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domingo, 20 de septiembre de 2015

DISCIPLINA EN LA UNIVERSIDAD Capitulo 10




              

  No sabía a donde mirar. Delante de ella se encontraba John Lewiston, con el rostro claro de estar muy enfadado, furioso, y observándola de pies a cabeza como si estuviera inspeccionando su vestimenta, y lo peor de todo, en completo silencio. Sentía como si el estómago se le fuera a caer al suelo en cualquier momento, notaba un peso enorme en él, sus nervios la estaban desbordando, sentía verdadero terror en esos momentos, una angustia terrible acompañada de escalofríos por todo su ser. A muy su pesar, tenía aun su trasero ardiendo, con un dolor terrible y que no la permitía apenas caminar erguida. Tenía sus mejillas que las sentía arder de lo ruborizada que estaba, era muy humillante que vinieran a su propia casa a aplicarle un correctivo, solamente de pensar que en breve volvería a estar sobre sus rodillas de nuevo y que ahora no habría nadie para detenerlo si se excedía en el castigo, le hacía recordar cuando era más joven, y aquella profesora de gimnasia la perseguía por el patio del instituto, cuando un joven profesor la había obstaculizado en su huida, cayendo al suelo. Al levantarse para echar a correr de nuevo, cuando un brazo la sujeto firme reteniéndola, lo que hizo que la profesora de gimnasia la alcanzara, y comenzara a darle azotes en el trasero de un muy ajustado short azul marino, con el cual sentía aquellos azotes como si la azotaran sobre el culo desnudo, pero no los sentía. Estaba ensimismada observando aquel vello rostro del joven profesor, mientras el en esos instantes la sujetaba de sus dos manos, para que quedara bien expuesta a la vara que azotaba sus nalgas, pero Sonia solo admiraba a aquel rostro con una sonrisa en sus labios, hasta que la vara después de varios azotes la hiciera volver a la realidad, y se centrase en menear su trasero, así como saltar sobre sus pies a cada azote que recibía, y a tirar de aquellos fuertes brazos que la mantenían sujeta, tratando como fuera de escapar de aquella tunda que estaba recibiendo, y que ya comenzaban a arderle más de lo que ella deseara y sus lágrimas no tardaran en brotar…
       Desde entonces estaba enamorada de ese profesor, pero el, jamás le había prestado atención alguna o lo sorprendiera mirándole el culo como hacían todos los demás profesores. Nada hacía que aquel profesor hiciera que se fijara en ella, pero ella había ideado aquel retorcido plan con sus nuevas amigas Laura e Elisabeth, para así caer sobre sus rodillas y recibir una azotaina a manos de su amado profesor, y hacer que se fijara en ella aunque para ello tuviera que sufrir, el severo castigo de esa jornada. Puede que así se fijara en ella…
(John)-.     Lamento enormemente la manera en que me he presentado en tu casa, en otras circunstancias no estaría de menos avisar a la policía, y que me llevaran arrestado por forzar tu cerradura, aunque no haya sido así, pues en la universidad tenemos las llaves maestras de todas las viviendas.  Si cuando he llamado al timbre hubieras abierto, nada de esto hubiera sucedido. Pero el conserje me acompañaba por si esto sucedía, no sería la primera vez que una alumna protegida en su vivienda, se negara a abrir la puerta. Un hecho nada aconsejable, dices que te habías quedado dormida en el sofá, estando desnuda. Veo que debe ser cierto, pues estas impecablemente vestida, de haber estado sentada o tumbada, el uniforme estaría arrugado, además de impresentable. Por lo tanto por esta vez voy a creerte y aceptar tu palabra, pero que esto no vuelva a repetirse de nuevo o lo lamentaras de verdad.  Dicho esto, deseo aclararte para tu conocimiento, que después de clasificar todos los videos de las cámaras de seguridad y visualizarlos repetidamente, hay en ellos ciertos detalles que ya te iré informando cuando llegue su momento, durante esta semana vas a recibir mi visita cada día al levantarte y al acostarte, por lo tanto te rogaría por tu bien que no tardes tanto en abrirme la puerta, es más, deberías estar esperándome en la puerta, en vez de llamar yo. Pero por el momento lo dejaremos correr, como bien he dicho anteriormente durante esta semana.   Aclarado ese tema, vamos a lo que nos preocupa a ambos de verdad, el cual no es otro que tu castigo.   Tu comportamiento de hoy ha sido vergonzoso!, me has dejado en mal lugar y eso va a tener sus consecuencias puedes estar segura e ello, nunca me habían hecho sentirme traicionado como hoy, habíamos hablado sobre tu cita de hoy y como debías comportarte. No tengo ni idea que se te ha pasado por tu cabecita, para comportarte como lo has hecho hoy! Lo que debía de ser un simple trámite, tu misma lo has convertido en una pesadilla, algo que vas a lamentar de verdad!!
     … Entiendo que tienes el trasero muy adolorido, algo que no debía de haber ocurrido. Pues todo estaba apalabrado por mí mismo con la señora Parrish, para que únicamente fuera una azotaina simbólica con el cepillo, cierto que te habrían dado duro para hacer creíble a todos que era un castigo, y para ello debías llorar, Aston tenia esas instrucciones que fuera duro contigo, pero que al hacerte llorar se detuviera minutos después.  Pues todos conocen a Aston, tiene una reputación como pocos a la hora de aplicar castigos a las alumnas, todos saben que no hay chica que no termine llorando cuando aplica un correctivo, sea con el instrumento que utilice para ello, todas terminan igual. 
    Pero tu tenías que hacer tu numerito verdad?   Tenías que poner en tu contra a toda la junta de accionistas, en que estabas pensando?  Cualquiera que te hubiera visto, habría pensado  que estabas provocando deliberadamente a toda la junta y que deseabas ese castigo. Tenías que insultarles encima? No te bastaba con ser grosera? Tenías que sobarte el culo delante de todo el mundo, mostrándoles esas ridículas bragas infantiles? Y la manera que te has dirigido a toda la junta, cuando te han dado la palabra para justificarte. No podías haberte limitado a agradecer que no te hubieran despedido, y darte la oportunidad de reparar los males causados aceptando de buen grado tu castigo? Agradeciendo permitirte acabar tu master en química sin tacha alguna en tu expediente laboral!!!  Tenías que poner a todos en tu contra? En qué diablos estabas pensando? Es que deseabas avergonzarme delante de todos para vengarte de mí?  He hecho mucho más de lo que debía y me lo pagas de esta forma? La señora Parrish me ha llamado la atención en su despacho, en toda mi carrera, jamás había pasado tanta vergüenza, ha sido la primera vez que he tenido que ir a su despacho, para que me hablen de mi honor como hombre, y que donde se supone que esta esa palabra mía, palabra que yo he puesto en riesgo por apoyarte e ayudarte a ti, desvergonzada!!!

        Sonia se había puesto a llorar ante semejante regañina, estaba acongojada, además de sentirse angustiada ya no solo por el ser castigada en breve, se sentía muy mal. Su deseo de sentir una azotaina sobre sus nalgas como cuando era niña, había ido demasiado lejos. Ahora se percataba de la gravedad de los hechos, sabía que ese hombre jamás iba a ser suyo como deseaba, lo había humillado ante todos, pero sobre todo le había hecho faltar a su palabra. En un inglés, su honor y su palabra estaban por encima de todo. Y ella lo había pisoteado con su comportamiento. En esos momentos Sonia hubiera deseado que se la tragara la tierra, ella como mujer se percataba lo lejos que había llegado. John jamás la perdonaría, y su amistad ya no volvería a ser la misma. Sonia con la mirada fija en el suelo, ahora se encontraba tremendamente mal y deseaba que la castigase cuanto antes, para al menos dejar de sentirse tan avergonzada consigo misma. Quizás castigándola John se sentiría mejor, aunque ello no fuera a hacerle sentirse mejor, un hombre si tacha alguna durante toda su carrera, y ahora por una amistad con una amiga, había dejado su palabra en entredicho… Y esa amiga era ella.
         Mientras Sonia se lamentaba por su mal comportamiento. John había dado unos pasos hasta el rincón donde había una silla con respaldo alto, y sujetándola la coloco al lado de Sonia, sentándose en la silla, y sin más palabras, agarro a Sonia de una de sus manos y la tiro prácticamente sobre sus rodillas, aunque realmente fue Sonia la que se tumbó apenas sintió el contacto de su mano y le miro, contemplando su cara de enfado prefiriendo no resistirse, hiciera lo que John hiciera por castigarla, ella aceptaba su castigo avergonzada por el mal que había causado a una de sus mejores amistades. Sintió como su falda era alzada, y como el aire frio acariciaba sus nalgas, revestidas por unas bragas blancas de algodón, con florecillas de margaritas. Los primeros azotes no tardaron en llegar y empezar a picar en sus nalgas.
      Sonia se mantenía inmóvil en su posición, sus piernas flexionadas colgaban a la derecha de John, y por la izquierda, su cuerpo posado sobre los muslos de John, mientras su cabeza y brazos colgaban por ese mismo lado tocando el suelo, mientras sus manos se agarraban a las patas laterales de la silla. Sonia no paraba de sollozar moqueando por la nariz, mientras los azotes caían y volvían a caer sobre sus desprotegidas nalgas.  Aunque Sonia sentía como sus nalgas ardían como nunca, pues los azotes de John eran duros de verdad, azotes secos y seguidos, que caían uno tras otro en el trasero de Sonia. Ahora ya lloraba a todo llorar, pero seguía aceptando su castigo, sabía que se lo tenía bien merecido y aunque aquel intenso dolor lo sentía como si tuviera un fuego a llama viva sobre su trasero, siguió aceptando su castigo. No pataleaba, no meneaba sus caderas, no movía su cuerpo, no intentaba protegerse sus ardientes nalgas con sus manos, era tal su vergüenza por haber fallado a su buen amigo. Que no deseaba poner dificultades a su azotador, estaba siendo castigada como se merecía.          
     John admiraba a Sonia, la veía que estaba muy arrepentida y eso en otro momento le hubiera enternecido parando el sufrimiento a aquellas preciosas nalgas. Pero la gravedad de lo acontecido ese día, era para que Sonia sintiera su enfado y hiciera meditar su mala cabeza una vez más. John paro de azotarle el trasero, y su mano acaricio unos segundos a aquellas redondeces tan esplendidas y tan calientes, que le hacían quemar su mano. Pero estaba resignado a darle su merecido castigo, así que agarro el elástico de la cinturilla de las bragas de Sonia, y se las fue bajando lentamente hasta la altura de las rodillas. No sin observar antes el fondillo de las bragas de Sonia, una mancha amarillenta ensombrecía esa zona, John no pudo evitar el posar sus dedos sobre la prenda, comprobando que no era orina, era otro fluido lo que humedecía a las braguitas de Sonia. Era claramente un líquido abundante que había mojado considerablemente la prenda íntima de ella, al palpar con sus dedos comprobó que era un fluido viscoso, blanquecino e amarillento. Eso indigno a John, ya que si era cierto que se hallaba desnuda cuando toco el timbre, y se acababa de vestir. Eso delataba a Sonia, estaba claro que estaba disfrutando con la azotaina, y había ensuciado las bragas de esa manera tan abundante en apenas unos minutos que hacía que se las había puesto limpias. La idea que rondaba por su mente empezaba a tener forma, sin darse cuenta posiblemente la había delatado esas humedeces. Como por arte de magia, apareció en su mano derecha el feo cepillo de madera de fresno, con el cual Sonia ya había sido castigada con el aquella mañana. Levanto su brazo todo que pudo, y empuñando fuertemente el cepillo, lo dejo caer, pero aplicando mas velocidad e incrementando la fuerza en el descenso hacia la nalga derecha de Sonia, al caer sobre ella se pudo escuchar un fuerte sonido seco y opaco, casi silencioso, si no fuera por el grito fuerte de Sonia, al sentir en sus ardientes nalgas aquel contacto el cual la había hecho estremecer de dolor, y la fuerte quemazón intensa que provoco en su nalga, algo que en breves segundos se repitió en la nalga izquierda, con un impacto del misma intensidad. Los azotazos del cepillo se fueron incrementando a más fuerza y más rapidez al golpear en aquellas traviesas nalgas que se agitaban como desposeídas a cada nuevo impacto del cepillo, las piernas de Sonia ya se balanceaban alocadas en cualquier dirección posible, sus manos no tardaron en intentar cubrirse sus nalgas, aquello era el mismísimo infierno, le ardían de tal manera que no se podía mantener quieta una décima de segundo, todo su ser, se agitaba de manera incontrolada. Sus piernas luchaban por librarse de la traba que las aferraban a no poder separarse, más de unos centímetros, esa traba era sus propias braguitas, que la impedían abrir y cerrar sus piernas, en busca de alivio por pequeño que este fuera, así fue como dicha prenda fue descendiendo bruscamente por sus pantorrillas, hasta llegar a sus tobillos, y llegado a ese punto salieron disparadas hacia el techo, para luego posarse como una grácil mariposa en el suelo. Ya liberadas sus piernas, ahora se agitaban independientemente en cualquier dirección, abriéndolas o cerrándolas, dejando a la vista de John el sexo rasurado de Sonia, del cual seguían emanando fluidos, los cuales ya mojaban los muslos. A pesar de la severidad del castigo, Sonia se estaba corriendo una y otra vez con el mismo, lo que hacía indignar más a John…   lo cual hizo que detuviera el castigo, e obligara a Sonia a ponerse de pie… asiéndola por el lóbulo de la oreja la condujo hasta el rincón, obligándola a colocarse de rodillas con los brazos en cruz, con las palmas hacia arriba… y prohibiéndole tocarse el culo… el cual se veía todo un color morado con los bordes azulados…
    John se encamino hacia la cocina volviendo un par de minutos después con algo en la mano, era un paquete de hortalizas secas, concretamente garbanzos, enfadado como estaba lo abrió y lo vacío en el suelo, justo donde estaban apoyadas las rodillas de Sonia, y la obligo a posarse de rodillas sobre ellos, luego se desplazó por el salón hasta una estantería, escogiendo dos libros muy pesados y recios, colocándole un tomo en la palma de cada mano, y así permaneció Sonia durante varios minutos, hasta que ya no pudo soportar más, el cansancio de sus brazos unido al dolor de sus rodillas, y así mismo el intenso ardor de sus nalgas. Entonces John permitió que se levantara y asiéndola de nuevo por el lóbulo de la oreja, la condujo al dormitorio, casi arrastras… la desprendió de la falda, así como de la blusa, colocándola de nuevo sobre sus rodillas ahora el sentado sobre la cama, y ella desnuda propinándola una nueva azotaina bien dura y severa con su mano derecha, a lo que Sonia rompió de nuevo a llorar… minutos después Sonia permanecía echada sobre las rodillas de John, mientras este le aplicaba una crema refrescante sobre sus ardientes nalgas, que la hacían ronronear como una gatita en celo… poco después la dejaba llorando aun boca abajo metida en la cama…

      

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