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viernes, octubre 02, 2015

Mi abuelo materno II



       MI ABUELO MATERNO  (II)





…Aun hoy día, recuerdo como fueron aquellos primeros días y las tremendas azotainas que recibía mi mama, y yo misma.  Al día de hoy, han pasado tres años y cinco meses por lo que ahora a mis dieciocho años recién cumplidos, y ser mayor de edad creí que todo ese sufrimiento habría acabado, que ya no recibiría más azotainas de mis abuelos. Había terminado el curso en el instituto y regresaba a casa después de haber estado todos aquellos meses en una residencia de estudiantes. Después de unas horas de autobús desde la capital, Madrid. Llegaba aquella pensión donde nos recogieron los abuelos la primera vez, al llegar el autobús, pude observar con alegría que mi madre ya me estaba esperando en la parada, en seguida agarre mi maleta y baje corriendo abrazarla. La abuela estaba dentro del auto, abrí la puerta del conductor para darle dos besos a mi abuela, y fue como si besara a una figura de mármol, ni siquiera me miro a la cara, solamente me hablo para decirme.

     -. Sube al coche inmediatamente! En casa ya hablaremos!

     -. Pero… Abuelita acabo de llegar…

     -. Es que no he hablado claro? Sube al coche y no empeores más la situación!

     Cerré la puerta y volviendo hacia donde estaba mama, la vi que me miraba con tristeza y me abría la puerta de atrás para que subiera.

    -. Sube hija, y mejor que no hables hasta que se te mande, si no deseas empeorar las cosas…

   Subí al coche sin decir nada más, pude observar como mi madre se subía delante con la abuela, y vi en ella los mismos gestos que aquel día que vinieron los abuelos a recogernos, hasta la casa de los abuelos tardamos casi dos horas en llegar, en mi mente volvió aquella imagen cuando era niña, que durante todo el trayecto fui sobre las rodillas de la abuela, recibiendo mi primera azotaina que me dolió horrores, ya que fue mi primera vez, hasta ese día nunca había recibido un solo azote.  Al llegar mi madre bajo del auto, me abrió la puerta y solo me dijo…

   -. Sube a tu habitación y espérame, que subiré a vestirte en breves minutos.

   -. Pero mama! Acabo de llegar, tenía muchas ganas de verte a ti y a los abuelos.-.entonces vi bajar a la abuela y me hablo.

   -. Niña, sube a tu habitación como dice tu madre, si no quieres que me quite la zapatilla!!!

    Entonces me di cuenta de lo que ocurría, o de lo que podría ocurrirme en breve. Entonces me recordé que habrían recibido por correo mis notas, pero no entendía porque de aquellas caras largas, había aprobado el curso con buenas notas. Si de algo no tenía ninguna duda, es que si hubiera suspendido por el camino seguro que me habría castigado la abuela, pero había tenido que estudiar de firme y esforzarme todo lo posible para no suspender ninguna asignatura, pues conocía muy bien cuál hubiera sido mi castigo.  No tuve otro remedio que callar y subir a mi habitación sin decir absolutamente nada más.

   Una vez en mi habitación me senté en mi cama a esperar, pocos minutos después entraba mi madre en la habitación, y sin decirme nada. Empezó a desnudarme como cuando era niña, cuando estuve como vine al mundo, me observo y me hizo tumbar en la cama boca arriba. Ella se giró y salió de la habitación tal y como había venido sin decirme nada. Pude ver con espanto que mi mama, se había cambiado de ropa y que aparte de la blusa gris perla, llevaba una falda tableada de cuadros negros y aristas blancas, pero lo que me dejo estupefacta es que la falda apenas le cubría las bragas blancas seguramente de algodón, pero lo que me espanto fue que por los bordes de las bragas, se veían claramente unas marcas azuladas del cinturón del abuelo, de eso no había duda alguna, pero eran marcas de unos días, pero se le veían la parte baja de las nalgas que estaban muy rojas, así como el inicio de sus muslos, estaba muy claro que habían castigado a mama, esa mañana antes de ir a recogerme, de ahí, que la viera hacer muecas de congestión en su rostro, cuando se sentó al subir al auto.

    A los pocos minutos volvió a entrar en la habitación, portando una palangana pequeña como una cubeta, extrajo una esponja con jabón y me empezó a lavar el pubis con delicadeza, dejándolo bien enjabonado, me temí en esos momentos lo que iba a continuación, y así fue. De la cubeta extrajo una maquinilla de depilar las piernas, y apenas unos minutos ya no tenía nada de vello ahí abajo, a medida que iban transcurriendo los minutos lo veía cada vez más oscuro para mí. Aquello tenía muy mala apariencia y pude imaginar que no había cambiado nada desde mi marcha al instituto. Una vez volví a estar seca mama, extrajo del cajón de la cómoda unas bragas blancas con pequeños racimos de uvas violetas, y me las fue pasando por los pies y las subió hasta mis rodillas, entonces me permitió incorporarme y me acabo de poner las bragas. Eran horribles me cubrían totalmente el culo, y me llegaban justo por debajo el ombligo. Debían de ser igual que las que llevaba mamá, e igual que las había llevado desde el fatídico día que llegamos a esa casa.

      -. Mamá. Porque te ha castigado el abuelo hoy?

      -. No, hija. No ha sido el abuelo, ha sido tu abuela esta mañana con la zapatilla.

      -. Porque mamá?

      -. Ya sabes cómo es tu abuela, no se le puede contradecir y menos replicarle.- diciéndome esto vi cómo se sobaba el culo-. No veas como me duele. A más mayor es, parece que más fuerza tiene, uuuuffff… no veas hija, que tunda me ha dado antes de salir de casa, he visto las estrellas de todo el firmamento…

     -. Porque lo has hecho, sabes muy bien como es.

     -. Que quieres hija. Cuando íbamos a salir de casa para ir a buscarte, tu abuela me ha comentado que debía hacerte nada más llegar a casa, o sea esto que acabo de hacer y vestirte con un vestido como cuando eras una niña. La he contrariado al decirle que ya eras una mujer adulta y mayor de edad. No veas como se ha puesto, estábamos en el porche, ya habíamos salido de casa. Y en el mismo porche, me ha bajado los pantalones que me había puesto y las bragas con ellos, y ya ves hija como me ha dejado con esa dichosa zapatilla. Cualquier día le voy a pegar fuego, uuuuffff no veas como ardeeee… bueno hija déjame que acabe de vestirte y bajas a saludar a los abuelos, antes de que suban ellos a por nosotras y las dos acabemos con el culo ardiendo.

     La madre sobándose el culo sobre las bragas, pues la falda apenas se las cubría por detrás, y no le importaba hacerlo delante de su hija, pues esa misma acción había sido algo muy habitual, en ellas dos desde el fatídico día que llegaron a ella. Fue hacia el armario y extrajo un vestido rosa, volvió al lado de la hija e hizo que metiera los pies y le subió el vestido, al tiempo que la hija introducía sus brazos por las mangas, y este era ajustado a sus hombros y luego abotonado por la espalda, como los clásicos trajes de los bebes. Luego unos calcetines blancos y unos zapatos de charol modelo Merceditas, sin tacón apenas.  Luego dedico unos minutos a cepillar el cabello de la hija y hacerle unas coletas, ambas al acabar se miraron al espejo. La madre con esa falda y la hija el vestido rosa, se giraron para mirarse por detrás y daban la impresión de ser dos niñas de 12 años, pues ambas llevaban las bragas a la vista, pues ambos modelos, solo les cubría hasta la mitad del trasero, dejando la parte baja de sus bragas claramente a la vista.

       -. No veas como llevas el culo de marcado, mamá! Esas marcas parecen de días, no de hoy.

       -. Estas, dices? Estas me las hizo tu abuelo hace una semana con su cinturón,  ya sabes tú lo rápido que se lo saca por cualquier motivo.

       -. Si, mamá. Lo sé muy bien. Porque...?

       -. Te estas volviendo muy preguntona últimamente. Y muy descarada, no te da vergüenza preguntarle a tu madre porque le han pegado en el culo, a mis treinta y dos años? conoces de sobra que mientras estemos bajo su mismo techo, viviendo en su casa, tenemos que vivir bajo sus estrictas normas y eso significa, irnos a dormir calentitas si el encuentra cualquier causa para bajarnos las bragas y azotarnos el culo hasta que el considere que ya vamos bien servidas, más te valdría en pensar en bajar rápido a saludarles o las dos seremos castigadas, y a mí ya me duele el culo demasiado, como para que me den una segunda azotaina en el mismo día.

     -. Si mama pero la curiosidad... Ya sabes... Es más fuerte que yo, mientras he estado en el instituto, hasta he echado de menos sus azotainas... Y más de una mañana me despertaba con mis braguitas... Ya sabes...

     -. Hija!!! Eres una cochina!! Mira que decir que te mojas las braguitas soñando con las azotainas de los abuelos, no te da vergüenza desvergonzada?

     -. Mira mamá....- María se levantó la falda de su vestido y mostró una mancha de humedad en sus bragas blancas con aquellos simpáticos racimos de uva violeta-. Solo de sentirme el Chichi así depilado rozarme en las braguitas, ya se me han humedecido, así como el hecho de tener que llevar estas horribles bragas con estos dibujitos clásicos de chiquillas, tan grandes, solo de la vergüenza ya me vienen ganas de tocarme... Y si mamá, me muero de ganas que el abuelo me ponga sobre sus rodillas....- entonces le levanto la falda a su madre con todo descaro.- Y tu mira cómo vas! también las llevas manchadas de la humedad, mamá!.

     -. María, estas segura de pensar lo que me imagino? Quieres que les hagamos esperar, para que nos castigue el abuelo?.- María hizo un gesto afirmativo con su cabeza, con una picará sonrisa en sus labios-. Los sacrificios que tiene que hacer una madre!  Por su hija.  Porque a ti, el abuelo te dará una azotaina con la mano seguramente, pero a mí, cuando vea como llevo el culo de rojo, sabrá porque me ha castigado hoy tu abuela y a mí, me azotara con ese viejo cinturón, bueno niña bajemos ya, o nos ira mucho peor a las dos.

     -. Porque te fuiste de esta casa mamá? Es algo que siempre me pregunto.

     -. Hija! Porque entonces yo desconocía por completo, lo que estoy disfrutando de sus azotainas desde que  volvimos a esta casa y al poco de nacer tú, entonces me di cuenta de que algo me faltaba y desconocía lo que era. Hasta que descubrí por internet páginas de relatos sobre spanking, que es como lo llaman los aficionados a los azotes, entonces empecé añorar las azotainas de los abuelos, incluso probé de buscar un spanker, que es como llaman a los que les gusta azotar a mujeres sobre sus rodillas, pero no funciono. Tú entonces tenías unos seis años, eras muy pequeña para traerte a esta casa, pues el abuelo a mí me azotaba desde que tengo memoria, y para mi entonces eran verdaderos suplicios aquellos dolorosos castigos, hasta que al quedarme en estado de ti, vi que era el momento de marcharme y vivir mi propia vida. Lo que jamás sospeche ni en mis más horribles pesadillas, que echaría de menos aquellas palizas tan tremendas,  o eso era lo que me parecían.  Pero con el paso del tiempo me dedique a ti en cuerpo y alma, aunque de vez en cuando me volvían deseos de ser castigada, pero estabas tú. En aquellos momentos pensaba por ti, no podía traerte a esta casa. A ti yo nunca te tuve quedar unos azotes, eras un trozo de pan. Hasta que los señores me comunicaron que deseaban volver a ver a sus hijos, me avisaron con varios meses de antelación, pero por más que busque un trabajo, no encontré ninguna casa que necesitara una mujer para doncella,  o para servicio. Por lo tanto, cuando los señores se marcharon, nos quedamos en la calle y solo tenía unos ahorros, que nos permitieron vivir una temporada, pero al final no tuve más remedio que llamar a tu abuela, y rogarle si podíamos volver a casa, tuve que suplicarles a los dos que al menos lo hicieran por su nieta, si por mí no lo querían hacer, al menos que no dejaran a su nieta viviendo bajo un puente.

       Entonces fue cuando me lo dijeron sin ningún tipo de tapujos, si me aceptaban debía aceptar mi castigo y no sería una simple azotaina. Casi me da un vuelco el corazón en ese momento, pues era lo que más deseaba yo, ser castigada de nuevo por mis padres y sentir arder mi trasero como nunca lo habría sentido.  Si recuerdas cuando vinieron a buscarnos, al salir tú yo ya me estaba quitando la falda y bajándome las bragas yo misma, pues era las instrucciones que me habían proporcionado, primero me azoto padre, poniéndome inclinada hacia adelante bajo su brazo izquierdo con ese feo cinturón que siempre lleva, fue terrible para mí. Me castigo muy duro y madre, me sujetaba las manos por detrás de él para que no pudiera interponerlas entre su cinturón y mis doloridas nalgas, después fue madre, quien aprovechando que padre me tenía firmemente sujeta, me azoto con la vara de avellano hasta que esta se partió a la mitad, solo entonces me dejaron subir mis bragas de nuevo y volver a ponerme la falda.

      Después durante el tiempo que duro el trayecto a casa de mis padres, fue horrible el escucharte llorar, muchas veces he podido disfrutar de la mano de mi madre, durante estos últimos tres años. Parece que sea de cemento, es muy pesada y dura. Nunca he comprendido como puede tener esas manos tan fuertes o ese cuerpo tan corpulento y fuerte, es tan alta como el abuelo superan con creces ambos el metro noventa, y ese corpachón que poseen, no comprendo cómo puedo ser su hija, ellos con esa altura y fuertes como robles, yo no les llego apenas al pecho con mi metro sesenta y cinco, como tú más o menos, nos parecemos mucho en estatura, no me extraña que nos hagan vestir como a niñas de diez años, para ellos es como si lo fuéramos, pues nos manejan a placer sin podernos escapar de sus rodillas como si fuéramos chiquillas.

     Fue horrible escuchar cómo se escuchaban los azotes caer sobre tus pequeñas nalguitas, y escuchar como berreabas como una bebe, mi pobre niña.  Por eso no quería hacerte pasar por todo lo que tuve que pasar yo en mi infancia, intente por todos los medios posibles evitarte esos sufrimientos, pero al final no pudo ser. Además por otro lado creí necesario que un poco de disciplina te iría muy bien, últimamente apenas podía contigo. Estabas en la clásica edad que las niñas se rebelan, por creerse mayores porque su cuerpo se esté desarrollando, y empezaste a suspender y faltar a clase a menudo, así como a contestarme de muy malas formas. Yo había pasado una infancia horrible y fui incapaz de enseñarte la disciplina que estabas pidiendo a gritos, y sabía que con los abuelos eso iba a cambiar, y vaya si cambiaste… Bueno pequeña bajemos al salón y no les hagamos esperar más.

          Salieron de la habitación y empezaron a bajar las escaleras lentamente, María iba dos pasos por detrás de su madre, le encantaba mirar cómo se iba sobando el culo sobre sus bragas blancas, con su mano derecha, mientras la izquierda la llevaba apoyada en el reposa manos de la baranda de la escalera. Apenas habían bajado una docena de escalones, y comenzaron a divisar las piernas de los abuelos, seis peldaños después ya veían a la pareja de ancianos sentados en unas sillas con respaldo alto, uno frente al otro sobre la mesa, ya habían comenzado a comer, algo que no sería un buen presagio. Estaba claro que no las estaban esperando a las dos, para sentarse a comer. Los platos humeaban ya puestos en su lugar donde debían sentarse ellas, el enfado por la tardanza era obvio en sus rostros. Estaban muy enfadados, pues era una norma inviolable estar a la mesa todos sentados a la hora designada y bajaban diez minutos tarde, por menos tiempo ya hubieran sido caldeados sus traseros cualquier día de la semana.

     Al estar frente a la mesa, se quedaron esperando que las autorizaran  a sentarse, pero las miradas de ambos ancianos estaban en ellos mismos, hablaban entre ellos como si ellas no estuvieran allí. Su tono de voz, hizo que ambas empezaran a preocuparse. María ya no estaba tan segura de que desease recibir una azotaina, ahora sus sentimientos la traicionaban y sus deseos primitivos, se habían convertido en un claro temor a lo que se presagiaba.

     Entonces fue cuando se dieron cuenta, a su izquierda había una silla colocada aislada de todo mueble, sobre todo algo que había sobre el asiento de la silla, las dejo a ambas estupefactas. Allí estaba el viejo cepillo de baño de mango largo, de madera. Apoyado sobre su parte plana, con sus cedras para arriba. Susana, con cara de espanto se llevó sus manos a su trasero, lo acaricio con suavidad, y estiro hacia abajo el elástico de sus bragas blancas, como si pretendiera asi cubrir más superficie de sus nalgas, y que estas, quedaran más protegidas para lo que en breve espacio de tiempo, iba a suceder. Miro a su hija María, pudo leer en sus ojos el miedo que sentía. Sus miradas se cruzaron observando la madre, que su hija ya no mostraba su seguridad de momentos antes en la habitación, ahora era una mirada de preocupación y de miedo. Igual que hiciera la madre, María por instinto se cubrió su trasero con las manos, ella al estar a la derecha de su madre, tenía enfrente de ella al abuelo. Sin que el abuelo la pudiera ver, muy disimuladamente estiro el elástico de sus bragas, bajándolas un par de dedos y cubriera más sus nalgas. Pero este hecho no pasó desapercibido como esperaba y el abuelo les dirigió la mirada a ambas.

          -. Que María! Esta es la manera de saludar a tu abuelo, después de todo este tiempo sin verme? Crees que es la manera apropiada de presentarte en esta casa! Y por si fuera poco, el hecho que no hayas venido a darme un par de besos, nada más bajar por esa escalera. Qué ocurre? Que sabes que has cometido una imprudencia al no bajar antes? Tu abuela y yo hemos estado esperando que bajaras a saludarnos, y en vez de eso. Te has quedado arriba en tu habitación hablando con tu madre, por lo visto tenías mucho que contarle. Aun conociendo la disciplina de esta casa, y lo importante que es la buena educación. Esa conducta no es la que has aprendido en esta casa, nosotros siempre te hemos dado el trato que se debe, para que una adolescente se comporte como es debido ante sus mayores, cierto que somos muy estrictos aplicándoos los castigos pero es por vuestro propio bien, para vuestra buena conducta, si no os comportáis como se espera de vosotras no se os va a permitir esa falta de educación y mal comportamiento con  vuestros mayores, y eso puedes estar segura jovencita que en esta casa no se te va a tolerar. No puedo imaginar que educación te han dado allá a dónde has ido a formarte, para tener un futuro con más seguridad, por lo visto no te han enseñado a respetar a quienes se ha preocupado por ti.

   En la regañina del abuelo, se entrometió la esposa, madre, y abuela;

          -. Y tú! Susana que te había mandado yo que hicieras?  Que subieras para arreglar a tu hija, para que estuviera presentable para bajar a saludar a su abuelo, y que es lo que haces desvergonzada! Quedarte hablando, y desobedeciendo. Y tú, sabes muy bien qué ocurre si no estáis en la mesa a la hora de comer. Esa desobediencia vuestro abuelo os va informar sobre ello cuando terminemos de comer, ahora desvergonzadas, que ya hemos visto como os cubrís el culo con vuestras bragas, sabed, que seréis castigadas con las bragas bajadas las dos, así que… quiero ver vuestras bragas bajadas por encima de vuestras rodillas, ya!!!

     Madre e hija, introdujeron sus manos bajo sus faldas, levantándose las mismas, ya que para poder coger el elástico de la cinturilla de sus bragas, al ser de cintura alta, ambas pasaron la vergüenza de mostrar sus bragas unos instantes, hasta que las hicieron descender por sus muslos hasta dejarlas sobre sus rodillas.

         -. Bien niñas! Ahora daos la vuelta para dejarnos comer tranquilos, y poned vuestras manos sobre vuestra cabeza…

         -. Veo que a tu hija las has calentado el culo hoy, que ha hecho esa desvergonzada esta vez…?

        -. Tu hija aún no ha aprendido que es una falta muy grave, contradecir a sus mayores, cuando se le manda que haga una tarea…

        -. Ya veo que le has puesto el culo como se merece, nada comparado con la que le voy a dar yo en breve… aprenderá que se debe respetar las normas de esta casa, y que a su madre no se le falta el respeto, aunque yo no esté presente para castigarla, debe obedecer a su madre siempre.

    A Susana sin atreverse a girarse, las lágrimas le descendían por sus mejillas. Había hecho mal, no debía haber hecho caso a su hija, ahora se arrepentía. Pues con sus padres no se podía jugar, siempre han sido muy rigurosos a la hora de aplicar la disciplina, y si no la hubiera hecho caso, no estaría ahora en serios problemas.

    Madre e hija se miraron, ambas tenían los ojos llorosos. María, miraba a su madre con compasión, la había metido en un buen lio. Y se sentía culpable por ello, pues esto no era lo que hubiera deseado, y menos aún, hacer que castiguen a su madre por su culpa, pues ella la había advertido. Que si el abuelo averiguaba que le había contestado a la abuela, por esa indisciplina seria castigada más severamente. Pero el cinturón hubiera sido aceptable, duele por supuesto, pero no había comparación con lo que puede resultar una azotaina con el cepillo…

    Habían terminado de comer y hecho el café. El abuelo había subido con la abuela a su habitación, a dormir la siesta. Mientras ellas continuaban en el centro del salón, de pie con las manos sobre la cabeza. No sentían ya sus piernas del tiempo que llevaban así castigadas y expuestas, sus brazos estaban cansados y aunque sabían que estaban solas, no se dirigieron palabra alguna, pues no había palabras que pudieran expresar como se sentían. Solo pensaban en lo que les esperaba en pocos minutos, pues ya no podía tardar en bajar el abuelo a ocuparse de ellas como había prometido hacer.

     El abuelo era así, sabía que estarían apesadumbradas, y que la espera para que les llegase el turno de ser castigadas, las tendría en vilo todo el tiempo. Sabía que no había peor castigo que hacerlas esperar, por eso habría la puerta de la habitación saliendo al pasillo del piso de arriba, caminando por él, de un extremo a otro. Ellas en sus cerebros se activaba la extrema preocupación, pues pensaban que había llegado el momento y sus nervios se erizaban el vello de sus brazos, así como en otras partes que llevaban horas al aire, si los hubieran tenido. Y al poco tiempo volvía a encerrarse en la habitación. Al poco escucharon de nuevo abrir la puerta, los pasos se escuchaban por el pasillo del piso de arriba, luego bajaban las escaleras, esta vez si había llegado el momento de que el abuelo las colocara sobre sus rodillas, los pasos los escuchaban detrás de ellas, pero se mantenían impasibles con la mirada al frente, si hubieran girado sus cabezas no hubiera sido nada agradable para ellas, y lo sabían.

       -. Lleváis mucho tiempo con las nalgas al aire, vais a coger frio.- era la voz de la abuela, y le subió las bragas a su nieta, ajustándoselas en la cintura. Y dándole un cariñoso azote en el culo, la hizo darse la vuelta.- no vas a dar un beso a tu abuelita pequeña? Perdona lo de esta mañana, estaba enfadada por lo de tu madre.

    Se abrazaron las dos efusivamente, y le dio varios besos a su nieta, la cual con una gran sonrisa se abrazó a la abuela.  Entonces después de tan intenso abrazo, ambas se separaron, mientras la abuela le ponía las manos sobre los hombros, y su alegre rostro cambio por un semblante muy serio.

       -. Bien mi pequeña, ahora sube a tu cuarto. Tu abuelo te está esperando.- soltó a la nieta y esta se dirigió hacia las escaleras, cuando sintió en sus bragas un fuerte azote en el culo propinado por su abuela.- ves rápidamente, mejor que no le hagas esperar está muy enfadado porque ya, en tu primer día, te tenga que pegar en el culo tu primera azotaina el mismo día que has llegado.

       Desde las escaleras María se detuvo un segundo para mirar, y vio a su abuela que la seguía con la mirada, mientras su madre continuaba en la misma posición, con las manos sobre la cabeza y las bragas bajadas por encima de las rodillas. Desapareció escaleras arriba y poco después se escuchaban unas voces que regañaban a la pequeña, poco después desde abajo se escuchaban azotes, eran muy fuertes pues se escuchaban perfectamente desde abajo en el salón, y con un sonido muy nítido de que la azotaba en el trasero desnudo, unos segundos bastaron para oír como rompía a llorar desesperadamente, sus gritos de dolor se escuchaban después de cada azote, desde abajo madre y abuela no podían ver nada, pero el ruido de lo que sucedía en la habitación de María, era tan nítido y claro, que parecía que estuviera en el mismo salón. Poco después solo se escuchaba llorar desconsoladamente, pero ya no se percibían el sonido de los azotes. Unos pasos rompieron el sonido de fondo de los lloriqueos de María, cuando estos se escuchó que bajaban la escalera, Susana se puso a temblar, los gritos de su hija la habían hecho mella, ahora al escuchar los pasos detrás de ella hizo que sus sentidos estuvieran al acecho.

        -. Ahora vamos a ajustarte las cuentas a ti desvergonzada.- al oír esto, sintió Susana como era agarrada por el lóbulo de su oreja derecha, y tiraban de ella en dirección donde había visto la silla con el cepillo. Trastabilló un par de veces hasta verse arrojada sobre las rodillas de su padre.- te voy a enseñar yo cuando se come en esta casa!!! Y donde debe estar tu culo sentada a esa hora, que te has creído desvergonzada, que puedes hacernos esperar en la mesa a que tú y tu hija, bajéis a comer cuando queráis!!!

     Los azotes del cepillo no tardaron en caer con fuerza sobre sus nalgas desnudas, al colocarla sobre sus rodillas, su falda se le había levantado por sí sola, dejando su culo desnudo bien expuesto al severo castigo. Los azotes caían implacables, en el mismo centro de cada nalga, las lágrimas descendían por sus coloradas mejillas, antes ya de sentirse así misma sobre el regazo de su padre, la espera la había sensibilizado tanto, que al sentir el dolor en el lóbulo de su oreja, ya se puso a llorar, por lo tanto al sentir los cepillazos en su culo, solo la hicieron llorar con más ímpetu, en apenas un minuto habían caído en sus nalgas alternativamente, mas de cuarenta o cincuenta azotes…

       -. Basta padre!!! Basta padre!!! No lo volveré hacer… Basta padre!!! .- llorando sin tregua, consiguió dejar salir de su garganta esas palabras pidiendo que parase de azotarla, era tal el ardor de su trasero, que ya no pudo suplicar más, y solo llorar…

    Sus brazos suspendidos en el aire aleteando sin control, buscaban la forma de llevar sus manos a su trasero, pero los azotes tan seguidos en su ya maltrecho trasero, apenas podía intentar  aferrarse a lo que fuera… sus piernas por el contrario se arqueaban en cualquier dirección sin rumbo fijo, sus bragas blancas habían bajado por sus piernas hasta sus tobillos y se aferraban a estos, enganchadas en la pequeña hebilla de sus zapatos, de tal forma que no la dejaban separar sus piernas, ya que parecía que hacían de fuelle, y le resultaba imposible separarlas, por lo cual sus muslos semi abiertos, mostraban su sexo mojado, al igual que sus piernas también mojadas, como la pierna derecha del pantalón de su padre, pues su vejiga al llevar tanto tiempo parada, tener sus piernas casi dormidas, apenas pudo dominar su control, por lo que acabo haciéndose pis.

    -. Será sinvergüenza!!! Mira a tu hija! Se ha meado la muy cochina, mira como me ha puesto el pantalón, ahora veras marrana!!! Te voy a dejar el culo en carne viva por esto… no podías haberle pedido a tu madre, que te dejara ir al baño? Si tenías que ir!!!

    Los azotes siguieron cayendo sobre su pobre culo indefenso, la vergüenza de haberse orinado sobre las rodillas de su padre, fue tan grande que se quedó quieta de la vergüenza, si hacer nada por escapar a la terrible azotaina, la azotaina aún se prolongó unos veinte minutos más, cuando por fin el padre se detuvo, sus nalgas estaban muy maltrechas, había sido la peor azotaina de su vida, pues en esos momentos no pensaba en otra cosa, que en el intenso ardor de sus nalgas, que se encontraban en un estado lamentable, muy muy rojas, un rojo morado intenso, muy intenso.

     Con la indignación del padre, la llevo arrastras hasta el rincón, donde la hizo colocarse de rodillas y las manos sobre la cabeza. Pero apenas la dejo, cayo hecha un ovillo de costado en el suelo, no cesaba de llorar del intenso dolor en su pobre trasero. Aunque el padre la vio que no mantenía la posición, no hizo nada por que ocupase la posición de castigo de nuevo. Se hacía cargo de lo mucho que debía de dolerle el trasero, había sido una azotaina de las más severas que le había dado en la vida, el hecho de que se orinara encima, le hizo perder el control.  Se acercó a su esposa…

        -. Llévala a su habitación.



(Continuara…)

domingo, septiembre 20, 2015

MI ABUELO MATERNO



       

                                                  MI ABUELO MATERNO

      Como te dije estimado amigo Juan, voy a relatarte algunas de las azotainas que suelo recibir aun hoy dia, pese a mis 23 años de edad. Empezare por mi primera azotaina y la que mas me marco, aparte de que mi vida dio un cambio de 360º.
     Yo entonces contaba con la edad de 14 años, y vivía con mi madre de 28 años. No sabia porque mi madre había abandonado la casa de mis abuelos, (sus padres) pero ahora 15 años después volvíamos a su casa, yo estaba muy feliz por ver a mis abuelos por primera vez. En cambio mi madre estaba muy triste y consternada, ella jamás hubiera vuelto si no fuera por mi, se había quedado sin trabajo y nos habíamos tenido que ir de la casa en donde vivíamos, en la cual había trabajado sirviendo desde antes de tenerme a mi, los señores habían decidido vender la casa e irse a vivir con sus hijos a Alemania los años restantes que les quedase de vida. Viajamos  en autobús hasta un pequeño pueblo escondido en los picos de Europa, Asturias.
    Nos hospedamos en una pension del pueblo hasta que el abuelo bajara a recogernos, según mi madre tardaría aun unas dos horas. Una vez en la habitación mi madre me hizo desnudar del todo, yo no comprendía nada, y menos aun cuando empezó a vestirme con unas bragas de niña pequeña de algodón, blancas con unos ramilletes de flores de margaritas amarillas. Le pregunte porque…
    -. Maria hija no preguntes y deja que te ponga estas ropas de niña, ya se que tienes 14 años y que eres muy mayor para estas ropas, pero créeme es mejor para ti mi niña, que el abuelo crea que eres una niña inocente, no lo vas a pasar nada bien cuando averigüe las calificaciones que has sacado este trimestre, se fuerte y no respondas al abuelo como sueles hacer habitualmente, o lo lamentaras y no te puedes hacer idea de cómo.
    Me fue vistiendo ella misma, primero aquellas horribles bragas, que me llegaban por debajo del ombligo, luego me paso por la cabeza un vestido blanco con adornos voladizos como volantes , que no me tapaba casi las bragas, luego unos calcetines cortos blancos también, y los zapatos. Luego comenzó a peinarme haciéndome dos coletas con un lazo azul, cuando me mire al espejo parecía que tenia 10 años. Minutos después llamaban a la puerta, abriéndola mi madre, ante el umbral apareció un hombre como de 60 años con el rostro congestionado, se le veía muy enfadado.
    -. Padre…
    -. Esta es tu hija?
    -. Si…Padre…es tu nieta… Maria.
    -. Pequeña sal fuera, tu abuela y yo debemos de hablar con tu mama, no tardaremos mucho.
   Sali hacia el pasillo, al pasar por delante del abuelo, este llevaba en la mano un viejo cinturón muy grueso de cuero, y la abuela en la mano llevaba una vara como de un metro de larga, luego sabria que era de avellano. Al salir yo entraron los abuelos y yo me quede en la puerta, antes de que la cerraran vi, que mi madre se desabrochaba la falda y como esta caia al suelo a sus pies. Me quede en  el pasillo y a los pocos minutos empece a oir sonidos como si estuvieran sacudiendo una manta, no puedo decir que eran aquellos sonidos, eran extraños para mi, pero poco después supe que eran azotes, mama gemia después de oírse aquel sonido, y poco después empezó a gritar y llorar, para minutos después solamente la escuchaba sollozar y todo quedo en silencio.
     No se el tiempo que paso, pero se abrió la puerta y salieron los abuelos, con nuestras maletas en la mano, la abuela ya no llevaba la vara y el abuelo si llevaba una maleta y su feo cinturón en la otra, entonces vi a mama secándose las lagrimas de los ojos y corri a abrazarme a ella. Salimos de la pension y en la puerta había un auto, mi madre se subió adelante con el abuelo que era quien conducía, y la abuela me hizo subir atrás con ella, vi la cara de dolor de mi mama cuando se sento en el asiento, el coche se puso en movimiento.
      -. Maria, tu madre nos conto por carta que habías suspendido el curso, eso esta muy mal, pero tu abuela te va arreglar pequeña sinvergüenza, Isabel encárgate de que aprenda la lección !!!
    No me lo esperaba, mi abuela me agarro del lóbulo de la oreja y me lo retorció, y tiro de ella, no pude hacer otra cosa que levantarme y en ese instante me tiro boca abajo sobre sus rodillas, y empezó a darme azotes sobre mi culo fuertes, era la primera vez que me pegaban. Y enseguida empece a llorar pues dolían mucho, aunque llevara las bragas puestas. Me estuvo dando azotes hasta que se paro el auto, el culo me ardia horrores entonces paro.
   Bajamos del coche y entramos en la casa, antes de que yo pudiera acceder al interior, me agarro el abuelo de los hombros con ambas manos y me dijo;
     Ahora jovencita vamos hablar tu y yo sobre esas notas, cuando me quise dar cuenta me llevaba bajo su brazo izquierdo  en volandas, se sento en una silla al tiempo que me colocaba sobre su rodilla izquierda y pasaba su pierna derecha sobre las mias, me levanto el corto vestido, y note como introducía sus dedos por la cintura de mis bragas, bajándomelas hasta las rodillas me dijo mientras yo rompia a llorar de nuevo.
   -. Tu madre a intentado engañarnos vistiéndote de niña, pero tu abuela y yo no nos chupamos el dedo, y sabemos que edad tienes realmente, por lo tanto vas a probar el cinturón que ha probado tu mama antes de venir para a casa…
   Y en seguida sentí como me quemaba el cinturón en mi culo desnudo, no se cuantos azotes me dio, pero para mi fueron muchísimos, cuando me dejo en el suelo, la abuela me agarro y apenas me dejo subirme las bragas, que sentí un nuevo azote en el culo, de mi abuela esta vez.
   -. Acompañame niña. Vamos a tu cuarto.
   Yo seguía escuchando en mis oídos los chasquidos del cinturón, me volvi y vi a mi madre sobre las rodillas del abuelo, con el trasero al aire y como el abuelo la azotaba de nuevo con el cinturón.
   El culo me dolia horrores, lo sentía arder como si tuviese fuego encendido en el, la abuela me hizo subir casi a arrastras al piso de arriba, apenas podía caminar, la abuela me llevaba de una mano y yo la otra la tenia sobándome el culo, esta fue mi primera azotaina de las muchas que he ido recibiendo de los abuelos, hasta el dia de hoy…          

DISCIPLINA EN LA UNIVERSIDAD Capitulo 10




              

  No sabía a donde mirar. Delante de ella se encontraba John Lewiston, con el rostro claro de estar muy enfadado, furioso, y observándola de pies a cabeza como si estuviera inspeccionando su vestimenta, y lo peor de todo, en completo silencio. Sentía como si el estómago se le fuera a caer al suelo en cualquier momento, notaba un peso enorme en él, sus nervios la estaban desbordando, sentía verdadero terror en esos momentos, una angustia terrible acompañada de escalofríos por todo su ser. A muy su pesar, tenía aun su trasero ardiendo, con un dolor terrible y que no la permitía apenas caminar erguida. Tenía sus mejillas que las sentía arder de lo ruborizada que estaba, era muy humillante que vinieran a su propia casa a aplicarle un correctivo, solamente de pensar que en breve volvería a estar sobre sus rodillas de nuevo y que ahora no habría nadie para detenerlo si se excedía en el castigo, le hacía recordar cuando era más joven, y aquella profesora de gimnasia la perseguía por el patio del instituto, cuando un joven profesor la había obstaculizado en su huida, cayendo al suelo. Al levantarse para echar a correr de nuevo, cuando un brazo la sujeto firme reteniéndola, lo que hizo que la profesora de gimnasia la alcanzara, y comenzara a darle azotes en el trasero de un muy ajustado short azul marino, con el cual sentía aquellos azotes como si la azotaran sobre el culo desnudo, pero no los sentía. Estaba ensimismada observando aquel vello rostro del joven profesor, mientras el en esos instantes la sujetaba de sus dos manos, para que quedara bien expuesta a la vara que azotaba sus nalgas, pero Sonia solo admiraba a aquel rostro con una sonrisa en sus labios, hasta que la vara después de varios azotes la hiciera volver a la realidad, y se centrase en menear su trasero, así como saltar sobre sus pies a cada azote que recibía, y a tirar de aquellos fuertes brazos que la mantenían sujeta, tratando como fuera de escapar de aquella tunda que estaba recibiendo, y que ya comenzaban a arderle más de lo que ella deseara y sus lágrimas no tardaran en brotar…
       Desde entonces estaba enamorada de ese profesor, pero el, jamás le había prestado atención alguna o lo sorprendiera mirándole el culo como hacían todos los demás profesores. Nada hacía que aquel profesor hiciera que se fijara en ella, pero ella había ideado aquel retorcido plan con sus nuevas amigas Laura e Elisabeth, para así caer sobre sus rodillas y recibir una azotaina a manos de su amado profesor, y hacer que se fijara en ella aunque para ello tuviera que sufrir, el severo castigo de esa jornada. Puede que así se fijara en ella…
(John)-.     Lamento enormemente la manera en que me he presentado en tu casa, en otras circunstancias no estaría de menos avisar a la policía, y que me llevaran arrestado por forzar tu cerradura, aunque no haya sido así, pues en la universidad tenemos las llaves maestras de todas las viviendas.  Si cuando he llamado al timbre hubieras abierto, nada de esto hubiera sucedido. Pero el conserje me acompañaba por si esto sucedía, no sería la primera vez que una alumna protegida en su vivienda, se negara a abrir la puerta. Un hecho nada aconsejable, dices que te habías quedado dormida en el sofá, estando desnuda. Veo que debe ser cierto, pues estas impecablemente vestida, de haber estado sentada o tumbada, el uniforme estaría arrugado, además de impresentable. Por lo tanto por esta vez voy a creerte y aceptar tu palabra, pero que esto no vuelva a repetirse de nuevo o lo lamentaras de verdad.  Dicho esto, deseo aclararte para tu conocimiento, que después de clasificar todos los videos de las cámaras de seguridad y visualizarlos repetidamente, hay en ellos ciertos detalles que ya te iré informando cuando llegue su momento, durante esta semana vas a recibir mi visita cada día al levantarte y al acostarte, por lo tanto te rogaría por tu bien que no tardes tanto en abrirme la puerta, es más, deberías estar esperándome en la puerta, en vez de llamar yo. Pero por el momento lo dejaremos correr, como bien he dicho anteriormente durante esta semana.   Aclarado ese tema, vamos a lo que nos preocupa a ambos de verdad, el cual no es otro que tu castigo.   Tu comportamiento de hoy ha sido vergonzoso!, me has dejado en mal lugar y eso va a tener sus consecuencias puedes estar segura e ello, nunca me habían hecho sentirme traicionado como hoy, habíamos hablado sobre tu cita de hoy y como debías comportarte. No tengo ni idea que se te ha pasado por tu cabecita, para comportarte como lo has hecho hoy! Lo que debía de ser un simple trámite, tu misma lo has convertido en una pesadilla, algo que vas a lamentar de verdad!!
     … Entiendo que tienes el trasero muy adolorido, algo que no debía de haber ocurrido. Pues todo estaba apalabrado por mí mismo con la señora Parrish, para que únicamente fuera una azotaina simbólica con el cepillo, cierto que te habrían dado duro para hacer creíble a todos que era un castigo, y para ello debías llorar, Aston tenia esas instrucciones que fuera duro contigo, pero que al hacerte llorar se detuviera minutos después.  Pues todos conocen a Aston, tiene una reputación como pocos a la hora de aplicar castigos a las alumnas, todos saben que no hay chica que no termine llorando cuando aplica un correctivo, sea con el instrumento que utilice para ello, todas terminan igual. 
    Pero tu tenías que hacer tu numerito verdad?   Tenías que poner en tu contra a toda la junta de accionistas, en que estabas pensando?  Cualquiera que te hubiera visto, habría pensado  que estabas provocando deliberadamente a toda la junta y que deseabas ese castigo. Tenías que insultarles encima? No te bastaba con ser grosera? Tenías que sobarte el culo delante de todo el mundo, mostrándoles esas ridículas bragas infantiles? Y la manera que te has dirigido a toda la junta, cuando te han dado la palabra para justificarte. No podías haberte limitado a agradecer que no te hubieran despedido, y darte la oportunidad de reparar los males causados aceptando de buen grado tu castigo? Agradeciendo permitirte acabar tu master en química sin tacha alguna en tu expediente laboral!!!  Tenías que poner a todos en tu contra? En qué diablos estabas pensando? Es que deseabas avergonzarme delante de todos para vengarte de mí?  He hecho mucho más de lo que debía y me lo pagas de esta forma? La señora Parrish me ha llamado la atención en su despacho, en toda mi carrera, jamás había pasado tanta vergüenza, ha sido la primera vez que he tenido que ir a su despacho, para que me hablen de mi honor como hombre, y que donde se supone que esta esa palabra mía, palabra que yo he puesto en riesgo por apoyarte e ayudarte a ti, desvergonzada!!!

        Sonia se había puesto a llorar ante semejante regañina, estaba acongojada, además de sentirse angustiada ya no solo por el ser castigada en breve, se sentía muy mal. Su deseo de sentir una azotaina sobre sus nalgas como cuando era niña, había ido demasiado lejos. Ahora se percataba de la gravedad de los hechos, sabía que ese hombre jamás iba a ser suyo como deseaba, lo había humillado ante todos, pero sobre todo le había hecho faltar a su palabra. En un inglés, su honor y su palabra estaban por encima de todo. Y ella lo había pisoteado con su comportamiento. En esos momentos Sonia hubiera deseado que se la tragara la tierra, ella como mujer se percataba lo lejos que había llegado. John jamás la perdonaría, y su amistad ya no volvería a ser la misma. Sonia con la mirada fija en el suelo, ahora se encontraba tremendamente mal y deseaba que la castigase cuanto antes, para al menos dejar de sentirse tan avergonzada consigo misma. Quizás castigándola John se sentiría mejor, aunque ello no fuera a hacerle sentirse mejor, un hombre si tacha alguna durante toda su carrera, y ahora por una amistad con una amiga, había dejado su palabra en entredicho… Y esa amiga era ella.
         Mientras Sonia se lamentaba por su mal comportamiento. John había dado unos pasos hasta el rincón donde había una silla con respaldo alto, y sujetándola la coloco al lado de Sonia, sentándose en la silla, y sin más palabras, agarro a Sonia de una de sus manos y la tiro prácticamente sobre sus rodillas, aunque realmente fue Sonia la que se tumbó apenas sintió el contacto de su mano y le miro, contemplando su cara de enfado prefiriendo no resistirse, hiciera lo que John hiciera por castigarla, ella aceptaba su castigo avergonzada por el mal que había causado a una de sus mejores amistades. Sintió como su falda era alzada, y como el aire frio acariciaba sus nalgas, revestidas por unas bragas blancas de algodón, con florecillas de margaritas. Los primeros azotes no tardaron en llegar y empezar a picar en sus nalgas.
      Sonia se mantenía inmóvil en su posición, sus piernas flexionadas colgaban a la derecha de John, y por la izquierda, su cuerpo posado sobre los muslos de John, mientras su cabeza y brazos colgaban por ese mismo lado tocando el suelo, mientras sus manos se agarraban a las patas laterales de la silla. Sonia no paraba de sollozar moqueando por la nariz, mientras los azotes caían y volvían a caer sobre sus desprotegidas nalgas.  Aunque Sonia sentía como sus nalgas ardían como nunca, pues los azotes de John eran duros de verdad, azotes secos y seguidos, que caían uno tras otro en el trasero de Sonia. Ahora ya lloraba a todo llorar, pero seguía aceptando su castigo, sabía que se lo tenía bien merecido y aunque aquel intenso dolor lo sentía como si tuviera un fuego a llama viva sobre su trasero, siguió aceptando su castigo. No pataleaba, no meneaba sus caderas, no movía su cuerpo, no intentaba protegerse sus ardientes nalgas con sus manos, era tal su vergüenza por haber fallado a su buen amigo. Que no deseaba poner dificultades a su azotador, estaba siendo castigada como se merecía.          
     John admiraba a Sonia, la veía que estaba muy arrepentida y eso en otro momento le hubiera enternecido parando el sufrimiento a aquellas preciosas nalgas. Pero la gravedad de lo acontecido ese día, era para que Sonia sintiera su enfado y hiciera meditar su mala cabeza una vez más. John paro de azotarle el trasero, y su mano acaricio unos segundos a aquellas redondeces tan esplendidas y tan calientes, que le hacían quemar su mano. Pero estaba resignado a darle su merecido castigo, así que agarro el elástico de la cinturilla de las bragas de Sonia, y se las fue bajando lentamente hasta la altura de las rodillas. No sin observar antes el fondillo de las bragas de Sonia, una mancha amarillenta ensombrecía esa zona, John no pudo evitar el posar sus dedos sobre la prenda, comprobando que no era orina, era otro fluido lo que humedecía a las braguitas de Sonia. Era claramente un líquido abundante que había mojado considerablemente la prenda íntima de ella, al palpar con sus dedos comprobó que era un fluido viscoso, blanquecino e amarillento. Eso indigno a John, ya que si era cierto que se hallaba desnuda cuando toco el timbre, y se acababa de vestir. Eso delataba a Sonia, estaba claro que estaba disfrutando con la azotaina, y había ensuciado las bragas de esa manera tan abundante en apenas unos minutos que hacía que se las había puesto limpias. La idea que rondaba por su mente empezaba a tener forma, sin darse cuenta posiblemente la había delatado esas humedeces. Como por arte de magia, apareció en su mano derecha el feo cepillo de madera de fresno, con el cual Sonia ya había sido castigada con el aquella mañana. Levanto su brazo todo que pudo, y empuñando fuertemente el cepillo, lo dejo caer, pero aplicando mas velocidad e incrementando la fuerza en el descenso hacia la nalga derecha de Sonia, al caer sobre ella se pudo escuchar un fuerte sonido seco y opaco, casi silencioso, si no fuera por el grito fuerte de Sonia, al sentir en sus ardientes nalgas aquel contacto el cual la había hecho estremecer de dolor, y la fuerte quemazón intensa que provoco en su nalga, algo que en breves segundos se repitió en la nalga izquierda, con un impacto del misma intensidad. Los azotazos del cepillo se fueron incrementando a más fuerza y más rapidez al golpear en aquellas traviesas nalgas que se agitaban como desposeídas a cada nuevo impacto del cepillo, las piernas de Sonia ya se balanceaban alocadas en cualquier dirección posible, sus manos no tardaron en intentar cubrirse sus nalgas, aquello era el mismísimo infierno, le ardían de tal manera que no se podía mantener quieta una décima de segundo, todo su ser, se agitaba de manera incontrolada. Sus piernas luchaban por librarse de la traba que las aferraban a no poder separarse, más de unos centímetros, esa traba era sus propias braguitas, que la impedían abrir y cerrar sus piernas, en busca de alivio por pequeño que este fuera, así fue como dicha prenda fue descendiendo bruscamente por sus pantorrillas, hasta llegar a sus tobillos, y llegado a ese punto salieron disparadas hacia el techo, para luego posarse como una grácil mariposa en el suelo. Ya liberadas sus piernas, ahora se agitaban independientemente en cualquier dirección, abriéndolas o cerrándolas, dejando a la vista de John el sexo rasurado de Sonia, del cual seguían emanando fluidos, los cuales ya mojaban los muslos. A pesar de la severidad del castigo, Sonia se estaba corriendo una y otra vez con el mismo, lo que hacía indignar más a John…   lo cual hizo que detuviera el castigo, e obligara a Sonia a ponerse de pie… asiéndola por el lóbulo de la oreja la condujo hasta el rincón, obligándola a colocarse de rodillas con los brazos en cruz, con las palmas hacia arriba… y prohibiéndole tocarse el culo… el cual se veía todo un color morado con los bordes azulados…
    John se encamino hacia la cocina volviendo un par de minutos después con algo en la mano, era un paquete de hortalizas secas, concretamente garbanzos, enfadado como estaba lo abrió y lo vacío en el suelo, justo donde estaban apoyadas las rodillas de Sonia, y la obligo a posarse de rodillas sobre ellos, luego se desplazó por el salón hasta una estantería, escogiendo dos libros muy pesados y recios, colocándole un tomo en la palma de cada mano, y así permaneció Sonia durante varios minutos, hasta que ya no pudo soportar más, el cansancio de sus brazos unido al dolor de sus rodillas, y así mismo el intenso ardor de sus nalgas. Entonces John permitió que se levantara y asiéndola de nuevo por el lóbulo de la oreja, la condujo al dormitorio, casi arrastras… la desprendió de la falda, así como de la blusa, colocándola de nuevo sobre sus rodillas ahora el sentado sobre la cama, y ella desnuda propinándola una nueva azotaina bien dura y severa con su mano derecha, a lo que Sonia rompió de nuevo a llorar… minutos después Sonia permanecía echada sobre las rodillas de John, mientras este le aplicaba una crema refrescante sobre sus ardientes nalgas, que la hacían ronronear como una gatita en celo… poco después la dejaba llorando aun boca abajo metida en la cama…