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domingo, octubre 04, 2020

EL CASO DE LAS AMAPOPLAS Capitulo 14

                                            EL CASO DE LAS AMAPOLAS   Cap. 14

 

     Era último día de estancia en casa del Sr. Fiscal, las chicas sabían que esa estancia era el castigo por su desliz con el Fiscal General de la ciudad. Fue una clara compensación a una antigua amistad, además de uno de los socios de la sociedad que tenían constituida, las chicas por descontado desconocían esa sociedad, ya que era una organización totalmente en el anonimato, tras la cual habían varias empresas que ocultaban sus negocios no muy legales. Se podría decir que fue el pago que los dirigentes de las altas esferas, para así acallar a uno de sus socios, por estar implicadas las hijas de uno de los miembros de la presidencia, de otra forma habrían tenido que eliminar al Fiscal General, y esa determinación habría organizado demasiado escándalo en la ciudad, por ello el presidente al cual nadie conocía, decidió que el Fiscal General se encargase de castigar a las chicas responsables, conociéndole por su afición a la disciplina, sabían que no iba a rechazar la oferta, además no era una persona inculta, por lo cual no desconocía que de rechazar la propuesta habría sido un grave error, no solamente para él, también habría sido peligroso para su familia, pues la organización cuando se encargaba de situaciones similares, no dejaban cabos sueltos.

        Después de los días de clase que habían tenido, tras los cuales Lady Margaret las había instruido y dado clases de leyes principalmente, así como las claves para llegar a ser un buen detective, se había documentado de un libro que el propio William Adams le había prestado a Lady Margaret, el cual había sido  a su vez prestado  por la universidad de la ciudad, por instancia directa del Sr. Clark Miller, los miembros de la junta directiva de la universidad, colaboraron inmediatamente guardando silencio, ocupándose de ese tema los guardaespaldas y hombres de confianza… se encargaron de que la universidad no mencionara nada, asegurando su silencio del motivo de esa demanda.

      Solo les restaba ese día a las chicas, el realizar un test tipo formulario compuesto de seis partes y que habían sido extraídos de exámenes realizados en dicha universidad, los cuales también fueron facilitados por la universidad muy generosamente sin hacer preguntas, un Magnum 45 apoyado en la sien del director de la universidad, es un negociador infalible para hacer silenciar, los hombres de confianza de la organización sabían bien cómo hacer su trabajo, en apenas unas horas disponían del material necesario para instruir a las chicas, la organización se vio obligada a actuar con rapidez, recurriendo a métodos rápidos y muy eficaces, al día siguiente la universidad estaba de luto, por uno de sus miembros de la junta directiva, que no estaba dispuesto a colaborar, teniendo un desgraciado accidente estando limpiando su arma reglamentaria, la cual se le disparo al estar cargada.  El periódico de la ciudad publico la noticia en las ultimas hojas, con un artículo breve por la afectación de la noticia, que había sido un duro golpe para la familia dicho accidente.  La fiscalía cerró el caso rápidamente, evitando así una investigación al ser un hecho desgraciado.

      Para acabar de repasar como parte de su castigo o correctivo.  Las chicas en su mayoría deseaban marcharse de aquella casa, pero no todas ellas pensaban lo mismo, Vanessa por ejemplo; era única metiéndose en problemas, además para cualquiera de las chicas pensaría de Vanessa que deseaba irse, pues siempre hablaba muy mal las brujas de la Sra. Myers, o de  de Lady Margaret a la cual parecía tenerle manía, aunque ella en su fuero interno era sin duda tenia estima a esas dos señoras, siendo claramente una de las que no deseaban marcharse.  En su interior se le había despertado su personalidad más íntima, todas las chicas en mayor o menor grado, disfrutaban de recibir una buena azotaina, en cambio para Vanessa lo que había vivido esos días había sido nuevo para ella.  Era una chica independiente viviendo sola desde los dieciséis años, sus padres le permitieron independizarse principalmente por que no estaba sola, al contar con la compañía de su mejor amigo Frank,  se habían criado juntos desde niños no siendo un problema su tendencia sexual, pues de niños Frank solía hacer caso a Vanessa jugando a papas y mamas, haciéndole a Frank ponerse los vestidos de Vanessa, así como su ropa interior. Ese era uno de los juegos preferidos de Vanessa travestir a Frank, el cual se prestaba feliz a esos juegos.  Para los padres de Vanessa no era ningún secreto, el descubrirlos en su cuarto jugando estando Frank vestido de chica, riéndose de esas situaciones al verles jugar. Eran niños simplemente eran juegos inocentes, y los padres no les amonestaban, como tampoco les decían que no estaba bien.  Con el paso de los años no les extraño la tendencia sexual de Frank, al contrario que sus padres que al conocer su tendencia, lo echaron de su casa al confesarle que era homosexual.  Así mismo Frank o “Jessica” pensaba igual que Vanessa, pues en esa casa podía ser ella misma sin tabúes por su sexo, siendo tratada por sus compañeras como una chica más, y no les turbaba quedarse desnudas ante él, pues para ellas era una chica más, por otra parte ellos dos no tenían a nadie que les cuidase.  A diferencia de sus amigas, que todas Vivian bajo una estricta disciplina en casa. Frank no tenía a nadie que lo castigase como era su deseo, pues en su contrato prescindió de esa cláusula, pues hubiera sido descubierta su vida íntima, desde que se independizo al echarle sus padres de casa, solo utilizaba prendas íntimas de chica que se las compraba Vanessa. En cambio Vanessa tenía que portarse mal en su trabajo, con lo que le suponía ir al despacho del Sr. Adams para lograr sus propósitos, envidiaban a Marie y Yuni Lee que Vivian con sus padres, Rose Mery y Carmen con una casera estricta, Luisa vivía con sus padres que eran muy estrictos, Helen tenía a su jefe que la castigaba casi a diario por cualquier falta de ortografía, o por no facilitarle el correo o llevarle los archivos ordenados. Para ellos salir de aquella casa era volver a la rutina, sin tener alguien que se preocupase de ellos, y les tratara con disciplina de manera espontánea, sin tener que cometer faltas para ello, iban añorar el no ser regañadas por dejar las braguitas tiradas en el suelo, o por no hacer la cama, o llegar tarde a casa cuando salían de fiesta llegando con una copa de más.

     Rose Mery y Carmen López llevaban como cinco años viviendo solas, se habían conocido en la universidad e intimaron rápidamente como amigas, aunque solamente sus amistades más íntimas, conocían que eran pareja casi desde el día que  se conocieron.  Pero ellas en cambio  tenían a una casera que las llevaba rectas como velas, era una mujer mayor de sesenta años y había trabajado como Nana de Rose Mery desde niña, criándola ella desde el día que vino al mundo, siendo como una segunda madre para ella.  La cual no dudaba en bajarle las bragas, aunque estuvieran los vecinos delante o bajando por las escaleras, recibiendo una buena azotaina en el portal o en el mismo rellano de su piso, así como escucharla llorar los vecinos a través de las paredes,  en el interior de la casa al estar recibiendo una azotaina.

     En una de esas situaciones Carmen López la acompañaba para estudiar en su casa, viendo a Rose Mery muy preocupada nada más entrar en el portal de su casa, pues una señora mayor les franqueaba la entrada, dicha señora era como si la esperase en el interior con un grueso cinturón o correa en la mano derecha, aquella mujer la intimido también a ella la cual observando con rostro severo a Rose Mery,  viendo como su amiga Rose Mery le había cambiado el semblante de sonriente de hacía tan solo unos instantes, pasando a ponerse muy seria, así como agitada muy nerviosa e incluso  aterrada.  La vio sorprendida como  depositaba la mochila en el suelo, e introduciendo sus manos bajo su falda se bajó las bragas.  La señora vestía una blusa azul marino a cuadros pequeñines, con una falda ondulada por debajo de las rodillas de color Beige,  con un mandil por encima de color  blanco con los bordes ribeteados de fina puntilla, permanecía en el rellano del portal de pie junto a una jardinera, en la cual habían plantas artificiales muy vistosas, un ficus de hojas grandes que por su tamaño parecía un arbusto, era un tipo de planta muy asidua de la época en muchos edificios del barrio, Incluso en fachadas los tenia naturales.  La señora con la pierna izquierda flexionada al apoyar el pie en el borde del macetero, manteniendo la rodilla en un Angulo de noventa grados, su brazo izquierdo en jarras apoyado sobre su muslo, así como de su mano derecha aquella vieja y ancha correa de cuero, como las que se usaban para afilar cuchillos, viendo la correa desde más cerca resultaba aterradora, al tener un mango de madera y como la correa estaba fijada a un listón de madera en su interior, resultando una visión nada alentadora.  Vio como Rose Mery avanzo temblorosa hacia la mujer, deteniéndose al colocarse junto a su pierna flexionada, y como la señora sin mediar palabra alguna la sujeto por la cintura con sus dos manos e izándola sin esfuerzo depositándola sobre su muslo boca abajo, con las piernas de Rose Mery sin tocar el suelo manteniéndolas en volandas y por el otro extremo del muslo de la señora, el cuerpo de Rose Mery  colgaba cabeza abajo, apoyando sus manos en el macetero, observando Carmen como la señora le levantaba la falda y comenzaba a darle una azotaina con el ancho cinturón en el culo desnudo, el cual lo tenía muy blanco al empezar la azotaina, pero pronto lo tuvo todo colorado, para poco después muy rojo, pocos minutos después  mientras subían las escaleras hacia el piso, se enteró Carmen que la profesora la había llamado por teléfono, comunicándole que Rose Mery no había entregado su boletín de notas firmado por su tutora, que resultó ser su tutora dicha señora por decisión de sus padres.  En ese instante Carmen López comprendió por qué Rose Mery se puso roja, cuando la profesora le dijo en clase que había llamado a su casa por teléfono, por ello Rose Mery debió invitarla a estudiar en su casa pensó ella, al parecer en la creencia que aquella señora no la castigaría si iba acompañada.  Con el paso del tiempo pudo comprobar que no era así, pues la señora la castigo más de una vez en su presencia e incluso delante de los vecinos.   Un hecho que turbaba a Carmen López cada vez que veía a la señora darle una azotaina a su amiga delante de ella. Incluso alguna vez se veía así misma, quedando atribulada deseando estar sobre sus rodillas y con las bragas bajadas, deseando ocupar el lugar de Rose Mery  sobre las rodillas de aquella señora, hasta que un día  se armó de valor ya que estaban escuchando música en la habitación de Rose Mery,  abriendo la puerta de sopetón apareció la señora enfadada con un cepillo en la mano, advirtiéndolas que bajasen la música o se iban a enterar las dos, Rose Mery se apresuró a bajar la música…

-. Carmen ya te he avisado que pasaría esto…

     A los pocos minutos Carmen volvía a subir el volumen de la música, aunque a Rose Mery no se le paso por alto el nerviosismo de su amiga, viendo claramente sus intenciones, pero sin decirle nada a ella, a los pocos minutos apareciendo la señora con el cepillo de baño en su mano derecha, no tardando en agarrar a Rose Mery cruzándola sobre sus rodillas tras sentarse en la cama, levantándole la falda y posteriormente bajándole las bragas blancas con florecillas de lavanda, la azotaina con el cepillo fue de órdago, no había más que escuchar a Rose Mery llorar y suplicar que parase que no había sido ella, que había sido Carmen…

-. No te preocupes por ella! Ya que ambas os habéis portado mal desobedeciéndome, y hay para las dos…  ya que no entendéis por las buenas, vais a entender por las malas os voy a…  “dar jarabe de palo” así aprenderéis a comportaros como buenas niñas…!!!

    Aquella amenaza se grabó en la mente de Carmen a fuego…  pues poco después era a ella a quien colocaba sobre sus rodillas, le levantaba su falda, para bajarle después sus bragas blancas diminutas, de las cuales fue recriminada Carmen por la señora, regañándola que aquellas no eran bragas que debía llevar una adolescente, pero se las bajo igualmente hasta las rodillas, para darle su correspondiente azotaina con el cepillo de baño, a los pocos minutos estaba llorando y pataleando desesperada con el culo en llama viva, era la primera azotaina de su vida.  Esa noche se quedó Carmen a dormir en casa, tras llamar la señora a sus padres sin cortarse ni un pelo comunicándoles que había tenido que castigar a su hija y que tanto Carmen como Rose Mery estaban castigadas, a sus padres no les pareció mal conocer que alguien había colocado en su lugar a su hija, sorprendiendo a Carmen sus palabras tras escuchar en los labios de la señora que se quedaba a dormir.  Al parecer Carmen era un auténtico diablo en su casa, pero a pesar de ello nunca le habían puesto la mano encima.   Carmen y Rose Mery durmieron juntas esa noche en la misma cama abrazadas, con el tiempo se hicieron amigas inseparables, y cuando Carmen les pidió permiso a sus padres para irse a vivir con Rose Mery, no les pareció mal la idea, pues sabían que estaba en buenas manos, ya que en esa temporada había sido castigada Carmen con relativa frecuencia por la señora, y siempre que esto ocurría la señora lo comunicaba a sus padres, que la había castigado por portarse mal, por suspender exámenes, por hacer novillos en la universidad y por llegar a casa con alguna copa de más o incluso llegar más tarde del horario fijado como hora límite de llegada.  Así fue como con el tiempo se confesaron entre ellas, que les gustaba ser disciplinadas, con lo cual los castigos eran más asiduos en ellas, y su casera no dudaba en calentarles el culo a las dos o por separado… A partir del día que se fue a vivir con Rose Mery, su vida cambio para ella.  Siempre había escuchado a la Sra. Flaxman, Edith Flaxman… hablar sobre lo que pensaba de la ropa interior que utilizaba, bragas pequeñas que apenas cubrían sus vergüenzas, siempre la regañaba que era una indecente por utilizar esas braguitas provocativas.  El mismo día que fueron a la casa de los López a recoger sus cosas, de regreso entraron en un centro comercial, en donde compraron ropa interior para Carmen, sus braguitas de escándalo para la Sra. Flaxman se acabaron ese mismo día, al salir del centro comercial ya llevaba puestas bragas similares a las de Rose Mery, bragas altas que le cubrían hasta el ombligo y que le tapaban su trasero casi al inicio de los muslos… para Rose Mery volver a casa significaba volver a ser castigada por la Sra. Flaxman, la cual era para ella como una madre, por lo que las sensaciones que vivía en la casa, las iba a extrañar el ser castigada por personas ajenas a su vida diaria, siendo unas sensaciones que en casa no las experimentaba, en cambio para Carmen si deseaba volver a casa, le encantaba vivir bajo la estricta disciplina de la Sra. Flaxman, para Carmen era la casera, en cambio para Rose Mery era su mama.  Ella no la castigaba por tener las braguitas mojaditas, cosas que iba a extrañar como ser revisada cada mañana, su casera o Nana, no hacia esas cosas, ni la regañaba cuando encontraba sus braguitas mojadas en la ropa sucia, todo ello lo iba a añorar.

 

          Para ser la última jornada estaba resultando ser un día duro para algunas chicas, en especial por los sucesos que transgredían una de las reglas fundamentales de la casa. En las cuales se habían visto  implicadas Helen Smith y Silvia Montero, ya que las dos fueron castigadas en sus respectivas habitaciones esa mañana. Así se enteraron sus compañeras desde el pasillo lo que había sucedido esa noche, al escuchar el sonido característico que producía la zapatilla de la Sra. Myers, para pocos segundos después escuchar llorar a la primera de ellas, fue una severa azotaina por como aullaban de dolor mientras recibían. A todas sin excepción les hubiera gustado  poder asomarse a la puerta, como buenas spankee´s que eran, les encantaba ver con sus propios ojos cuando le calentaban el culo a cualquiera de ellas, sentían lastima por la que estaba siendo castigada, pero en su mente aparecía su sentido de spankee, siendo este el que se apoderaba de sus pensamientos, no pudiendo evitar que el fondillo de sus braguitas se les humedeciera, sobre todo pensando con gran preocupación, en el castigo que las esperaba a ellas mismas al salir de las duchas, sentían como en el estómago como revoloteaban las mariposas en su interior del nerviosismo, así como del terror que tenían todas, al instrumento de castigo utilizado por las celadoras, el cepillo de baño de madera, siendo estos unos viejos cepillos muy pesados, de un grosor considerable lo que lo hacía más terrorífico y temible.  

      Alguna de las chicas eran mucho más osadas, se cubrían colocándose oculta detrás de una compañera para no ser vista, e introdujese la mano bajo su breve camisón acariciándose la entrepierna introduciendo sus deditos entre el fondillo húmedo de sus braguitas, tras haberlo apartado  hacia un lado, dejando así acceso libre a sus juguetones deditos, lo cual les habría valido una severa azotaina de ser descubiertas, pero debido a su excitación no tenían la mente clara para ponerse a pensar en las consecuencias. 

      Al igual que le había ocurrido a Silvia Montero el día que acompañaba a su jefe el Sr. Fiscal, debía de haberse marchado de la casa, tras haber demostrado a las chicas  de la agencia de detectives Miller, que ella no estaba desaparecida  como ellas afirmaban, siendo una de las diez chicas que había denunciado la Sra. Henderson de su desaparición. Pero en vez de marcharse  se prestó voluntariamente, a ayudar a Vanessa que permanecía echada en el suelo llorando,  al verle el estado del trasero se acurruco a su lado haciéndole compañía en el sofá, acabando siendo descubierta masturbándose, así como observando a Vanessa como le acababan de poner el culo de colorado tras darle una buena azotaina. 

        Silvia momentos antes había podido ver por el resquicio de la puerta del salón, como Vanessa fue castigada en el interior del salón, Silvia escuchaba la azotaina desde el vestíbulo permaneciendo sola, esperando a ser llamada por el Fiscal para presentarse ante las chicas, pero para ello sucediera, aun pasarían unos minutos pues podía ver que su jefe estaba ocupado castigando a Vanessa.   En ese instante ya fue sorprendida por la Sra. Myers, siendo  regañada por como la había encontrado, por estar haciendo lo mismo que por el motivo que sería sorprendida poco después.   Justamente como la habían sorprendido hacía poco, y para más inri por segunda vez. Pues la primera vez en el vestíbulo, al ser reprendida apareciendo su jefe por las voces que escucho en el vestíbulo, ante el regaño severo del Ama de llaves, teniéndole que prestar la Sra. Myers unas braguitas limpias, al ser únicamente una invitada a la casa, para prestar un servicio al Fiscal, su jefe. Pero… Después de ser presentada a las chicas como testigo, atestiguando que ella no estaba desaparecida, debería de haberse retirado del salón y marchado a casa con el auto que la esperaba fuera, pero el ver a Vanessa castigada en el suelo, y el escuchar como sonaban los azotes de la azotaina que estaban recibiendo las chicas en el interior del despacho, por su mente pasaron imágenes que solo ella podía ver, acabando ayudando a Vanessa y haciéndola compañía en el sofá, entre el sonido de azotes y los lastimeros sollozos de fondo, acabo sin darse cuenta masturbándose al tiempo que le acariciaba el caliente trasero a Vanessa, siendo descubierta infraganti poco después, y siendo la causa que ella se hubiera unido a la estancia en la casa  de las chicas.

    …Al igual que hubieran sido castigadas las chicas esa mañana, si quien las hubiera despertado, hubiera sido la Sra. Myers. Pero por fortuna para las muchachas las despertó la Institutriz, quien las reviso al despertarlas bajándoles las braguitas aun estando adormecidas, despertando agitadas de terror, pero se calmaban al ver la dulce mirada de Lady Margaret.  Lo  cual agradecían todas que así fuera, por la dulzura con la cual las trataba y lo buena que era con ellas, pues Lady Margaret las regañaba al revisarles las braguitas, pero se apiadaba de ellas al saber lo doloridos que tenían sus traseros, (El que ella misma lo llevara dolorido tendría mucho que ver) no dando aviso a la Sra. Myers del lamentable estado del fondillo de sus braguitas, a la cual ocultaba como había encontrado a las chicas, con el fondillo de su ropa íntima claramente muy húmeda, tras haber pasado una noche de dulces sueños y que el estado de sus traseros las hizo dormir plácidamente, una vez que lograron conciliar el sueño.  A todas sin excepción las encontró con la entrepierna húmeda. incluso  alguna de las chicas las regaño e girándolas colocándolas boca abajo sobre la cama, dándoles unos azotes cariñosos en el culo, al encontrar muestras en el fondillo de sus braguitas de haberse masturbado, teniendo los restos del resultado en dicho fondillo, pero a pesar de ello no las delato, pues les hubiera supuesto una buena azotaina,  ya estaba siendo una mañana movidita al recibir una azotaina  dos de las chicas, sus “Ayees” de dolor se debían de escuchar por toda la casa.

    Una vez levantadas de sus camas fueron saliendo de las habitaciones,  colocándose junto a la pared como les indico Lady Margaret. Las muchachas esperaban ya en el pasillo a dos de ellas, que eran justamente las que escuchaban que estaban llorando, una de ellas lloraba de temor a lo que la esperaba, estando a la espera que fuera la Sra. Myers  a por ella a darle su merecido, y la otra porque lo estaba recibiendo en esos instantes… La primera en salir al pasillo fue Helen Smith,  llorando cayéndole las lágrimas por sus mejillas, con su rostro enrojecido de lo mucho que había llorado y sobándose el culo con la mano izquierda, pues en su mano derecha llevaba sus bragas en la mano, las llevaba por el ribete de puntilla blanco del elástico de una de las perneras, colgando del dedo índice y pulgar, la prenda colgaba inerte de manera rígida entre sus dedos, por lo que se apreciaba que estaban empapadas. Todas sus compañeras aguardaban  en fila en el pasillo, viéndola pasar ante ellas que estaban esperando  para ser conducidas a la tercera planta, a las duchas.  

        Con el claro nerviosismo de sus rostros, pues todas sabían que después les tocaba recibir su castigo matinal y presenciar cómo le acababan de poner el culo de colorado a Helen, hacía que sus nervios se acentuaran, así como sentir como les subía la adrenalina a todas.  Al salir de la habitación Helen, Lady Margaret la aguardaba fuera en el umbral de la puerta,  para conducirla a su lugar de la fila, pasando ante todas las chicas que esperaban arrimadas a la pared en fila india, de las cuales ninguna de ellas se perdieron detalle alguno, al ver  lo colorado que llevaba el trasero Helen, al pasar a su lado la vieron cómo se acariciaba con la mano izquierda, así como al frotarse el culo arriba y abajo el culo, se le subía el corto y fino camisón, dejando a la vista claramente la parte baja del trasero, viendo el tono  colorado del culo, que le acababan de poner al no llevar las bragas puestas.

     Lady Margaret para avergonzar más a Helen, si ello fuera posible, la hizo pasar por delante de sus compañeras,  y así vieran las demás que les ocurría a las niñas que mojaban la cama, para su mayor vergüenza la iba regañando… “Esto te enseñara en lo sucesivo a ir al servicio antes de acostarte…seguro que la azotaina que te acaban de dar por meona te enseñara, te enseñara a ser más precavida al acostarte… ” Llevándola sujeta por el brazo izquierdo la fue a colocar la primera de la fila, dejándola en la cabecera en primer lugar y dándole una fuerte palmada en el culo sobre el corto camisón, Helen ante la sorpresa al sentir el fuerte azote,  se  sobresaltó e ello hizo que se le cayeran las braguitas al suelo, teniendo que agacharse a recogerlas, haciendo todo tipo de guiños del dolor y  las molestias que sintió  al agacharse así como  los  pinchacitos molestos. 

      Lady Margaret volviendo sobre sus pasos, dirigiéndose en esos momentos hacia la habitación de Silvia, que ya se escuchaban de nuevo de fondo, el sonido de los azotes con la zapatilla que estaba recibiendo.  Andaba con calma deteniéndose y observando a las chicas  sus rostros, deteniéndose delante de dos de ellas, a las cuales sacándolas de la fila cogidas de la oreja, primero a una y después a la otra, les dio unos buenos azotes sobre las bragas, por sorprenderlas riéndose de Helen supuestamente por haber mojado la cama… “No sé de qué os reis sinvergüenzas? Eso que hacéis está muy feo, está muy mal el reírse de una compañera vuestra que ha sido castigada…y mucho más teniendo en cuenta lo que os espera arriba a todas vosotras!!!...”  Dejando a las dos chicas sobándose sus traseros, aunque solo fueron  unos azotes nada más, pero sonaron ruidosos por la fuerza empleada por lo molesta que estaba Lady Margaret con ellas.  Por el pasillo continuo andando hasta detenerse en el umbral de la puerta de la habitación de Silvia, viendo como la muchacha acababa de recibir los últimos azotes y lo colorado que le acababa de poner el trasero, tras haber recibido la azotaina sobre las rodillas de la Sra. Myers  con su temida  zapatilla, pues a todas las chicas las aterrorizaba dicha zapatilla, pero lo que más aterrorizaba era ver como de diestra era la Sra. Myers al usarla, así como lo fuerte que sacudía con ella, viéndola la joven incorporarse dolorida  sobándose el culo a dos manos vigorosamente, al igual que pudo  ver a la Sra. Myers acabar de bajarle las bragas a sus pies, mientras la joven articulaba sus piernas dando pequeños saltos tratando así de mitigar su intenso ardor en su inflamado trasero, aprovechando para quitarle las braguitas  por los pies, y obligar a Silvia a que las sujetase para llevar sus braguitas en la mano.  Lady Margaret pudo ver como la muchacha se negaba a cogerlas, por el intenso fuego del culo, del cual no quería o pretendía dejar de sobarse en ese momento, recibiendo una fuerte bofetada en su mejilla derecha y al hacer ademan la Sra. Myers  de darle una segunda, Silvia cogió sus bragas con cara de hastío por el estado empapado de orina de la prenda, gesto que por poner esa cara de hastió le valió recibir unos zapatillazos más, que resonaron por toda la habitación, haciéndola brincar hacia adelante dando saltos a cada azote. 

     Las chicas vieron salir en primer lugar a la Sra. Myers y tras ella salía cabizbaja Silvia Montero llorando, caminando a su costado izquierdo Lady Margaret que la llevaba cogida del brazo izquierdo, mientras la joven se sobaba el culo con la mano izquierda, a pesar que apenas lo alcanzaba al sujetarla del brazo la institutriz, viéndola andar removiendo el culo al no poder sobarse, en su mano derecha llevaba sus bragas separadas de su cuerpo, el hastió de la chica por llevar sus braguitas era visible, que no las llevaba por gusto de la mano.  Delante de ellas con paso firme pasaba la Sra. Myers ante las chicas observándolas a todas en fila bien alineadas, fueron pasando por delante de las compañeras, hasta colocar a Silvia  en el primer lugar  por delante de Helen, y al igual que hiciera con Helen, a la llorosa Silvia le dio una  buena palmada en el culo, ninguna de sus compañeras se atrevió a reírse, al permanecer observándolas de cerca con la mirada severa de la Sra. Myers, viendo todas las muchachas como se inclinaba para calzar el pie con la zapatilla en el mismo pasillo.

      Las señoras las hicieron avanzar caminando ambas señoras al unísono, se encaminaron hacia las escaleras para ascender a la tercera planta,  viendo como las dos primeras chicas que eran Silvia y Helen se sobaban el culo al subir los escalones, entrando primeramente en la estancia de lavandería, donde las aguardaban las celadoras encargándose de desnudar a las chicas, ante la atenta mirada de Lady Margaret y la Sra. Myers, sacándoles el camisón así como sus braguitas, rompiendo el silencio unos buenos azotes, que se llevaron tres de las chicas al impedir que le bajasen las bragas, aunque no les valió para nada más,  que  entrar a las duchas bien calientes, dejando sus ropas en sus respectivos recipientes de ropa sucia, para a continuación entrar a las duchas, al ser colocada cada una en su ducha correspondiente, entrando poco después  sus celadoras, ataviadas con una bata de látex para que no las mojasen, ya que eran las encargadas de cada chica para ser enjabonadas, todas las muchachas podían contemplarse las señales en sus traseros, así como con una ojeada rápida ver quien de ellas lo tenía en peor estado, aunque para todas ellas era todo un espectáculo lo que veían, aún algunos de los traseros se les apreciaba que los tenían tenuemente colorados, pero en cambio tenían zonas de las nalgas claramente moradas o de un azulado verdoso en sus redondeces,  al entrar las chicas en grupo. Las ultimas en entrar fueron Helen y Silvia desnudas seguidas por la Sra. Myers que las seguía regañando severamente por haber mojado sus camas, lo mismo que había estado haciendo mientras subían a la tercera planta, sin dejar ni un solo segundo de regañarlas, viendo los rostros de las dos chicas muy avergonzadas,  dándole unos azotes al entrar a las duchas, que resonaron en las paredes con el sonido del agua cayendo, las hizo entrar a base de buenos azotes  alternativamente a una y la otra, hasta el extremo más alejado, a las ultimas duchas libres, con sus traseros claramente muy enrojecidos, con un claro tono de color rojo escarlata brillante, detalle que no paso por alto a ninguna de sus compañeras, pues todas se dieron la vuelta, estando siendo enjabonadas por las celadoras, para verles el culo lo colorado que lo tenían, con claros rasgos morados de fondo en sus nalgas, alguna de ellas por mirar recibió unos azotes por entorpecer a su celadora el trabajo de bañarlas.

     En las mismas duchas fueron secadas con toallas por las celadoras antes de salir, con alguna que otra protesta porque raspaba la toalla, un hecho aislado y con consecuencias inmediatas, siendo la chica sacada de la ducha bajo el fuerte brazo de la celadora, mientras con la mano libre le daba una serie de azotes llevando a la chica en cuestión en volandas, antes de depositarla en el suelo para vestirla, ponerle las bragas limpias, así como  el uniforme correspondiente.  Poco después todas vestidas salían del vestuario, entrando a la estancia de las sillas, como las chicas llamaban a esa sala o sala de los azotes, sus rostros eran muy serios y incluso alguna ya lloraba ante el temor de la azotaina que les esperaba, las celadoras fueron tomando asiento en sus sillas correspondientes, unas de ellas colocaban a las muchachas sobre sus rodillas, le levantaban la falda y le bajaban las bragas, otras en cambio le bajaban las bragas al tenerlas a su costado de pie, antes de colocarlas sobre las rodillas, todas excepto Marie Nelson y Yuni Lee que no recibieron su castigo matinal de mantenimiento, pero sí  tuvieron que permanecer de pie viendo como a sus compañeras, las colocaban sobre las rodillas bajándole las bragas, viéndolas como comenzaban a recibir las azotainas con el cepillo, así como empezaban a llorar a los pocos azotes, observando como recibían la azotaina con el cepillo de madera, viéndolas como se agitaban sus piernas alocadamente, en todas direcciones o meneaban sus caderas de lado a lado, actos claros de lo mucho que les dolió a todas la azotaina que estaban recibiendo, bien sujetas por las celadoras las cuales ni pestañeaban al calentarles el culo, tras haberles bajado las  bragas, dándoles una severa azotaina con el cepillo tal y como tenían ordenado hacer o ellas serían las que pagasen las consecuencias, para ello tenían a la Ama de Llaves la Sra. Myers y la Institutriz  Lady Margaret observándolas de cerca, cerciorándose que todas las celadoras se esmerasen dándoles los azotes, así como la intensidad de la  fuerza de sus brazos al propinar los azotes a conciencia en los desnudos traseros de las jóvenes, sus aullidos de dolor al sentir el cepillo en el culo así lo atestiguaba o sus alocados pataleos.

      En breves minutos acabaron de darles las azotainas a las chicas, las cuales lloraban como posesas por el intenso fuego y dolor en sus traseros, una vez reincorporadas puestas en pie, a todas se les subió las bragas colocándoselas bien arriba y bien tensas, marcándoles en sus nalgas las braguitas al  apretar el elástico la base de sus nalgas, Marie y Yuni vieron como hacían todo tipo de gestos sus amigas al subirles las bragas, ya que las celadoras se las subieron sin ningún miramiento por el estado de sus traseros. Manteniéndose en pie al lado de su celadora las chicas sollozaban, viendo como  Lady Margaret en una hilera de sillas, y la Sra. Myers en la otra hilera, las iban a revisar una a una, fueron revisando los uniformes de las chicas al igual que las braguitas estuvieran bien tensas, incluidas Marie Nelson y Yuni Lee.  Pasados unos minutos salieron en fila de dos hacia las escaleras para bajar a desayunar al salón.  Aunque  fueron detenidas al inicio de las escaleras por Lady Margaret,  tuvieron que esperar a que la Sra. Myers en compañía de dos de las celadoras, que se llevaron a Helen y Silvia volvieran de nuevo de la sala anterior, volviendo aparecer unos minutos después viendo todas las chicas, que tanto Helen y Silvia salían llorosas acariciándose sus traseros, al pasar delante de ellas al colocarlas de nuevo en primer lugar, vieron que  bajo sus cortas faldas, apenas le cubrían las bragas  y que bajo la prenda íntima se notaba que les abultaba algo no habitual, no tardaron en deducir que llevaban pañales bajo sus bragas, pues al pasar ante ellas escucharon el roce que hacía en sus muslos al andar, viéndolas caminar torpemente a causa del pañal entre sus piernas al pasar delante de ellas.   

      Bajando las escaleras, todas aprovechaban que no las observaban para sobarse el culo, o se posaban las manos en la base de sus traseros sujetándose las nalgas, y así estas no se agitasen por si solas al bajar los escalones, algo que les suponía el roce de las nalgas inflamadas con la tela de sus braguitas,  causándoles un picor y escozor muy molesto,  así mismo les dolía menos al bajar los escalones al tener que flexionar las rodillas. 

    Las muchachas al entrar al salón se quedaron atónitas nada más entrar, pues sin dejarlas colocarse en sus lugares a la mesa, fueron testigos de la severa reprimenda del Sr. fiscal a Lady Margaret, y como esta era enviada al despacho sin dejarla hablar o justificarse, pues de la forma que el Sr. Fiscal la envió a su despacho sin dejarla ni desayunar,  las palabras no dejaban lugar a las dudas… “Ya se puede ir preparando Lady Margaret!!! Enseguida nos reunimos con usted”…  Todas las chicas observaron a Lady Margaret como pasaba ante ellas, con su mirada cabizbaja claramente con gesto de preocupación, casi con lágrimas en los ojos por su forma de brillar, viéndola como se acariciaba el culo con ambas manos, un hecho que dejo atónitas a varias de ellas…Pues no daban crédito que la Institutriz fuera regañada de aquella forma, y menos al verla pasar ante ellas sobándose el trasero.

      Por orden del Fiscal todas ocuparon sus lugares en la mesa, siendo observadas por las hijas del Fiscal, ya no eran tan niñas, pero sonreían con picardía con sus miradas al ver como se removían  en sus asientos.  A Vanessa la tuvo que parar Marie al leerle el pensamiento, pues vio que pretendía darle una patada a la hija menor por debajo de la mesa, por que esta le hacía  gestos para chincharla, así como sacándole la lengua a modo de burla… La acción no fue descubierta por ninguno de los adultos, a excepción de la esposa y madre de la chica que la regaño, ante la seriedad que adopto la pequeña por el regaño, Vanessa le devolvía la burla sacándole la lengua a la pequeña, siendo llamada la atención a la vez que regañada  a la propia Vanessa por la madre de la pequeña, pero por fortuna para ella el Sr. Fiscal o el Sr. Charlton seguían hablando entre ellos de sus asuntos, aunque sonrieron ante los hechos, actuaron  como si no hubiera sucedido nada.

      Al terminar su desayuno vieron como el Sr. Fiscal y su esposa se levantaron de sus sillas, encaminándose hacia el despacho, pocos segundos después el propio Sr. Charlton les precedió desapareciendo al entrar al despacho. Momento en que la Sra. Myers se levantó de su silla, y ordeno levantarse a las muchachas, algo que todas sin excepción agradecieron al poder levantarse, de aquellas malditas sillas con el duro asiento de madera, relajando así sus maltrechos traseros, así como sintiendo un gran alivio, arreglándose y plisándose sus cortas faldas,  así como introduciendo sus manos bajo las cortas faldas, e introducir bajo el elástico el dedo índice para estirar el maldito elástico de las braguitas, el cual las mortificaba a todas ellas, incluso a las hijas del Fiscal que habían sido también castigadas el primer día, por no estar atentas en clase, pero las demás acababan de serlo y el estar sentadas el elástico las mortifico a todas, al pellizcar sus nalgas al estar sentadas sobre el duro asiento de madera, por la presión que ejercía el elástico al tener muy tensas sus braguitas, así como notar claramente las costuras de las braguitas a sus maltrechos culitos, que con los minutos que habían transcurrido, ya comenzaban a ser muy molestas el llevar bragas, lo cual al andar dirigiéndose hacia las escaleras, la presión en el culo era tal,  que todas se acariciaban el trasero por encima de sus braguitas o sobre sus faldas, así como disimuladamente tratar de aflojar el ribete del elástico sin ser vistas, pues este les presionaba sus nalgas doloridas e inflamadas a cada paso que avanzaban.

    Caminando detrás de la Sra. Myers fueron todas en fila india hasta las escaleras, subiendo hasta la segunda  planta donde estaba el aula, en la cual a todas se les encomendó hacer sus tareas de estudio, ya asignadas previamente por el propio Sr. Fiscal durante el desayuno, para poco después comenzar un test de formación profesional.  Exceptuando a las hijas del Fiscal que hicieron unos ejercicios de matemáticas en unos cuadernos impresos.  Al quedarse a solas en el aula las chicas susurraban entre ellas…

(Rose Mery)  -.  Que ha debido ocurrir para que lady Margaret la hayan enviado al despacho?

(Luisa)  -. Os habéis fijado como se acariciaba el culo…

(Vanessa)  -.  Vosotras no lo sabéis, porque llegasteis al otro día por la tarde, pero por la mañana fue castigada delante de nuestra, recibió una buena tunda con el cepillo sobre las rodillas del Sr. Charlton, bajándole las bragas y todo… Teníais que haber visto cómo se meneaba el culo de lado a lado, fue todo un espectáculo maravilloso…

(Yuni Lee)  -.  Cállate!!! Nos ha tratado muy bien a nosotras estos días, no deberías hablar así de ella…

(Marie)  -. Déjala Yuni!  No vale la pena que discutáis, Vanessa esta así de molesta con ella, desde el otro día… Porque Vanessa fue castigada por reírse de Lady Margaret,  además de forma muy severa por el mismísimo Fiscal General,  Lady Margaret caminaba con cierta dificultad, la culpa a ella de que fuese Vanessa castigada.  Pero fue Vanessa quien se la gano solita! Lo que esta engreída no se percató del gran espejo del salón, y a través de él fue vista por el fiscal riéndose, luego recibió una severa azotaina con el cepillo, antes de serlo vosotras en el despacho… Siempre se mete en estos líos… No sé cómo lo hace, pero siempre se mete en problemas y a veces también a nosotras… Como cuando fuiste descubierta de tu tapadera infiltrada, también fue ella quien metió la pata…  Y papá nos castigó a nosotras… en su despacho, no lo recuerdas…

    Mientras…

      En la puerta principal permanecían Helen Smith, Silvia Montero y la Doctora Silvia Cayetano.  Ellas debían acudir a sus puestos de trabajo, la Doctora observaba a sus compañeras entre sorprendida y atónita al ver sus rostros de preocupación.  Poniéndose en su lugar no sabía cómo podría hablarles, las dos estaban claramente más doloridas que ella, pues no había más que mirarles a los ojos para ver cómo se encontraban, había visto utilizar la zapatilla a la Sra. Myers, sabía que una azotaina administrada por la Ama de Llaves era muy dolorosa en un estado de ánimo normal, no se imaginaba como debía de haberles dolido encontrándose la Sra. Myers enfurecida por que hubieran mojado sus camas.  Mientras esperaban que llegase el conductor a la puerta a recogerlas, deseaba decirles algo, y dijo lo primero que le pareció más obvio por tonto que pareciera…

(Dra. Cayetano)  -. Como…estáis?

(Silvia)  -. Tu qué crees?  Duele que no veas…

(Helen)  -. Lo peor es este puto pañal… No te imaginas como pica y raspa, es peor que llevar las bragas… estas te raspan como lija, pero el puto pañal es peor aún!

(Dra. Cayetano)  -.  Te creo Helen… Me cuesta confesaros esto… Pero mi abuela me castigaba cuando me portaba mal, obligándome a llevar pañales y no me dejaba usar el servicio, después de haberme calentado el culo con la zapatilla, me ponía los pañales… Tú crees que es malo el llevarlo, veras cuando te hagas pis y no te lo puedas cambiar, veras entonces como escuece al enfriarse el pis, eso unido al roce con el culo inflamado es terrible… Te aseguro que cuando estaba en casa de mi abuela, me portaba genial a partir de aquella vez… Eso me ocurrió teniendo dieciocho años, un día que volví con una copa de más y una hora tarde.  Cuando era niña, me daba azotainas que eran difícil de olvidar, pero a pesar de ello me gustaba que me las diera mi abuela, la veía con poca frecuencia y ya por entonces mis padres eran muy estrictos, no dudaban en bajarme los malos humos dándome azotainas, el hecho que a mi abuela la viera muy poco, resultando para mí casi como una extraña pues solamente en vacaciones la visitaba, bueno los visitaba porque mi abuelo aun vive, el hecho de estar a solas con ella y  que no estuvieran mis padres presentes, quizás por ello me gustaba que me pusiera en sus piernas y me bajase las braguitas, pero como era una niña, las azotainas me las daba con la mano…Dolían de lo lindo pero me encantaba aunque no conociera muy bien del porqué, aquella vez con dieciocho años… hacía ya tres años desde la última azotaina que me dio, yo me esperaba una zurra como de niña, no me esperaba que usara la zapatilla y menos que repitiera como cuando era niña con el pañal, el llegar tarde a propósito aquella noche para hacerla enfadar y que me castigara no fue muy buena idea, me costó tres semanas estar recibiendo una azotaina por la mañana, al medio día y otra antes de acostarme, aparte de llevar el dichoso pañal tres semanas, durante las cuales el servicio solo lo utilizaba para bañarme…Podéis imaginar mi vergüenza al tener que hacer todo en el pañal, teniendo ya dieciocho años siendo toda una mujer.  A partir de esa vez cuando he vuelto a visitarla me comporto genial, pues para ella siempre seré su niña, eso me lo deja bien claro cada vez que voy a visitarla, al más mínimo descuido y con mi mal carácter, ya me tiene sobre sus rodillas  y ser su única nieta no mejora mucho la verdad.  Estoy aquí porque la he avergonzado a ella a mi abuelo y a mis padres, ya me castigaron en el hospital el día que llegue aquí… y lo peor de todo fue que ellos estaban presentes… Lo que no comprendo…  es lo que hice para ganármela… Mi carácter es irascible, pero siempre he sido así desde niña, por ello me zurraban a menudo mis padres… Y acabo por gustarme ser castigada, igual que ver como os han castigado, aunque me sabe mal… por vosotras dos…Lo que me extraño de ello es que estuvieran presentes el Sr. Fiscal y el Sr. Clark y Charlton Miller, que ni siquiera trabajan en el hospital…

(Helen)  -. Doctora tienes mucha razón, escuece una barbaridad!  No sé cómo, pero en la mesa desayunando he mojado el pañal haciéndome pis, lo que no comprendo es como no lo he podido evitar, por mucho que lo he intentado… Y no te lo tomes a mal, pero yo también he disfrutado viéndote estos días al ser castigada, mojándoseme la braguitas de placer al verte…Y referente a lo que has dicho los Miller y el Fiscal son miembros de la junta de asociados, si estaban como imagino, estarían todos los miembros de la junta…Yo como su secretaria envié las invitaciones a los socios hace unos cinco días.

(Silvia)  -. Y… y yo que estaba avergonzada por haberme hecho pis en el desayuno delante de todos, resulta que no he sido la única, aunque tampoco comprendo cómo ha sido…Pues se me ha escapado a pesar de apretar los muslos…

(Dra. Cayetano)  -. Soy Medico!  Está claro que os han puesto algo en la bebida, vaya chicas a ver cómo se nos da el día, por ahí viene nuestro coche… eso que dices Helen me deja intrigada, pues fui castigada por algo que hice hace tres días, el mismo día que vine a la casa, debes estar equivocada, no pueden ser cinco días…

(Helen)  -.  Si lo deseas te traigo esta tarde una copia de las invitaciones, conservo copias de todas las invitaciones que escribo, incluido el club de campo, el campo de golf o del hotel que suelen organizar eventos o reuniones…

    El conductor detuvo la limusina bajándose a abrirles la puerta, escuchando las palabras de Helen que al conductor le parecieron interesantes por la atención que mostro.  Abriéndoles la puerta de la derecha, viendo a las tres a subir al vehículo por la misma puerta, sin poder evitar al tener que  inclinarse al tiempo que bajaba la cabeza para entrar se le subiera la corta falda, dejando entrever las bragas blancas de algodón con florecillas azules de la doctora, al igual que el conductor le pudo ver lo colorado que tenía el culo, ya que las perneras de las braguitas no le cubrían el culo mostrando parcialmente la parte baja de sus nalgas.  Helen ya tenía el rostro carmesí de la vergüenza, pues había visto las braguitas a la doctora, sabiendo que ahora ella las mostraría al entrar, y que además el conductor observaría que llevaba puesto un pañal bajo sus braguitas blancas con flores lilas, así como lo colorado que tenía el culo, al igual le ocurrió a Silvia al subir roja de la vergüenza, así como una vez cerrada la puerta y el conductor hubiera entrado al vehículo, las tres le vieron mirar hacia atrás para revisar que tuvieran el cinturón puesto, viéndolas lo incomodas que estaban removiendo el culo en el asiento, viéndoles ellas la sonrisa del conductor al mirarlas, haciéndolas que se avergonzaran más.

    Mientras… en el despacho continuaba Lady Margaret castigada como una chiquilla, cara a la pared con su falda levantada y las bragas aun bajadas a las rodillas.  La cual se estremecía cada vez que escuchaba pasos cerca de ella, debido a su agotamiento de estar cara a la pared, al igual que sintiendo unos deseos irrefrenables de acariciarse el inflamado y dolorido trasero, el cual lo tenía muy sensibilizado por su estado, sintiendo unos picores terribles acompañados de pinchacitos muy molestos, por ello cuando pensó que no la estaban mirando al escucharles  hablar de manera muy enfrascada en la conversación, creyendo que no la verían lentamente bajo su brazo derecho, moviéndolo lentamente hacia el culo acariciándoselo con suavidad, llevaba ya un rato acariciándoselo con la mano derecha, llegando a pensar que debían de estar hablando de espaldas a ella, pues no la habían visto como se acariciaba el culo, en esa creencia bajo su brazo izquierdo sobándose el culo con las dos manos al tiempo, al parecer no debían de estar observándola como había pensado al principio, por ello muy despacio se agacho lo justo para poder agarrar la cinturilla de sus bragas, subiéndoselas poco a poco hasta ponérselas lanzando un pequeño “Ayee” al pasar las bragas por su trasero dolorido, lo ahogo tapándose la boca con una de las manos, llegando a pensar que no la habían escuchado.

       Para los presentes era difícil no ver que se había subido las bragas, pues sus bragas blancas de algodón por encima de su cintura, así como los dibujos con el colorido de rosas de buen tamaño con los pétalos multicolores, rojo, amarillo, verde, rosa, azul… la verdad es que eran unas bragas muy chillonas para no darse cuenta que se las había subido, en ese preciso momento unos pasos fueron hacia ella…

(Sr. Charlton)  -. Tal y como te estaba diciendo Patrick, no tardaría mucho en subirse las bragas esta desvergonzada!!!  He ganado la apuesta, me debes una copa de ese Bourbon que guardas con tanto recelo en esa vitrina… veamos si también te he ganado ese baile en el club de campo el sábado, Dorothea! -. Introduciendo la mano entre los muslos de Lady Margaret, paso las yemas de sus dedos por el fondillo de sus braguitas llegando a palpar sobre su entrepierna, por encima del fondillo de las bragas, aunque Lady Margaret trato de juntar los muslos, un par de azotes resonaron en sus muslos, haciéndola separarlos… .- Pues sí! He ganado ese baile!  Se acaba de subir las bragas y ya las tiene bien mojaditas… Bien!  Basta de hacer sonrojar a esta damisela, ha llegado el momento de hacerle saber que sucede cuando se desobedece…

      Lady Margaret sintió la presión en su ante brazo izquierdo de la fuerte mano del Sr. Charlton, el cual tiraba de él haciéndola voltearse viendo en ese momento de reojo, que tanto la esposa del Sr. Fiscal como su marido, estaban sentados en el sofá de cara hacia donde estaba ella, por lo que en todo momento estuvieron observándola, y por tanto viéndola como se sobaba el culo inflamado y dolorido, avergonzada al saber que los susurros que escuchaba, eran comentarios y apuestas sobre lo que tardaría en sobarse el culo o subirse las bragas. Pero pronto dejo de pensar en ello avergonzada, pues a unos metros de donde estaba ella castigada, había una silla apoyada contra el mueble librería llena de libros de abogacía o leyes que tantas veces había visto, viéndose en breve echada sobre las rodillas del Sr. Charlton boca abajo, sintiendo como hurgaba en la cintura de sus bragas y agarrando el elástico de la cinturilla, se las bajo lentamente sintiendo como se deslizaban por sus muslos, hasta como se recreó en colocárselas a la altura de las rodillas, y las redoblaba sobre si mismas para que quedaran bien bajadas y colocadas, con la vergüenza que suponía para Lady Margaret que se entretuviera el Sr. Charlton en colocarle bien las braguitas en sus rodillas, como si se tratara de una ceremonia para darle una buena azotaina, pero no solamente se trataba de bajarle las bragas ceremoniosamente, pues en breve sintió de nuevo como le abrasaba el culo al sentir de nuevo la enorme mano, comenzar a darle una fuerte azotaina haciéndola aullar de dolor, y poco después patalear tratando de abrir sus piernas al patalear, pero su prenda íntima propia las mantenía bien sujetas, sus bragas le impedían patalear, por lo que apenas eran sus pies los que pataleaban al unísono como si buceara.  La azotaina fue larga y prolongada aunque el Sr. Charlton no utilizaba toda su fortaleza, pero los azotes picaban de lo lindo a Lady Margaret, extrañándose ella misma al no llorar, aunque alguna lagrima la sentía recorrer sus mejillas, ya que los azotes no le dolían tanto como al inicio, con lo cual no pudiendo controlar su cuerpo, acabo teniendo un orgasmo sobre las rodillas de su Institutor, aunque ella se concentraba en mover su entrepierna ajustándose a la rodilla derecha del Sr. Charlton, tras lo cual al dejarla incorporar, en los pantalones del caballero a la altura de la rodilla derecha, había una clara mancha de humedad, dejando a Lady Margaret de nuevo cara a la pared con los brazos pegados a sus caderas…

(Sr. Charlton)  -.  Como podéis comprobar  he ganado esta apuesta también, veis la mancha que ha dejado en mi pantalón de humedad… Ya os decía que será Institutriz, pero disfruta con los azotes como las muchachas, y la Sra. Myers no es menos que ellas. Al igual que la santa  de tu esposa, que con la mañana que llevan debe tenerlas bien empapadas…

       Lady Margaret sintió como le ardían sus mejillas de la vergüenza, pero tras el placer recibido al recibir una azotaina la cual pudo disfrutarla, pues el Sr. Charlton no se esmeró en darle una severa azotaina, pero si empleando la suficiente fuerza para hacerla disfrutar, como no la podían ver, apareció una sonrisa en sus labios y acariciándose el culo con sus manos, al no hacérselas colocar como anteriormente sobre su cabeza.  Pero no fue la única mujer que se ruborizase de la sala, la esposa del Fiscal enrojeció su rostro hasta sentir arderle sus mejillas…Por el comentario de Charlton que demostraba  que también la conocía a ella…y sus inquietudes cuando recibía una azotaina sobre sus rodillas, algo que últimamente no sucedía con la asiduidad que a ella le gustaría…

       Lady Margaret permanecía en el rincón castigada, llevaba más de dos horas castigada de cara a la pared.  Mientras a su espalda continuaba escuchando como conversaban el Sr. Charlton con el Fiscal de manera muy animada tras los últimos sucesos. Se encontraba muy cansada de estar de pie en aquel rincón, lo peor fue que La hubieran  castigado como a las chicas con las manos sobre su cabeza. Tenía las piernas adormecidas del tiempo que llevaba de pie, cuando en ese instante entro por la puerta la Sra. Myers al despacho, enterándose de ello al escucharla hablar a su espalda, Lady Margaret sintió vergüenza al saberse  observada por su amiga, aunque en el rostro de la Sra. Myers  se  podía apreciar el estado de preocupación por su amiga. La cual fue autorizada por el Sr. Fiscal, para llevarse a Lady Margaret a su habitación, en la cual seguiría estando castigada hasta nueva orden, caminando hacia ella llego a su lado, subiéndole las bragas con delicadeza al pasárselas por sus inflamadas nalgas, ante esa caricia inesperada sobre sus muslos al subirle las bragas, se sintió turbada de que se diera cuenta su amiga, de los goterones que bajaban entre sus muslos, así como viera  lo mojadas que tenía las braguitas… bajándole la falda arreglándosela, para luego agarrarla  del brazo se la llevo hacia la puerta, una vez en el vestíbulo que daba a las escaleras le susurro…

(Sra. Myers)   -.  No te avergüences por como estabas, no creas que yo las llevo mucho mejor que tú, vaya mañanita llevamos… las dos…

     Saliendo al vestíbulo el Sr. Fiscal escucho el comentario de la Sra. Myers en su creencia de estar solas…

(Sr. Fiscal)  -. Sra. Myers!!!  Deje de cuchichear y encárguese que la desvergonzada de la Institutriz, se encargue de corregir los test que han debido de acabar ya las chicas, quiero sus resultados en treinta minutos, para que las chicas puedan abandonar esta casa, a ver si…  así vuelve la normalidad a esta casa! Luego me trae los resultados usted misma, pero antes quiero que lleve a esta desvergonzada a su habitación, donde permanecerá castigada hasta la hora de comer.  Luego envié a una de las celadoras a la fiscalía para atender a Silvia, y después a la agencia Miller para ocuparse de Helen Smith, a estas horas deben tener su pañal ya mojado con el líquido que han ingerido,  con las gotas añadidas a su desayuno de incontinencia. No deseo que estén escocidas más del tiempo necesario, pues para ellas aún no han acabado su estancia, aun permanecerán unos días en esta casa… Sobre todo Silvia que puede se quede a vivir en esta casa, ya que es su pupila… Y haga se cambie de bragas Margaret, acabo de perder por su culpa el comenzar la botella de mi mejor Bourbon!!!

      Ante ese comentario de que aun permanecerían más días esas muchachas, la Sra. Myers sonreía, pues desde hacía tiempo deseaba disponer de una nueva pupila, y Silvia Montero era la chica ideal para educarla a su modo. Ambas señoras continuaron su camino, aunque Lady Margaret se le subieron los colores tras el comentario del Fiscal, del como tenía las bragas y de la apuesta que había perdido por ese motivo. 

 

      Lady Margaret acompañada por su buena amiga, subió con cierta dificultad las escaleras hasta el segundo piso al aula de estudio, en todo momento caminaba con la ayuda de su amiga la Sra. Myers, sobre la cual se apoyaba para subir los escalones sonriendo, su amiga había introducido su mano bajo la falda acariciándole el trasero por encima de sus bragas, notando el calor de su trasero a través del tejido, imaginándose lo dolorido que debía tenerlo. Entro al aula tratando de disimular el dolor de su trasero, las muchachas al verla entrar les era evidente el dolor que debía sentir, la vieron que en su rostro los gestos eran claros de molestias al inclinarse para recoger los cuestionarios de sus pupitres, al igual que al dirigirse a su mesa para corregirlos, los llevaba en la mano derecha apoyados contra su pecho y con su mano izquierda se sobaba su trasero trazando círculos, caminando algo encorvada por las molestias del trasero.

      Aun fue peor al tomar asiento tras poner los cuestionaros sobre su mesa, acampano su falda sobre la butaca para sentarse posando el culo en el asiento sobre las bragas, asi refrescaría un poco su trasero con el frio asiento de piel, apoyando ambas manos sobre la mesa, fue posando lentamente su trasero en la silla, con un claro gesto apaciguador al contacto con el fresco asiento, seguidamente cruzando las piernas. Viendo las muchachas claramente sus gestos de molestias  que contraían ligeramente su rostro al sentarse.  Lo que las muchachas no vieron es como sonreía para sí misma, cubriéndose con las hojas de los test su rostro al corregir los test y no poder ser observada, aunque de tanto en tanto giraba la cabeza a su izquierda mirando hacia la Sra. Myers, sonriendo entre ambas.  Pensando en cómo levantarse de la silla sin que vieran las muchachas que había mojado el asiento.  En unos minutos hubo finalizado de corregir los test de las chicas, dejándolos sobre la mesa, levantándose haciendo todo lo posible que no se dieran cuenta las chicas, del aura de felicidad que llevaba en su cara, a pesar de la vergüenza que había pasado en un primer momento, siendo enviada al despacho en presencia de unas niñas de entre veinte o veinticuatro años.

     Aunque al tener que colocarse sobre las rodillas de la esposa del Fiscal, ello la hizo avergonzarse de sí misma al ser de la misma edad, luego recibir otra más severa con la experta mano del Sr. Charlton. Así como luego ser castigada como cuando era niña, hacía años que no la castigaban de cara a la pared, pero al corregir los test volvía a revivir recordando esos instantes, enrojeciéndole su rostro al recordar la vergüenza que había sentido, sobre todo al descubrir que en todo momento habían sido observados sus movimientos, sintiéndose como un objeto cuando descubrió que hacían apuestas sobre su comportamiento. Pero la azotaina que recibió después la apaciguo todos sus malos momentos. Haber disfrutado de la azotaina recibida sobre las rodillas del Sr. Charlton, se puso en pie encaminándose hacia el pasillo donde la aguardaba la Sra. Myers sonriendo, la cual asiéndola del brazo derecho procedió a  llevarla a su habitación.

      En su habitación la amiga le desabrocho el corchete lateral de la falda, bajándole la cremallera dejando caer la falda a sus pies, formando  una corona circular alrededor de ellos. Luego mirándola a los ojos introdujo sus dedos en la cinturilla elástica de sus bragas bajándosela, al tiempo que se agachaba para sacarle las bragas por los pies, quedando la entrepierna a la altura de los labios de su amiga, quien la beso dulcemente en la flor de Margaret que suspiro ante la dulce caricia.

(Sra. Myers)  -. Debería ponerte sobre mis rodillas y darte una azotaina, ven aquí que ahora vas a ver…!

      Lady Margaret se dejó llevar sonriendo, viéndose como se sentaba en la cama su amiga, colocándola a ella sobre su regazo, viendo de cerca lo colorado que tenía el culo, con aureolas oscuras en el centro de sus nalgas claramente moradas, aun tenia las marcas de la azotaina del cepillo de madera, que le propino el Sr. Charlton hacia dos días.  Dándole unas palmaditas en el culo, extrajo de su bolsillo una pomada hidratante quitando el tapón y dejando caer cierta cantidad el frio gel en cada nalga, tras su contacto fresco Margaret suspiro al igual que al repartirlo por su trasero, agradeciendo Margaret sus caricias y ronroneando de placer mientras le repartía el frescor del gel hidratante y refrescante.

(Sra. Myers)  -. Venga!  Levanta y échate sobre la cama, no creo que el Fiscal vaya a atreverse a entrar a tu habitación, espera que te ponga unas bragas limpias, las que llevabas están hechas unos zorros de húmedas que están, cochina!!!

     Extrayendo de la cómoda unas bragas se las puso dejándoselas a la altura de medio muslo, ayudándola a echarse en la cama boca abajo, dándole una fuerte palmada en cada nalga, con las cuales escucho suspirar a su descarada amiga.

      Poco después volvía a entrar al aula, después de haber dejado acomodada sobre la cama a Lady Margaret boca abajo con las bragas limpias bajadas, con la suposición que el Sr. Fiscal no entraría a su habitación a comprobar que seguía castigada en un rincón, dejándola con una bata cerca por si se le ocurría sorprenderla. Recogiendo los test de la mesa del aula de estudio, y haciéndoles una seña a las chicas para que la siguieran, saliendo las chicas siguiéndola hacia la planta inferior al despacho del Sr. Fiscal, donde las aguardaba para revisar sus resultados.  Todas las chicas seguían a la Ama de llaves preocupadas, pues  presentarse al despacho del Sr. Fiscal, no las entusiasmaba demasiado, lo cual podría dar lugar a que si alguna hubiera obtenido una nota baja de su test, supondría un castigo inmediato de nuevo en su trasero, como ya las había advertido en el desayuno, así como su despido inmediato de la agencia de detectives  Miller.

     Las doncellas de la casa las vieron pasar ante ellas, dejaron de hacer sus labores al verlas como iban siguiendo a la Sra. Myers, observaban al pasar por delante de ellas en fila, riéndose al ver como se sobaban el culo sobre la falda, mientras alguna que se acariciaba sobre las bragas, pudiéndoles ver las doncellas como asomaba entre el ribete de las perneras de sus braguitas, el color colorado intenso de sus traseros, agitando las manos en claro gesto de… “UFFF… Como llevan el culo de colorado!”  Vanessa que iba de las ultimas las escucho, sacándoles la lengua y haciendo un comentario “Que miráis?...”

(Sra. Myers)  -. Vanessa!!!  Y vosotras volved a vuestras labores, si no queréis acabar como ellas!!!

       Al verlas desaparecer escaleras abajo, se apresuraron para asomarse a la baranda  observándolas,  como entraban al salón una tras la otra, así como alguna de ellas se estiraba el elástico de sus braguitas ajustándoselas bien, así como alistando el trasero de sus faldas.

     Al entrar en el despacho caminando en fila, tras  la Sra. Myers que se detuvo justo enfrente de la mesa como a unos dos metros de distancia, quedando a su izquierda Marie Miller, Yuni Lee Miller, Rose Mery Anderson, Luisa Fernández, Carmen López, Jessica Frank Ericsson y Vanessa Rodríguez. Todas ellas con la mirada baja sin atreverse a mirar al Sr. Fiscal o al propio Sr. Charlton que permanecía de pie al lado derecho de la mesa, teniendo a las siete chicas frente a él…  La Sra. Myers avanzo unos pasos hasta la mesa haciéndole entrega de los test depositándolos sobre ella.  El Sr. Charlton ante la sorpresa de las chicas, fue quien cogiendo los formularios los reviso uno por uno, viendo la nota puesta en cada uno en la parte superior de la primera hoja, de las seis que constaban cada formulario, con un movimiento de cabeza afirmativo dio a entender que todos estaban correctos al Sr. Fiscal.

(Sr. Fiscal)  -. Bueno muchachas…!  Mírenme a los ojos cuando les hablo! No les han enseñado educación?  Al parecer los cuestionarios los han hecho bien, una lástima!  Me hubiera encantado que los hubieran suspendido para despedirlas a todas!!!  Al parecer van a seguir conservando su trabajo!   Ahora recogerán sus cosas para abandonar esta casa, va siendo hora que todo vuelva a la normalidad, y que el personal de la casa no me dé más problemas, como la institutriz de mis hijas que acaba de recibir su castigo…  Ahora antes de que abandonen la casa deseo ver como se han cumplido mis instrucciones, muchachas daos la vuelta,..  Levántense la falda…!!!  Bájense las bragas!!!

    El Sr. Charlton miro con desaprobación el comentario del Fiscal, pues no estaba de acuerdo en que las muchachas fueran expuestas sin causa justificada, pero no desautorizo al Fiscal poniendo claramente su rostro de desacuerdo.  Las chicas al escuchar las palabras del Sr. Fiscal se ruborizaron sus mejillas enrojecidas, aún más de lo que ya estaban, pero obedecieron a desgana dándose la vuelta y introduciendo sus manos bajo las faldas para bajarse las bragas, para luego levantarse las faldas sujetándolas con sus manos a la altura de las caderas, dejando expuestos sus colorados traseros a las miradas de los dos hombres, y teniendo ante las chicas la mirada de la esposa. El Sr. Fiscal al ver que dos de las chicas, no tenían el culo colorado como las demás, se puso en pie de muy mal humor…

(Sr. Fiscal)  -. Sra. Myers que significa esto?  Porque esas dos chicas! siendo una de ellas la responsable de todas ellas, porque no han sido castigadas esta mañana como había ordenado?

(Sra. Myers)  -.  El Sr. Clark Miller dio orden que no se castigase a sus hijas, a no ser que  causaran problemas, señor…

(Sr. Fiscal)  -.  Sra. Myers desde cuando ese petulante tiene autoridad en esta casa… luego hablaremos usted y yo…

     En ese instante el Sr. Charlton perdió la poca paciencia que le restaba, haciéndolo saber al Fiscal con palabras que aun sulfuraron más al Fiscal… Pues le llamo la atención severamente, revelando su nombre que hasta ese momento no había dado a conocer…

(Sr. Charlton)  -. No te sulfures Patrick!  Tienen orden mía de no ser castigadas mis sobrinas, y harías bien en controlar tus palabras, a Clark no le gustara saber que le has llamado pe.tu.lan.te… Recibieron una gran noticia, y debido a ello fue retirado su castigo, y no lamento no haberte informado de ello, pues a ti no te conciernen los asuntos familiares de los Miller!!!  Has entendido?   Puede estar usted tranquila Sra. Myers, el Sr. Fiscal no tiene nada que hablar con usted después, a no ser que el desee que yo me lo tome como algo personal… Si se incumplen mis órdenes!!!   Chicas se pueden arreglar sus ropas y retirarse a recoger sus cosas personales, un vehículo está esperando fuera para conducirlas a la ciudad, por orden expresa mía, no tienen por qué presentarse a sus puestos de trabajo…en el día de hoy…

   Las chicas se subieron las bragas al unísono, teniendo para ello que levantar sus faldas para ajustarse sus braguitas a su cintura, alisando poco después sus cortas faldas aprovechando para sobarse el culo todas ellas, inclusive Marie y Yuni Lee aunque no habían sido castigadas esa mañana, aún tenían claras molestias en sus traseros tras su última azotaina.

(Sr. Charlton)  -.  Srta. Jessica Frank, aguarde usted unos minutos, he de hablar con usted a solas, así que tu Patrick puedes retirarte junto a tu esposa, deseo quedarme a solas…

      Las chicas salieron del despacho y tras ellas el Sr. Fiscal malhumorado por que le hicieran salir de su despacho, ello demostraba quien tenía la autoridad en esa casa, algo que le molesto mucho. Una vez quedaron solos en el despacho…

(Sr. Charlton)  -.  Bueno Jessica!  La verdad es que no vas a poder volver a tu trabajo, pues fuiste despedida el mismo día que entraste en esta casa, debido a tu contrato en el cual  consta, que no admitías castigos corporales como disciplina laboral.  Mi hermano Clark no tenía información del estado de tu vida privada, a pesar de tener la mejor agencia de detectives de la ciudad, no te investigo hasta ese punto,  como todos sus trabajadores lo son, antes de ser admitirlos, sobre todo para confirmar sus referencias si son óptimas o no, por lo cual es algo habitual en cualquier empresa. Lo que me ha confirmado que tus amigas te han sido leales a tu amistad, no revelando tu vida privada, eso me deja claro que son amigas de verdad. Como sabes la homosexualidad es un delito grave hoy día, y de haberte denunciado alguna de ellas, habrían obtenido un buen ascenso en la empresa, porque ese tipo de información tiene remuneración laboral como recompensa.  Contigo puedo ser sincero al dirigirme a ti, yo mismo soy bisexual por lo tanto también estaría cometiendo una infracción grave, según las leyes de hoy día.  Algún día cambiaran seguramente, pero mientras eso no suceda, debemos ayudarnos entre nosotros si es posible. Durante estos días he conversado con mi hermano sobre ti, hemos hallado la forma que te podrías reincorporar a tu puesto de trabajo, como Frank sería imposible, pero si sería posible como Jessica Ericsson.  Hemos investigado a tus padres y lamentablemente estos te han repudiado como hijo suyo, es lamentable la mentalidad de algunos padres.  En mi familia yo también fui repudiado por mi padre, pero al darle dos nietas preciosas, me volvió a incluir en su testamento, aunque a mí no volvió a recibirme hasta el día de su muerte. Cosas de familia verdad? Por otro lado tu hermana mientras vivan tus padres, dudo mucho que pueda venir a visitarte, pues si lo hiciera seria repudiada por tus padres, ya que en su testamento consta esa cláusula, no preguntes como lo hemos averiguado… Pues no es un método legal, y tendríamos graves problemas.  En este sobre hay dinero para que vayas de compras, así podrás llenar tu armario con ropa que vestirás a partir de ahora como chica. Dentro además hay una carta de tu hermana para ti, una de mis agentes de mi confianza viajo a Estados Unidos y se entrevistó con ella. Ella por orden de tus padres se han cambiado de nombres, para que no los puedas localizar, eso creo que estabas informada verdad?  Tu hermana lo dice en su carta. Además adjunta su documentación para que rectifiquemos, la cual hemos llevado a un falsificador de los mejores, para que añada al registro civil tu huellas dactilares, bajo el nombre de Jessica Ericsson, como puedes ver nos hemos tomado muchas molestias, las cuales nos ha costado mucho dinero para arreglarlo todo de forma legal. El que mis sobrinas sean amigas tuyas, es el principal motivo para que nos hayamos volcado en ayudarte, así como tú y yo tengamos tendencias similares, yo lo tuve muy difícil, y el ayudarte me ha hecho recordar tiempos duros que tuve que pasar.  Pero no te creas ni por un momento que me voy a ablandar contigo, si te comportas de manera escandalosa vas a tener un padre severo a tu lado. Que no dudara en ponerte el culo como un tomate maduro!!!  Bueno puedes reunirte con tus amigas, debes contarle esta entrevista conmigo, eludiendo lo que te he contado de mi vida privada, así como de mis hijas pues mis sobrinas desconocen ese hecho.   Pues las endiabladas niñas que se han burlado de ellas, como hoy en el desayuno, son sus primas.  Ahora ve con ellas, y explícales que para que todo lo que hemos hablado salga bien, ellas deben corroborar tu nueva identidad.

     A los pocos minutos salían de la casa todas sonriendo, aunque seguían sobándose sus traseros, a pesar de estar aliviadas de salir de aquel lugar por fin. Habían resultado unos días muy dolorosos para ellas, así como la incomodidad de estar controladas en todo momento por la Sra. Myers o por la dulce Lady Margaret.  Afuera en la puerta les esperaba un minibús para llevarlas a la ciudad, Vanessa no sorprendió a ninguna de sus compañeras, al tomar asiento en compañía de Jessica atrás del todo, pues se moría de ganas por saber que había ocurrido en el despacho.  En seguida seria puesta al día en cuanto estuvieran a solas, al igual que al resto de sus amigas pues les concernía a todas ellas, habían formado un coro alrededor de Jessica estando de rodillas sobre los asientos, haciendo caso omiso de las instrucciones del joven conductor, que se sentaran correctamente y se pusieran el cinturón de seguridad, el cual tras conducir unos diez kilómetros, se vio obligado a detenerse al darle el alto un motorista de la policía de tráfico, fue denunciado porque los ocupantes no llevaban el cinturón puesto, teniendo que  volver a la casa escoltados por la policía,  pues le habían retirado la licencia de conducir, al no poder conducir con esa licencia un vehículo con pasajeros. Las muchachas al verse entrar de nuevo por la puerta de la finca del Fiscal, todas miraron hacia el joven conductor desde sus lugares, estaban preocupadas porque el joven las había avisado, y por no obedecer lo habían multado.  En el porche se hallaba la Sra. Myers, la cual estaba dando instrucciones al jardinero, cuando apareció el microbús  escoltado por dos policías, se detuvo ante la puerta bajándose el conductor con rapidez claramente muy alterado.

(Sra. Myers)  -.  Que es lo que sucede Pablo?  Que hace aquí la policía?

(Policía 1)  -.  Buenas tardes señora, es usted la madre del joven que conduce?

(Sra. Myers)  -.  No agente, él es un trabajador de la finca como conductor, porque lo pregunta usted?

(Policía 2)  -. No es esta la finca del Fiscal General?  Podríamos hablar con él.

(Sr. Charlton)  -.  Sargento Sánchez que sucede aquí sí se puede saber? Que hacen ustedes en mi casa? Hombre capitán Lorenzo hacía tiempo que no nos veíamos, espero que pronto nos podamos ver de nuevo en el club, que ha sucedido Capitán?

(Capitán Lorenzo)  -.  Hola Sr. Charlton, en un control rutinario hemos dado el alto el microbús, porque sus ocupantes iban sobre los asientos sin cinturón de seguridad, un microbús de estas características, no es como un autobús, es obligatorio el llevar puesto el cinturón de seguridad a todos sus ocupantes, incluido el conductor, el cual tampoco lo llevaba puesto. Luego al revisar la documentación al conductor, este no tiene licencia para llevar pasajeros como tampoco dicho vehículo, por lo que habríamos paralizado el vehículo, pero al estar más cerca de la casa que de la ciudad, hemos creído que era más conveniente hacerle volver a su inicio de trayecto por comodidad de los ocupantes… por ello lo hemos acompañado por seguridad, hemos denunciado al conductor además de la retirada de su licencia.

(Sr. Charlton)  -.  Capitán! Sargento!  Podemos hablar en privado? -. Subiendo al microbús el Sr. Charlton. -.  Vosotras!  Bajad del microbús y poneros todas castigadas de cara a este lateral del vehículo, y tu Pablo con ellas también. Todos!!!  Ya os podéis ir preparando para la que os espera a todos!!!  .- Bajando de nuevo se dirigió hacia los agentes. -. Vamos a mi despacho agentes?  Por aquí… Me siguen?

    Los dos agentes siguieron tras los pasos del Sr. Charlton, al bajarse de sus motocicletas de alta cilindrada, fueron detrás de él en el momento en que las chicas se bajaban del vehículo, vieron  que los dos agentes eran tan altos como el propio Sr. Charlton por encima del metro noventa.

(Sr. Charlton)  -.  Bueno muchachos, desde el último evento en el club con dos mujeres que desfalcaron dinero a sus compañeros del periódico, no nos veíamos.  Pronto volveremos a convocar un nuevo evento, y vosotros sois los maestros de ceremonia.  Tranquilos que no os voy a pedir que rompáis las multas al conductor.

(Capitán Lorenzo)  -. Sabiendo que trabaja para usted podemos romperlas ahora mismo…

(Sr. Charlton)  -. No, no… mantengan la denuncia, además será buena publicidad para el Fiscal, que su conductor ha sido sancionado por no tener licencia, además le voy a castigar ahora mismo, pero para que aprendan las muchachas si les doy yo una azotaina, por no haberse puesto el cinturón, será un castigo más de los  que suelo darles y no aprenderán la lección.  Que os parece si castigáis vosotros dos a seis de las chicas, en el porche, luego yo me encargare del muchacho y de otra de las chicas. Pero están muy doloridas cuatro de ellas, las otras dos son mis sobrinas e hijas de Clark mi hermano ellas merecen una atención especial, ya conocéis a sus hijas verdad? Os parece bien.   Entonces salgamos fuera… para encargaros de mis sobrinas, ya sabéis donde está el armario de instrumentos, coged dos cepillos para ellas…o lo que creáis conveniente…

    En pocos minutos volvían a salir al porche los tres hombres, viendo como las chicas de cara a al lateral del microbús, se acariciaban algunas de ellas sus traseros. Entre ellas se miraban preocupadas, y miraban al joven conductor que estaba entre ellas, teniendo en su rostro la misma preocupación que ellas.

(Sr. Charlton)  -. Sra. Myers haga el favor de llamar a todo el personal de la casa, los señores incluidos, rápido!

       En pocos minutos se hallaba fuera de la casa todo el personal, incluidos el Sr. Fiscal y su esposa, al igual que a pesar de permanecer castigada en su habitación, también se avisó a Lady Margaret, todo el servicio estaba de pie por rangos de oficio y responsabilidad en la casa.  El Fiscal salía con su esposa contrariado por hacerle salir al porche, viendo que se había reunido a todo el personal de la casa, pero en el acto reconoció a los dos policías saludándolos estrechándoles la mano, al verle le informaron de lo sucedido con el microbús, comprendiendo en el acto lo que pretendía Charlton.

      Estando todo el servicio de pie frente al microbús dando la espalda a las chicas, y de cara hacia los dos policías que permanecían de pie frente a dos de los bancos de mármol del porche, y a su izquierda aguardaban el Sr. fiscal, su esposa y el propio Sr. Charlton.  Todo el  servicio estaban colocados de derecha a izquierda, la Sra. Myers, Lady Margaret, la cocinera tres chicas que eran sus ayudantes, cuatro doncellas, el Sr. Thomas jardinero, su hijo Luis  ayudante de jardinería.  A la derecha de los policías, las hijas del Sr. Fiscal. 

(Sr. Charlton)  -.  Ya estamos todos presentes, he pensado que lo mejor para estas chicas, es que deben aprender a comportarse, una azotaina en mi despacho seria lo idóneo para ellas, una en una hubieran ido entrando para recibir su castigo, pero después de la falta que acaban de cometer, que mejor que los propios agentes que han dado el alto, se encarguen de ellas.  El conductor además de haber sido multado con una multa económica que deberá pagar, será también castigado por hacernos creer que tenía todos sus papeles en regla, cuando en realidad no tenía licencia para conducir el microbús.  Así que Pablo y Jessica id a mi despacho donde seréis castigados.  Y de vosotras se encargaran los agentes. Señores procedan según las instrucciones que les he dado.

     El sargento Sánchez avanzo hacia las chicas, agarrando en primer lugar a Luisa Fernández del brazo, llevándola hacia uno de los bancos tomando asiento el policía, la tumbo sobre sus rodillas levantándole la corta falda, comenzando a darle una azotaina con la mano sobre sus bragas, con la fuerza del agente de policía, Luisa a los primeros azotes ya estaba llorando, la azotaina no fue demasiado larga, apenas unos diez minutos de azotes pausados pero con la enorme mano enguantada con sus guantes de cuero negro.   En esos instantes era Rose Mery la que comenzaba a llorar sobre las rodillas del capitán Lorenzo, tras levantarle la falda dándole fuertes azotes sobre sus bragas, están bien informados de las que estaban doloridas, por lo tanto no le bajaron las bragas, estaba Rose Mery moviendo sus brazos y sus piernas ante la severidad de los azotes, cuando todos vieron como el sargento Sánchez acababa de agarrar a Carmen López llevándola hacia el banco, esta al contrario que sus amigas se resistió a ser llevada hacia el banco para ser castigada, por lo que el agente se vio obligado a cogerla por la cintura con el brazo derecho, cargando con ella llevándola en volandas hasta el banco, en el cual tomo asiento levantándole la falda, y por haberse resistido le bajo sus bragas de chillonas florecillas, dejando el culo al aire ante las miradas de las hijas del Fiscal que estaban apenas a dos metros, al parecer el sargento Sánchez era ambidiestro comenzando a darle la azotaina con su mano izquierda, mientras a Rose Mery había utilizado la mano derecha.  El capitán fue a por otra chica, en esta ocasión fue Vanessa la cual también como era habitual en ella, pataleo mientras el capitán la llevaba hacia el banco, alcanzándole en dos ocasiones dándole sendas patadas en las espinillas, acabando en volandas bajo el brazo izquierdo lanzo patadas en todas direcciones, Vanessa al ser colocada boca abajo sobre las rodillas del capitán, no corrió mejor suerte, pues le levanto su falda bajándole sus braguitas a los tobillos, recibiendo una buena azotaina con la mano derecha.  El sargento ya iba en busca de su tercera muchacha, era el turno de Marie Miller, habiendo visto la suerte que habían corrido sus amigas al resistirse, ella se dejó llevar hacia el banco dócilmente, viéndose colocada sobre las rodillas levantada su falda y para su sorpresa le bajo las braguitas a las rodillas, comenzando a sentir los azotes en el culo como sus compañeras, con la diferencia que el policía extrajo un cepillo de la caña de su bota derecha, comenzando la azotaina con el cepillo. Marie sorprendida por el dolor que sintió de inmediato, trato de aguantar el ardor intenso, pero solamente aguanto unos azotes, a la decena ya estaba llorando, al igual que Yuni Lee que tampoco corrió mejor suerte que su hermana, pues el capitán le subió la falda y le bajo las bragas comenzando con la azotaina con el cepillo, al igual que su hermana acabando llorando durante los largos minutos que duró su azotaina, que fue más intensa y más larga que sus compañeras.   Según iban siendo castigadas, la Sra. Myers las conducía hacia el microbús donde las hacia sentarse en los asientos, con el cinturón de seguridad puesto.

    El Sr. Charlton después de ver el castigo de Rose Mery, entro en la casa para ocuparse de Jessica y de Pablo que le esperaban en el interior del despacho.

(Sr. Charlton)  -.  Bien Pablo!  Nos volvemos a ver de nuevo en este despacho… Jessica espera a tu turno en el rincón del fondo, luego me ocupare de ti… Pablo! hacía ya un tiempo que no  visitabas este despacho lo recuerdas? Siendo un chiquillo lo visitabas muy a menudo, por pegar a las hijas del Fiscal, de eso ya ha llovido bastante, no nos habíamos vuelto a ver desde la última vez que fuiste sorprendido por la propia esposa del Sr. Fiscal observándole el culo al subirse a la limusina, cierto que ese día tenías motivos para ver a la duquesa como llevaba el trasero, tras la azotaina que me vi forzado a darle con el cinturón, por abofetearte por no bajarte del vehículo a abrirle la puerta. Para su desgracia lo vi todo desde este despacho, y aunque tenía razón ella, no debía de haberse comportado como hizo, pues al personal de esta casa el único responsable de todos soy yo, o mi mano derecha encargada de corrección la Sra. Myers.  Por ese motivo salí a por ella haciéndola entrar a la casa, pudiste desde el exterior escuchar como lloraba cuando la castigue con el cinturón en el vestíbulo, y al salir ella agitándose y sobándose el trasero, comprendí en ese momento tu curiosidad, pero cometiste la torpeza de mirar descaradamente, hacia atrás hacia el asiento trasero de una forma muy descarada y ver como se sentaba mostrando los muslos marcados por el cinturón.  Ella es una mujer que por ser la esposa del Fiscal, se piensa que es alguien muy importante, lo que la hace ser una mujer difícil de manejar… Ese día te ganaste una azotaina con la vara que veo ya te has encargado de dejar sobre la mesa.  Pero hoy te has comportado  de forma irresponsable, si las chicas no se querían poner el cinturón, debías de haberme avisado, yo me hubiera encargado de que se los pusieran.  Y… como no me comunicaste que no habías pasado las pruebas, para obtener la licencia del microbús, te comportaste como un chiquillo ocultando que te habían suspendido…

     Ante la sorpresa del joven vio levantarse del sillón al Sr. Charlton, caminando hacia una silla que aún permanecía en el centro de la estancia, pues la encargada de arreglar el despacho era la Sra. Myers, y aun no había dispuesto de tiempo para pasar por el despacho.  Cuando esa misma mañana había sido castigada Lady Margaret.  El Sr. Charlton tomo asiento al tiempo que le hacía señas con la mano para que se le acercase hacia él, haciéndolo lentamente el muchacho por la vergüenza que sentía. Pues la chica que estaba en el rincón lo estaba mirando, no es que fuese la primera vez, que una chica viera como le daban una azotaina, pero si era la primera vez teniendo veinticinco años,  ya había visitado ese despacho muchas veces, pero al ser mayor siempre utilizaba el Sr. Charlton la vara, al ver que lo esperaba para colocarlo sobre sus rodillas, eso hizo que el joven le flaquearan las piernas, más que por ser castigado era por ser tratado como un chiquillo a su edad, pues tal y como le había insinuado que se había portado como un chiquillo,  le iba a dar una azotaina sobre las rodillas como cuando era un chiquillo, siendo ya todo un hombre de veinticinco años e iba a recibir una azotaina sobre las rodillas.  Colocándose a la derecha del Sr. Charlton, el joven avergonzado al ver cómo le desabrochaba el cinturón, soltaba el botón del pantalón y bajaba la cremallera de la bragueta, una vez suelto el pantalón cayo a sus tobillos por su propio peso, quedando en calzoncillos ante otro hombre y una chica que observaba a escondidas, aunque al Sr. Charlton le tenía mucho respeto, el cual le agarro de su brazo y lo hizo caer bruscamente sobre su regazo, comenzando a caerle azotes en el culo sobre sus calzoncillos blancos, durante unos interminables minutos estuvo recibiendo una larga azotaina, que el joven aguanto con estoicismo pudiendo ser escuchado, el rechinar de los dientes al mantenerlos apretados para no quejarse del dolor, pero toda su entereza acabo por ceder cuando sus calzoncillos fueron bajados a las rodillas, quedando su colorado trasero expuesto, al proseguir la azotaina sobre el culo desnudo los “Ayees” no tardaron más que unos azotes en escucharse, la azotaina con la mano sobre el culo colorado y desnudo, aun duro unos largos e exasperantes minutos para el joven, el cual ya tenía lágrimas en sus ojos  que surcaban sus mejillas, pues la mano del Sr. Charlton era muy firme a la hora de propinar una azotaina, bien fuera a una chica o un muchacho.  Cuando le hizo levantarse de sus rodillas, el muchacho se sobaba el culo con las dos manos, pues lo tenía ardiéndole como ascuas al rojo vivo. El Sr. Charlton se levantó en ese instante agarrando del brazo al muchacho, viendo al joven que había algo que le hacía ladear la cabeza avergonzado, así como un comentario que hizo al joven desear que se lo tragara la tierra,  al ver que el miembro del joven permanecía erecto y con cierto brillo al tener circundado el prepucio que asomaba por completo por su erección, con una gota de líquido pre-seminal trasparente que aparecía en ese instante. Fijándose en el suelo donde había una clara mancha…   

(Sr. Charlton)  -.  Vaya!  Veo que te sigue excitando cuando te castigo, te pareces demasiado a las chicas, aunque ellas al menos no manchan el suelo!!! Luego lo hare limpiar a la Sra. Myers y así observe como manchas aun el suelo como cuando eras adolescente, seguro que ella te dará una azotaina más tarde, al fin y al cabo eres como su sobrino pues ella te ha criado desde niño, y no le va a gustar nada que te hayas puesto en evidencia… Ahora inclínate sobre la mesa!!!

     Avergonzado el muchacho  tenía todo su rostro colorado de la vergüenza, hasta las orejas las tenía rojas, de la prepotencia que estaba viviendo siendo ya todo un hombre, pasando por una situación en la cual se estaba viendo metido, de nuevo en problemas como cuando era más joven, al no haber podido evitar eyacular sobre el suelo manchando la alfombra.  Agachándose para agarrarse los pantalones, trastabillando con ellos bajados a las rodillas fue hacia la mesa, inclinándose sobre ella apoyando su pecho y escondiendo su rostro mirando hacia el lado opuesto por el que escuchaba los pasos del Sr. Charlton se acercaban, al cual había visto dirigirse al armario de instrumentos, y vio como extraía del armario una vara gruesa que conocía bien, era una vara de verde de avellano  siendo esta gruesa y más flexible, el Jardinero Sr. Thomas era el encargado cada semana de cortar y preparar una nueva vara.

     Escuchando como el Sr. Charlton se colocaba tras el a un metro de distancia, no tardo en sentir como la vara de avellano marcaba sus nalgas, sintiendo como en dos minutos le asesto diez varazos en el culo desnudo, así como sintiendo palpitar en su trasero atravesado por diez líneas paralelas apenas con una leve separación entre una y otra, pudiendo sentir como los diez verdugones producidos por la vara,  palpitaban como si de vida propia dispusieran, una vez le dio la orden de cubrirse, se enderezo su cuerpo gimiendo del dolor al enderezar su espalda, sintiendo como los varazos dolían muchísimo, hacía tiempo que no era castigado con la vara de avellano, y el recuerdo de sus efectos era estremecedor, agacharse para subirse los calzoncillos y los pantalones fue un verdadero suplicio, al igual que cubrirse el trasero con los calzoncillos, así como al ajustarse el pantalón, luego abandono el despacho caminando claramente encorvado hacia adelante desapareciendo tras salir por la puerta.

(Sr. Charlton)  -.  Bien pequeña es tu turno, inclínate sobre la mesa bájate las bragas y levántate la falda…

      Obedeciendo al Sr. Charlton se bajó las bragas y se levantó la falda sujetándola con sus manos, se inclinó sobre la mesa del despacho, desde el rincón pudo ver como Pablo se estremecía y encogía el culo tras recibir cada azote de aquella vara. Temblando de puro pánico su cuerpo temblaba como gelatina, estremeciéndose escuchando ruido detrás de ella. Cerrando los ojos con fuerza esperaba el primer azote de la vara. 

(Sr. Charlton)  -. Vaya… veo que la celadora que te ha tocado esta mañana, te ha sacudido con fuerza con el cepillo…

   Sintiendo las fuertes manos del Sr. Charlton en su cintura, sintió como la levantaba de la mesa, tomando asiento sobre la esquina de la mesa, colocando sobre sus rodillas a Jessica, en breve sintió como le daba una azotaina con la mano en el inflamado trasero, la azotaina aunque fuera con la mano resulto ser muy dolorosa, cuando ceso de darle azotes sintió como le subía las bragas y le bajaba la falda, depositándola de pie en el suelo…

      El viaje a la ciudad fue de lo más tranquilo para el conductor, el cual lo conducía el microbús el propio Sr. Charlton,  que se ofreció para llevar a las chicas, siendo un viaje de lo más silencioso, aunque se escuchaba de fondo como las chicas sollozaban por tener sus traseros bien calentitos y bien servidos… viéndolas el propio Sr. Charlton por el espejo retrovisor, como las chicas removían sus traseros sobre los asientos, dadas las molestias que debían de sentir al ir bien acomodadas sentadas y con el cinturón de seguridad puesto, llegando a la ciudad en pocos minutos dejándolas en una de las concurridas calles, donde dejo a las chicas y estas entraron en una cafetería.

     Al entrar en la cafetería todas las chicas fueron a colocarse al fondo de la cafetería, en donde la barra del bar quedaba en penumbra, por lo que al estar todas alrededor de una mesa hecha con un tonel con una repisa de cristal, así estarían fuera de miradas indiscretas, pues al llevar las cortas faldas, el fondillo de sus braguitas era fácil de vérselas, al igual que la rojez de sus traseros. Aunque por lo que ellas podían ver, no eran las únicas que mostraban sus muslos o la base de sus traseros colorados, muchas empresas de la zona tenían esa norma en sus reglamentos, y la disciplina sobre todo con las chicas era más visible, ya que los hombres llevaban pantalones, por lo cual solo se apreciaba en sus gestos al levantarse de las sillas, por ello entraron a esa cafetería, porque no serían las únicas, por lo tanto no llamarían la atención de nadie.

(Marie)  -. Bueno chicas!  Por fin mañana volveremos a la rutina diaria, y ninguna de nosotras debemos pasarnos por el despacho de los Adams… Bueno Frank sácanos a todas de estar ascuas, que es lo que te ha dicho mi tío en el despacho?

(Frank)  -. Que estoy despedido! Tu padre se lo dijo el mismo día que entramos en la casa…

(Vanessa)  -. Que cabrones!! Te lo podían haber dicho antes y haberte ido de la casa…

(Frank)  -. No me hubiera podido marchar, debía ser castigada igual que vosotras esas eran las instrucciones que dio tu padre…al Fiscal… Aunque hay otra noticia. Solo según me aconsejéis vosotras lo hare o no lo hare… Pues tiene mucho que ver con vosotras que sois mis compañeras de trabajo.

(Rose Mery)  -. Como es eso? No has dicho que te despidieron el mismo día que ingresamos en la casa…

(Frank)  -.  Mañana puedo volver al trabajo si lo hago cambiando mi contrato y las cláusulas de aceptar castigos.

(Vanessa)   -. Jo!  Y donde está el problema de eso, te encanta como a nosotras ser castigado, no veo el problema donde esta?  O por qué depende de nosotras, eso es cosa solo tuya si deseas o no…

(Marie)  -. Eso es cierto Frank… Donde está el problema?

(Frank)  -. Pero vosotras estáis ciegas o qué?  No veis como he salido de la casa? He salido como Jessica, no como Frank!  Y las condiciones que me ha dado, es a partir de mañana vivir como chica, incluso me ha dado dinero para comprarme ropa de chica, o quedarme el dinero como compensación del despido.   La condición para volver mañana al trabajo es hacerlo como Jessica Ericsson, y enterrar a Frank Ericsson…

(Marie)  -. Bueno tampoco es tan malo, es tu sueño desde pequeño el ser chica, pero la dificultad era el encontrar trabajo, que no encontrarías nada de saberse tu tendencia sexual, pero si te ha hablado de que vuelvas como Jessica, eso es que mi padre lo ha aprobado y si es por nosotras siempre te hemos deseado que cumplieras tu sueño, y ahora lo podrás realizar.

     Todas se abrazaron a Jessica a partir de ese instante, había vuelto a nacer con su nueva vida…

 

Nota:  Tras las demandas de varios lectores que me han pedido que escribiera sobre castigos a chicos, en este capítulo he pretendido compensar a esos lectores añadiendo un castigo a un chico, espero que sea del agrado de esos lectores masculinos… En una historia de chicas, ya que lo habitual en castigos a chicos, es que estos sean castigos entre hombres como protagonistas, y en esta historia, las protagonistas son chicas…

 

 

(Continuará…)

 

     

 

 

 

 

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