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jueves, 17 de mayo de 2018

EL SHERIFF DE SPANK CITY SPRING´S Capitulo 11


                                EL SHERIFF DE SPANK CITY SPRING´S      Cap. 11

        Las chicas seguían durmiendo Maggie y Penélope con trabajo habían logrado conciliar el sueño, Pluma Blanca tuvo algo de más suerte, mientras las Watson tuvieron que pasar la noche esposadas bajo el carro, ella pernocto dentro del carro con Susan, Alberta y la madre de está, Sarah. A pocos metros estaba de guardia el Marshall, había preferido mantenerse alejado en un alto de la cañada, desde donde podía tener una buena visibilidad de todo el campamento, por otro lado, si algún intruso se adentraba al campamento, desde donde él estaba situado podía intervenir sin ser visto. Sobre todo temía que las hermanas Watson trataran de liberar a sus hermanas menores. Amanecía ya cuando el Marshall estaba preparando el café, poco después despertaba a las chicas,  deseaba ponerse en marcha antes de que empezara a calentar el sol.
(Marshall)  -. A ver chicas moved esos traseros que nos pondremos en marcha inmediatamente…
(Maggie)  -. Se va a poner en marcha su tía… como no nos suelte las esposas, hay cosas que las mujeres también debemos hacer, pero esposadas es difícil hacerlo, pero no delante de un cerdo y menos bajo este carro…
(Marshall)  -. Sarah! Libera primero a una y luego la siguiente, pero las acompañas tú, luego me traes a esta impertinente, me voy a encargar de lavarle la boca a esta desvergonzada!!!
     La comisaria obedeció las órdenes del Marshall, primero libero a Maggie y se la llevo tras el carro, una vez acabado de hacer sus necesidades matinales, la condujo hasta donde estaba el Marshall esperando, dejando a Maggie bajo su tutela. Esté, no tardo en sacar de una de sus alforjas de su silla de montar, ya que ya había ensillado a su caballo, una pastilla de jabón. Como la pastilla era demasiado grande para sus propósitos, de la caña de su bota izquierda, extrajo un cuchillo, el cual utilizo para cortar la pastilla a un pedazo más pequeño y plano, dirigiéndose hacia el torrente, llevando a Maggie bajo su brazo en volandas, esta pataleaba pues eran claras las intenciones del Marshall y a la muchacha no le hacía gracia alguna. Introduciendo su mano derecha en el agua del torrente, moviendo sus dedos sobre la pastilla dentro del agua, hasta que esta comenzó a desprender espuma, entonces soltando a la rebelde facinerosa de pie, cuando fue a insultarle de nuevo, le puso la pastilla enjabonada en la boca, la cual solo entro en ella apenas unos centímetros, en un movimiento rápido, le desato del cuello a la muchacha el pañuelo que llevaba anudado a su cuello, el cual su uso era taparse la boca en el caso de haber mucha polvareda al cabalgar por el desierto, pero el Marshall le dio otro uso, se lo anudo detrás de la cabeza, pero manteniendo sujeta la pastilla de jabón en la boca a la joven deslenguada, aunque luchaba por soltarse de las zarpas del Marshall nada pudo hacer y acabo con las manos atadas a su espalda, para que no se pudiera extraer la pastilla de su boca. Luego cargo con la muchacha colocándola sobre su hombro izquierdo, Maggie intento asestarle una patada en el estómago al Marshall, al estar con su barriga sobre el hombro y su cabeza colgaba sobre la espalda, lo que la joven no imagino, es que su trasero estaba a merced del Marshall, el cual con la mano derecha le asesto varios azotes en el culo, que aun dolorido de la azotaina con el cinturón en la noche anterior la hicieron que no tardará mucho en relajarse y dejar de rebelarse. Cargando con ella la llevo a su caballo, colocándola delante de sus silla sobre el caballo, entre la silla y el cuello del animal, seguidamente montando en su caballo, como Maggie estando sobre el animal se retorció forcejeando varias veces, el Marshall con su mano derecha le asesto una buena serie de azotes sobre el expuesto trasero, caldeándoselo más ardiente de lo que la joven hubiera deseado, aunque se quedó inmóvil con rapidez, el Marshall siguió la azotaina hasta escuchar sus lastimeros suspiros por sus labios, a pesar de llevar la pastilla de jabón en su boca.
     A todos estos hechos discurrían, Sarah con ayuda de su hija Alberta y Susan. Habían enganchado los cuatro caballos del tiro del carro, mientras la dócil Penélope con la ayuda de Pluma Blanca, habían recogido el campamento y subido al interior del carro, poniéndose en marcha. El Marshall llevando a Maggie sobre el lomo del animal, se colocó delante del carro, encabezando la marcha.
    La marcha fue lenta al realizar el viaje con el carro, teniendo que conducir por caminos hasta llegar a Spank City spring´s, el largo viaje duro casi una semana, durante el trayecto no volvieron a tener más contratiempos, siendo un viaje muy tranquilo. Durante el cual, las muchachas habían tenido tiempo sobrado para que sus traseros se recuperasen, pero cada una de ellas, temía lo que iba a suceder una vez estuvieran la pequeña ciudad. Pues tanto Maggie, al igual que Penélope estaba previa amenaza de recibir una severa azotaina por haberse escapado de la cárcel, al igual que Pluma Blanca, que ya recuperada de la azotaina con vara que le asestase su madre, Flor Amarilla. También estaba sentenciada por el Marshall por haber ayudado a las Watson a escapar.
    Las muchachas Alberta y Susan, también temían la llegada, ellas no estaban amenazadas por el Marshall, pero sí que la madre de Alberta, Sarah.  Las había advertido de lo que les esperaba al llegar a su destino, por ayudar a las Watson a escapar. Las cinco chicas temían, por una razón u otra,  el momento de su llegada a Spank City Spring´s.
    La llegada a la ciudad fue tranquila, Maggie, Penélope y Pluma Blanca fueron llevadas por la comisaria a la oficina del Marshall William. Llegaron al anochecer y en la oficina debería estar la ayudante Laura Sullivan, pero la nueva comisaría Sarah, no encontró a nadie. Por lo tanto encerró a las detenidas en celdas diferentes, y por la hora que era, ella se metió en otra celda cayendo rendida del viaje en el camastro. Su hija Alberta acompañada de su amiga Susan, acompañaron al Marshall a su casa, donde se hospedarían por el momento. Entraron en la casa, el Marshall se extrañó que la pequeña Allison no saliera a recibirle, pero debería estar durmiendo posiblemente, por lo que tampoco se preocupó de ello. Llevo a las muchachas a una de las habitaciones de invitados, las cuales entraron  viendo que habían dos camas, echándose a dormir sin desnudarse, estaban agotadas también por el viaje.
   El Marshall una vez hubo instalado a las chicas, bajo a la planta baja dirigiéndose a su despacho. En uno de los armarios extrajo una botella de whisky, se sirvió un vaso sentándose en su sillón, pero apenas bebió dos tragos que se quedó dormido, había sido un viaje agotador incluso para él. Además debía descansar, con el nuevo día sería una jornada de mucho trabajo para él, pues no tenía intención alguna en posponer los correctivos de sus detenidas, tenía pensado castigarlas nada más saliera el sol. Eso sí, primero debían asearse.
      Amaneció el día con nubarrones en el horizonte, con el sol naciente emergiendo bajo ellos. Para los indios Dakota era significado que algo malo iba a suceder, Pluma Blanca era Sioux por su padre, Oso Gris, pero su madre pertenecía a los indios Dakota. Al morir sus padres en la lucha con el hombre blanco, fue adoptada  por Águila de Guerra jefe de la gran tribu de los Sioux, cuando esta dominaba Colinas Negras su tierra sagrada. (La historia real no es así, pero esta historia es ficticia) al hacerse mujer se unió a Oso Gris como esposa o pareja.
     … Pluma Blanca desde las rejas de la ventana de su celda, oteaba el horizonte, algo malo presagiaba, en ese instante la comisaria Sarah Wilson despertó en su camastro.
(Sarah)  -.  Chicas arriba!!! Quitaos esos arrapos sucios, polvorientos y  entregármelos. Luego ahí os dejado mientras dormíais un cubo con agua limpia para asearos. Después traeré ropa limpia. Venga!!! A que estáis esperando, queréis que entre yo a lavaros... entonces lo vais a lamentar como tenga que entrar yo…
     A regañadientes las Watson se desnudaron entregando su ropa a la comisaria, Pluma Blanca se resistió hacerlo, pero cuando vio como Sarah Wilson descolgaba las llaves de su celda del gancho de la pared, antes de que llegase abrir la cerradura ya se había desnudado, tirando su ropa entre los barrotes fuera de su celda, la comisaria le refirió unas palabras…
(Sarah)  -. Porque conozco que es lo que te espera apenas llegue el Marshall, por eso, y solo por ese motivo te vas a librar que te de tu merecido… a mí no se me provoca, y menos se me falta al respeto o se me habla mal. Que no vuelva a suceder!!!
    La comisaria recogió la ropa que se habían quitado las chicas, tal y como estaban las arrojo directamente al fuego dentro de la estufa de hierro que había en la oficina, los días resultaban muy calurosos, pero las noches eran frías, de ahí que la estufa estuviera encendida. Una vez hubo acabado de quemar toda la ropa, entro el Marshall por la puerta. Venia del almacén de la ciudad donde había comprado lo necesario para que las presas se pudieran poner algo decente que las cubriera.
(Marshall)  -. Buenos días, Sarah! Esta aquí mi ayudante Laura? En la casa no estaba cuando he mirado en su habitación, y Alison mi pupila tampoco.
(Sarah)  -. Buenos días Marshall! No las he visto, ayer al llegar pensé que estaría aquí en la oficina, pero no había nadie al llegar yo en compañía de las chicas.
(Marshall)  -. Avísame si aparecen, espero que la Laura me informe de lo acontecido durante mi ausencia de la ciudad. Toma, en estos paquetes esta la ropa que deberán llevar puesta las detenidas durante el tiempo que van a pasar encerradas, hasta que llegue el Juez que las juzgue por sus delitos. El cual no será antes de un mes, ahora mientras se arreglan iré a telégrafos a telegrafiar y enviar aviso a la capital, creo que en menos de un mes llegara el Juez con suerte.
     Sarah Wilson entro en el pasillo de las celdas con tres paquetes en sus manos, les fue entregando a cada una de las chicas dichos paquetes, en los cuales llevaban escritos los nombres de cada una en una nota. Regresando a la oficina se sentó en la mesa, a poner en orden los pasquines de delincuentes más buscados, entre los cuales constaba las hermanas Watson; Melanie Watson, Sofía Watson y Betty Watson.  Luego de ordenar los pasquines, adecento la oficina por lo visto hacia días que no se le pasaba una escoba. En ello estaba cuando entro en la oficina Laura Sullivan, la supuesta ayudante del ex-sheriff se puso en alerta al ver una mujer desconocida para ella en su oficina.
(Laura)  -. Que hace usted en la oficina señora…?
      Sarah dejo de barrer la oficina y dándose la vuelta quedo a la vista su estrella en el pecho, era una estrella de siete puntas, miro a Laura viendo que llevaba otra estrella en el pecho, aunque esta era de seis puntas, correspondiente a una ayudante de sheriff.
(Laura)  -. Perdone usted, no sabía que hubiera llegado el Marshall del estado, usted debe ser su comisaria. Soy la ayudante del sheriff William, en que puedo ayudarla, señora?
(Sarah)  -. Usted debe ser Laura, verdad? Debería quitarse esa estrella de seis puntas y colocarse esta otra. .- acercándose a la mesa, del primer cajón extrajo una estrella de siete puntas. -. Soy la comisaria del nuevo Marshall del estado, el Marshall William. Y usted y yo somos compañeras de trabajo.
(Laura)  -. Como…? Comisaria…
(Sarah)  -. Sí. Por cierto el Marshall la buscaba para que le diera información sobre lo sucedido durante su ausencia. Por cierto tenemos tres detenidas en las celdas, Penélope y Maggie Watson y Pluma Blanca. También ha preguntado por una tal, Alison.
(Laura)  -. Ha preguntado por Alison… Pues no se va alegrar entonces, Alison hace días que desapareció sin saber nada de ella, llevo días fuera de la ciudad buscándola, seguí sus huellas durante veinte millas, luego se perdieron sin más… La he buscado sin éxito
    En esos momentos entraba el Marshall a la oficina…
(Marshall)  -. Quien ha desaparecido… Hola Laura, por fin apareces… escuchado algo mientras estaba en la puerta hablando con el de telégrafos.
(Laura)  -. Buenos días! Sher…Marshall, no sabía nada de su ascenso… La pequeña Alison, desapareció dos días después de marcharse usted. Aunque me resulto muy raro que se fuese, estaba muy feliz de vivir en su casa, Marshall.
(Marshall)  -. Has hablado con Patricia? Seguro que debe saber dónde se ha metido.
(Laura)  -. Fue al primer lugar que pregunte, pero me dijo su nuevo barman que la había visto salir de la ciudad hacia el norte, y seguí sus huellas durante tres días, recorrí unas veinte millas al norte, luego sus huellas se perdieron, he estado desde entonces merodeando por la zona, sin encontrar rastro alguno.
(Marshall)  -. Pero hablaste con Patricia? Porque es muy raro que Alison se fuera hacia el norte, en esa dirección no hay nada más que desierto, e indios. Nunca iría en esa dirección y menos sola, ya que ella es buena conocedora del terreno, prácticamente se ha criado en esta zona, cuando sus padres tenían un rancho, fallecieron en un extraño incendio en su rancho, Alison sobrevivió por estar en la escuela, del rancho no quedo nada ardieron la casa y los establos. Yo llegue a esta ciudad cinco años después, Alison entonces contaba con la edad de dieciséis años y trabajaba sirviendo mesas en el hotel.   Aparte que ella tiene familia en el sur, en Wichita creo recordar. Esto me huele muy mal, habrá que hablar con Patricia… No me extrañaría que la tuviera retenida y trabajando de nuevo en su salón, no debió gustarle demasiado que le arrebatase a su mejor chica. Bueno Laura, ya veo que te ha entregado Sarah la estrella de ayudante del Marshall. Bueno, adecentar entre las dos la oficina, está hecha una pocilga, yo mientras voy a pasarme por el salón, hablare con Patricia sobre la desaparición de Alison.
     Dejo en la oficina a sus dos ayudantes, se dirigió al salón. Una vez en la entrada estuvo observando por encima de las puertas batientes de la entrada, para observar que sucedía en su interior, y si por casualidad aparecía Alison realizando algún trabajo, pero solamente vio a esas horas al barman limpiando vasos, ya que era demasiado temprano para que hubieran clientes. Así que batiendo las puertas hacia dentro, entro manteniendo sus manos cerca de sus revólveres, la última vez que entro, no tuvo un buen recibimiento, teniendo que liquidar al antiguo barman, Thomas.
(Barman)  -. Hola sheriff, buenos días ocurre algo para que venga por este local…?
     El Marshall se acercó a la barra, al estar frente al barman, soltó su puño derecho en la mandíbula del encargado del salón a esas horas de la mañana. Del testarazo con el puño cerrado, este salió dando traspiés hacia atrás sin llegar a caer al suelo, por utilizar sus brazos al sujetarse a la barra y al mueble de su izquierda tirando vasos al suelo.
(Barman)  -. Puedo saber a qué viene esto? Porque sea el sheriff no tiene autoridad para hacer lo que le  dé la gana… Todos esos vasos rotos los va a pagar…
(Marshall)   -. Para comenzar… no soy el sheriff, soy el Marshall del estado y se me debe mostrar más respeto. Y en segundo lugar, el puñetazo es por mentir a mi ayudante, así nos ahorramos malos entendidos, y me vas a decir porque mandaste a mi ayudante hacia el norte…
     El estruendo de vasos rotos debió de llamar la atención, porque la puerta del despacho de Patricia la dueña se abrió, apareciendo de improviso…
(Patricia)  -. Peter, que es esté, escándalo si se puede saber…? Hombre si tenemos aquí al nuevo Marshall del estado, felicidades Marshall por su ascenso. El telegrafista me lo comento hace unos días. Pero no lo esperaba aun por aquí. Que desea Marshall?
(Marshall)  -. Hace unos días, Laura le pregunto a tu nuevo barman por Alison, y este la envió hacia el norte, vengo a saber porque le dio una información falsa.
(Patricia)  -. Veo que su ayudante sigue siendo una ingenua, debió de hablar conmigo, yo le habría dicho dónde estaba Alison o donde sigue si no se ha marchado ya! Hace unos días llego a la ciudad una tía suya, están hospedadas en el hotel en espera de la diligencia, por lo que se, se la va a llevar con ella a Wichita.
(Marshall)  -. Debió recibir mi mensaje, la telegrafié antes de irme, lo que no sabía era que fuera a venir ella misma, creía que era demasiado mayor para hacer el viaje.
(Patricia)  -. No ha venido su tía, quien ha venido a por ella, es la hija de esta para ocuparse de ella, por orden de su madre por lo que me comento el del almacén general, que hablo con ella y le compro ropas nuevas a Alison.
(Marshall)  -. Bueno Patricia. Dile a tu nuevo sabueso que aleje sus manos de las culatas de esos trastos que le cuelgan, o te quedaras de nuevo sin barman. Me marcho a mi oficina, tengo mucho trabajo atrasado, adiós Patricia y espero que no tenga que volver a encargarme de ti de nuevo, pues tengo detenidas a las Watson, ya sabes que ocurrió la última vez que trataste de ayudarlas, no me disgustaría tener que presentarme en tu despacho de nuevo…
     El Marshall salió del salón sin darle la espalda al barman, y con sus manos en posición de alerta, por si el barman decidía hacer algún gesto extraño, no deseaba sorpresas, y por la forma de llevar sus armas bajas, tenía más pinta de ser un pistolero de gatillo rápido, que de un barman.
     Una vez en el exterior se encamino al hotel a confirmar la información recibida sobre la supuesta hija de la tía de Alison de Wichita, en la recepción pudo revisar la información, y salió rumbo a su oficina, era la hora de ajustarle las cuentas a sus detenidas.
     Al entrar por la puerta a la oficina ya tenía un mejor aspecto, al menos ya no estaba llena de polvo, aunque no vio a ninguna de sus comisarias, estarían limpiando o aseando las celdas. Por lo que se acomodó en su mesa a esperar, había tiempo.
    En media hora salía del pasillo que daba a las celdas Sarah, dejando una escoba dejándola en el armario de repuestos, Laura iba tras ella llevando un cubo y un cepillo de fregar el suelo.
(Laura)  -. Ya está de vuelta Marshall, que ha podido averiguar sobre Alison.
(Marshall)   -. Que deberías haber investigado más antes de seguir que lo que te podía decir un desconocido. Si hubieras preguntado en el almacén general o el hotel, te habrían informado de donde se encontraba Alison, y no habría sido necesario abandonar la ciudad dejándola sin autoridad alguna, ya que yo estaba fuera. Pero bueno, como no ha ocurrido nada nuevo según me he informado, no voy a tomar medidas contigo, voy a estar ocupado las próximas horas, ponte tus armas y paséate por la ciudad haciendo la ronda, mientras tú, Sarah! Tráeme a Pluma Blanca en primer lugar si ya están vestidas y aseadas con sus ropas nuevas.
(Sarah)  -. Si, Marshall. Están vestidas aunque creo que su atuendo no les ha gustado demasiado, han protestado bastante las hermanas Watson.
(Marshall)  -. Has quemado sus ropas? Con el vestuario que me han facilitado en el almacén general no se escaparan. No les ha gustado, dices? Eso es lo de menos, he pedido unos uniformes dignos de presidiarias y con funcionalidad en caso de ser necesario aplicarles disciplina, pero que al mismo tiempo no tengan ganas de escapar y ser vistas por las calles. Así no volverán a escaparse…
(Sarah)  -. Tal y como ordeno usted metí la ropa a la estufa. Son muy atrevidos y coquetos, pero como bien dice usted, muy apropiados para castigarlas, sobre todo la tal Maggie, menuda boca tiene la muchacha, es todo temperamento…
(Marshall)  -. Si! Es única metiéndose en problemas, pero no es mala muchacha, solamente se le escapa la fuerza por su carácter, el cual la mete en problemas con asiduidad.
    Sarah volvió a entrar al interior, al pasillo que daba a las celdas descolgando del gancho de la pared la que correspondía a la celda de Pluma Blanca. Abrió la puerta de rejas de hierro, invitándola a salir.
(Sarah)  -. Vamos Pluma Blanca! El Marshall requiere que te lleve ante él, Solo espero que se apiade de ti. No eres mala chica, estos días te comportaste de manera ejemplar, espero que el Marshall lo viera también.
(Maggie)  -. Ese cerdo va a comenzar su circo personal, es un salvaje obligándonos a vestir de esta manera, solamente un cerdo sin escrúpulos nos haría vestir así, enseñando las piernas de esta manera.
(Sarah)  -. Da gracias que no te ha oído, si dependiera de mí, te ibas a tragar esas palabras…  es una ropa apropiada después de la mala jugarreta y  por la vergüenza que le hicisteis pasar al escapar de la cárcel, se están riendo de él, en todo el estado. Ya escuchasteis a los comisionados en mi jurisdicción antes de que él se presentara,  como se guaseaban… No esperéis ahora que no os lo tenga en cuenta. Igual que hará lo mismo con el resto de vuestras cómplices, como con vuestras hermanas, yo haría lo mismo que él, con vosotras, vuestros delitos son de causa menor, con unos días entre rejas pagareis vuestras travesuras niñas!!! Pero si os caldea el trasero,  no os va ir nada mal algo de disciplina.   Los delitos cometidos por vuestras faltas, son simplemente delitos menores, no son de causa mayor. En cambio el haberos escapado de estar encerradas por la ley, ello os valdría unos dos años de cárcel del estado. Pero no ha cursado denuncia por ese delito, por lo que deberías estarle muy agradecidas, más vale recibir una buena azotaina y unos meses bajo una estricta disciplina en una cárcel menor como la de esta ciudad, que estar dos años encerradas en la prisión del estado para mujeres. Allí vuestras nalgas estarían a salvo, pero no imagino como seria vuestra estancia siendo tan jóvenes, violaciones, palizas, vejaciones de todo tipo, no quiero ni imaginarlo. La verdad ibais a desear  estar en donde os encontráis, a pesar de las azotainas que podáis recibir aquí… antes que pasar dos años en la prisión federal del estado.
     Maggie se mantuvo en silencio, sabía que eso era cierto. Solamente de pensar permanecer dos años en prisión, se le ponía el vello de punta. Lo que había oído hablar de lo que ocurría allí con las chicas jóvenes, no era algo que deseara para ella o ninguna de sus hermanas…
     Pluma Blanca salía de su celda mientras ellas discutían, las miraba como iban vestidas y se miraba ella. Un vestido de color gris oscuro y la falda corta que apenas les cubría las bragas, tampoco es que fuesen desnudas, mostraban sus bragas eso sí, pero no era nada que los que estaban a cargo de hacer cumplir la ley en Spank City Spring´s, no les hubiesen visto desnudas con anterioridad y con sus traseros desnudos bien colorados, los vestidos apenas les tapaba la parte baja de su ropa interior. Pero era para facilitar a las comisarias, así como al propio Marshall ocuparse de ellas en caso de comportamiento indebido.
(Sarah)  -. Vamos Pluma Blanca… No hagamos esperar al Marshall.
     La muchacha caminaba delante de la comisaria Sarah, se quedaba paralizada cada dos o tres metros que avanzaba, Sarah la comisaria, la tenía que ayudar sujetándola para hacerla andar hacia la oficina, aunque era porque quisiera resistirse, era puro instinto de defensa, , como era completamente lógico, en breve la iban a dar una azotaina.  No iba hacia la oficina para ser interrogada y volver a su celda, lo que la esperaba la hacía temblar desde la cabeza a los pies, pues era algo que ya se le había vaticinado, durante los días que duro el viaje, el Marshall se lo había hecho entender de manera clara y concisa,  molestándose a menudo en hacérselo recordar, pues sabía que la chica estaba atemorizada, lo que la hacía subir su adrenalina, asi  la mantuvo durante los días de viaje, temerosa, nerviosa, angustiada. Le solía recordar a menudo porque se libró de ser castigada cuando la encontró, así como por qué se libró de que la colocara sobre sus rodillas e ese momento,…  “por haber sido disciplinada por su madre y llevar el trasero en condiciones deplorables”,… Así mismo pudo ver y escuchar como Maggie fue castigada y ver cómo se las gastaba el Marshall, algo que hacía que su cuerpo temblase como un flan. Era una piel roja, pero en esos años aunque eran todavía violentos entre el rostro pálido, y los pieles rojas como ella, se vivía en relativa paz, y muchos pieles rojas convivían con los rostros pálidos, conociendo sus formas de vivir y vistiendo en algunos casos como ellos, por ello no era de extrañar que algunas de las jóvenes indias utilizasen bragas como prenda interior.  Pero sabía bien, que la esperaba al final del corredor, algo muy poco alentador. El Marshall era conocido por muchas de las adolescentes que resultaban tener un comportamiento de rebeldía hacia la ley  o que por su carácter solían hablar más de lo debido, en esos casos el responsable de poner orden en la ciudad, se encargaba de esas jóvenes, excepto que tuvieran quien las disciplinase, en esos casos eran pocas que podían respirar con tranquilidad al cruzarse ante él por la ciudad, así como de poblados indios, por lo que para Pluma Blanca, sabía muy bien lo que iba a suceder al fondo, tras traspasar aquella puerta.
     Pluma Blanca no era tan pudorosa como una chica blanca, no le preocupaba que la corta falda de su vestido, apenas de cubriera el trasero o que la parte baja de sus bragas, las enseñara al más leve movimiento. Eso no significa que no sintiera vergüenza de mostrar su intimidad como cualquier chica, sobre todo cuando su intimidad se veía frustrada ante un extraño, y mucho más, ante las intenciones de este.
     La muchacha estaba apenas a dos metros de tener que abrir la puerta que daba a la oficina, se detuvo ante ella, la comisaria la tuvo que sujetar de los hombros y ayudarla a traspasar aquel umbral. Entonces fue cuando se quedó petrificada al ver al Marshall de pie esperándola, por su mente pasaban pensamientos, como el de salir corriendo de aquel lugar, pero no llegaría a la puerta y mucho menos lograr abrirla. Sarah, la comisaria la dejo a solas con el Marshall.
     Al quedarse a solas con el Marshall ya no había marcha atrás, podía verse como temblaba su cuerpo a simple vista. Estaba aterrada ante la presencia del Marshall, hasta ese momento no se había preocupado del vestido que le había proporcionado la comisaria. Pero en ese momento trato de estirarse la falda hacia abajo, sobre todo su trasero. No se había preocupado hasta ese momento, si llevaba bien colocadas o si sus braguitas cubrían su trasero, en ese instante paso sus dedos por las perneras estirándola y tensando de manera que cubriera su pequeño culito, así como por acariciárselo pasando sus manos bajo la corta falda acariciándose el mismo.
(Marshall)  -. Bien pequeña aguafiestas!!! Así que ayudaste a escapar a las Watson, verdad? Junto con otras nueve amigas tuyas, bien, bien, bien… Me vas a decir donde las puedo encontrar? En estos días de viaje, no has querido contarme nada. Pero ahora lo vas hacer, o no seré muy benévolo contigo, pequeña.
(Pluma Blanca)  -. No saber, nada. Y aunque saber, no decir.
(Marshall)  -. Ese orgullo no te va ayudar en nada, pequeña! Lo mejor para ti en estos momentos es decirme a donde se dirigían el resto de las Watson, muy lejos no podían andar, pues si tu madre, Flor Amarilla te sorprendió y te calentó el culo con la vara, las Watson no podían andar muy lejos, verdad? Así como el resto de vuestras amigas…
(Pluma Blanca)  -. No saber…
      El Marshall perdió la paciencia rápidamente, aunque se esforzó en no exteriorizar estar enfadado, su orgullo no era menor al de la chica india. Lo que le hizo sujetar del brazo a joven, llevándola casi arrastras hacia la mesa, donde la obligo a tumbarse sobre ella de cintura hacia arriba sobre la mesa, apoyando su estómago, mientras el resto de su cuerpo colgaba de ella. Pluma Blanca no era muy alta, más bien era bajita sobre el metro sesenta, razón para que sus pies quedaran suspendidos en el aire al no tocar el suelo con los pies.  Le levanto la corta falda gris, dejando sus bragas de algodón blancas con dibujitos de flores, aunque colocándose detrás de ella, introdujo los dedos de sus dos manos, bajándoselas hasta las rodillas de un tirón brusco. Sin preámbulos se desabrocho el grueso cinturón extrayéndolo con rapidez de las presillas del pantalón. A simple vista, era muy grueso y pesado. Sería de unos siete centímetros de ancho, por un grosor del cuero considerable de casi cuatro milímetros, con lo cual al doblarlo a la mitad, juntando hebilla y extremo haría estremecer a cualquier chica de terror, incluido a Pluma Blanca que manteniendo la cabeza ladeada hacia su izquierda, pudo ver aterrorizada, como el cinturón era extraído de las presillas, así como unido por los dos extremos y al quedar aun siendo demasiado largo, enrollado sobre la muñeca del Marshall dando una vuelta y pasándolo por la palma de la mano derecha manteniéndolo firme y bien sujeto y previsto.
     El pequeño trasero de la joven estaba expuesto para el inicio del castigo, al permanecer echada sobre la mesa, el trasero se mostraba plano dada la posición, sobre todo porque sus piernas colgaban inertes, de haber apoyado en el suelo sus pies, el pequeño trasero habría quedado redondeado y respingón de forma abultada, pero en su caso, lo hacía resultar más pequeño de lo que era en realidad. Una chica rostro pálido, habría luchado por escapar o al menos no se habría mostrado arrogante por su orgullo, como hacia Pluma Blanca permaneciendo inmóvil.
     El Marshall tal y como se había situado tras ella a su izquierda, levantado el cinturón lo descargo con fuerza ante la mirada impasible de Pluma Blanca, que al sentir el terrible impacto en sus desnudas nalgas, solamente cerro los parpados de sus ojos, para de nuevo abrirlos volviendo a mirar con una mirada obscenamente orgullosa, sin expresión alguna. Aunque sus nalgas debían de arderle intensamente, pues su trasero se movía de un lado a otro tras el tremendo azote, aunque poco tiempo fue el que espero, que ya sentía como un nuevo azote cruzaba su trasero. Un nuevo parpadeo de sus ojos fue la única expresión. Aunque su pequeño trasero se movía con más frenesí de un lado a otro. Otro sonido de un nuevo azote cruzo su trasero, esta vez cerro sus ojos de nuevo, manteniéndolos cerrados más tiempo, pero para no ver, giro su cabeza hacia su derecha, más bien lo hizo para que el Marshall no pudiera ver como sus lágrimas surgían de sus pupilas. Su trasero en esos momentos había cambiado de tono claramente por uno más enrojecido en sus pequeñas nalgas, los azotes se sucedieron sin tregua o descanso para la muchacha, la cual debía de arderle por la manera alocada que movía su culo en todas direcciones posibles. Era tal su movimiento, que resultaba difícil al Marshall acertar de lleno en el pequeño pero muy colorado trasero, dando algunos azotes sobre los muslos de la joven, el cual se meneaba de manera alocada de un lado a otro, obligando al Marshall a posar su mano izquierda sobre la espalda de la joven, y así mantenerla firmemente sujeta, mientras con su mano derecha, continuaba lacerando el pequeño trasero ahora ya, con un tono intenso de color rojo brillante.
      Desde la puerta del pasillo a las celdas, se mantenía agazapada la comisaria, con los shorts desabrochados y con su mano derecha introducida en sus bragas, se podía el ver el clásico movimiento a través de la tela de algodón de sus braguitas, aunque solo mostraba de ellas lo que permitía la abertura de tener el short desabrochado y la cremallera bajada, se veían unas bragas de algodón de color azul celeste con lunares blancos o flores blancas, pero no solamente ella contemplaba la azotaina con el cinturón a Pluma Blanca, tras ella las Watson se tapaban los oídos, pues no deseaban escuchar, pues sabía que el Marshall estaba castigando a su buena amiga, cualquiera de ellas, se habría puesto en su lugar para recibir el castigo por ella, eran amigas desde niñas y eran como hermanas. Al otro lado de la oficina, en otra dependencia estaba Laura con su pantalón desabrochado e haciendo lo mismo, claramente excitada con su pantalón bajado a las rodillas y sus bragas blancas se las había bajado a medio muslo, pues estaba a las espaldas del Marshall y era difícil el ser descubierta, aunque sabía por experiencia el riesgo que corría, no sería la primera vez que fuera descubierta haciendo algo similar.  Ante aquella visión, y como la joven india se debatía de dolor con la severa azotaina que estaba recibiendo, y a pesar de sus lágrimas que descendían por sus mejillas como cataratas, la ex-ayudante… ahora comisaria, no expreso pena alguna en su rostro, más bien reflejaba en él, una expresión de regocijo al observar desde su oculto escondite la azotaina. En cambio en la zona del fondo de la oficina dando a la puerta de entrada a la oficina, se mantenía la joven sin poder hacer nada por librarse del intenso ardor en sus posaderas, no dio ni un quejido de dolor o grito ante el fuego terrorífico que tenía que estar sintiendo en su trasero, a pesar que sus braguitas salieran despedidas de sus pies ante el violento pataleo de sus piernas.
      No fue una simple azotaina, fue larga e intensa dada la frustración del que es ahora Marshall, y en aquellos días fuera entonces solamente un sheriff de poca monta, de una localidad casi abandonada en el olvido en el estado, y debido al hecho que fue ridiculizado por un puñado de chicas adolescentes, apenas unas chiquillas a sus ojos de hombre maduro, aguerrido y curtido por haber pasado por la guerra de sucesión del Norte contra el Sur. Paso a ser el hazme reír del estado, y de estar Spank City Spring´s en el olvido por su escasa importancia, pues solo era una pequeña ciudad ganadera, en donde las pequeñas granjas de las cercanías se pertrechaban de víveres y pertrechos para el trabajo diario. Gracias a aquellas niñas, paso a ser la ciudad del insignificante sheriff en el que unas niñas se hicieron con unas, simples aprendices a facinerosas que solo habían realizado pequeños hurtos dignos de una azotaina, pero no como para ponerlas en busca y captura haciendo pasquines de “The Wanted” (Se busca) con una suma de recompensa.
      El Marshall con el brillo perlado de sudor en su frente, dio por finalizado el correctivo, manteniendo el cinturón firme por la hebilla, soltó el otro extremo golpeando el suelo con un sonido breve y seco, pasando el cinturón por sus manos, fue tanteando hasta llegar al extremo opuesto del cinturón, una vez llegado a él, lo fue pasando de nuevo por las presillas de su pantalón de izquierda a derecha, hasta pasarlo  y abrochado a la hebilla.
     Luego dirigiéndose a la muchacha que se mantenía echada sobre la mesa, la agarro por la cintura levantándola dándole la volteo con ligereza  haciéndola sentar sobre sus rodillas, pues se había sentado en la silla que había retirado para tener la mesa, colocándola a la derecha de la mesa y despejada para el correctivo, sin importar que le doliera el trasero, la acomodo sobre su muslo izquierdo y la arrimo a su pecho, la joven aunque odiaba con todo su ser a aquel salvaje, se dejó dar aquel abrazo, el cual hizo que la joven rompiera a llorar desahogándose.
     La mantuvo así con aquel tierno abrazo hasta que la joven se calmó algo y solamente sollozaba moqueando por la nariz.  Las braguitas blancas de algodón con flores de la joven estaban a los pies del Marshall, con la mano derecha inclinándose lo justo y necesario las recogió del suelo, manteniendo a la joven sobre su muslo izquierdo, con su mano a la altura de su dolorido y muy colorado culo.  Las braguitas habían quedado hechas un ovillo al caer al suelo, soltando su mano izquierda se ayudó para desdoblar las braguitas blancas de algodón con flores, ahora al tenerlas en las manos, admiro que eran unas bonitas braguitas con unas flores en relieve azules. Una vez desdobladas se inclinó teniendo cuidado de que no se cayera la joven y le fue poniendo primero la pernera izquierda y luego la pernera derecha, se las fue subiendo hasta sus muslos con una dulce suavidad así como lentitud. En ese instante la joven apenas sollozaba imperceptiblemente y separando su rostro del pecho del Marshall lo miro a los ojos, este le hizo una seña con la mirada para que se bajase de sus rodillas. Ella lo hizo con mucha suavidad y lentitud, aprovechando como la joven se deslizaba el trasero por su muslo izquierdo y apoyando sus pies en el suelo, el Marshall con suavidad le iba subiendo las braguitas lentamente, una vez sus pequeños pies ya se mantenían en el suelo, el Marshall con una dulzura inusitada en el, acabo de ajustarle las braguitas levantándole la falda para así ajustar bien tensas sus braguitas de talle alto a su cintura, teniendo para ello levanto su falda al completo casi bajo las axilas de la chica, quedando claramente bien visibles las bonitas bragas de algodón blancas con flores en relieve azules y aquel talle alto que le llegaba la cinturilla de las braguitas cubriéndole el precioso ombligo de la chica, entonces dejo caer la falda que por su propio peso quedo perfectamente plisada a su inflamado trasero, pues este, sobresalía claramente debido a la inflamación del mismo.
      Manteniéndola entre sus rodillas en pie, la hizo girarse manteniéndola sujeta con sus manos por sus caderas y mirarlo a sus ojos, algo que la chica no pudo realizar, teniendo que bajar su mirada al suelo.
(Marshall)  -. Espero por tu bien Pluma Blanca que hayas aprendido la lección, no puedes entrar en una comisaría y ayudar a unas facinerosas las cuales han violado la ley a escapar, aunque estas sean buenas amigas tuyas, pues ello tiene sus consecuencias. Que haría tu padre Oso Gris, si ayudaras a unas chicas que han robado en tu poblado? Según la ley india, seria repudiada de la tribu siendo castigada y expulsada de por vida del poblado, verdad? Exponiéndote a ser capturada por otra tribu enemiga y ser su esclava, además de estar en disposición de cualquier guerrero a utilizarte a su antojo. Quédate unos días hasta estar en mejor estado para poder volver a tu poblado, pues si vuelves ahora, tu madre Flor Amarilla te estará esperando con la vara para acabar lo que no pudo terminar por fugarte. O si deseas marchar, eres libre de hacerlo. Esa fue la condición que Oso Gris me impuso como norma, que debía dejarte marchar una vez te hubiera dado tu correctivo, según nuestra ley o en este caso, nuestras costumbres de recomponer el orgullo dañado de rostro pálido.
(Marshall)  -. Sarah!!!
(Sarah)  -. Si, Marshall que desea? -. Apareció por la puerta una vez que se había arreglado sus shorts.
(Marshall)  -. Puede acompañar a la joven a su celda, pero deje la celda abierta, Pluma Blanca es libre de marchar cuando ella lo desee, y tráigame a Penélope después…

(Continuará…)  
   

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