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sábado, 11 de marzo de 2017

EL SHERIFF DE SPANKCITY SPRING´S CAP. 2



                             EL SHERIFF DE SPANKCITY SPRING´S     CAP  2

        La diligencia levantaba una gran polvareda a su paso, tirada por un tiro de seis vigorosos caballos, el conductor jaleaba a los animales a aumentar la velocidad por la llanura, a su lado iba sentado el escopetero de seguridad de la compañía de diligencias, que acostumbrado a esos aburridos trayectos dormitaba en el pescante, era extraño que se sostuviera con el vaivén del camino plagado de baches. En eso, que el conductor algo le desconcertó viendo unas figuras de jinetes en lo alto de una colina…
    .- Jack, atento quizás tengamos problemas, veo unos jinetes a tu derecha que nos observan.
    Estaban quietos como si esperaran algo, se cubrieron el rostro con el pañuelo que llevaban al cuello, en eso uno de los jinetes pico espuelas a los costados de su montura, los otros tres lo imitaron. Se lanzaron al galope tendido hacia debajo de la colina, por la ladera de la misma con el fin de cortar el paso a la diligencia. El conductor al ver lo que pretendían azuzo a los caballos con el látigo, aumentando la velocidad. Su acompañante disparo los dos disparos de su escopeta, para ahuyentar a quienes trataban de asaltar la diligencia. Algo lejos de la realidad, ya que estos sacaron sus armas abriendo fuego e hiriendo al escopetero en un hombro, cayendo del pescante, momento que el conductor tirando de las riendas a los caballos, intentando detener la diligencia, ya que los cuatro jinetes le cortaban el paso poco más adelante del camino.
    Unas tres horas después entraba la diligencia en el pueblo de Spankcity Spring´s, se detuvo delante de la oficina de postas. Bajaron los cuatro pasajeros dando gritos de que les habían robado, el conductor salto del pescante y entrando en el habitáculo, saco al escopetero herido en el hombro, varios transeúntes corrieron a ayudarle, mientras otros fueron corriendo hacia la oficina del sheriff. Minutos después llegaba a paso ligero un hombre fornido y corpulento con la estrella de seis puntas en su chaleco. La ayudante le seguía a unos metros más atrás, claramente no caminaba tan ágilmente como su jefe, mientras una de sus manos la llevaba en el trasero, como si se sujetara este para poder moverse con más agilidad, pero todo ciudadano sabía por qué no podía correr, aunque nadie pudo ver cómo era castigada por su jefe, varios pudieron escuchar los inconfundibles sonidos del cinturón impactando sobe las nalgas desnudas de la comisaria. No era ningún secreto que solía ser castigada a menudo por el sheriff.
   Después de realizar los correspondientes interrogatorios a los pasajeros y al conductor, quedo claro que los asaltantes eran cuatro mujeres jóvenes. El sheriff no tenía dudas que las asaltantes eran las hermanas Watson, así que se dirigió hacia su oficina para interrogar de nuevo a la prisionera. Laura, caminaba a su lado hacia la oficina…
    .- Vamos a hablar con Penélope Watson, seguro que nos dirá donde se ocultan sus hermanas. Ahora que nadie nos escucha, la próxima vez quédate en la oficina! Es que nunca vas aprender a obedecerme cuando te doy una orden? Te he ordenado que permanecieras en la oficina vigilando, las hermanas podían haber aprovechado este momento para intentar liberar a su hermana pequeña. Como he de decirte las cosas, eh? Es que no entiendes cuando te hablo? Vamos! Ahora te voy a enseñar a obedecer!
    Llegaron a la oficina, el sheriff abrió la puerta permitiendo que su comisaria entrara primero, tras ella entro el, momento que aprovechó la circunstancia para darle a su ayudante un fuerte azote en el trasero, cerrando la puerta de un taconazo. Laura se giró rauda al sentir el azote en el culo, a pesar de ser sobre el pantalón, le había dolido como si fuera sobre la piel desnuda. El sheriff la sorprendió agarrándola del lóbulo de la oreja izquierda, y tirando de ella la condujo hacia una caja de madera, en la cual apoyo su pie izquierdo, quedando su pierna flexionada en un ángulo de noventa grados, sobre la cual arrojo a su ayudante, quedando inclinada apoyando su barriga sobre el muslo de su jefe, en seguida sintió como la mano derecha del sheriff inicio una rápida tanda de azotes en su trasero, no la sorprendió que le diera esa azotaina. Sabía muy bien lo que iba a suceder una vez no hubiera nadie de testigo, sabía que había vuelto a cometer un grave error.
    .- Auuu… Que duro tienes el culo condenada!!! Me he hecho daño en la mano. Pero al final te aseguro que vas aprender a cumplir con tu deber. .- El sheriff retiro el pie de la caja que lo había apoyado para poder acomodar a su desobediente ayudante, y darle una azotaina. Laura cayo de rodillas al suelo, mirando de reojo por si su jefe se sacaba el cinturón, mientras se sobaba el trasero a dos manos. A pesar de haber recibido la azotaina sobre el pantalón, le había dolido horrores, solamente habían transcurrido horas desde la tarde del día anterior la cual fue castigada severamente con el cinturón sobre su trasero desnudo. -. Venga, ve a ver cómo está la detenida y tráemela para interrogarla. .- Entonces un ruido le sorprendió que procedía de las celdas, cuando se dirigía hacia ellas, la puerta se abrió de golpe apareciendo una guapa damisela, con dos revólveres en sus fundas. -. A quien tenemos el honor de tener en mi oficina? Pero si es, Maggie Watson. Condenada Laura, ves como tenia mis sospechas para que permanecieras de guardia!!! Luego hablare contigo!!!    Y tu… Qué diablos vas hacer para salir de esta oficina!!! Me gustara ver como lo consigues.
    .- Sheriff…!!! Va a pagar muy caro lo que le ha hecho a mi hermanita. Esta echada en su camastro boca abajo, le duele tanto el trasero que no se puede ni mover. .- Se situó valientemente delante del sheriff, con las manos muy cerca de las culatas de sus dos revólveres colt. -. Me gustara mucho agujerear esa estrella con estas maravillas. .- Al comentar se tocó las culatas de los dos revólveres en sus fundas.
    .- Puedes estar tranquila Maggie, pronto vas a tener ese hermoso trasero, tan dolorido como lo tiene tu hermana. Debías haber visto como luchaba por liberarse de mis manos, y como bailaba al son de mis azotes… .- Hizo enfurecer a su adversaria hábilmente con sus soeces comentarios, surtiendo el efecto deseado y que la chica fuera a sus armas presa de la ira.
    .- Cerdo!!! Ahora…ve…ras!!!
   La chica furiosa fue a sacar sus armas, pero solo un arma vomito plomo. Cuando se quiso dar cuenta de su estupidez, Maggie se encontraba desarmada por dos certeros disparos que con ventaja, el sheriff desde las fundas disparo primero adelantándose a la joven facinerosa. Ahora se encontraba encañonada e indefensa. El sheriff se acercó hacia ella, dándole una bofetada a la chica en la mejilla izquierda y de revés otra bofetada en la mejilla derecha.
    .- Con que,… Cerdo!!! Eh!!! Que modales son esos?  Ahora vas aprender modales, veras impertinente y osada joven, que siempre se está a tiempo para rectificar tu comportamiento, como vas a poder comprobar en un momento… me va a encantar ponerte ese precioso culo, igual que lo debe tener tu hermana Penélope.
    Maggie, se vio atrapada e intento escapar corriendo presa del pánico. A lo cual, el sheriff solamente tuvo que dejarla pasar por su izquierda, momento que la muchacha lanzo un grito de triunfo al verse libre, cuando la pierna izquierda del sheriff se interpuso en su vago intento por escapar, haciéndola trastabillar y salir despedida por su propio impulso, el cual aprovecho el agente de la ley para atenazarla por la cintura bajo su brazo izquierdo. Quedo atrapada bajo el brazo, y sostenida en volandas, mientras pataleaba y golpeaba al sheriff con sus puños en la espalda y muslos.  Se debatía por liberarse sin éxito alguno, la fuerza del agente de la ley era mucho mayor que el coraje de la muchacha. Que veía con sus ojos rojos por el terror ante la idea de ser azotada por aquel mastodonte, famoso por sus severas zurras con sus grandes manazas. La chica veía con verdadero pánico como era llevada hacia una silla, esta estaba situada en frente de la mesa de la oficina. Sin poder hacer nada por evitarlo, se vio sobre las rodillas de aquel a quien momentos antes llamaba cerdo… en un momento vio como la comisaria del sheriff, Laura se masajeaba su trasero. El pánico se apodero de ella, que en un último intento extrajo fuerzas para forcejear por liberarse de la tenaz fuerza del hombre, que con facilidad la sostenía sobre sus muslos, con su trasero a su plena merced.
   No tardo la joven en comprobar lo pesada que resultaba aquella mano derecha del sheriff, el cual comenzó a darle aquella temida azotaina. Sus piernas no tardaron en sentir los efectos caloríferos en su pequeño culo, que ya comenzaba a arderle como si le acabaran de poner brasas al rojo vivo encendido sobre él, como decía, sus piernas comenzaron a patalear en el aire, sus manos hacían lo propio por intentar llevarlas hacia donde partía aquel ardor, su trasero. La azotaina sobre su trasero revestido por aquel ajustado pantalón vaquero, poco o nada le protegía, pues los sonoros azotes continuaban cayendo sobre su culo indefenso. Sobre todo cuando sintió como el agente, introdujo la mano bajo su abdomen y notando como trataba de desabrochar su cinturón y liberar así la cintura del pantalón para ser bajado. Algo que inevitablemente sucedió, y sintió el aire fresco sobre su culo desnudo, mientras sentía el roce del tejido del pantalón siendo bajado hasta sus rodillas. Quedo su trasero al descubierto, aun con unas bragas azul celeste de algodón, la azotaina se reanudo sin pausas, ahora los azotes en su culo eran más intensos, ya que la tela fina de las bragas apenas la protegían. La chica cansada de luchar por liberarse, y con su culo ardiendo como si le aplicaran llamas sobre el, ceso en su lucha. Y cansada, se rindió a lo inevitable. No tardaron muchos minutos, en sentir como sus bragas eran bajadas junto al pantalón, y sobre sus nalgas desnudas sin protección alguna. La azotaina resultaba ardua y dolorosa. La muchacha lloraba sin tener ningún control, su trasero le dolía enormemente sin que pudiera hacer nada a lo inevitable. Al final la azotaina concluyo, y entonces fue sentada sobre el muslo izquierdo de aquel hombre robusto, fuerte donde los hubiera, y corpulento, teniendo el culo en llamas. Y así la chica sintió un abrazo de oso del hombre que había mancillado su trasero, con la peor azotaina que pudiera recordar en su infancia, lloro sobre el hombro de quien le acababa de dar tan tremenda azotaina. Una vez algo más calmada, fue puesta en pie. Desnuda de cintura para abajo, no sentía vergüenza alguna por mostrar su sexo con algo de vello y que lo pudiera mostrar a aquel cerdo. Poco después con gran estremecimiento sintió como sus braguitas azul celeste eran subidas cubriendo así su desnudez, su pantalón le precedió poco después siendo abotonado y abrochado con su cinturón. 
    Laura!   Lleva a esta desvergonzada con su hermana menor a su celda  y vuelve, tu y yo aún tenemos algo que arreglar…  Ya van dos!! Solo faltan tres sinvergüenzas, pero estas no tardaran en caer.
   Laura intentando mostrar entereza, sujeto a la infeliz Maggie. La muchacha fue conducida desapareciendo por la puerta, sin dejar de sobarse frenéticamente el culo por encima del pantalón. Al llegar a las celdas, fue encerrada en la celda contigua a la de su hermana menor, que con lágrimas en sus ojos observo como su hermana Maggie se sobaba el culo dolorido, estas habían sido derramadas mientras escuchaba como su hermana berreaba por la azotaina que recibía sin poder hacer nada para evitarlo.
   Laura, con gran temor salió del pasillo de las celdas entrando en la estancia de la oficina, allí la aguardaba su jefe sentado en la misma silla, que acababa de castigar a Maggie. Pero sus ojos negros como el azabache, se abrieron completamente al ver que portaba su jefe en su mano derecha. Sin que este le dijera nada, se acercó hacia el desabrochándose el pantalón con sus temblorosas manos, al estar situada a su derecha, se bajó el pantalón y luego con un temblor más acentuado se bajó ella misma sus bragas rosas de algodón, con unos dibujos de rosas en relieve salteadas, mientras  su mirada no podía más que mirar con terror aquel instrumento, “El cepillo de madera”. Lentamente se tumbó ella misma, sobre los muslos de su jefe. No fue mucho el tiempo que se volvieron a escuchar de nuevo el característico sonido de más azotes, acompañados de un llanto aterrador de la comisaria y ayudante del sheriff, Laura!
   

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