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domingo, marzo 12, 2017

DISCIPLINA EN LA UNIVERSIDAD capitulo 14 y FINAL



                                        DISCIPLINA EN LA UNIVERSIDAD   capitulo 14  Y FINAL.

        Sonia aun con lágrimas en sus ojos permanecía inmóvil en el despacho del Decano, desconocía aquel hombre que se hallaba tras su mesa, ella lo observaba como iba clasificando documentos, de tanto en tanto, levantaba la mirada y la observaba, ella lo veía como el agitar la cabeza en sentido negativo y volvía la atención a su trabajo. Por suerte para ella había podido arreglarse y vestirse, y aun así, era mucha la vergüenza que sentía a cada mirada de John. Le hubiera gustado poder cambiarse de ropa interior, pero John no se lo había permitido, aun notaba como por sus muslos descendían gotas de la humedad de sus braguitas.
(John)-.   Quieres dejar de una vez de llorar? O quieres ganarte otra azotaina.
(Sonia)-.   No… Nooo. Pero tardaran en llegar Laura e Elisabeth, además del señor Aston. Me gustaría ir al lavabo para arreglarme, y me cambiaria de…
(John)-.   De bragas?  Creo que vas a tener suerte, la bolsa que me devolviste donde te lleve ese uniforme, debo tenerla en este despacho o en el coche, si, esta en el coche debe estar todavía. Puedes ir al servicio mientras yo voy al parking a buscar esa bolsa. Por esa puerta de tu izquierda tienes un servicio. Lávate bien cochina y tira esas braguitas de marrana, no comprendo como una mujer como tú, ha salido de casa llevando las braguitas tan mojadas.
(Sonia)-.    No…. No las llevaba así, de verdad. Ha sido durante el trayecto al venir hacia la universidad caminando, nada más llegar, tenía pensado ir al servicio a asearme, pero el conserje me ha obligado a venir a tu despacho… le he rogado mil veces que me dejara ir, pero me decía que solo era una excusa.   Te lo prometo John, que se me había olvidado por completo que tenías que venir esta mañana a darme la… tú me comprendes. Me he levantado tan contenta que no pensaba más que venir y hablar con Laura y Elisabeth, pero durante el trayecto las sensaciones que he sentido al caminar con mi culito en ese estado, era tan maravilloso, que no lo puedo explicar, pero a cada paso que daba mis braguitas se humedecían cada vez más, y pensando en todo lo que tenía que contar sobre lo bien que había ido nuestro… secreto.  Ya… no vale la pena hacer más cuento, pues creo que nos habéis descubierto, lo que no comprendo cómo habéis podido descubrirlo.
(John)-.    En cuanto llegue George lo sabréis, y eso de lo bien que os ha salido vuestro secreto, tengo serias dudas que sea así. Pero de ello ya hablaremos más tarde… Ves al servicio y adecéntate, quédate en el servicio hasta que te traiga las bragas limpias, por si se presenta George antes de que yo vuelva. Si te ve, seguro que te pone el trasero más colorado y caliente, de lo que lo tienes… Ya conoces su carácter, es muy impulsivo, y la disciplina se la toma muy en serio.
     Sonia se dirigió hacia la puerta indicada, lentamente desde luego. El trasero le molestaba mucho al caminar, escucho como se cerraba la puerta del despacho, John acababa de salir para traer una muda de bragas limpias para Sonia. Ella aprovecho el momento para llevarse las manos al culo y sobárselo libremente con total libertad, sobre todo sin consecuencias para empeorar el estado que ya se encontraba su maltrecho trasero, “Pobre culito como me duele…” dijo en voz alta. En ello estaba cuando sintió unos pasos ligeros en el pasillo, se apresuró a entrar al servicio no fuera a ser que se presentase el director y al verla decidiera calentarle el culo como había dicho John. Ya dentro del servicio se quitó la falda, dejándola depositada en una repisa de mármol del lavabo, se contempló ante el espejo, una sonrisa apareció en sus labios. Había llorado mucho hacia tan solo hacía  unos minutos, y su rostro era un poema con todo el maquillaje corrido, tanto de llorar, como por el haberse frotado los ojos con sus manos, o al secarse las lágrimas. Pero lo que la hacía sonreír era verse el trasero con una de sus braguitas preferidas, y las marcas de la vara saliendo de la parte que cubría su culo, y como estas le cruzaban sus nalgas hasta la parte lateral de sus muslos. Introdujo sus manos en el interior de sus braguitas, con la palma de la mano sobre sus nalgas, de manera que al descender por su trasero con el dedo pulgar extendido hacia atrás, arrastro el elástico de la prenda hacia abajo, al tiempo que con el resto de la mano introducida en ellas, las separaba de la castigada zona de su trasero, así las molestias al bajárselas eran prácticamente nulas. Excepto al agacharse para bajárselas hasta las rodillas, a partir de esa parte anatómica de sus piernas, las libero de sus manos dejándolas caer por su propio peso a sus tobillos. Luego sosteniéndose con las manos en la repisa del lavabo, levanto ligeramente primero un pie, para luego hacer lo propio con el otro. Luego con gran maestría como podría hacer cualquier mujer, con los dedos de los pies, enlazándolas por una pernera o por la cinturilla de las braguitas, solo tuvo que flexionar el pie levantándolo ligeramente a la altura de su rodilla, para así coger las bragas con una mano sin necesidad de agacharse y cogerlas del suelo, algo que al doblar la espalda e inclinarse le habría resultado arduamente dolorosa en su trasero.
       En la repisa del baño, en el rincón derecho había una pila de toallitas de paño apiladas una encima de otra, con la mano derecha agarro una de ellas y la puso bajo el grifo, el cual por célula fotoeléctrica se abrió el agua automáticamente. Mojo la toallita de paño, para a continuación escurrir el agua acumulada, no convenía aplicar la toallita sin escurrirla bien, lo que habría resultado nada halagüeño el dejar el suelo del baño con gotas de agua, de entrar al servicio John o George, ver el baño con el suelo lleno de goterones de agua, habría empeorado su situación más de lo aconsejable. Algo le decía en el interior de su cabecita, que aún no habían acabado con ella, y que posiblemente iba a sentir como hacían arder más sus ya doloridas y calientes nalgas. Con la toallita húmeda se la puso en sus doloridas nalgas, una caricia que aunque le dolió al ponérsela, por otro lado resulto aliviar aquel fuego intenso de su culo.
      Sonia escucho sonidos en el despacho, por un momento pensó que era John que había vuelto del parking, pero pronto se llevó el susto del día, al escuchar la voz del director George.
(George Aston)  .- John? John! Estas en el servicio? .- Sonia, se quedó en silencio y sin hacer ruido alguno -. Bueno aquí fuera te espero, supongo que las chicas no tardaran en llegar.
    Sonia respiro aliviada al saber que no trataría de entrar al servicio, tal y como estaba desnuda de cintura para abajo, habría sentenciado su trasero a una azotaina de nuevo. Haciendo en menor ruido posible, se lavó las partes íntimas así como sus muslos, secándolos con una nueva toallita seca. Y sin hacer ruido alguno espero a que regresara John.
     Al poco rato sintió unas voces al otro lado de la puerta, Susan y Elisabeth acababan de entrar al despacho, aunque no escucho sus voces al pedir permiso para entrar al despacho, los gritos del director George regañándolas era imposible no reconocer. Al igual, que poco después sentía llorar a Susan, para poco después escuchar el sonido de azotes sobre un culo desnudo. Al otro lado de la puerta debía de estar apoyada Elisabeth, pues la podía escuchar sollozar, mientras los azotes en el trasero de Susan se hacían más claros y audibles para Sonia. Fueron unos cinco minutos más o menos lo que duro la azotaina a Susan. Luego se escuchó la voz de George regañando a Elisabeth, y poco después era esta, la que lloraba desconsolada igual que el sonido de azotes se volvió a escuchar de nuevo, ahora era Elisabeth quien estaba recibiendo una azotaina.
     Poco después el silencio volvió a reinar en el despacho, solamente eran audibles los sollozos de ambas amigas de Sonia, por lo que podía imaginar, debían de tener las dos el trasero bien colorado, las manos del director Aston era muy conocidas por las chicas, y en los minutos que habían transcurrido y como sonaban los azotes sobre sus traseros desnudos, era más que probable que las dos habían acabado con sus culos colorados como tomates maduros. Aunque el suyo propio estaba mucho peor que el de sus amigas.
     Sonia permanecía en el más absoluto silencio, no deseaba delatar a George su presencia en el servicio, la habría ordenado salir, y no habría tenido más alternativa que salir de su escondrijo, y seguramente no se habría apiadado del estado de su trasero, precediendo los hechos a ser castigada, al igual que lo acababan de ser sus amigas. En esos pensamientos estaba su cerebro, cuando el corazón le dio un vuelco al oír que alguien llamaba a la puerta, era John que acababa de llegar.
(John)  .- Sonia!! Abre la puerta! .- Al escuchar su voz, Sonia entre abrió la puerta lo justo para que le pasara una bolsa de plástico reciclable, al otro lado en el despacho, se escuchó la voz de George maldiciendo y lanzando improperios hacia Sonia, por no decir que era ella la que estaba en el servicio, cuando él había creído que se trataba de John -. Cierra la puerta Sonia, y arréglate rápido, tienes dos minutos… .- La puerta se cerro -. Tranquilízate George, tenía instrucciones de no abrir esa puerta. No te pienses que no va bien servida, ya!
     A los dos minutos la puerta se volvía abrir apareciendo detrás de ella, Sonia. La cual se quedó boquiabierta al ver a Susan y Elisabeth, cada una en un rincón del despacho, con la falda levantada y sus bragas bajadas en los tobillos las dos, ambas tenían el culo de un rojo muy intenso, aunque claramente Susan destacaba por tener sus nalgas moradas, la profesora Lawton, bajo la cual Susan aún estaba sometida a su instrucción, por el castigo que la junta le hubiera impuesto, la cual estaría bajo su tutoría todo el resto del curso.
(John)  .- Muchachas ya pueden arreglarse sus ropas, súbanse las bragas y bájense las faldas… Luego tomen asiento en ese sofá, las tres!!!  .- Las dos chicas se subieron las braguitas, y dejaron caer sus faldas. Susan y Elisabeth miraron a Sonia, extrañadas del porque estaban en el despacho del decano John. Las dos al unísono, hicieron ambos gestos de ignorancia al porque se encontraban en esa situación. Sonia a sus miradas, bajo la cabeza. No se atrevía a mirarlas clara y directamente a los ojos. Se sentó en el sofá con mucha suavidad, acampanando su falda para sentarse sobre sus bragas, Susan e Elisabeth hicieron lo propio con sus faldas, sentándose como había hecho Sonia sobre sus braguitas. -. Bien, bien… George amigo, quieres hacer los honores y explicarles a las chicas el motivo del porque están en este despacho… Sonia ya conoce la situación… y no lo desmiente, tampoco tenía otra alternativa hay que aclarar, su precio a pagado y bien pagado…
(George)  .-  Solamente puedo deciros a las tres que sois unas desvergonzadas!!! No podemos comprender como habéis maquinado un plan tan… deliberadamente alocado e insensato, lo que habéis arriesgado es mucho más que hacer una apuesta sin un resguardo en la posibilidad de apostar a algo seguro! Habéis arriesgado vuestro futuro por una niñería, que solamente unas descerebradas podrían urdir un plan tan majadero!!  No sabéis, ni os hacéis una idea, de la suerte que habéis tenido.  Sobre todo tu, Sonia! En qué diablos estabas pensando para hacer semejante locura? Podrías haber arruinado toda tu carrera por una idea macabra… no imagino cual de vosotras tres tuvo esa genial idea, de organizar todo este embrollo para ser castigadas como unas niñas!!! Sabed que existen medios para experimentar esas sensaciones en la vida, sin tener que jugaros vuestro futuro. John dale al play al video….
      La televisión al dar al play, aparecieron imágenes del parking. Eran las imágenes captadas de las cámaras de seguridad de la universidad. En las primeras imágenes se veían a Susan e Elisabeth, con un destornillador rayando la pintura de varios vehículos. El primero el de la profesora Lawton, luego se apreciaba que el video cambiaba de fecha, y aparecían de nuevo rayando el vehículo del director George Aston. Luego volvía a cambiar la fecha de captura del video, apareciendo el vehículo de la profesora Sonia Adams y como las dos jovencitas universitarias, le ponían pegamento rápido en todas las cerraduras de las puertas delanteras y maletero trasero, además de con el destornillador rayarle el lateral izquierdo y derecho. Luego se escuchaba las risotadas de las dos chicas, y la voz de una tercera chica que no se llegaba a dejar ver, pero dos minutos más tarde según el video, aparecían en las imágenes Susan, Elisabeth y una tercera chica, a la cual no se le veía el rostro, hasta que en un momento dado, mira hacia atrás, sin saberlo hacia la cámara la cual capta que la tercera joven es Sonia.  Se apaga el video y las tres chicas se quedan con sus rostros de asombro pasmadas… sin saber a dónde mirar…
(John)  .-  Imagino que no tenéis nada que decir, verdad? Las imágenes os delatan a las tres. Y ya, de por sí mismas las imágenes son claramente acusatorias de vuestra canallada. Lo cual podría haber quedado como una gamberrada de unas adolescentes, sin más. Pero el paripé que montaste Sonia en el parking, es lo que nos desconcertó a George y a mí mismo. Algo que resultaba macabro el solo pensarlo que pudiera ser, una realidad. Por ello, lo dejamos en secreto sin contarle nada a nadie. Pues las pruebas no eran acusatorias de por sí mismas, necesitábamos pruebas claras para dar fe, a lo que pensamos desde el primer momento. La verdad es que George tuvo que hacer muchos esfuerzos para que yo diera credibilidad a sus acusaciones hacia vosotras y sobre todo a Sonia. Los primeros días, no daba crédito a lo ocurrido. Pero debía ayudar a una buena amiga a salir de un grave problema, por lo cual, me centre en encontrar la manera de salvarte el culo! Y halle una salida, quizás no fuera muy del siglo XXI, pero era una vaga posibilidad que siendo una universidad tan antigua, la cual el castigo corporal había llegado a ser algo habitual su utilidad, incluso en profesoras. Aunque muchas habían preferido el despido antes que pasar por la vergüenza de recibir una azotaina, sobre todo ante una junta tan carca!!!   Pero jamás me hubiera podido imaginar tal ocurrencia!!!!!!!!
     En ese instante hizo acto de presencia la Sra. Lawton quedando de pie delante de la mesa del despacho, a ella se unieron el Director Aston colocándose a su izquierda, y el Decano John          Lewiston se situó a la derecha de la profesora, pero antes de ello, dejo una silla  colocada junto a la puerta de entrada. Los tres se quedaron en silencio mirando a las tres culpables, hasta que en ese momento, entraba el conserje Arthur por la puerta, llevando en sus manos un paddle grande de madera, con toda la superficie apta para disciplinar llena de agujeros. Lo deposito sobre la mesa y tal como entro, volvió a salir sin mencionar palabra alguna. Fue la Sra. Lawton la primera que se movió hacia la silla, antes de sentarse en ella. Adelanto como medio paso adelante su pie derecho, para luego retirarlo hacia atrás dejando en ese espacio la zapatilla. Se agacho a recogerla sujetándola por el talón, se sentó en la silla blandiendo la zapatilla sobre su pierna derecha, dándose golpecitos y mirando a las tres muchachas fijamente. Ellas al verse observadas, desviaban sus miradas para no cruzarse ante la suya. Pero la suerte de quien sería la primera, ya estaba echada…
(Sra. Lawton)  .-  Venga usted aquí señorita Sonia! Hacía mucho tiempo que ya no probaba usted mi zapatilla, debería darle vergüenza el armar todo este escándalo para que le calienten el culo… Pues venga aquí, que se lo voy a calentar a base de bien… A que espera? No me haga perder la paciencia sinvergüenza…!!!
     Sonia miraba a sus amigas, deseaba que al menos la mirasen a los ojos. Eran sus amigas! Pero la culpaban a ella de que las hubieran descubierto. Sin encontrar una mirada que la acompañara en su congoja, se levantó del sofá, no sin hacerlo con mucha dificultad. Aquella mujer le daba verdadero pánico, ya desde niña y luego adolecente innumerables de veces la había castigado con aquella zapatilla endiablada. Es que nunca iba a utilizar esa bruja zapatillas de goma como todo el mundo? Esas zapatillas duelen, pero ni por asomo lo terrible que puede llegar a resultar sus zapatillas de suelas de esparto, del mismo material con el que era confeccionada, excepto el paño que era lo que el pie cubría, el resto era totalmente de esparto, por lo que dicha zapatilla era muy, muy pesada. Lo cual indicaba que era una tremenda pesadilla recibir una azotaina con semejante armatoste, hecho y fabricado, para hacerle ver las estrellas a quien tuviera la desgracia de toparse en su camino.
     A pasos cortos y torpes se fue acercando hacia aquella bruja con piernas y manos, mientras una mano se secaba las lágrimas de sus preciosos ojos, la otra tallaba el trasero de su falda, sin presionar demasiado, pues el culo le dolía muchísimo, y solo de pensar lo que se le avecinaba, por ello sus ojos estaban bañados en lágrimas.
(Sra. Lawton)  .- Bájate las bragas!
    Sonia, con parsimoniosa lentitud se introdujo las manos bajo la falda, segundos después, las bragas se las bajaba hasta medio muslo. Mirando a aquella bruja!
(Sra. Lawton)  .- Levántate la falda y ponte en mis piernas!  Rápido!  No me hagas perder más el tiempo! ya no eres ninguna niña precisamente! Pero vas a llorar como si tuvieras de nuevo doce años… No poder comprender jamás como una profesora puede llegar a estos extremos y provocar esta alocada situación, solamente para ser castigada como una adolecente traviesa. Pero te aseguro que te vas arrepentir el desear recibir azotainas a tu edad, treinta y dos años y poniéndote bragas de niña!!!
    Se levantó la falda con lentitud, dejando al descubierto su trasero a la vista de sus amigas. Ambas se pusieron la mano en la boca de sorpresa, al ver como lo tenía surcado por la vara. Lenta y pasmosa lentitud se echó sobre las rodillas de la Sra. Lawton, la cual al tenerla en su regazo, con su mano izquierda le palmeo en su brazo derecho, algo que Sonia sabía bien que debía hacer, así que dejo a su alcance su brazo derecho y que este fuese doblado sobre su espalda. Una vez la tuvo bien sujeta y lista para comenzar a darle la azotaina, esta comenzó. 
    El seco y sordo sonido de la zapatilla, ensordecería aún más el silencio de la estancia del amplio despacho si eso fuera posible. Pero las lágrimas de Sonia, enseguida se convirtieron en sollozos. Los azotes en el culo desnudo aumentaban en su ritmo, cada vez más rápidos iban cayendo sobre el ya dolorido trasero. Sonia, tocaba prácticamente el suelo con sus rodillas, y por el otro lado, el codo izquierdo el cual ese brazo estaba libre de presa alguna, tocaba en el suelo. Algo que hacía que la forzada postura impedía a la mujer poder pasar su brazo hacia atrás y tener la posibilidad de cubrirse el culo, por lo cual nada podía hacer para evitar que la zapatilla no diera en sus nalgas maltrechas. La silla era mucho más baja de lo habitual, justamente para que nada entorpeciera el trabajo a la Sra. Lawton realizar su labor, de darle una buena lección a la ex-profesora de ciencias. Veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta…, la azotaina se prolongaba más de lo que Sonia hubiera deseado. Apenas podía encorvar su trasero, lo movía levantando una rodilla, y luego la otra, o la misma varias veces continuadas, sus movimientos eran escasos, mientras la zapatilla era imparcial, tanto la azotaba en la nalga derecha, como la izquierda o en el centro mismo entre las dos medias lunas, noventa y cien. La zapatilla ceso en su movimiento de subir y bajar, impactando en el trasero de la muchacha la cual nada o poco podía hacer por intentar no ser castigada.
    La Sra. Lawton ayudo a la joven a levantarse de su regazo, pero no pudo más que dejarse caer sobre sus rodillas, quedando así abrazada a la que momentos antes en su mente llamase “Bruja”.
    Luego después de dejarla llorar, fue casi arrastrada aun estando de rodillas, a desplazarse andando en esa posición, de rodillas hasta la pared del fondo en la cual fue postrada de rodillas y brazos en cruz. La Sra. Lawton coloco dos tomos de la enciclopedia ilustrada, uno en cada mano.
    Sobre la silla se sentó esta vez el director George Aston, e hiciera lo mismo que la anterior la Sra. Lawton. Mirar y observar a las jóvenes que aún estaban sentadas, aunque no muy cómodamente por sus molestias en sus traseros. Esta vez quien o cual de las dos alumnas seria el turno de someterse a su castigo, por su alocada travesura.
(George Aston)  .- Señorita Elisabeth!!! Venga usted aquí inmediatamente!!! Y bájese las bragas!!!
    La cara de espanto se reflejó en Elisabeth, se quedó inmovilizada por el pánico al ser el director quien la fuera a castigar a ella, hubiera dado cualquier cosa por tal que no fuera él. Pero tampoco deseaba hacerle esperar demasiado, no era una persona a la cual le gustara hacerse repetir dos veces.  Así que, sacando fuerzas de su flaqueza. Se levantó del sofá y fue hasta el lugar indicado con el dedo índice del señor Aston. Igual que hiciera Sonia, metió las manos bajo la falda para bajarse las bragas, si el hecho de tener que recibir una azotaina y sentir como le bajaban las bragas era vergonzoso, el tener que hacerlo ella misma, aún era mucho peor.
(George Aston)  .- Levántese la falda y échese sobre mi regazo jovencita! Su falta no es tan grave como el hecho de una profesora, haga esto para que  azoten el culo, pero eso no cambia la situación de que no seas tan culpable como ella misma.
    La pequeña Elisabeth con la falda levantada por detrás, dejando su colorado trasero al descubierto, rauda se echó sobre las piernas del Director. Este la acomodo, ya que para este era complicado acomodar sus piernas con una silla tan baja, a lo cual sujeto a la joven de la cintura y levanto de su regazo, para así poder estirar su pierna derecha, con lo que coloco a la joven únicamente sobre su pierna izquierda, pasando la derecha a su vez, sobre la piernas de la joven. Ni siquiera se molestó en sujetar e inmovilizar su brazo derecho, hizo una seña a su colega el Decano John. Este sabiendo lo que deseaba le lanzo algo a las grandes manos, Susan quedo horrorizada al ver que instrumento era. “El Cepillo de madera de Fresno”. 
     La misma Elisabeth adivino con que instrumento iba a ser castigada ella, con solo sentir el primer azote en su culo desnudo. Al sentir tal impacto, ya rompió a llorar a la desesperada por el pánico que se apodero de ella. Los azotes rápidos y certeros la hacían revolverse sobre sí misma, algo que pese a no estar inmovilizada de manos, si tenía sobre su cintura enlazada a ella, el brazo izquierdo del Director el cual se bastaba para sostener en el muslo de su pierna izquierda a la joven. Sus alaridos, pues más que gritos o lastimeros “AYYES” la chica se debatía como su pequeño cuerpo le permitía, su trasero también más pequeño hacia que los tremendos azotes con el cepillo de madera de fresno, tuvieran en ella mucho más efectos. El culo, rápidamente paso de colorado a un tono entre rojizo intenso a morado. De la comisura de sus labios de tanto berrear por el dolor tan intenso, le caía la saliva junto con mucosidad, lo que hacía verdaderamente muy claros sus signos de algo insoportable, le picaba constantemente en su denudo trasero.
    Por fin para la pequeña Elisabeth la azotaina ceso, e igual que pasara con su compañera de castigo Sonia, quedo sobre sus rodillas y abrazada a quien tanto dolor le acababa de causar en su pequeño trasero. Poco después, hacia compañía a Sonia de rodillas y los brazos en cruz con otros dos tomo de la enciclopedia ilustrada sobre las palmas de sus manos.
    La silla fue ocupada por John esta vez. No hacía falta ni decir que debía de hacer la joven Susan. La cual se levantó ante la mirada atenta del Decano John, se puso a su lado y se bajó las bragas como su compañeras, tampoco fue necesario decirle que se levantase la falda, ella misma hizo lo propio dejando su grupa al descubierto y se tumbó sobre los muslos sin ser necesario mandárselo, quizás lo hiciera para que no fueran tan duro con ella, igual de mal que lo habían pasado sus compañeras. El culo de Susan no tenía nada que envidiar a Sonia, tenía el trasero tan maltrecho como lo podría tener ella, la tutoría de la señora Lawton no debía ser comer y cantar precisamente. El decano, sosteniendo a Susan en su regazo. Se desabrocho el cinturón y en dos veces, dado el escaso espacio de movimiento se sacó el grueso y recio cinturón de piel de serpiente, un cinturón muy rígido y pesado, el cual plegado a la mitad empezó a azotar el desnudo trasero de Susan, este algo más rollizo, hacía que el cinturón a cada impacto del mismo, pareciera cortar en dos las mullidas nalgas, varias franjas rojas cruzaron rápidamente sus nalgas. Igual que hicieran las chicas que le habían precedido, no tardo apenas en echarse a llorar. Su azotaina al ser la posición más forzada, también fue más larga e intensa, al acabar se unió a sus compañeras entre lágrimas también de rodillas y con ambos tomos de la enciclopedia ilustrada en cada una de las palmas de sus manos.
    Los tres encargados de impartir disciplina estuvieron hablando de sus quehaceres diarios, así como sus obligaciones laborales, mientras las tres muchachas permanecían de rodillas de cara a la pared, con los brazos en cruz mirando hacia la pared. A Sonia y Elisabeth ya hacía unos minutos que sus sendos tomos de la enciclopedia ilustrada habían caído al suelo, imposibilitados por más tiempo a sostener su peso. Los de Elisabeth tampoco tardaron mucho en caer al suelo. Media hora después…
(John)  .- Sonia!! Puede levantarte y permanecer de pie!!
Veinte minutos más tarde…
(John)  .- Elisabeth!! Puedes levantarte y ponerte al lado de Sonia!!
Veinte minutos más tarde…
(John)  .- Susan!! Puedes incorporare e unirte a ellas!!
     John se miró el reloj de pulsera…
(John)   .- Sonia!! Ven aquí ahora!!
    Sonia se acercó a donde estaban los tres tutores de disciplina, permaneciendo inmóvil. Eso sí, cuando le parecía que no la observaban se tallaba el trasero de su falda, aprovechando para sobarse levemente el trasero. y si no la decían nada, metía su mano bajo su falda y se estiraba por el elástico de sus braguitas para así aliviar la presión en sus nalgas.
(George)  .- Sonia! Ha llegado el momento de finalizar vuestra pesadilla. Al menos por el momento, debo informarte que has sido expulsada de la universidad!! Pero… Pero, solamente por los meses que quedan de curso. El año que viene podrás reincorporarte a tu puesto de trabajo, además podrás acabar tu doctorado en ciencias. Pero… estarás bajo nuestra tutela, y serás castigada cada vez que lo creamos conveniente para tu propio bienestar. Estarás siempre supervisada por uno de nosotros tres, los cuales te pondremos trabajos extras en el caso de no tener suficientes ocupaciones, no es necesario decirte, que cualquier error de conducta será corregida de manera inmediata.    Elisabeth! A partir de hoy, yo seré tu tutor en la universidad, no creo necesario decirte que mientras curses en esta universidad, estarás siempre bajo mi más estricta tutela y disciplina. En caso de acabar la carrera, y decidir ejercer en esta universidad, siempre estarías bajo la tutoría de cualquiera de nosotros tres. Susan! Tú seguirás bajo la tutoría de la señora Lawton, y lo demás mencionado para Elisabeth, también para ti será exactamente igual.
(John)  .- Sonia!! Inclínate sobre mi mesa!!  Por cierto Sonia!  Hay algo que George ha pasado por alto, no te creas que porque estés expulsada de la universidad no vas a  estar tutelada. Me he puesto en contacto con tu tío paterno, el hermano de tu padre que en paz descanse. Si levantase la cabeza y te viera, se volvería a morir de nuevo de la vergüenza que le darías como su hija. Sabes que tu tío tiene una hija, la cual a su vez también tiene otra hija fruto de un matrimonio no muy afortunado, iras a vivir con ellos hasta el inicio del curso siguiente, y volverás a su casa siempre que dispongas de días libres, él se encargara de administrar tu bienes, tanto económicos como la herencia de tus padres, mientras no tengas un marido adecuado que se encargue de ti y tu persona. Esta convenientemente informado de todo, por lo tanto, no me extrañaría que no te reciba con los brazos muy abiertos y si con el cinturón en la mano. Estoy seguro que te querrá explicar la vergüenza que ha sentido al enterarse de todo esto de ser expulsada de la universidad, por razones obvias, hemos pasado por alto el informarle de esta travesura, con tus dos amigas… Pero se le informaría en el caso de que fuera necesario, eso dependerá de ti. Ahora inclínate sobre la mesa!!
    La cara de Sonia al escuchar a John le hizo cambiar el semblante por completo, conocía muy bien al hermano de su padre y como se las gastaba. Aunque ahora mismo tenía una preocupación más acuciante. Se inclinó sobre la mesa, viendo aterrada como la profesora Lawton y el director la sujetaban cada uno de un brazo. Mientras John, detrás de ella le levantaba la falda, dejando a la vista sus braguitas de algodón. Muy graciosas por tener unos simpáticos ositos juguetones.
   John, agarro el paddle de madera con agujeros. Y sin mediar palabra alguna, le asesto un fuerte azote con el paddle. Sonia sintió como si le partieran el culo en dos, al sentir esa pala plana azotar sus nalgas, se retorció de dolor y levantaba sus piernas, así como dar saltitos y ladear el culo de un lado a otro… cuando se quedó algo más sosegada, sintió un nuevo azote en el culo, de nuevo salto, levanto sus piernas, contoneo sus caderas, y movió el culo en ambas direcciones… así resulto ser con veinte buenos azotes de paddle.
   Las tres chicas fueron autorizadas a salir del despacho, Susan y Elisabeth se sobaban el culo y caminaban separando sus muslos, para que sus bragas se mantuvieran quietas y no lijaran sus nalgas, pues le parecía llevar papel de lijar por bragas. En cambio, Sonia. La única que por ser la profesora y por tanto la culpable, le habían dado fuerte con el paddle, no solamente fueron veinte azotes, fueron veinte azotes por cada profesor… lo cual se reducía ahora al intentar caminar, pue le era imposible seguir el paso a sus amigas, al llegar a la calle las tres se pararon y mirándose, se echaron a reír, bueno… Intentaron reír, pues sus culos les dolían horrores sobre todo el de Sonia. Aunque esta, estaba muy preocupada por la visita en breve a la casa de sus tíos….

FINAL…





 

EL SHERIFF DE SPANKCITY SPRING´S CAP. 2



                             EL SHERIFF DE SPANKCITY SPRING´S     CAP  2

        La diligencia levantaba una gran polvareda a su paso, tirada por un tiro de seis vigorosos caballos, el conductor jaleaba a los animales a aumentar la velocidad por la llanura, a su lado iba sentado el escopetero de seguridad de la compañía de diligencias, que acostumbrado a esos aburridos trayectos dormitaba en el pescante, era extraño que se sostuviera con el vaivén del camino plagado de baches. En eso, que el conductor algo le desconcertó viendo unas figuras de jinetes en lo alto de una colina…
    .- Jack, atento quizás tengamos problemas, veo unos jinetes a tu derecha que nos observan.
    Estaban quietos como si esperaran algo, se cubrieron el rostro con el pañuelo que llevaban al cuello, en eso uno de los jinetes pico espuelas a los costados de su montura, los otros tres lo imitaron. Se lanzaron al galope tendido hacia debajo de la colina, por la ladera de la misma con el fin de cortar el paso a la diligencia. El conductor al ver lo que pretendían azuzo a los caballos con el látigo, aumentando la velocidad. Su acompañante disparo los dos disparos de su escopeta, para ahuyentar a quienes trataban de asaltar la diligencia. Algo lejos de la realidad, ya que estos sacaron sus armas abriendo fuego e hiriendo al escopetero en un hombro, cayendo del pescante, momento que el conductor tirando de las riendas a los caballos, intentando detener la diligencia, ya que los cuatro jinetes le cortaban el paso poco más adelante del camino.
    Unas tres horas después entraba la diligencia en el pueblo de Spankcity Spring´s, se detuvo delante de la oficina de postas. Bajaron los cuatro pasajeros dando gritos de que les habían robado, el conductor salto del pescante y entrando en el habitáculo, saco al escopetero herido en el hombro, varios transeúntes corrieron a ayudarle, mientras otros fueron corriendo hacia la oficina del sheriff. Minutos después llegaba a paso ligero un hombre fornido y corpulento con la estrella de seis puntas en su chaleco. La ayudante le seguía a unos metros más atrás, claramente no caminaba tan ágilmente como su jefe, mientras una de sus manos la llevaba en el trasero, como si se sujetara este para poder moverse con más agilidad, pero todo ciudadano sabía por qué no podía correr, aunque nadie pudo ver cómo era castigada por su jefe, varios pudieron escuchar los inconfundibles sonidos del cinturón impactando sobe las nalgas desnudas de la comisaria. No era ningún secreto que solía ser castigada a menudo por el sheriff.
   Después de realizar los correspondientes interrogatorios a los pasajeros y al conductor, quedo claro que los asaltantes eran cuatro mujeres jóvenes. El sheriff no tenía dudas que las asaltantes eran las hermanas Watson, así que se dirigió hacia su oficina para interrogar de nuevo a la prisionera. Laura, caminaba a su lado hacia la oficina…
    .- Vamos a hablar con Penélope Watson, seguro que nos dirá donde se ocultan sus hermanas. Ahora que nadie nos escucha, la próxima vez quédate en la oficina! Es que nunca vas aprender a obedecerme cuando te doy una orden? Te he ordenado que permanecieras en la oficina vigilando, las hermanas podían haber aprovechado este momento para intentar liberar a su hermana pequeña. Como he de decirte las cosas, eh? Es que no entiendes cuando te hablo? Vamos! Ahora te voy a enseñar a obedecer!
    Llegaron a la oficina, el sheriff abrió la puerta permitiendo que su comisaria entrara primero, tras ella entro el, momento que aprovechó la circunstancia para darle a su ayudante un fuerte azote en el trasero, cerrando la puerta de un taconazo. Laura se giró rauda al sentir el azote en el culo, a pesar de ser sobre el pantalón, le había dolido como si fuera sobre la piel desnuda. El sheriff la sorprendió agarrándola del lóbulo de la oreja izquierda, y tirando de ella la condujo hacia una caja de madera, en la cual apoyo su pie izquierdo, quedando su pierna flexionada en un ángulo de noventa grados, sobre la cual arrojo a su ayudante, quedando inclinada apoyando su barriga sobre el muslo de su jefe, en seguida sintió como la mano derecha del sheriff inicio una rápida tanda de azotes en su trasero, no la sorprendió que le diera esa azotaina. Sabía muy bien lo que iba a suceder una vez no hubiera nadie de testigo, sabía que había vuelto a cometer un grave error.
    .- Auuu… Que duro tienes el culo condenada!!! Me he hecho daño en la mano. Pero al final te aseguro que vas aprender a cumplir con tu deber. .- El sheriff retiro el pie de la caja que lo había apoyado para poder acomodar a su desobediente ayudante, y darle una azotaina. Laura cayo de rodillas al suelo, mirando de reojo por si su jefe se sacaba el cinturón, mientras se sobaba el trasero a dos manos. A pesar de haber recibido la azotaina sobre el pantalón, le había dolido horrores, solamente habían transcurrido horas desde la tarde del día anterior la cual fue castigada severamente con el cinturón sobre su trasero desnudo. -. Venga, ve a ver cómo está la detenida y tráemela para interrogarla. .- Entonces un ruido le sorprendió que procedía de las celdas, cuando se dirigía hacia ellas, la puerta se abrió de golpe apareciendo una guapa damisela, con dos revólveres en sus fundas. -. A quien tenemos el honor de tener en mi oficina? Pero si es, Maggie Watson. Condenada Laura, ves como tenia mis sospechas para que permanecieras de guardia!!! Luego hablare contigo!!!    Y tu… Qué diablos vas hacer para salir de esta oficina!!! Me gustara ver como lo consigues.
    .- Sheriff…!!! Va a pagar muy caro lo que le ha hecho a mi hermanita. Esta echada en su camastro boca abajo, le duele tanto el trasero que no se puede ni mover. .- Se situó valientemente delante del sheriff, con las manos muy cerca de las culatas de sus dos revólveres colt. -. Me gustara mucho agujerear esa estrella con estas maravillas. .- Al comentar se tocó las culatas de los dos revólveres en sus fundas.
    .- Puedes estar tranquila Maggie, pronto vas a tener ese hermoso trasero, tan dolorido como lo tiene tu hermana. Debías haber visto como luchaba por liberarse de mis manos, y como bailaba al son de mis azotes… .- Hizo enfurecer a su adversaria hábilmente con sus soeces comentarios, surtiendo el efecto deseado y que la chica fuera a sus armas presa de la ira.
    .- Cerdo!!! Ahora…ve…ras!!!
   La chica furiosa fue a sacar sus armas, pero solo un arma vomito plomo. Cuando se quiso dar cuenta de su estupidez, Maggie se encontraba desarmada por dos certeros disparos que con ventaja, el sheriff desde las fundas disparo primero adelantándose a la joven facinerosa. Ahora se encontraba encañonada e indefensa. El sheriff se acercó hacia ella, dándole una bofetada a la chica en la mejilla izquierda y de revés otra bofetada en la mejilla derecha.
    .- Con que,… Cerdo!!! Eh!!! Que modales son esos?  Ahora vas aprender modales, veras impertinente y osada joven, que siempre se está a tiempo para rectificar tu comportamiento, como vas a poder comprobar en un momento… me va a encantar ponerte ese precioso culo, igual que lo debe tener tu hermana Penélope.
    Maggie, se vio atrapada e intento escapar corriendo presa del pánico. A lo cual, el sheriff solamente tuvo que dejarla pasar por su izquierda, momento que la muchacha lanzo un grito de triunfo al verse libre, cuando la pierna izquierda del sheriff se interpuso en su vago intento por escapar, haciéndola trastabillar y salir despedida por su propio impulso, el cual aprovecho el agente de la ley para atenazarla por la cintura bajo su brazo izquierdo. Quedo atrapada bajo el brazo, y sostenida en volandas, mientras pataleaba y golpeaba al sheriff con sus puños en la espalda y muslos.  Se debatía por liberarse sin éxito alguno, la fuerza del agente de la ley era mucho mayor que el coraje de la muchacha. Que veía con sus ojos rojos por el terror ante la idea de ser azotada por aquel mastodonte, famoso por sus severas zurras con sus grandes manazas. La chica veía con verdadero pánico como era llevada hacia una silla, esta estaba situada en frente de la mesa de la oficina. Sin poder hacer nada por evitarlo, se vio sobre las rodillas de aquel a quien momentos antes llamaba cerdo… en un momento vio como la comisaria del sheriff, Laura se masajeaba su trasero. El pánico se apodero de ella, que en un último intento extrajo fuerzas para forcejear por liberarse de la tenaz fuerza del hombre, que con facilidad la sostenía sobre sus muslos, con su trasero a su plena merced.
   No tardo la joven en comprobar lo pesada que resultaba aquella mano derecha del sheriff, el cual comenzó a darle aquella temida azotaina. Sus piernas no tardaron en sentir los efectos caloríferos en su pequeño culo, que ya comenzaba a arderle como si le acabaran de poner brasas al rojo vivo encendido sobre él, como decía, sus piernas comenzaron a patalear en el aire, sus manos hacían lo propio por intentar llevarlas hacia donde partía aquel ardor, su trasero. La azotaina sobre su trasero revestido por aquel ajustado pantalón vaquero, poco o nada le protegía, pues los sonoros azotes continuaban cayendo sobre su culo indefenso. Sobre todo cuando sintió como el agente, introdujo la mano bajo su abdomen y notando como trataba de desabrochar su cinturón y liberar así la cintura del pantalón para ser bajado. Algo que inevitablemente sucedió, y sintió el aire fresco sobre su culo desnudo, mientras sentía el roce del tejido del pantalón siendo bajado hasta sus rodillas. Quedo su trasero al descubierto, aun con unas bragas azul celeste de algodón, la azotaina se reanudo sin pausas, ahora los azotes en su culo eran más intensos, ya que la tela fina de las bragas apenas la protegían. La chica cansada de luchar por liberarse, y con su culo ardiendo como si le aplicaran llamas sobre el, ceso en su lucha. Y cansada, se rindió a lo inevitable. No tardaron muchos minutos, en sentir como sus bragas eran bajadas junto al pantalón, y sobre sus nalgas desnudas sin protección alguna. La azotaina resultaba ardua y dolorosa. La muchacha lloraba sin tener ningún control, su trasero le dolía enormemente sin que pudiera hacer nada a lo inevitable. Al final la azotaina concluyo, y entonces fue sentada sobre el muslo izquierdo de aquel hombre robusto, fuerte donde los hubiera, y corpulento, teniendo el culo en llamas. Y así la chica sintió un abrazo de oso del hombre que había mancillado su trasero, con la peor azotaina que pudiera recordar en su infancia, lloro sobre el hombro de quien le acababa de dar tan tremenda azotaina. Una vez algo más calmada, fue puesta en pie. Desnuda de cintura para abajo, no sentía vergüenza alguna por mostrar su sexo con algo de vello y que lo pudiera mostrar a aquel cerdo. Poco después con gran estremecimiento sintió como sus braguitas azul celeste eran subidas cubriendo así su desnudez, su pantalón le precedió poco después siendo abotonado y abrochado con su cinturón. 
    Laura!   Lleva a esta desvergonzada con su hermana menor a su celda  y vuelve, tu y yo aún tenemos algo que arreglar…  Ya van dos!! Solo faltan tres sinvergüenzas, pero estas no tardaran en caer.
   Laura intentando mostrar entereza, sujeto a la infeliz Maggie. La muchacha fue conducida desapareciendo por la puerta, sin dejar de sobarse frenéticamente el culo por encima del pantalón. Al llegar a las celdas, fue encerrada en la celda contigua a la de su hermana menor, que con lágrimas en sus ojos observo como su hermana Maggie se sobaba el culo dolorido, estas habían sido derramadas mientras escuchaba como su hermana berreaba por la azotaina que recibía sin poder hacer nada para evitarlo.
   Laura, con gran temor salió del pasillo de las celdas entrando en la estancia de la oficina, allí la aguardaba su jefe sentado en la misma silla, que acababa de castigar a Maggie. Pero sus ojos negros como el azabache, se abrieron completamente al ver que portaba su jefe en su mano derecha. Sin que este le dijera nada, se acercó hacia el desabrochándose el pantalón con sus temblorosas manos, al estar situada a su derecha, se bajó el pantalón y luego con un temblor más acentuado se bajó ella misma sus bragas rosas de algodón, con unos dibujos de rosas en relieve salteadas, mientras  su mirada no podía más que mirar con terror aquel instrumento, “El cepillo de madera”. Lentamente se tumbó ella misma, sobre los muslos de su jefe. No fue mucho el tiempo que se volvieron a escuchar de nuevo el característico sonido de más azotes, acompañados de un llanto aterrador de la comisaria y ayudante del sheriff, Laura!
   

sábado, marzo 11, 2017

EL SHERIFF DE SPANKCITY SPRING´S CAP. 1


                                        EL SHERIFF DE  SPANKCITY SPRING´S    CAP 1



           En el horizonte aparecieron unas sombras de cinco jinetes, nadie del poblado presto atención a esa aparición. Era media tarde con un sol que rompía entre las pocas nubes en el cielo azul encarnado por la luz del astro solar. El calor sofocante a esas horas, no había ningún transeúnte que saliera de la protección de una buena sombra o dormitando echado en cualquier rincón.  Los cinco jinetes entraron en el pueblo sin ser vistos por ninguna mirada indiscreta, sus polvorientas ropas hablaban por ellas, debían de llevar varias horas cabalgando sobre sus oscuras monturas, tres caballos negros, y dos Marrones pardos. Guerreras de cuero, pantalones vaqueros, sus sombreros calados echados hacia adelante, nada que hiciera presagiar nada anómalo. Si no fuese por sus rostros cubiertos por unos pañuelos oscuros, eso sí resultaba fuera de lugar por el calor de esa hora de la tarde.

    Detuvieron sus monturas ante el almacén general, junto al abrevadero para que sus monturas se refrescaran del sofocante calor. Tres de ellos descendieron de sus monturas mirando a ambos lados de la calle, y se separaron de los otros dos abriéndose en abanico, con sus manos cerca de las culatas de sus armas. Uno el que permanecía en el centro, portaba dos revólveres muy bajos como todo pistolero ágil y certero, el de la izquierda portaba solo un revolver metido en el cinturón de su pantalón, una vez que se abrió su guerrera quedaba a mano de ser usado. El tercero de la derecha llevaba dos, un revolver a cada costado, todo hacía presagiar que algo tramaban. Que los otros dos, permanecieran sobre sus monturas lo confirmaban. Los tres entraron en el almacén general tintineando al caminar sus espuelas, en sus manos aparecieron sus armas empuñadas apuntando al almacenero tras el mostrador. Su rostro congestionado de estupor y levantando sus manos por encima de su cabeza bien estiradas. Los tres asaltantes avanzaron hasta el mostrador…

     .- Pueden llevarse lo que deseen…

   En ese instante sonaron tres disparos, seguidos de otro disparo de un ángulo distinto. Los revólveres saltaron de sus manos sin tocarles tan siquiera los dedos, ambas chicas dieron un grito de la sorpresa. Sus voces revelaron que eran tres damiselas jóvenes, dos de ellas echaron a correr hacia a la salida, la tercera aun sin recuperarse por la sorpresa, fue demasiado tarde para ella.

   Entonces de la penumbra del almacén aparecieron dos siluetas portando ambas unas estrellas en su pecho izquierdo, una del sheriff de seis puntas y la otra de cinco, lo que significaba que era un ayudante, en su caso una, pues era una mujer robusta armada con un rifle Winchester humeante entre sus manos. El sheriff armado con un colt 45 empuñado, salió tras ellas. Solo pudiendo dar alcance a la que quedo petrificada al escuchar los disparos y saltar el revolver de su mano derecha.  Esta fue sujetada por la ayudante cuando reacciono intentando escapar, pero ya fue tarde para ella, la comisaria del sheriff se le echó encima forcejeando, en la caída, la muchacha perdió el sombrero apareciendo su cabellera rubia. El pañuelo que cubría su rostro acabo bajándosele al cuello y su bello rostro…

    .- Penélope Watson, como te…

   Ante la sorpresa de la comisaria al descubrir quién era la joven, levanto la guardia. Momento que aprovecho la joven para asestarle un puñetazo en el rostro, y conseguir liberarse de los fuertes brazos, pero al echar a correr, la comisaria se arrojó a los pies sujetándoselos y esta volvió a caer al suelo, la comisaria desde el suelo sujeto de los pantalones tirando de ellos, para evitar que escapara. Algo que la muchacha arrastrándose por el suelo para escapar, sus pantalones dejaron al descubierto su trasero, cubierto por unas lindas braguitas rosas de algodón. Se arrastraba por el suelo sin lograr avanzar a pesar que sus manos resbalaban en el suelo de madera, al tener las piernas firmemente sujetadas, cuando el sheriff se puso ante ella. La chica presa del pánico vio como este se desabrochaba el cinturón, y tirando de la hebilla de un tirón, apareció este en el aire libre de las presillas del pantalón, lo doblo a la mitad y asesto uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis fuertes cinturonazós sobre el trasero indefenso de la joven, el cual bailaba a cada azote de cinturón arqueando sus caderas, quedando la chica postrada en el suelo en lágrimas y con ambas manos cubriéndose el trasero.  Momento que la comisaria del sheriff aprovecho para agarrarla de la cintura, y tal como estaba sentada en el suelo, la cruzo sobre sus piernas, le inmovilizo sus manos en la espalda sujetándoselas con la mano izquierda, mientras con la derecha comenzó a darle una azotaina en culo, aun cubierto por las finas bragas rosas de algodón.

    .- Ya está bien comisaria, Laura Sullivan!!! En la oficina pasaremos cuentas con la jovencita!! .- El sheriff cogió a la chica de los hombros y la levanto del suelo, aun con los pantalones bajados a los tobillos, se la puso sobre su hombro izquierdo, sujetándole las piernas con la mano izquierda, echando andar hacia el exterior. La chica llorando con medio cuerpo colgando sobre la espalda del sheriff, forcejeaba por librarse de la tenaza que representaba el fuerte brazo del agente de la ley, ante la vergüenza de ir sobre el hombro mostrando su rojo trasero y su ropa interior a los habitantes que se habían acumulado a la entrada del almacén general al oír los disparos. Con las manos golpeaba la espalda del sheriff, a lo cual la reacción fue darle varios azotes bien sonoros, ante las risotadas de los mirones que habían formado un pasillo de hombres y mujeres viendo la graciosa escena.-. Estate quieta condenada niña!!! O te pongo el culo al aire ante todos estos, y te doy una azotaina con las bragas bajadas!!!

   Ante la amenaza de desnudar su trasero ante todos los vecinos de Spankcity Spring´s, se quedó quietecita cerrando los ojos para no ver como todos se reían de la escena.  La ayudante Laura Sullivan, caminaba tras los pasos de su jefe sacudiéndose el polvo del trasero de su pantalón. Mientras el sheriff caminaba portando su carga al hombro, la bulliciosa multitud caminaban tras sus pasos, no querían perderse el espectáculo, sobre todo los hombres se reían dando aplausos unos y otros agitando sus sombreros al aire viendo las preciosas piernas de la joven así como su desnudo trasero, que ahora se cubría el rostro con sus manos.

    El sheriff entro en su oficina seguida de su ayudante cerrando esta la puerta, todos los bulliciosos mirones se quedaron fuera esperando. Su espera no fue en vano, pues minutos después se comenzaron a escuchar sonidos característicos y muy conocidos por los convecinos de Spankcity Spring´s, el sonido de azotes sobre el culo de la joven era lo que todos esperaban. Así como los aullidos de dolor de la detenida malhechora, los sonidos eran claramente de que la joven estaba recibiendo una azotaina sobre las rodillas de la autoridad.

   En momentos la puerta se abrió apareciendo la comisaria Laura…!

    .- Aquí no hay nada que ver!!!  Retírense todos a sus quehaceres, venga desalojen la calle!!

   Al abrir la puerta para entrar de nuevo la ayudante del sheriff, los habitantes mejor colocados pudieron divisar al fondo de la oficina, como la joven estaba echada sobre las rodillas del Sheriff, con las braguitas rosas bajadas y el culo más rojo que un tomate maduro, mientras la chica se debatía sobre las piernas por librarse de tan dura azotaina. El sheriff era un hombre fuerte, corpulento y fornido, con unas manos enormes, de manera que la mano que estaba azotando el pequeño y respingón trasero albergaba las dos medias lunas. La puerta se cerró no pudiendo seguir observando, aunque si eran bien audibles los “Ayyes”  de dolor de la muchacha así como sus lloros. La azotaina se prolongó durante varios minutos, hasta que los azotes cesaron.

   La ayudante recargaba su arma, y la guardaba en su cinturón canana, para después desprenderse de la misma, colgándola a la entrada de la oficina en donde también estaban las armas colgadas del sheriff. Cuando dejo de escuchar la sonora azotaina que su jefe le estaba dando a su detenida, se acercó a él en espera de órdenes. Pudo ver como la chica llorando se subía las bragas, así como después el pantalón tejano que se ajustaba como una segunda piel a su figura, luego la graciosa escena de cómo la chica la miraba a ella, mientras sus manos se sobaban su trasero con los pucheros en su rostro.

   .- Laura! Enciérrala en la celda del fondo y vuelve, tenemos que hablar…

   La ayudante agarro de un brazo a la joven, tirando bruscamente de ella, conduciéndola por una puerta desapareciendo. Minutos después regresaba la agente, su jefe estaba sentado en su despacho rellenando el informe de la detención para llevárselo al juez del territorio.

   .- Laura!!! Cuantas veces he de decirte que no debes ser tan persuasiva e impulsiva cuando estamos de servicio!!! Han escapado sus hermanas por tu culpa, por pretender como de costumbre intentar sorprenderme demostrando tu valía, podíamos tener a las cinco metidas en las celdas y solo hemos atrapado a una. Pero esta vez has ido demasiado lejos, desabróchate el pantalón y bájatelo. .- Laura, no intento disuadir a su jefe, sabía que tenía razón sobrada para regañarla e incluso castigarla. Algo que últimamente estaba sucediendo muy a menudo por sus torpezas. Con los dedos temblorosos se desabrocho el cinturón, soltó el botón, bajando la cremallera. Los pantalones al quedar desabrochados cayeron a sus pies por su propio peso, dejando al descubierto unas bragas blancas. .- Ahora apoya el pecho sobre la mesa, inclínate ahora mismo!!! Te voy a enseñar que no debes ser tan impulsiva, un día de estos nos puede costar la vida a cualquiera de los dos, y eso es algo que no lo voy a consentir que ocurra…

     Apoyando sus manos en la mesa, se levantó de su silla. Rodeo su mesa hasta situarse tras el cuerpo de su ayudante, la cual permanecía en silencio. Pudo sentir como las dos manos de su jefe, sujetaban la cinturilla de sus blancas bragas y como estas se las bajo hasta colocarlas por debajo de las rodillas. Apareció al descubierto unas frondosas nalgas, que se mostraban que no hacía mucho había sido castigada, pues aún se divisaban claramente varios morados de una azotaina anterior días atrás. El sheriff se coloco a su izquierda, y se desabrocho el cinturón para después  tirando de la hebilla extraerlo de las presillas del pantalón. Laura observaba sus movimientos en silencio, vio como doblaba el cinturón en dos a la mitad del mismo, y como le daba una vuelta sobre su muñeca derecha. Agarrando bien la correa con la mano, procedió a levantarla. El fuerte azote ce la correa cayó sobre las nalgas desnudas, como si profundizara en ellas abriéndolas en dos, apareciendo una franja roja a la extensión de la zona que había impactado el grueso cinturón. Laura, apretó los labios al sentir el azote. Apenas su cuerpo hizo movimiento alguno, y así fueron apareciendo varias franjas rojas en sus robustas nalgas, a partir del duodécimo azote, su culo comenzó a realizar movimientos a un lado y otro, la azotaina en una mujer fuerte como ella, la aguantaba con resignación. Pero al recibir el veintiunavo azote, de sus ojos apareció  cierto brillo en ellos. En el cincuentaiunavo su culo estaba más que rojo, era un rojo muy intenso, con claras zonas más oscuras, de sus ojos ya las lágrimas eran como las cataratas del Niágara, pero a pesar de la severa y dura azotaina, permaneció sobre la mesa aguantando la azotaina con gran entereza, como mujer fuerte que era. Otra hubiera lanzado alaridos a cada azote, y habría intentado escapar de tan severa azotaina. Con el último azote…

    .- Puedes reincorporarte y subirte las bragas, así como el pantalón y volver a tus quehaceres… y procura no vuelva a repetirse.

    Laura se reincorporo, se agacho con dificultad para coger sus bragas y subírselas, al pasar por sus nalgas, haciendo unas muecas y gestos de dolor se pasó la prenda íntima lentamente hasta ajustar en su cintura. Se sobo el culo, y volvió a agacharse haciendo nuevas muecas de dolor al doblar la espalda, así mismo los volvía hacer al reincorporarse, con suma delicadeza se pasó el pantalón por su trasero, abrochándolo con más gestos y de sus labios broto alguna maldición no audible. Luego se sobo el trasero a manos llenas y andando algo arqueada separando sus piernas, agito su culo sin cesar de sobárselo con gran frenesí, a pesar de su entereza, el culo le dolía horrores claramente, una vez sola en su habitación se echó sobre la cama echándose a llorar desconsolada, se había hecho la fuerte, era importante para ella mantener su entereza para dar muestras a su jefe de su valor y fortaleza, pero ahora lloraba como una niña con ambas manos en su trasero sobándoselo con suavidad, le dolía muchísimo más de lo que había mostrado mientras recibía la azotaina…