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sábado, 11 de marzo de 2017

EL SHERIFF DE SPANKCITY SPRING´S CAP. 1


                                        EL SHERIFF DE  SPANKCITY SPRING´S    CAP 1



           En el horizonte aparecieron unas sombras de cinco jinetes, nadie del poblado presto atención a esa aparición. Era media tarde con un sol que rompía entre las pocas nubes en el cielo azul encarnado por la luz del astro solar. El calor sofocante a esas horas, no había ningún transeúnte que saliera de la protección de una buena sombra o dormitando echado en cualquier rincón.  Los cinco jinetes entraron en el pueblo sin ser vistos por ninguna mirada indiscreta, sus polvorientas ropas hablaban por ellas, debían de llevar varias horas cabalgando sobre sus oscuras monturas, tres caballos negros, y dos Marrones pardos. Guerreras de cuero, pantalones vaqueros, sus sombreros calados echados hacia adelante, nada que hiciera presagiar nada anómalo. Si no fuese por sus rostros cubiertos por unos pañuelos oscuros, eso sí resultaba fuera de lugar por el calor de esa hora de la tarde.

    Detuvieron sus monturas ante el almacén general, junto al abrevadero para que sus monturas se refrescaran del sofocante calor. Tres de ellos descendieron de sus monturas mirando a ambos lados de la calle, y se separaron de los otros dos abriéndose en abanico, con sus manos cerca de las culatas de sus armas. Uno el que permanecía en el centro, portaba dos revólveres muy bajos como todo pistolero ágil y certero, el de la izquierda portaba solo un revolver metido en el cinturón de su pantalón, una vez que se abrió su guerrera quedaba a mano de ser usado. El tercero de la derecha llevaba dos, un revolver a cada costado, todo hacía presagiar que algo tramaban. Que los otros dos, permanecieran sobre sus monturas lo confirmaban. Los tres entraron en el almacén general tintineando al caminar sus espuelas, en sus manos aparecieron sus armas empuñadas apuntando al almacenero tras el mostrador. Su rostro congestionado de estupor y levantando sus manos por encima de su cabeza bien estiradas. Los tres asaltantes avanzaron hasta el mostrador…

     .- Pueden llevarse lo que deseen…

   En ese instante sonaron tres disparos, seguidos de otro disparo de un ángulo distinto. Los revólveres saltaron de sus manos sin tocarles tan siquiera los dedos, ambas chicas dieron un grito de la sorpresa. Sus voces revelaron que eran tres damiselas jóvenes, dos de ellas echaron a correr hacia a la salida, la tercera aun sin recuperarse por la sorpresa, fue demasiado tarde para ella.

   Entonces de la penumbra del almacén aparecieron dos siluetas portando ambas unas estrellas en su pecho izquierdo, una del sheriff de seis puntas y la otra de cinco, lo que significaba que era un ayudante, en su caso una, pues era una mujer robusta armada con un rifle Winchester humeante entre sus manos. El sheriff armado con un colt 45 empuñado, salió tras ellas. Solo pudiendo dar alcance a la que quedo petrificada al escuchar los disparos y saltar el revolver de su mano derecha.  Esta fue sujetada por la ayudante cuando reacciono intentando escapar, pero ya fue tarde para ella, la comisaria del sheriff se le echó encima forcejeando, en la caída, la muchacha perdió el sombrero apareciendo su cabellera rubia. El pañuelo que cubría su rostro acabo bajándosele al cuello y su bello rostro…

    .- Penélope Watson, como te…

   Ante la sorpresa de la comisaria al descubrir quién era la joven, levanto la guardia. Momento que aprovecho la joven para asestarle un puñetazo en el rostro, y conseguir liberarse de los fuertes brazos, pero al echar a correr, la comisaria se arrojó a los pies sujetándoselos y esta volvió a caer al suelo, la comisaria desde el suelo sujeto de los pantalones tirando de ellos, para evitar que escapara. Algo que la muchacha arrastrándose por el suelo para escapar, sus pantalones dejaron al descubierto su trasero, cubierto por unas lindas braguitas rosas de algodón. Se arrastraba por el suelo sin lograr avanzar a pesar que sus manos resbalaban en el suelo de madera, al tener las piernas firmemente sujetadas, cuando el sheriff se puso ante ella. La chica presa del pánico vio como este se desabrochaba el cinturón, y tirando de la hebilla de un tirón, apareció este en el aire libre de las presillas del pantalón, lo doblo a la mitad y asesto uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis fuertes cinturonazós sobre el trasero indefenso de la joven, el cual bailaba a cada azote de cinturón arqueando sus caderas, quedando la chica postrada en el suelo en lágrimas y con ambas manos cubriéndose el trasero.  Momento que la comisaria del sheriff aprovecho para agarrarla de la cintura, y tal como estaba sentada en el suelo, la cruzo sobre sus piernas, le inmovilizo sus manos en la espalda sujetándoselas con la mano izquierda, mientras con la derecha comenzó a darle una azotaina en culo, aun cubierto por las finas bragas rosas de algodón.

    .- Ya está bien comisaria, Laura Sullivan!!! En la oficina pasaremos cuentas con la jovencita!! .- El sheriff cogió a la chica de los hombros y la levanto del suelo, aun con los pantalones bajados a los tobillos, se la puso sobre su hombro izquierdo, sujetándole las piernas con la mano izquierda, echando andar hacia el exterior. La chica llorando con medio cuerpo colgando sobre la espalda del sheriff, forcejeaba por librarse de la tenaza que representaba el fuerte brazo del agente de la ley, ante la vergüenza de ir sobre el hombro mostrando su rojo trasero y su ropa interior a los habitantes que se habían acumulado a la entrada del almacén general al oír los disparos. Con las manos golpeaba la espalda del sheriff, a lo cual la reacción fue darle varios azotes bien sonoros, ante las risotadas de los mirones que habían formado un pasillo de hombres y mujeres viendo la graciosa escena.-. Estate quieta condenada niña!!! O te pongo el culo al aire ante todos estos, y te doy una azotaina con las bragas bajadas!!!

   Ante la amenaza de desnudar su trasero ante todos los vecinos de Spankcity Spring´s, se quedó quietecita cerrando los ojos para no ver como todos se reían de la escena.  La ayudante Laura Sullivan, caminaba tras los pasos de su jefe sacudiéndose el polvo del trasero de su pantalón. Mientras el sheriff caminaba portando su carga al hombro, la bulliciosa multitud caminaban tras sus pasos, no querían perderse el espectáculo, sobre todo los hombres se reían dando aplausos unos y otros agitando sus sombreros al aire viendo las preciosas piernas de la joven así como su desnudo trasero, que ahora se cubría el rostro con sus manos.

    El sheriff entro en su oficina seguida de su ayudante cerrando esta la puerta, todos los bulliciosos mirones se quedaron fuera esperando. Su espera no fue en vano, pues minutos después se comenzaron a escuchar sonidos característicos y muy conocidos por los convecinos de Spankcity Spring´s, el sonido de azotes sobre el culo de la joven era lo que todos esperaban. Así como los aullidos de dolor de la detenida malhechora, los sonidos eran claramente de que la joven estaba recibiendo una azotaina sobre las rodillas de la autoridad.

   En momentos la puerta se abrió apareciendo la comisaria Laura…!

    .- Aquí no hay nada que ver!!!  Retírense todos a sus quehaceres, venga desalojen la calle!!

   Al abrir la puerta para entrar de nuevo la ayudante del sheriff, los habitantes mejor colocados pudieron divisar al fondo de la oficina, como la joven estaba echada sobre las rodillas del Sheriff, con las braguitas rosas bajadas y el culo más rojo que un tomate maduro, mientras la chica se debatía sobre las piernas por librarse de tan dura azotaina. El sheriff era un hombre fuerte, corpulento y fornido, con unas manos enormes, de manera que la mano que estaba azotando el pequeño y respingón trasero albergaba las dos medias lunas. La puerta se cerró no pudiendo seguir observando, aunque si eran bien audibles los “Ayyes”  de dolor de la muchacha así como sus lloros. La azotaina se prolongó durante varios minutos, hasta que los azotes cesaron.

   La ayudante recargaba su arma, y la guardaba en su cinturón canana, para después desprenderse de la misma, colgándola a la entrada de la oficina en donde también estaban las armas colgadas del sheriff. Cuando dejo de escuchar la sonora azotaina que su jefe le estaba dando a su detenida, se acercó a él en espera de órdenes. Pudo ver como la chica llorando se subía las bragas, así como después el pantalón tejano que se ajustaba como una segunda piel a su figura, luego la graciosa escena de cómo la chica la miraba a ella, mientras sus manos se sobaban su trasero con los pucheros en su rostro.

   .- Laura! Enciérrala en la celda del fondo y vuelve, tenemos que hablar…

   La ayudante agarro de un brazo a la joven, tirando bruscamente de ella, conduciéndola por una puerta desapareciendo. Minutos después regresaba la agente, su jefe estaba sentado en su despacho rellenando el informe de la detención para llevárselo al juez del territorio.

   .- Laura!!! Cuantas veces he de decirte que no debes ser tan persuasiva e impulsiva cuando estamos de servicio!!! Han escapado sus hermanas por tu culpa, por pretender como de costumbre intentar sorprenderme demostrando tu valía, podíamos tener a las cinco metidas en las celdas y solo hemos atrapado a una. Pero esta vez has ido demasiado lejos, desabróchate el pantalón y bájatelo. .- Laura, no intento disuadir a su jefe, sabía que tenía razón sobrada para regañarla e incluso castigarla. Algo que últimamente estaba sucediendo muy a menudo por sus torpezas. Con los dedos temblorosos se desabrocho el cinturón, soltó el botón, bajando la cremallera. Los pantalones al quedar desabrochados cayeron a sus pies por su propio peso, dejando al descubierto unas bragas blancas. .- Ahora apoya el pecho sobre la mesa, inclínate ahora mismo!!! Te voy a enseñar que no debes ser tan impulsiva, un día de estos nos puede costar la vida a cualquiera de los dos, y eso es algo que no lo voy a consentir que ocurra…

     Apoyando sus manos en la mesa, se levantó de su silla. Rodeo su mesa hasta situarse tras el cuerpo de su ayudante, la cual permanecía en silencio. Pudo sentir como las dos manos de su jefe, sujetaban la cinturilla de sus blancas bragas y como estas se las bajo hasta colocarlas por debajo de las rodillas. Apareció al descubierto unas frondosas nalgas, que se mostraban que no hacía mucho había sido castigada, pues aún se divisaban claramente varios morados de una azotaina anterior días atrás. El sheriff se coloco a su izquierda, y se desabrocho el cinturón para después  tirando de la hebilla extraerlo de las presillas del pantalón. Laura observaba sus movimientos en silencio, vio como doblaba el cinturón en dos a la mitad del mismo, y como le daba una vuelta sobre su muñeca derecha. Agarrando bien la correa con la mano, procedió a levantarla. El fuerte azote ce la correa cayó sobre las nalgas desnudas, como si profundizara en ellas abriéndolas en dos, apareciendo una franja roja a la extensión de la zona que había impactado el grueso cinturón. Laura, apretó los labios al sentir el azote. Apenas su cuerpo hizo movimiento alguno, y así fueron apareciendo varias franjas rojas en sus robustas nalgas, a partir del duodécimo azote, su culo comenzó a realizar movimientos a un lado y otro, la azotaina en una mujer fuerte como ella, la aguantaba con resignación. Pero al recibir el veintiunavo azote, de sus ojos apareció  cierto brillo en ellos. En el cincuentaiunavo su culo estaba más que rojo, era un rojo muy intenso, con claras zonas más oscuras, de sus ojos ya las lágrimas eran como las cataratas del Niágara, pero a pesar de la severa y dura azotaina, permaneció sobre la mesa aguantando la azotaina con gran entereza, como mujer fuerte que era. Otra hubiera lanzado alaridos a cada azote, y habría intentado escapar de tan severa azotaina. Con el último azote…

    .- Puedes reincorporarte y subirte las bragas, así como el pantalón y volver a tus quehaceres… y procura no vuelva a repetirse.

    Laura se reincorporo, se agacho con dificultad para coger sus bragas y subírselas, al pasar por sus nalgas, haciendo unas muecas y gestos de dolor se pasó la prenda íntima lentamente hasta ajustar en su cintura. Se sobo el culo, y volvió a agacharse haciendo nuevas muecas de dolor al doblar la espalda, así mismo los volvía hacer al reincorporarse, con suma delicadeza se pasó el pantalón por su trasero, abrochándolo con más gestos y de sus labios broto alguna maldición no audible. Luego se sobo el trasero a manos llenas y andando algo arqueada separando sus piernas, agito su culo sin cesar de sobárselo con gran frenesí, a pesar de su entereza, el culo le dolía horrores claramente, una vez sola en su habitación se echó sobre la cama echándose a llorar desconsolada, se había hecho la fuerte, era importante para ella mantener su entereza para dar muestras a su jefe de su valor y fortaleza, pero ahora lloraba como una niña con ambas manos en su trasero sobándoselo con suavidad, le dolía muchísimo más de lo que había mostrado mientras recibía la azotaina…

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