Seguidores

domingo, 2 de julio de 2017

EL ABUELO MATERNO Capitulo 6



                                                EL ABUELO MATERNO    Capitulo 6


     Sonia había vivido unos días complicados, los días que había estado castigada por su falta en la universidad, ser regañada a diario por la misma razón resultaba algo muy vergonzoso para ella, a sus treinta y dos años viéndose castigada como cuando era una niña por su tío, y siendo sermoneada cada día antes de recibir una nueva azotaina, no resultaba nada placentero para ella cuando recibía  las azotainas de su tío, pasaba mucha vergüenza y eran dolorosas en extremo, no era igual que cuando John el decano la colocaba sobre su rodillas y le daba una azotaina, sus bragas se le humedecían nada más ser regañada por John. Y cuando la colocaba sobre las rodillas disfrutaba como una adolescente teniendo sexo, sus orgasmos eran espontáneos mientras le estaba poniendo el culo ardiendo como un volcán en erupción.  Durante la larga temporada siendo castigada por su tío, a diario su trasero sentía la visita de la mano, cepillo, cinturón a manos de su tío o de la zapatilla de su tía. Habían sido unos días duros para Sonia, aunque algunas cosas le gustaban, como vestir igual que sus primas con el vestido corto enseñando las braguitas, incluso estando sin moverse de pie, estas quedaban a la vista, pues esos cortos vestidos les cubrían justamente por debajo del pubis, pero en cambio sus abultados traseros hacia que el fondillo de sus braguitas quedasen al descubierto, se veía como una niña pequeña, aquello resultaba ser como volver a vivir una segunda infancia, disfrutaba observando al caminar a sus primas, caminando detrás de ellas, no solamente les veía sus braguitas que las tres solían llevar puestas del mismo modelo y sus dibujos idénticos, lo que le resultaba más morboso era ver los mofletes de sus nalgas que no cubrían sus braguitas y que dichos mofletes se les veía rojos y con algún moretón de la azotaina recibida recientemente, e imaginar que ella llevaba su trasero de la misma manera o incluso peor que sus primas, los días habían ido pasando siendo menos frecuentes las azotainas de sus tíos, hasta que un día dejo de ser castigada a diario, como todo en la vida tiene un final. Durante aquellos días el trasero de Sonia siempre estaba en un estado lamentable, aunque las azotainas fueran muy severas o eso es lo que a ella le parecía por la forma en que le ardía su trasero, pero claro que para ella habían sido unos días deliciosos y disfrutaba sobre manera el llevar su trasero en aquel estado, ya que no dejaba de ser una spankee, y aunque en el momento del día que sabía que su tío no tardaría en subir  a su habitación, para aplicarle su correctivo, momentos que eran los peores del día para ella, pues la espera al castigo era el peor momento. Resultaba terrible para ella aquella angustia, el tener que permanecer en su habitación cuando llegaba la hora designada para ser castigada, era cuando peor lo pasaba, deambulaba de un lado a otro de la habitación, cualquier sonido que procedía de las escaleras la ponía en vilo, pues creía que subían a calentarle el culo, sabía que debía permanecer junto a su cama llegado el momento, con las manos sobre la cabeza mirando la pared, su nariz debía rozar la pared, si no era así, recibía unos azotes extra por no obedecer. Algo que resultaba muy vergonzoso para ella, pues al tener los brazos sobre su cabeza, el corto vestido se le subía dejando sus braguitas completamente a la vista de quien entrara. En ocasiones era alguna de sus primas, tanto Susana o María solían gastarle esa broma a su primita mayor y toda una maestra de universidad de treinta y dos años.  Algunas de esas veces acababa tirándole a sus primas lo primero que pillase más a mano, una almohada o un oso de peluche que tenía sobre la mesita de noche,  a lo que reaccionaban sus primas saliendo corriendo despavoridas, en  ocasiones tenía la fortuna que estas fueran sorprendidas por su madre o abuela a causa del escándalo y no tardaban en escucharse los azotes en el trasero de alguna de ellas, o de las dos. Pero alguna que otra vez… habían acabado recibiendo las tres.   
     Llevaba casi un mes sin estar sobre las rodillas de su tío, en parte añoraba no escuchar como su tío abría la puerta de su habitación, y como ella debía colocarse sobre sus rodillas, cuando él se sentaba sobre la cama o en la silla dispuesta en la habitación destinada a ese fin, para ser calentado su trasero. Sentir sus dedos en la cinturilla de sus bragas y como estas le eran bajadas a sus rodillas. Cuando estaba sola en su habitación solía mirarse en el espejo, se levantaba la faldita del vestido, y admiraba aquellas bragas que le cubrían incluso el ombligo, siempre le había gustado ese modelito de bragas de algodón. Le encantaba verse en el espejo, a veces se bajaba las bragas y contemplaba su culo blanco sin ninguna marca, después del tiempo que había estado siendo castigada a diario, ahora le parecía extraño no ver su trasero colorado o tener su culo morado por las azotainas que solía recibía.
     Después de una larga temporada teniendo que pedir permiso para ir al servicio acompañada por su tía, ahora le parecía extraño poder ir al baño ella sola, el poder hacer sus necesidades sin tener enfrente de ella a su tía mirandola, aunque de alguna manera lo añoraba, cierto que le daba mucha vergüenza que su tía le bajase las braguitas para hacer pipí, ahora le parecía extraño el poder bajarse sus bragas ella misma.
     Aunque añoraba con cierto resquemor ser colocada sobre las rodillas de sus tíos, para recibir una azotaina. Por otro lado tenía algo bueno el comportarse como una mujer de treinta y dos años, tener de nuevo ciertos privilegios, ser una mujer normal y actuar como una mujer adulta. Por otro lado su añoranza estaba de cierta manera compensada, pues era raro el día que no viera como su prima Susana era colocada en las rodillas de su madre, o que viera como su tío se desabrochaba el cinturón, lo extraía de las presillas de su pantalón para calentar el trasero a su hija o nieta. En aquella casa, no había posibilidad para aburrirse una spankee como Sonia.
     Las horas que no pasaba limpiando la casa ayudando a su tía, las pasaba estudiando para su master de ciencias. Sus tíos como la contemplaban tan aplicada estudiando, le permitían algunos errores leves sin castigarla, no eran faltas que requirieran una azotaina en el acto, a pesar que ellos reconocían que esos errores eran provocados adrede por Sonia. Al fin y al cabo, Sonia era spankee y le gustaba recibir una azotaina, pero había aprendido que una falta seria, tenía unas consecuencias muy graves para su trasero, y si, sentía deseos de ser castigada, pero para nada le apetecía una severa azotaina. Así, que se conformaba con ver el rostro serio de su tía o tío, o viendo como su tía hacia ademan de sacarse la zapatilla y Sonia salía de ipso facto con ligera rapidez hacia su habitación y ponerse a estudiar. Escuchaba los pasos de su tía que iban tras ella, pero cuando abría la puerta y veía a su sobrina aplicada en sus estudios, con una pícara sonrisa en sus labios, cerraba la puerta dejándola estudiar.
     Como su comportamiento era del agrado de sus tíos, Sonia volvió a tener libertad para salir de la casa, eso sí, siempre con el consentimiento de ellos. Y como no podía ser de otra manera, con horario fijado para estar en casa de vuelta. Algo que ella deseaba desde hacía días, por ello era su buen comportamiento, cuando su tío le dio permiso por primera vez para salir de noche, no tardo nada en coger el teléfono y llamar a John. Sonia estaba en una nube, por primera vez iba a volver a ver a John Lewiston, tenía muchas ganas de estar con él, habían quedado para el próximo sábado salir a dar un paseo y cenar solos.
     Sonia, estaba como desorientada, iba de un lado a otro de la casa, buscaba algo que le había desaparecido de entre sus cosas. No encontraba el portafolio con sus apuntes, algo que no comprendía pues era algo que nunca lo sacaba de su habitación y si lo encontraban sus tíos en un lugar que no fuera el suyo, podría estar en serios problemas, algo que podría hacer peligrar su salida del sábado, ya solo faltaban dos días para su cita. Sonia, nerviosa iba por toda la casa de un lado a otro sin decir nada, cuando algo la sobresalto.
(Sra. Adams)   -. Sonia!!! Trae tu trasero aquí, ya!!!
      Sonia sintió como una punzada en el estómago al escuchar el grito de su tía pronunciando su nombre, aquello no presagiaba nada bueno. Su salida del sábado estaba en grave peligro, pero no entendía el porqué. No quiso empeorar su situación más de lo que parecía, el anunciar que llevase su trasero ante su tía, presagiaba una azotaina con la zapatilla inminente.
(Sonia)   -. Me llamabas, tía!
(Sra. Adams)   -. Me puedes explicar que hace esto en la cocina? Cuantas veces se te ha de decir que tus cosas de estudios no puedes dejarlas por ahí, tiradas! Luego si se estropean es necesario comprarte de nuevo y eso es un gasto innecesario. Es que no vas aprender nunca? Es que siempre hay que estar detrás de vosotras? Yo tengo muchas cosas que hacer en la casa, para tener que ocuparme de vuestras cosas!!! Esto es ya demasiado, sabes! Tu tío y yo estamos haciendo la vista gorda, con algunos de tus errores, pero esto es lo que colma el vaso! Se ha terminado el ser permisiva contigo! Ahora vas a saber lo que les sucede a las niñas descuidadas y que no son cuidadosas con sus cosas… Ven aquí y ponte sobre mis rodillas… Te voy a enseñar donde deben estar guardadas las cosas de tus estudios! Y no creo que la cocina sea su lugar más idóneo de guardar!!!
     Las voces desde la cocina fueron escuchadas por toda la casa, no pasando desapercibidas por Susana y María. Las cuales dejaron de hacer sus tareas, estaban en sus respectivas habitaciones realizando sus tareas encomendadas por sus abuelos y padres. Susana, estaba copiando “ …No volveré a dejar tiradas bajo la cama mis braguitas…” y María, estaba copiando “ …Me cepillare los dientes cuando se me ordene…” las dos se asomaron al rellano del piso, y sin hacer ruido fueron hasta el borde de las escaleras, para no ser descubiertas. Las dos andaban doloridas pues habían recibido una azotaina al levantarse por la mañana, esa era la razón de sus castigos de hacer copias,  llevaban el culo colorado como un tomate maduro. Para no ser vistas, estaban en cuclillas para intentar poder ver la escena con todo detalle, sus cortos vestidos dejaron al descubierto sus bragas, Susana las llevaba de color rosa con pequeñas capullos de rosas rojas pequeños, con un corto tallo verde y unas hojas, el ribete de puntilla de la pernera de las braguitas blanco hacia contraste con su culo colorado. María llevaba bragas similares a las de su mama pero blancas, y también era visible el contraste de su colorado trasero, con la blancura de sus bragas. Llevaban días sin escuchar  como Sonia era regañada por sus tíos, y mucho más sin verla o escucharla llorar al recibir una azotaina, por lo tanto ambas tenían muchas ganas de oírla recibir una buena azotaina, tal y como iba a suceder en breve.
(Sonia)   -. Tía! Yo no he sido. Llevo toda la mañana buscando el portafolio por la casa! No comprendo cómo ha podido llegar hasta aquí! Tía! Por favor, no me castigues. Como iba a dejar el portafolio en la cocina! Conozco bien tus normas, tía! No me iba arriesgarme a dejar algo olvidado y quedarme sin poder salir el sábado.
(Sra. Adams)   -. Muy bien! Eso está muy bien pequeña! Entonces quieres decirme que este portafolio tuyo, lo he cogido yo y traído a la cocina? Eso es lo que insinúas? Además de descuidada! Eres una desvergonzada!!! Esta mañana esto no estaba aquí! Y tus primas aún no han bajado a desayunar por estar castigadas en sus habitaciones! Solamente tú! Yo! Y tu tío hemos bajado a la cocina! Estas insinuando que hemos sido nosotros! Está visto que necesitas una buena azotaina, ven aquí ahora, y bájate las bragas tu misma, para tu mayor vergüenza!!!
     Arriba de las escaleras en el rellano, Susana miro a su hija. Esta, estaba sonriente, su madre se dio cuenta que algo tramaba su pequeña…
(Susana)   -. No abras sido tú, verdad? Conozco esa sonrisa de tus labios… Me voy a mi habitación. Que me metas en líos a mí, sabes cómo me gusta ser castigada no me parece mal, pero haberte atrevido con mi prima…
(María)   -. A ella también le gusta…
(Susana)   -. Ósea que has sido tú! Sabes muy bien las ganas que ella tiene por poder salir con John. Por nada del mundo ella se habría metido en problemas. Me voy, no quiero estar a tu lado.
     María se dio cuenta que había ido demasiado lejos, pero lo había hecho por envidia de su prima Sonia, por poder salir de casa, ella en cambio llevaba meses teniéndolo prohibido por su mal comportamiento. Pero ya estaba hecho! Y estaba gozando escuchando como era regañada Sonia, así como la azotaina que estaba claro que iba a recibir en breve.
(Sonia)   -. No tía!
(Sra. Adams)   -. Te atreves a contradecirme! Como te atreves a decir que no vienes!!! Trae es culo aquí y ahora, no me hagas ir a por ti, desvergonzada!!!
(Sonia)   -. No quería decir eso, tía. Quería decir que no he sido yo!
(Sra. Adams)   -. Ah, sí! Bueno si solo es eso? Ósea que te estas atreviendo a decir que hemos sido nosotros… trae ese culo, aquí… Y ahora quítate el vestido y te sacas las bragas, desvergonzada!!! Como te atreves?
     Sonia estaba acongojada y angustiada, en vez de arreglar las cosas, las acababa de empeorar más. Con sus manos poniéndolas a su espalda se bajó la cremallera del vestido, luego sujetando la hombrera del lado derecho con la mano izquierda se lo saco por el brazo derecho, y luego con la mano derecha, hizo lo propio con la parte izquierda. Luego a dos manos sujeto el dobladillo de la falda del vestido, subiéndolo y extrayéndolo por la cabeza. Se quedó ante su tía solamente en braguitas y una camisola de tirantes que cubría sus pechos. Mirando a su tía, vio como le hacía un claro gesto con la mano, indicándole que las bragas también. Se bajó las bragas tímidamente con ambas manos, eran de algodón como de costumbre, pero no eran como las que llevaban sus primas, Susana y la pequeña María, por tener el privilegio de poder vestirse ella misma, y hoy se había puesto unas bragas blancas sin dibujos. No estaba en su mente ser castigada, de haber estado en ese riesgo, se habría puesto unas de sus favoritas para recibir una azotaina, era algo que aunque no lo deseaba lo más mínimo, nunca estaba de más, vestir de manera más adecuada para disfrutar de una azotaina, aunque esta al recibirla resultase ardua de ser dolorosa. Lentamente acabó de bajarse las bragas a sus pies, retirando primero uno y luego el otro, doblo sus bragas, igual que había hecho con el vestido dejándolas encima de este, sobre la mesa. Y se aproximó a su tía echándose ella misma sobre las rodillas de su tía, la cual la acomodo bien en ellas, y tocando en su costado derecho con la palma de la mano, Sonia sabía que significaba aquella señal, y levanto hacia atrás su mano derecha. Su tía se la sujeto con la mano, doblándosela sobre su espalda en un gesto rápido y delicado.
     Su tía no era mujer de muchas palabras, ya había regañado a Sonia y dejado bien aclarado lo que la esperaba, así que, sin más preámbulos avanzo su pie derecho unos centímetros, y así extraer su pie de la zapatilla, esta era una zapatilla abierta por detrás, así que sin esfuerzo alguno, solamente tuvo que levantar su pie derecho flexionándolo hacia atrás, levantándolo unos centímetros y su mano derecha le resulto fácil sujetar la zapatilla por el talón.
     Sonia echada sobre el regazo temblaba esperando el impacto de la zapatilla en sus blancas nalgas, llevaba muchos días sin recibir azotaina alguna, y sabía bien por la experiencia de las últimas fechas, que era doloroso en extremo recibir una azotaina siendo de esa guisa. Cuando su tía se disponía a levantar su brazo derecho armada su mano con la zapatilla de paño, y la temible suela de goma para iniciar la azotaina a su sobrina…
(Sr. Adams)   -. Buenos días cariño. Que ha hecho esta niña para que vayas a darle una azotaina? Y… y que sea necesaria tanta severidad para tenerla así desnuda?
(Sra. Adams)   -. De saberlo, querido esposo! Tú mismo la castigarías por su osadía y desvergüenza! Te crees que esta sinvergüenza nos acusa tanto a ti esposo y a mí misma, de haber ido a su cuarto a buscar ese portafolio que está en el mármol de la cocina de entre sus cosas, y haberlo depositado ahí  para incriminarla a ella de haberlo hecho!!!
(Sr. Adams)   -. Es eso así? Sonia. Tan desvergonzada te has vuelto, para hacer semejante acusación? Me cuesta creerlo después de tu buen comportamiento todo este tiempo…
(Sonia)   -. Tío, eso no es verdad! Yo no me atrevería acusaros de algo así, debería estar loca de solo pensar algo parecido! Pero… llevo toda la mañana buscando ese portafolio, he mirado tres veces en la cocina y no estaba! He mirado en el baño, en el salón, en el porche, en mi habitación no sé cuántas veces sin encontrarlo… he tratado de explicárselo a la tía, pero dice que solo he podido ser yo, o ustedes, ya que Susana y María están en sus habitaciones castigadas… Pero yo no he sido, ni siquiera recuerdo haberlo cogido esta mañana, hasta que me ha hecho falta revisar mis apuntes…
(Sr. Adams)   -. Ingrid, has barrido la cocina esta mañana, como haces siempre?
(Sra. Adams)   -. Claro que sí, Williams.
(Sr. Adams)   -. Entonces esta pulsera que hay en el suelo, debe de habérsele caído a la culpable…  Susana!!! Baja a la cocina inmediatamente!!!
     Al escuchar su nombre, Susana se puso muy nerviosa. Salió de su habitación temblorosa sobándose el trasero sobre sus braguitas con ambas manos, al pasar por el lado de su hija María, le susurro…
(Susana)   -. Como me hayas metido en otro lio veras…
     Bajo las escaleras lentamente, con una mano se apoyaba en la baranda y su mano derecha, metida bajo su falda, se sobaba el culo dolorido por encima de sus bragas rosas, con pequeños capullos de rosas rojas de la azotaina de la mañana, de haber bajado las escaleras corriendo o saltando de dos en dos los escalones, como solían hacer cuando nadie las veía, eso le habría valido una azotaina…
(Susana)   -. Me llamaba padre?
(Sr. Adams)   -. Si, hija! Esta pulsera es tuya o de tu hija?
     Respiro aliviada al reconocer la pulsera, eso la dejaba fuera de toda duda…
(Susana)   -. No es mía, padre. Debe ser de María, tu nieta. Usted sabe padre que nunca he llevado pulseras o colgantes.
(Sr. Adams)   -. Eso es verdad hija. Tú nunca las has llevado, ni siquiera sueles llevar reloj. Algo que te ha valido más de un correctivo por llegar tarde, al no saber qué hora era. -. El señor Adams se agacho para recoger la pulsera del suelo, la parte lisa de la misma llevaba escrito un nombre, “María”.- Dices que tu nieta e hija estaban castigadas en su habitación, al parecer la pequeña ha vuelto hacer de las suyas, no va a cambiar nunca, como le gusta hacer travesuras… Pero esta ocasión ha ido demasiado lejos. Susana! Ves a por tu hija y tráesela a tu madre… Y a Sonia, dale una azotaina para que aprenda a guardar mejor sus cosas, y no dejarlas al alcance de sus primas, pero con la mano bastara esposa mía! Sonia tiene un compromiso importante en dos días, no estaría bien que no se pudiera sentar dicho día.
     La señora Adams, no se hizo de rogar. Pero como estaba enfurecida con su sobrina Sonia, empezó sin dilación a darle la azotaina. Pero desoyendo el comentario de su esposo, empezó la azotaina sobre el culo desnudo de Sonia con la zapatilla, aunque Sonia sabía que su tía no le estaba dando muy fuerte, aunque ello no significase que no le estuviera doliendo. Pues sí que dolía la condenada zapatilla. En seguida tuvo todo su trasero en llamas, a cada azote que sentía en su culo desnudo, ella gemía de dolor, pero a pesar de dolerle el trasero y sentirlo arder en toda su superficie, no llego a derramar una lagrima. En pocos minutos recibió su castigo y su tía la dejo incorporarse e vestirse. Mientras lo hacía miraba a su primita con su mirada inyectada en sangre, estaba furiosa con la pequeña, que la estaba observando al lado de su madre con una sarcástica sonrisa en sus labios, aunque ladeo a un lado su cabeza para no ser observada por sus abuelos, mientras Sonia ya se había cubierto con el vestido, y en ese momento se ponía las bragas, se las subió ajustándosela a su cintura y alisando el trasero de la falda del vestido. Sonia, aunque estaba enfadada con su pequeña primita, no le guardaba rencor alguno. Pues solo había recibido una azotaina, dolorosa desde luego, pero en fondillo de sus braguitas si su tía hubiera mirado en esos instantes, la habría castigado de nuevo… Pues el fondillo de su braguita se le había humedecido nada más el ponérsela.
(Sra. Adams)   -. María… Que se supone que debemos hacer contigo, eres una pequeña muy osada, pero no deberías ser tan traviesa. No importa si con ellas solo te implicas a ti misma, pero está muy feo implicar a terceras personas. Es algo que deberás aprender en lo sucesivo, aprender a ser una mujer adulta y dejar de ser la niña que llevas dentro. Debes saber que has estado muy cerca de perjudicar a Sonia, de una de las maneras más perversas que puede haber. Si en ese juego ella se implicase al igual que tú, entonces ese algo no sería contemplado como algo de tanta gravedad. Pero en los meses que tu prima lleva viviendo en nuestra casa, ni una vez, y entiende esto bien, ni una vez. Ella no ha hecho nada por implicarte en sus travesuras, al contrario de lo que sí ha hecho tu mama. Ella y tu pequeña, madre e hija os habéis implicado entre vosotras mismas y habéis sido castigadas en múltiples ocasiones por los mismos motivos. Pero en cambio Sonia, tú prima. Jamás os ha implicado en sus travesuras o sus faltas, cuando a cometido errores, solamente ella ha sido quien ha recibido un correctivo, algo que hace que nos resulte a todos incomprensible, que hayas tratado de perjudicarla de una manera tan inaceptable, me cuesta creer que puedas tener tanta maldad en tu interior mi pequeña. Que tienes que decir pequeña?
     La pequeña María miro a su madre, esperaba tal vez que ella hablase como en otras ocasiones por ella, que la disculpase ante su abuela como había hecho en otras ocasiones. Pero su madre no abrió la boca en su defensa, dejando que su hija se las arreglará por sí misma. Pero María no tenía palabras para defender su comportamiento, en verdad ni ella misma sabia o tenía claro por qué había pretendido perjudicar a Sonia. Era cierto lo que había dicho su abuela, Sonia nunca las había metido en problemas por su torpeza, por tanto ante la pregunta de la abuela, sobre que tenía que decir, solo hizo el gesto de encogerse de hombros.
(Sra. Adams)    -. Eso es todo? Crees que encogiéndote de hombros ya está todo aclarado. Por el momento vete a tu habitación, estarás castigada sin salir de ella hasta que te levantemos el castigo tu abuelo o yo. Te aseguro que vas a estar encerrada mucho, mucho tiempo. Darte una azotaina no sería suficiente castigo, pero te aseguro que desearas no volver a estar castigada en tu habitación…
(Sr. Adams)   -. Así la vas a dejar salir de rositas? Has castigado a Sonia sin merecerlo, pero por haberte hablado mal, he hecho que le calientes el culo a esta desvergonzada. Y tu nieta se va a ir de rositas? Susana!!! Tráele el cepillo a tu abuela, le va hacer falta para calentarle el culo a María!!!
(Sra. Adams)   -. Williams… he dicho que…
(Sr. Adams)    -.  Niñas!!! Iros a jugar al cobertizo, tengo que hablar con vuestra abuela… Moved esas piernas, fuera…!!!
     Susana, María y Sonia. Se miraban la una a la otra extrañadas, pero no se lo hicieron repetir de nuevo, en seguida los abuelos se quedaron a solas en la cocina.
(Sr. Adams)   -. Señora Ingrid Adams!!! Vamos arriba!
     La señora Adams se levantó de la silla, dejando caer la zapatilla que aun sostenía en su mano derecha al suelo, introduciendo su pie en ella. Paso por delante de su esposo sonriéndole con una pícara sonrisa, dirigiéndose hacia las escaleras contoneando sus caderas, y mirando hacia atrás incitando a su esposo, que no tardo en caminar tras ella dándole una sonora palmada en el trasero… subieron las escaleras desapareciendo en su habitación, los sonidos que se escucharon pocos minutos después, son de libre interpretación…

     Los días pasaron sin más inconvenientes, apenas se escucharon esos dos días los azotes en la casa. La pequeña María como de costumbre se había metido en problemas, y aunque la abuela no le daba azotainas por sus faltas, el abuelo no era  nada considerado. 
      Llego el día más esperado por Sonia. Por fin iba a poder arreglarse como una mujer de su edad, su tío apareció en su habitación cargado con un baúl al hombro, por el ruido que hizo al dejarlo en el suelo no debía ser muy pesado, Sonia revoloteaba feliz a su alrededor, solamente iba vestida con unas braguitas y una camisola.
(Sr. Adams)   -. No deberías ir tan ligera de ropa, no te parece sinvergüenza?
(Sonia)   -. Tío, me has visto desnuda muchas veces desde que vivo en vuestra casa. No me digas que te vas a sonrojar por verme en bragas?
(Sr. Adams)   -. Sobrina… debería calentarte el culo por esa desfachatez tuya. Como se entere tu tía que has coqueteado con tu tío, estando solo en braguitas no te ibas a poder sentar en una semana… venga. Aquí tienes tu ropa, procura no vestir muy descarada para que tu tía te deje salir de casa! Y ya sabes, debes llegar antes de la media noche, o me tendrás esperándote en la puerta con el cinturón preparado para darte una paliza. -. Dándole una palmada en el culo, su tío abandono la habitación de su sobrina. .- Luego nos vemos, ahora ponte guapa para tu futuro marido.
     Cuando su tío salió de la habitación, entro su prima Susana. Entre las dos sacaron los vestidos del baúl, las dos mujeres disfrutaron del momento. Sonia solo hacía unos meses que no veía aquellas prendas, pero Susana llevaba años sin ver aquellas maravillas de vestidos femeninos.  Sonia se decidió por una blusa de seda amarilla, y una falda corta lisa, tableada de color azul celeste, en el contraste de colores vivos resaltaba su rostro. Estaba deslumbrante vestida tan sugestiva y al tiempo altiva.  Al bajar las escaleras vio que la aguardaban sus tíos, y al otro extremo del salón estaba John con un vaso de vino blanco.  Su tío le presto el coche a Sonia, era un todoterreno vehículo muy adecuado para vivir en el campo…
     La pareja paso la tarde noche de paseo, tenían muchas cosas de que hablar. Sobre todo de cómo había sido recibida por sus tíos y el trato que se le había dado durante su estancia. A Sonia al principio le fue difícil hablar de las azotainas que había recibido, pero John insistía una y otra vez en que se lo contase todo. Al final Sonia parecía haber comido lengua, pues no paraba de hablar muy animada con la conversación. Se vio obligada a ir al servicio en varias ocasiones, pues sus bragas las notaba muy húmedas con la conversación, John la veía excitada al hablar de los castigos tan severos recibidos, sobre todo los que le propinaba su tío.
(John Lewiston)   -. Sonia, va llegando el momento de volver a casa. No pretenderás llegar tarde el primer día que sales de casa. O si lo pretendes?
(Sonia)   -. Estas de broma! Tiempo atrás quizás me lo hubiera pensado, cuando solo me lo planteaba como una aventura digna de ser probada, antes de que cometiéramos las chicas y yo aquella travesura endiablada en la universidad y por la que aún estoy siendo castigada. Bueno…. Si tú, me la dieras? Llegaría tarde seguro… me muero de ganas de estar  nuevamente sobre tus rodillas.
(John Lewiston)   -. Pequeña diablilla! También yo me subo por las paredes de deseo… con ganas ahora mismo te colocaba sobre mis rodillas, y te levantaba esa falda tan sexy que llevas puesta, seguro que llevas esas dichosas bragas de algodón con margaritas. Sé, muy bien que son tus preferidas… Pero por ahora, lo que necesitas pequeña sinvergüenza. No es disfrutar por ser castigada, si no,  ser castigada de manera real para que sea un verdadero castigo y no un juego. Tu tío es la persona más adecuada para ese cometido, la vergüenza que pasas con ellos cuando te van a dar una azotaina, no tiene ni punto de comparación, si fuera yo quien me encargase de tu disciplina, aunque ese día llegara desde luego, pero por el momento solo deseo que aprendas muy bien la lección. Y todavía no has aprendido nada… Solamente bajo la experta mano de tus tíos vas a saber muy bien, lo que significa estar tutelada de manera conveniente. Tu tío se encargara de que te arrepientas de tu locura, al cometer aquella locura y conducir a otras chicas a seguirte. Diablos!!! Eras su profesora!!! Eras la responsable de esas chicas!!! Debías encargarte de enseñarlas a manejarse en la vida!!! Y que es lo les enseñaste? Como no deben comportarse unas alumnas!!! Cambiemos de tema! Me estoy enfureciendo por momentos, solo el pensar lo que hicisteis. Ya me dan ganas de darte una azotaina sobre mis rodillas!!! -. Sonia y John salían del restaurante, esta caminaba delante unos metros. Miraba a John girando su cabecita con una pícara sonrisa, meneaba sus caderas de forma provocativa, sus braguitas quedaron a la vista de John varias veces, pudo ver que no se había equivocado, llevaba las bragas  blancas con flores de margaritas. Tanto balanceo descarado de Sonia, tuvo su respuesta acabando con su espalda  apoyada sobre un árbol del parking, y con Sonia bajo su brazo izquierdo, la falda levantada y con las bragas bajadas a las rodillas. Solamente fueron unos azotes, Sonia no dejo de reír mientras John le daba aquella azotaina, era más algo simbólico que un castigo.  Los dos sonrieron con la situación, Sonia estaba preciosa con su pícara sonrisa en sus labios, mientras sentía como su trasero se iba calentando progresivamente, pero se lo estaba pasando súper bien… .- Eres lo que no hay! Eres única metiéndote en líos, lo sabias? Pero ves pensando en que escusa le vas a dar a tus tíos cuando vean que llegas tarde…
       Dejo en su hotel a John poniendo dirección a casa…
      Sonia conducía con calma, no tenía prisa por llegar a casa, aunque sabía muy bien lo que la esperaba a llegar a casa de sus tíos. En sus labios se dibujaba una sonrisa de felicidad, sabía que iba a ser castigada por llegar tarde, pero no le importaba ni lo más mínimo. Hasta que al dar una curva en la carretera vio al fondo las luces de la casa de sus tíos, en ese momento un nudo en la garganta apenas la dejaba respirar con normalidad, en su estómago cientos de mariposas revoloteaban en su interior, su angustia fue en incremento a cada metro que avanzaba el vehículo. Cuando ya tenía la casa ante ella, sus manos comenzaron a temblar sobre el volante, sus piernas parecían como si tuvieran Parkinson del temblequeo de las mismas. El motor del vehículo se caló, al detenerse ante la puerta. Se bajó del vehículo con el rostro congestionado por el temor a lo que se le venía encima en breve. Avanzaba lentamente hacia la puerta, el umbral estaba bien iluminado por varias farolas, al pasar bajo el árbol frondoso que estaba ante la entrada algo cayó ante ella, era un viejo roble que daba sombra al porche de la entrada, miro hacia arriba quedándose extrañada al ver a María sentada en una de sus ramas más bajas. Se hallaba sentada sobre sus muslos, manteniendo el trasero inerte en el aire, el cual balanceaba la falda del vestido dejando fugazmente sus bragas al parecer blancas a la vista, con sus manos alzadas mantenía el equilibrio sujetándose de una rama superior sobre su cabeza.
(Sonia)   -. Que haces primita ahí arriba?
(María)   -. Sssssshhh… silencio primita. Si me descubre mi abuela… tú no me has visto si te pregunta por mí…
(Sonia)   -. Tranquila, si me pregunta la abuela por ti no te he visto…
(Sra. Adams)    -. A quien dices que no has visto?
(Sonia)   -.  A nadie tía.
(Sra. Adams)   -. A ti te voy a dar yo, nadie. Qué horas son estas de llegar, ya te va arreglar tu tío cuando entres por esa puerta. Pero antes te lo voy a dar yo misma, y tú, María ya puedes estar bajando de ese árbol… Tienes que volver a nacer para engañar a tu abuela, eres igual que era tu madre a tu edad, ella también solía subirse a este árbol… Y tu desvergonzada!!! Ven aquí sinvergüenza! Que te habías creído tú, eh!? -. Agarro el lóbulo de la oreja derecha de Sonia, y la llevo a uno de los bancos para sentarse que había en el porche, aparte de unas hamacas que eran donde la señora y señor Adams se tumbaban a hablar cada noche, mientras las chicas dormían. Pero en vez de hacer lo habitual, sentarse! Lo que hizo fue flexionar la pierna izquierda apoyando el pie sobre el banco, como llevaba a su sobrina de la oreja derecha, solamente tuvo que impulsarla hacia adelante y esta cayó por la inercia sobre el muslo de su tía, esta llevaba una bata de estar por casa abierta con botones, al flexionar la pierna para apoyarla en el banco, los botones de esta, se le habían soltado de su ojal, lo cual hizo que la pierna quedara al descubierto, incluso que quedase a la vista de su sobrina las bragas de la tía de encaje negras, así su sobrina quedo apoyada con su barriga sobre la piel de su muslo desnudo, acto seguido le levanto la falda a Sonia, la falda tableada amarilla quedo formando una corona sobre su espalda, mostrando sus bonitas braguitas blancas con margaritas, la tía con su mano libre, la derecha. La introdujo por la cinturilla del elástico y se las bajo lentamente, primero la bajo por la pernera derecha, y volviendo a sujetar de nuevo el elástico por la cintura, ahora por el lado de la pernera izquierda, ya que al tener el cuerpo pegado al de su tía, este lado quedo trabada y fue necesario bajarle las bragas primero una nalga, y luego la otra, así se las fue bajando hasta dejarle las bragas a la altura de sus pantorrillas, justo por debajo de sus rodillas. Al dejar el trasero de Sonia al descubierto, ella se cubrió con ambas manos su culo desnudo, como si deseara ocultar algo a su tía. En ese momento, con destreza retiro sus manos sujetándoselas a su cintura junto con la falda, entonces gracias a la luz de las farolas lo vio… .- Serás desvergonzada!!! Mira como llevas el culo, cochina!!! Quien te ha puesto el culo así de rojo pequeña sinvergüenza!!! Y esas marcas de dedos? Vas a ver cuándo tu tío se entere que te has dejado manosear por un hombre el culo…  
(Sr. Adams)   -. Cuando me entere de qué…
(Sra. Adams)    -. Mira esposo! Como lleva el culo tu querida sobrinita!!! Se ha dejado manosear como una vulgar ramera en su primera cita por un hombre, será cochina y desvergonzada!!!
(Sr. Adams)   -. Serás cochina!!! Esas tenemos desvergonzada!!! Que maneras son esas de venir de tu primera cita, eh? Has tenido que portarte muy mal, para que todo un caballero como el señor Lewiston se haya visto en la obligación de corregirte como a una niña… y por esas marcas de sus dedos, te ha desnudado el culo, sinvergüenza!!!
(Sra. Adams)   -. Qué vergüenza! Que dirán en el pueblo de nosotros, que no sabemos educar a nuestras niñas como dios manda… Pero a esta desvergonzada se le van a quitar las ganas de dejarse manosear, ya lo creo que sí! A zapatilla te las voy a quitar yo, sinvergüenza!!! -. Acto seguido la señora Adams, movió su pie derecho unos centímetros hacia adelante, apoyando su cuerpo sobre su pie izquierdo que se apoyaba sobre el banco, manteniendo a su sobrina inclinada sobre el muslo de esa misma pierna izquierda. Trastabillando para no caer ambas al suelo, una vez hubo adelantado el pie, mantuvo el equilibrio y flexionando su pie derecho hacia atrás al tiempo que lo levantaba, lo justo y necesario para agarrar la zapatilla del talón.  Llevaba puestas unas cómodas zapatillas de paño cerradas por el talón a su tobillo tipo mocasín, teniendo con la mano que descalzar el pie, puso la zapatilla sobre la cintura de Sonia, para así poderla agarrar bien por el talón, la suela de estaba compuesta por una especie de espuma plástica blanda, con una suela de goma flexible pero rígida.  Nada más tenerla bien empuñada la zapatilla, esta empezó a azotar el culo de Sonia. Los primeros azotes los aguanto apretando los dientes, mientras sentía como su trasero comenzaba a arder cada vez más. .- Te voy a dejar el culo morado pequeña sinvergüenza!!!
     La escena no podía más evocadora, María tenía una visión plena desde las alturas. Justo debajo de ella tenía a su abuela dándole una severa azotaina a su prima Sonia. La vista no podía ser más sugerente para María, por un lado tenía a la abuela levantando su brazo derecho una y otra vez, viendo como descargaba la zapatilla sobre el trasero desnudo de Sonia, el cual era muy sugerente para la pequeña María. Pues veía perfectamente como este iba enrojeciendo de manera progresiva a cada azote de zapatilla, veía como si estuviera en un marco de un cuadro el cuerpo de Sonia, su cabeza, la cual a cada azote se balanceaba a un lado u otro, mientras su cabello se balanceaba al tiempo y dirección que la cabeza de Sonia fuera ladeada por la inercia de esta. Luego tenía la espalda de Sonia, en la cual la falda formaba una corona al estar bien estirada sobre la misma, luego el trasero, el cual daba la sensación de tener vida propia al agitarse de un lado a otro, según la zapatilla azotase una u otra de sus nalgas, después sus muslos blancos al no haberle dado el sol, el contraste del amarillo chillon de la falda, el colorado trasero, sus muslos blancos y las bragas blancas con margaritas de Sonia por debajo de sus rodillas, y viendo desde arriba como estas trababan las piernas de Sonia, que ya había empezado a abrirlas y cerrarlas, ya que el ardor de sus nalgas ya debía estar siendo abrasador, una sensación que María conocía muy bien. La pequeña no pudo más ante aquella deliciosa escena de la cual gozaba de privilegiada visión. Su mano izquierda, la cual quedaba más oculta, la metió entre su falda, para luego lentamente introducirla por la cinturilla de sus braguitas, la mano se movía bajo la tela de sus braguitas, en su rostro era visible que el placer que la embargaba era embriagador, desde abajo era visible la abundante humedad del fondillo de sus bragas, un par de veces estuvo a punto de descubrir su presencia a su abuelo, pues este, aun no había descubierto a su nieta en el árbol.
     Sonia llego a un estado que el  ardor en su trasero era más que considerable, su tía mantenía el ritmo de la azotaina e intensidad en los azotes, algo que Sonia no pudiendo soportar más, empezó a agitarse de manera más que notable, prácticamente su tía tenía que hacer esfuerzo sobre humano para mantener firme a su sobrina, sobre su muslo izquierdo. Llegando la azotaina a un límite que a Sonia le abrasaba tanto su culo, que ya no podía controlar su cuerpo, este se agitaba alocadamente en cualquier dirección, en ese momento su tía ya no podía sostenerla, así que opto, por sentarse sobre el banco girando su cuerpo y manteniendo a Sonia sobre sus rodillas, ahora si tenía libre movimiento su tía, la cual al no tener que hacer esfuerzo para mantener a su sobrina sobre sus rodillas, la zapatilla bajaba y subía con más rapidez y más intensidad, a lo que la pobre Sonia no pudo contener más su ardor en sus nalgas, comenzando a llorar amargamente. La zapatilla de la tía dejo de azotar a Sonia, pero no porque esta deseara detener la azotaina, estaba muy indignada con el comportamiento de la sobrina, y de tan fuerte que deseaba calentarle el trasero a la desvergonzada de su sobrina, la zapatilla se le escapó al levantar el brazo yendo a impactar sobre el trasero de su nieta, que esta estaba justo encima de ellas sentada en la rama del árbol, en ese preciso momento fue descubierta por su abuelo, que dada su altura, solamente tuvo que alargar sus brazos para tirar de los pies de María. Esta al ser descubierta se soltó de la rama que se mantenía sujeta únicamente por la mano derecha, del susto que se llevó, al estar  muy entregada y entretenida al movimiento, de sus dedos en el interior de sus braguitas, cayendo en los fuertes brazos del abuelo.
(Sr. Adams)   -. Ah! Estabas ahí arriba todo este tiempo? Y tu abuela buscándote por la casa!!! Vete a tu cuarto inmediatamente, ahora ira tu abuela a arreglarte a ti cochina, mírate como llevas las bragas marrana!!! .- La deposito en el suelo y antes de que pudiera salir corriendo para el interior de la casa, se llevó varios azotes de la mano de su abuelo sobre sus braguitas de color azules con un osito marrón en el trasero. Ahora ante la luz de las farolas si era más que visible el color de sus bragas…
(Sra. Adams)     -. Si, cochina!! Ahora voy a tu habitación a darte tu merecido, en cuanto acabe con tu prima!!! Creo que ya es suficiente!!! Ahora tu tío te dará su parte sinvergüenza!!!
     Sonia se vio liberada pudiendo así levantarse de las rodillas de su tía, al estar de pie, daba pequeños saltitos en círculos sobre la mesa del porche y se acariciaba el culo vigorosamente a manos llenas, viendo como su tía iba tras la pequeña María hacia el interior de la casa. En ese instante miro hacia donde había estado su abuelo, y lo vio con espanto. Pues se estaba desabrochando la hebilla de su cinturón, ella quiso irse hacia su habitación y así evitar que le diera su merecido el tío. Pero aún no había rebasado el umbral de la puerta, debido a que sus bragas no la dejaron avanzar al trabar sus piernas, por lo cual fue cazada por su tío antes de que entrara en la casa, y manteniéndola sujeta por un brazo sintió como algo le abrasaba el culo por encima de su falda, pues esta se le había bajado, como no podía correr por la traba de sus piernas, avanzaba lentamente dando saltos hacia adelante a cada azote del cinturón. Así llegaron a las escaleras que daban acceso al piso superior, en las escaleras al tener sus piernas trabadas por sus bragas, no podía subir los escalones, momento que el tío aprovecho para colocarla bajo su brazo izquierdo, levantarle la falda, y sobre el culo enrojecido por la azotaina que había recibido afuera en el porche, recibió unos buenos azotes con el cinturón, algo inesperado para Sonia, el resultado fue,  que Sonia pataleara con mucha intensidad y que sus bragas salieran despedidas de sus pies, quedando en el suelo del rellano de las escaleras como una grácil mariposa posada en él. En ese instante, pudo liberarse de la presa del tío y escapo hacia el piso de arriba, y esconderse en su habitación. Una vez en su habitación respiro aliviada, frotándose su culo dolorido… Pero su corazón le dio un vuelco cuando vio entrar en la habitación a su tío, que se detuvo en la puerta llevando el cinturón en su mano derecha, observaba como su sobrina se sobaba su trasero, con los ojos anegados en lágrimas.
(Sr. Adams)    -. Por hoy vas bien servida! Mañana al amanecer hablaremos sobre el tema…
     Sonia dejo de llorar, aunque seguía sollozando…  sus manos se acariciaban sus doloridas nalgas, mientras su tío desaparecía por el pasillo. De fondo se escuchaba llorar a María y como la regañaba la abuela, una noche muy sonada en casa de los Adams…

(Continuará…)


No hay comentarios:

Publicar un comentario