estar ordenada en ellos, estaba colgando de ellos o revuelta, las bragas que estaban bien ordenadas, estaban tiradas por el suelo, el armario que debería tener sus puertas cerradas y la ropa de su interior colgada ordenada, se encontraban las puertas abiertas, una de ellas colgaba solo de una bisagra permaneciendo alicaída, se aguantaba de puro milagro, la ropa en vez de estar colgadas en las perchas, estaban caídas en el suelo, únicamente tres prendas de vestir permanecían en su lugar colgadas. La silla que debería estar bajo la ventana, estaba tumbada lateralmente en el suelo y el asiento acolchado, estaba  hecha jirones. En el tocador que deberían haber frascos de perfume, colonia, y un joyero, no había nada, todo estaba tirado en tierra roto o desecho, el espejo rajado de arriba abajo. Las almohadas que deberían estar sobre la cabecera de la cama, estaban solo las fundas vacías por el suelo tiradas, añadiendo que todas las plumas de su interior, estaban por todas partes esparcidas por el suelo, encima de la cómoda, en el tocador, dentro del armario, sobre la cama… Una pocilga era lo que parecía…
     Se le hundió el mundo encima de ella al ver el estropicio, se fue desabotonando lentamente  la blusa, se la quitó dejándola sobre la cama, quedándose solamente en sujetador blanco, desabrocho el botón del lateral de su falda, bajo la cremallera, al quedar suelta la falda tableada cayo a sus pies formando una corona, saco un pie y luego el otro, se agacho a recogerla del suelo, fue un auto reflejo sin pararse a pensar en ese instante en su trasero, pero al arquear su espalda y tensarse sus nalgas, sintió una terrible punzada en el culo, lo que hizo recordar la azotaina que acababa de recibir antes de la cena, así como las horas que había permanecido sentad, fue como si miles de avispas se hubieran concentrado bajo sus braguitas, lo peor fue el elástico de sus perneras, pues este, le pellizco el culo como si se hubiera sentado sobre cangrejos y le hubieran pillado con sus pinzas, se llevó sus dos manos a su trasero masajeándose con fricción. Recogió la falda del suelo, pero lo que aun fue mucho más horrible fue tratar de levantarse, tuvo que agarrarse a la cama para así ayudarse a levantarse. Doblo la falda en dos mitades poniéndola sobre la cama junto con la blusa, y se llevó las dos manos al trasero sobándoselo arriba y abajo sobre sus bragas… “Auuu como duele!”, en una de las puertas del armario en la parte interior vio una luna de espejo de cuerpo entero, y se acercó para verse, poniéndose de espaldas al espejo, se miró el culo, entre girando la cintura ladeando su cuerpo hacia atrás, viendo que tenía  las nalgas muy rojas asomando por el ribete de perneras de las braguitas, introduciendo los dedos pulgar por el interior de la cintura de sus braguitas se las bajó  para vérselo bien, sintiendo un gran alivio al liberar la presión que ejercían el algodón del tejido de la prenda, así como del elástico de las perneras bajas, mortificándole el culo, vio que se le habían quedado las marcas profundas en donde le hacia presión el elástico, sonriendo amargamente, pues daba la impresión que aun las llevara puestas, se pasó las yemas de los dedos por la marca dejada por el elástico, se le había marcado incluso el ribete de puntilla del elástico de las perneras de sus bragas en la piel. Con las bragas bajadas vio que la parte colorada que ella veía, era la que sobresalía de las perneras bajas que cubrían su trasero, ahora en cambio, veía gratamente sorprendida que tenía el culo de un color granate oscuro, casi morado que le dolía solo con vérselo, pero al no ejercer presión sus bragas le dolía algo menos su trasero, por lo que prefirió dejárselas bajadas. Rondando por la habitación de un lado a otro, buscaba su maleta donde llevaba su ropa. Busco entre las plumas de las almohadas apareciendo su maleta, estaba en uno de los rincones cubierta de plumas, levantándola sin esfuerzo por el tamaño, pues solo llevaba unas mudas,  la llevo hacia la cama donde la puso sobre la ella, abriéndola extrayendo un pijama rosa con dibujos de amapolas. Cogió el pantalón del pijama, se lo iba a poner cuando el roce de sus braguitas entre sus muslos, sintió la humedad de estas, mirándose el fondillo de estás… “UUUFFF que mojadas están”… debía cambiarse de braguitas. Se las bajo  a las rodillas y agito estás para que las braguitas se deslizaran por sus pantorrillas sin tener que agacharse a quitárselas, luego sacando un pie de ellas y sacudiendo el otro, estas quedaron en el suelo tiradas echas un ovillo. De su maleta extrajo unas bragas limpias, se las iba a poner cuando recordó las bragas que se acababa de quitar eran de la casa, no sabría explicar el porqué, pero le gustaba sentir en su piel aquellas prendas diferentes a las habituales que solía usar y que habían varias de ellas bien ordenadas en el cajón de la cómoda. Pasando por delante de la cama, fue hacia la cómoda. Abrió el cajón donde había visto hacia unas horas aquellas bragas bien ordenadas, en cambio ahora se encontraban todas revueltas, a pesar de ello saco una de aquellas braguitas de algodón, unas bonitas bragas con dibujos de gatitos juguetones  en posiciones varias, le hizo gracia de los simpáticos que eran aquellos dibujos. Las cogió de un extremo después de desdoblarlas, pasando el pie izquierdo por la pernera sin tener que agacharse, luego levanto su pie derecho, aunque al hacerlo teniendo que flexionar la pierna la nalga se le tenso la piel y volvieron aparecer las avispas en su dolorido trasero, aunque empezaba a gustarle esa sensación, se las subió lentamente aunque tuvo necesidad de coger aire para pasar la cintura de las bragas por su trasero al subírselas, ajustárselas a su cintura fue complicado, pensó en bajárselas de nuevo, pues… estaba mucho más cómoda teniéndolas bajadas, pero no tardaría en aparecer la señora para acostarla. Se pasó por el espejo de nuevo, se miró como le quedaban las braguitas, sonrió, se veía así misma extraña, con aquellas bragas de talle alto por debajo del ombligo, y por atrás le subían más arriba de la cintura, en su culo, la pernera baja dejaba cubierto su culito, estas eran más cumpliditas que las que se había cambiado, apenas se le veía la rojez de sus nalgas. ... “Si me vieran así mis amigas, que vergüenza”…
     En la habitación de Carmen, está, ya se encontraba con el pijama puesto, al contrario que Soraya, Carmen no estaba nada tranquila, pues sabía que iba a suceder cuando apareciera la señora. Por ello deambulaba por la habitación de un lado a otro, nerviosa, temerosa y angustiada. Se acariciaba el trasero por encima del pantalón de su pijama, al contrario que el de Soraya, su pijama era de color azul claro, sin ningún dibujo.
     Carmen escucho unos pasos que se detenían junto a su puerta, su corazón empezó a latir más rápido en su pecho… Vio aterrada como giraba el pomo de la puerta, y como la Sra. Abba entraba con un rostro alegre y sosegado, nada comparable al que tenía horas antes en el salón.
(Sra. Abba)  -. Buenas noches! Preparada para meterte en la cama?
(Carmen)   -. Si, se…señora.
(Sra. Abba)  -. Has ido al servicio hacer tus necesidades?
(Carmen)  -. Si, señora.
(Sra. Abba)  -. Y que te ha ocurrido, se te ha escapado el pipi, cochina! Has visto como llevas la entrepierna del pijama!!!
    Asustada se miró la entrepierna, no se había cambiado de bragas y la humedad de estás había traspasado al pijama, que al ser de color azul resaltaba bastante la humedad.
(Carmen)  -. No es pis, señora…
(Sra. Abba)  -. Pensabas meterte en la cama llevando las braguitas en ese estado, tráeme unas bragas limpias, rápido! Ya te cambio yo misma de bragas, trae también unas toallitas para secarte esa rajita traviesa tuya…
      Carmen muerta de la vergüenza con sus mejillas encendidas, fue hacia la cómoda sacando unas bragas limpias, encima de la cómoda había una caja de clínex la cogió, volviendo hacia el borde de la cama donde se había sentado la señora.
(Sra. Abba)  -. No eres un poco mayor para ser tan descuidada, cochina!!! ..- Le entrego Carmen las braguitas y la caja de clínex. La señora le bajo el pijama haciéndole a Carmen levantar el pie derecho e izquierdo para sacárselo, está hizo unas muecas claras de dolor al flexionar sus piernas, llevándose las manos al trasero, aunque las retiro enseguida, al ver el gesto de desaprobación de la señora. Luego le bajo las bragas de un tirón brusco, a la altura de las rodillas, miro a Carmen. Está se percato al instante de que esperaba la señora, y con claros gestos y muecas de dolor en su trasero, levanto el pie derecho hasta sacarlo de la pernera, y luego lo propio con el derecho, una vez se las hubo quitado, la señora lanzo las bragas al suelo, como a medio metro de distancia. -. Recógelas, y llévalas al cubo de la ropa sucia!!!.- Al hacerlo tuvo que girarse dándole la espalda a la señora e inclinándose a recogerlas, sintió una fuerte palmada en su culo desnudo, lo que la hizo estar a punto de perder el equilibrio y caer al suelo, recogiendo sus bragas, las llevo al rincón meneando el culo tratando de mitigar el ardor del azote que le acababa de dar, en el rincón estaba el cubo de mimbre blanco con tapa, metiéndolas dentro, volvió hacia la señora. Una vez ante ella, puso sus manos a la altura de su sexo cubriéndoselo, pero estas fueron retiradas inmediatamente por la señora. -. Veamos como tienes la entrepierna cochina! Que esto no vuelva a suceder o te las pondré las bragas en la boca la próxima vez! Mira cómo has puesto mis dedos, marrana!!! .- Había una sonrisa en el rostro de la señora, cogiendo varios clínex, se secó los dedos. Cogiendo de nuevo otros clínex, se los paso a Carmen por el sexo secándoselo, teniendo que repetir la acción unas veces más, pues era mucha la humedad, pues a pesar de la vergüenza de Carmen, su sexo seguía destilando fluidos. -. Que cochina estas echa!!! No vas a parar de humedecerte? Menos mal, ya estas sequita, pongamos esas bragas! Huumm bonitas braguitas, de margaritas… venga, desvergonzada pasa los pies…
     La señora abrió las bragas por la cinturilla poniéndolas a la altura de las rodillas de Carmen, por lo que esta, tuvo que levantar el pie derecho flexionando su rodilla, con el dolor del trasero que representaba ese esfuerzo, que se evidencio con las muecas de dolor en el rostro de Carmen, de los cuales la señora no perdía detalle alguno, al hacer lo propio con el pie izquierdo, perdió el equilibrio teniendo que apoyarse en el hombro de la señora con su mano derecha, Carmen temió que la regañara, pero no hizo tal cosa. Se limitó a subirle las bragas ajustándoselas a su cintura, eran de cintura de talle alto y pernera alta, con la cual parte de sus rojas nalgas quedaban a la vista. Luego le puso el pijama azul, en el cual casi se había secado la humedad de la entrepierna. Una vez el pijama ajustado a su cintura…
(Sra. Abba)  -. Bien! Es la hora de acostarte pequeña! Ya sabes qué significa esto, verdad? .- Tal y como decía estas últimas palabras la tumbo sobre su pierna izquierda, y asiendo la cintura del pijama se lo bajo a medio muslo, pronto sus bragas de margaritas dejaron al descubierto el trasero de Carmen. -. Bien conoces las consecuencias de lo que habéis hecho hoy…
    La mano de la Sra. Abba empezó dándole una sonora azotaina con azotes muy seguidos, sus efectos no se hicieron esperar, pues el trasero de Carmen muy adolorido apenas sintió el contacto de diez azotes seguidos, sus ojos comenzaron a emanar sus lágrimas, aunque la azotaina en sí misma no era muy severa, la señora apenas se empleaba a fondo, no la azotaba con todas sus fuerzas, sabía perfectamente que no era necesario, el culito de Carmen estaba muy adolorido, por lo que tanto si le hubiera dado fuerte o tal como estaba haciéndolo, el dolor era más que suficiente para la muchacha. Aunque si se estaba empleando en darle una buena azotaina. Carmen apenas pataleaba, no podría tampoco si lo hubiera pretendido, al estar recibiendo la azotaina sobre una de las piernas de la señora, la pierna derecha le mantenía las piernas trabadas, ya que le había pasado su pierna por encima de las de Carmen, Carmen solamente podía con sus manos aferrarse con fuerza a la colcha cubre cama. Durante veinte minutos fueron los que duro la azotaina de mantenimiento a Carmen, la señora cuando le dio el último azote, le subió las braguitas y el pijama. Retiro la pierna que había mantenido sujeta las de Carmen, asiéndola de los hombros la levanto de su regazo, y sin más, retiro la colcha y sabanas de la cama, obligando a Carmen a meterse en ella boca arriba, la tapo con las sabanas hasta el cuello, Carmen seguía sollozando sin parar, el culo le dolía horrores, no tanto por la azotaina que acabara de recibir, más bien era el cumulo de todas las azotainas que había recibido en las ultimas horas por lo que el culo le dolía… Carmen aun estando la señora arropándola, se giró sobre sí misma para colocarse boca abajo en la cama.
(Sra. Abba)  -. Hasta mañana pequeña, procura descansar. Mañana volveré a darte los buenos días…
      Soraya estaba intrigada, le había parecido escuchar alguien llorar. Estaba pensando en que podía haber sido, cuando la puerta se abrió apareciendo la Sra. Abba. Se había quedado blanca como la nieve al verla, estaba junto a la cama.
(Sra. Abba)   -. Buenas noches. Parece que hubieras visto a un fantasma! Aunque viendo como habéis dejado la habitación, es para ver fantasmas. .- Cerrando la puerta a su paso, se paseó por la habitación mirándolo todo, volviendo sobre sus pasos ando hasta el lado de la cama que se encontraba Soraya, tomando asiento en la cama. Con cariño cogió de la mano de ella y atrayéndola hacia sí misma, la apoyo por el trasero a su muslo quedando cara a cara.-. Ahora me vas a contar a que venía este numerito de destrozar la habitación de este modo? Cuando nos conocimos por primera vez, no me diste la impresión de ser una chica complicada, parecías inocente, una dulce muchacha que no iba a dar problemas, al menos, no este tipo de problemas y el primer día! En que estabas pensando, me lo vas a contar o te lo voy a tener que sacar por las malas!!! A mi marido le habéis convencido con no dar una explicación plausible, pero yo voy a ser tu mamá, y vas aprender que no soy una mamá que me quede satisfecha con lisonjas, quiero la verdad, y la quiero ahora mismo!!!
       La señora Abba la miraba a los ojos fijamente, Soraya no podía mantener la mirada fija, acabando por mirar al suelo, tenía sus manos sudorosas, había algo en aquella mujer que la ponía nerviosa, su mirada altiva hacia que  se estremeciera temblándole todo su cuerpo. Soraya sintió como le daban la vuelta a su cuerpo, en breve se vio tumbada boca abajo sobre las rodillas, pudo sentir como una brisa fría enfriaba su trasero, a pesar de estar este aún muy caliente. Las bragas de talle alto y perneras bajas, aun las tenía en su lugar puestas con aquellos gatitos juguetones, pero sintió la presión que ejercían en sus muslos el pantalón de sus pijama rosa.
(Sra. Abba)  -. Estas decidida a decirme que ha sucedido? Bien, estoy esperando y mi paciencia pequeña se me acaba. No piensas decírmelo. Bien!!! Tú te lo has buscado!!!
    La mesita de noche estaba a su derecha, abriendo el tercer cajón introdujo su mano dentro, cuando la extrajo los ojos de Soraya se abrieron como platos. A través de la espalda de la Sra. Abba vio como empuñaba un cepillo de madera, solamente lo pudo ver durante unas décimas de segundo, pero le pareció horrible lo que estaba viendo. Era un cepillo más grueso que el utilizado por el marido en el salón y con una base de al menos quince centímetros, con un mango largo de unos treinta centímetros aproximadamente. Seguidamente sintió los primeros azotes en su culo, aunque fuera por encima de sus bragas, dolía de lo lindo. Al sentir el primer azote ya estaba llorando de dolor, su culo estaba muy adolorido, y esta nueva azotaina le iba a dejar el culo en carne viva, o eso es lo que pensaba Soraya. Sus caderas se contoneaban removiéndolas como buenamente podía, sus piernas trataban de patalear, pero le resultaba imposible el hacerlo, sentía su culo arderle hasta abrasarla, sus manos golpeaban sobre la cama alocadamente y algunos golpes sin precisión, lo hacían en la espalda de la señora, pero era tan forzada su posición que apenas lo hacía con fuerza suficiente como para lograr liberarse. Su trasero estaba en llamas!!! Cuando por un momento la azotaina que le estaba dando su futura mamá, ceso.
(Sra. Abba)  -. Que niña? Has tenido suficiente? Me vas a contar que ha sucedido, o voy a tener que seguir calentándote el culo? Aprenderás que con mamá no se juega!!! Será mucho mejor para ti, que me lo cuentes todo y rápido! No pienso tolerarte este comportamiento en esta casa, has entendido? Veo que no…
      La mano deposito el cepillo a su derecha, sobre la cama. Luego las manos de mamá se introdujeron bajo el jersey del pijama buscando la cinturilla de sus bragas de talle alto, las braguitas de perneras bajas ocultaban como debía estar de colorado el culo de Soraya, por los ribetes del elástico solo asomaba la base de las nalgas, y estas, estaban muy coloradas. Una vez que sus manos alcanzaron la cinturilla de las bragas, se las bajo lentamente descubriendo el culo, este estaba muy oscurecido casi morado, debía de dolerle de manera que resultaba difícil de imaginar por su estado.
      Las bragas bajadas y unidas al pantalón del pijama, su trasero le dolía enormemente, pero cabezota de si misma, no pretendía ceder, al día siguiente abandonaría aquella casa de locos. No pudo seguir cavilando con su mente, pues de nuevo volvió a sentir que el culo le ardía de nuevo, la azotaina de mamá se había reanudado con más fuerza si ello era posible. Durante varios minutos más, estuvo sintiendo como su culo le quemaba más y más, hasta un momento que ya solo le ardía. Cuando se quiso dar cuenta, estaba metida en la cama boca abajo, las bragas le apretaban el culo, el cual le dolía de tal manera que ni moverse podía…
      …. En la habitación de Ross Mery esta aguardaba que apareciera el señor en cualquier momento, el cepillo lo había dejado sobre la cama, su mente se concentraba en recordar años atrás cuando ella estudiaba en una academia privada, en la que estaba instruyéndose como Ama de Llaves. En ella había una férrea disciplina, era extraña la semana que no acabara sobre las rodillas de la profesora, esta era una mujer muy dada al castigo físico, las alumnas que tenía la respetaban y temían. Ross Mery, antes de graduarse recibió su última azotaina por aquella gran mujer, y fue con un cepillo de madera. Ensimismada estaba cuando la puerta se abrió, entrando la Sra. Abba y detrás de ella el señor.
(Sr. John)  -. Ross Mery. Lo sucedido en la tarde de hoy es algo inconcebible, y usted lo sabe muy bien, no puedo evitar lo que he de hacer, me pesa enormemente tener que hacerlo, pero no puede quedar su falta sin un castigo estricto, las chicas como las culpables que son, ya han sido castigadas y lo seguirán siendo, como usted con su experiencia conoce perfectamente que debe ser así. Usted no es culpable de los actos de unas spankee´s traviesas, pero, hay algo que me ha desconcertado, cuando la he castigado en mi despacho. He visto que tenía usted las bragas mojadas, ello no sería de extrañar, pues al igual que nosotros mismos usted tiene nociones como spanker, por eso la contrate. Mi esposa, aquí presente estoy más que seguro que debe llevar sus bragas mojadas, sobre todo después de haber castigado a las dos chicas hace breves instantes. Pero lo que me ha desconcertado de usted! Es que no se hubiera cambiado de bragas, y en estas había restos claros que recientemente se había masturbado, por lo que deduzco que usted había dejado de atender a sus labores, por masturbarse en la intimidad de su habitación, en vez de atender sus tareas lógicas con su trabajo… Estoy en un error y por lo tanto estoy equivocado?  De estar equivocado, saldré de su habitación y no usare ese cepillo, si estoy en lo cierto, quítese la falda y bájese las bragas, y se pone sobre mis rodillas para aplicarle el cepillo…
    Ross Mery sentía como le ardían sus mejillas, tenía la mirada cabizbaja pues no se atrevía a mirar a los señores. Se sentía avergonzada de sí misma, el señor tenía razón, debía haberse cambiado de bragas y estas no la habrían delatado, pero al escuchar como aporreaban su puerta la cogió desprevenida en un acto poco profesional, como podía ella saber lo que habían organizado las chicas, y que ella se vería involucrada sin saberlo. Hubiera podido negarse y decir que no era cierto lo que el señor atestiguaba de ella. Habría bastado con decir un “No” rotundo. Pero los señores eran spankers expertos, sabrían que les estaría engañando y eso, sería un error aún más grave si es que tal cosa pudiera ser posible. Los señores no habrían vuelto a confiar en ella, y la función de una “Ama de llaves” era ser la mano derecha de los señores y tener su confianza depositada en ella. Sabía que se iba a arrepentir de su decisión, pero no había otra solución posible para salir airosa y sin mancha en su expediente.
     Cerrando los ojos, llevo sus manos al lateral derecho de su falda, desabrochando el botón, luego de abrirse el ojal, había un corchete que también libero, solamente faltaba bajar la cremallera y su falda caería a sus pies. Sin levantar la mirada, se agacho habiendo primero extraído sus pies para poder recoger la falda del suelo, al levantarse vio como el señor había colocado una silla en el centro de la estancia, y como caminaba pasando tras de ella hacia la cama, recogiendo el cepillo y volviendo sobre sus pasos hacia la silla en la que tomo asiento, posando su mano armada con el cepillo sobre su muslo derecho. Ross Mery, resignada se acercó hacia él, colocándose a su costado derecho en pie. Sus manos temblorosas las llevo a su cintura, en la cual introdujo sus dedos pulgares por el interior del elástico en sus caderas, y procedió a bajarse ella misma las bragas, un hecho que la hizo avergonzarse de sí misma, al tener que hacerlo ella misma, hubiera sido menos vergonzoso que la hubiera colocado en su regazo y el señor le hubiera bajado las bragas. El tener que hacerlo ella estando en pie, dejando claramente a la vista del señor y de la señora, su sexo rasurado. Estaba súper avergonzada de estar en aquella posición previa a su castigo, en pie, y con la intimidad de cualquier mujer adulta a la vista, la vergüenza que sentía era inenarrable. Estar desnuda por completo seria claramente menos vergonzoso, en cambio ahí estaba ella, con las bragas bajadas y en espera de recibir su castigo. El señor sabía a la perfección que la estaba mortificando, que estaba siendo muy cruel con ella, haciéndola esperar varios minutos en aquella vergonzosa postura. Ella había aprendido en la academia, la posición que debía adoptar si iba a ser castigada, tenía que tener las piernas levemente separadas, de tal manera que su sexo fuera completamente visible, así, como sus muslos ligeramente separados al igual que las rodillas, manteniéndose rectas.  La razón de ello era muy simple, para su mayor vergüenza debía permanecer ante la persona que la iba a castigar, mostrándose de manera total, en esa postura. No únicamente quedaba expuesto su sexo, si no, también sus bragas quedaban expuestas, así como el fondillo de estas quedaba bien visible completamente en posición extendido, por lo tanto, de tenerlas húmedas estaban a plena visión de quien observase, sin tener que tocar dicha prenda íntima. Y las bragas de Ross Mery, estaban completamente mojadas siendo muy visible su humedad, si esto no fuera suficiente motivo para sentir vergüenza, lo peor era que su sexo rasurado, desnudo, expuesto… tenía unas gotas que iban deslizándose y gota a gota caía sobre el fondillo de sus bragas.
     Habían pasado cinco largos, eternos, inacabables minutos siendo vergonzosamente expuesta. Pero aún no había acabado el señor de hacerla pasar unos momentos interminables para ella, aún tenía guardada una baza en su manga y tenía la intención de usarla.
(Sr. John)  -. Bien, bien, bien… Bueno señora Ross Mery. Que tenemos aquí? Ha visto como tiene el sexo de mojado? No le da vergüenza a toda una señora mostrarse de manera tan impúdica ante su señor? Podemos ver claramente, como gotea gota a gota empapando sus bragas de algodón con esas rosas enormes estampadas, no son las bragas que llevaría una señora, si no, las braguitas que llevaría una spankee, y usted lo sabe muy bien, verdad?.- Los comentarios del señor hacían que Ross Mery cerrara sus ojos apretándolos con fuerza, dada la vergüenza que estaba pasando -. No es necesario que responda, su entrepierna responde por usted. Has visto Abba? Quien nos iba a decir que nuestra estimada Ama de Llaves ocultaba una faceta que desconocíamos en ella, verdad que es una sorpresa agradable. A partir de este momento, en esta casa, su autoridad seguirá como hasta ahora, como es natural, seguirá teniendo a la doncella bajo su tutela, siempre consultando con mi esposa o conmigo mismo antes de aplicar un correctivo, de ser posible. Solamente cuando no estemos presentes o por estar de viaje, podrá decidir usted misma, dándonos al llegar las novedades de la casa, así como correctivos aplicados a la doncella, a nuestra futura hija adoptiva, solamente nosotros podremos castigarla. Por todas estas facetas, siempre seremos informados en privado, la doncella no debe tener conocimiento de que en esta casa es una spankee, mas. Ahora hace el honor de tumbarse sobre mi regazo usted misma, ahora!!! Ya!!!

    Ross Mery avergonzada desde la cabeza a los pies, ahora debía colocarse ella misma sobre las rodillas, que podía pasarle más… No tenía opción posible, así que resignada se inclinó apoyando sus manos en la pierna izquierda del señor, bajando su cuerpo lentamente apoyo su cuerpo sobre las rodillas, entonces retiro sus manos y las estiro posándolas en el suelo, al tiempo que posaba su cuerpo al levantar sus pies, de tal forma que su cuerpo ya reposaba sobre sus muslos, lista y preparada para recibir una azotaina en su desnudo trasero, el cual aún eran visibles las marcas de la vara. Sintió en ese instante varias palmadas en su costado derecho, sabía que significaban y llevo su brazo derecho entregando su mano al señor, no tardo en sujetarle la muñeca doblándosela con suavidad sobre su espalda, ya estaba lista y preparada para ser castigada. Y así fue como el cepillo empezó a caer con fuerza sobre su trasero, sentía como el señor iba repartiendo los azotes con fuerza sobre todo su trasero, pronto tenía el culo colorado, sintiendo como los azotes iban en aumento, cada vez eran más rápidos los azotes que caían implacables sobre su culo desnudo. Ross Mery era una mujer fuerte, y aguantaba bien la azotaina que estaba recibiendo, de mano del señor. Aunque el ardor de su trasero comenzaba a serle molesto, ya que aunque era una mujer, no era de piedra, y los azotes comenzaban a causarle un ardor cada vez más intenso, haciéndola remover sus caderas, llegando poco a poco a caldearle el trasero más y más, sus piernas ya no las controlaba y empezaban a menearse en el aire levemente. Había perdido la cuenta de los azotes que podía haber recibido en el culo, pero el ardor si era muy molesto para ella, algo que resultaba más que apreciable por la manera que sus piernas pataleaban en el aire, sus piernas se abrían y cerraban dejando claramente su intimidad a las miradas. Las nalgas más que rojas iban tornándose de un tono más oscuro, su brazo izquierdo libre de sujeción se aferraba a la pata de la silla, su brazo derecho bien sujeto solamente podía forcejear por liberarse, algo que no sucedió. Sus ojos abiertos por el dolor que le producía cada nuevo azote del cepillo, así como sus pupilas brillaban por las lágrimas que estaban a punto de salir de ellas, a punto estaba de llorar del dolor en su trasero, puede que llevara unos treinta minutos recibiendo aquella interminable azotaina, cuando un sonido hueco se escuchó “Clac”  al caer al suelo, era el cepillo, se había partido por el mango, en ese instante dejo de recibir azotes con el cepillo. Creyó que así acababa su castigo, pero estaba equivocada, la azotaina se prolongó varios minutos más, pero ahora era la mano desnuda del señor quien le azotaba el culo con ella, los azotes aunque fueran con la mano, resultaban muy dolorosos siendo estos más rápidos y certeros, siguiendo hacer arder su trasero como un volcán en erupción. En un momento dado, dejo de sentir que aquel intenso ardor en su culo desnudo. El señor se había detenido por cansancio o por estimar que había sido suficiente correctivo. Sintiendo una palmada en su espalda, fue la señal para levantarse de las rodillas. Así lo hizo con lentitud hasta ponerse en pie, sus manos se las llevó al culo ardiente acariciándoselo con fricción, mientras el señor daba por acabada su azotaina…  
(Sr. John)  -. Bien Ross Mery, buenas noches. Procura descansar, mañana vendré a darte los buenos días, con un cepillo más adecuado para usted, este está claro que ha resultado ser demasiado liviano… Hasta mañana!


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