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sábado, junio 03, 2017

EL SHERIFF DE SPANK CITY SPRING´S Capitulo 5

     EL SHERIFF DE SPANK CITY SPRING´S     Capitulo 5 


    Patricia, la chica del salón permanecía en su celda sobre el camastro boca abajo, llevaba horas allá echada o eso le pareció a ella, desde que la dejaron allí las hermanas Watson. Aunque le rogaron que se escapara con ellas, prefirió quedarse en la celda. Que podría pasarle peor que lo que había sucedido hacia unas horas, solamente por ayudar a su jefa quien le había mandado ir avisar a las hermanas. Recibió una severa azotaina de manos del sheriff, simplemente por hacer algo que su jefa le había ordenado hacer, ella era inocente, no había visto a las hermanas Watson cuando fue interrogada en la mañana del día que fue el sheriff al salón e interrogo a todas las chicas. Solamente las conocía de verlas por el pueblo, en cambio su jefa Alison había sido buena amiga de la madre, pero el sheriff hubiera sospechado de ella, por eso le pidió a Patricia que saliera a optadillas y las avisase.
    Cuando la chica su estómago empezó a hacerle ruiditos de estar este vacío, fue cuando pensó que llevaba horas sin comer nada, entonces fue cuando pensó que podía salir de su encierro involuntario, para hablar con el sheriff contándole lo sucedido, sobre todo debía aclararle que ella era totalmente inocente, que debía dejarla salir de la celda de la comisaria.
    Con serias dificultades se levantó del camastro, nunca había sido castigada con una azotaina, ni siquiera de niña cuando fue abandonada en un orfanato teniendo tan solo unos meses de vida. En el orfanato vivió su infancia hasta que un día logro escapar de allí, los castigos en aquel lugar eran muy a menudo, pero solían encerrarla en un cuarto oscuro durante horas. Hubiera preferido que la hubieran calentado el culo como a otras niñas, pero esas otras, solo iban aquel lugar a recibir clases, tenían padres, lo contrario que ella que no tenía a nadie,  por eso no se ocupaban de ella, solo la mantenían dándole de comer y obligándole a hacer los trabajos más sucios e denigrantes, hasta el día que consiguió marcharse y no volver. Deambulando por el mundo de pueblo en pueblo hasta que fue recogida por una buena mujer, la dueña del salón la señora Alison Palmer. Desde niña había estado con ella, le había dado educación y ya siendo mayor con edad para servir, paso al servicio de chicas del salón, por ello estaba muy agradecida a la señora Alison y no dudo en realizar aquella tarea de ir avisar a las hermanas.
    Se levantó de aquel camastro medio encorvada hacia adelante, nunca hubiera imaginado que una azotaina pudiera ser tan dolorosa. A pasos cortos, consiguió salir de su celda caminando lentamente, en su trasero sentía como si le pinchasen con cientos de alfileres a cada paso que avanzaba, por ello prefería arrastrar sus pies a levantarlos del suelo, pues al hacerlo los cientos de alfileres parecían que estas se multiplicasen por mil. Sentía que sus piernas estaban siendo trabadas a la altura de sus rodillas, supuso que debía de ser por el intenso ardor que sentía en el culo, lo que la hacía andar sintiendo aquella sensación. Al salir de la celda y caminar por el pasillo que daba a la oficina del sheriff, la puerta estaba abierta entrando una luz solar, entonces pudo ver porque se sentía trabada a la altura de sus rodillas, se rio con una sonrisa forzada al descubrir el porqué. Vio que eran sus propias bragas bajadas a la altura de sus rodillas, con dificultad bajo sus manos buscando a tiento la cinturilla de aquellas bragas de algodón amarillas, al encontrar el elástico de la cinturilla, se las subió lentamente cubriendo su intimidad, aunque una vez ajustadas a su cintura, hubiera preferido haberlas dejado en donde las hayo. Ahora sin aquella traba en sus piernas caminaba con más facilidad, una sonrisa apareció en sus labios por lo tonta que había sido al no darse cuenta antes que las llevaba bajadas, pero era tal el dolor de su trasero, que ni había notado no llevarlas puestas. Su sorpresa al traspasar la puerta de la oficina fue muy desesperante, allá al fondo de la oficina estaba el sheriff sentado en su silla, atado y amordazado. Sus ojos centelleaban al estar inyectados de rabia e ira, cuando la vio aparecer. Patricia lo miro asustada sin saber bien lo que debía hacer, se acercó al sheriff el cual hacia ruidos ininteligibles moviendo la cabeza nerviosamente, como si quisiera decirle algo. Ella más asustada que nunca hubiera estado, se acercó y temblorosa le quito la mordaza de la boca torpemente.
    -. Suéltame pedazo de imbécil, vas a ver cuándo te pueda agarrar la que te voy a dar en el culo, hacerme esto a mí!!!
    -. She…sheriff… Yo le voy a ayudar a soltarse. Pero antes…quiero que me escuche… tranquilícese, por favor…
    -. Que me tranquilice desvergonzada!!! Mira como me han dejado tus amigas y esas indias de mierda!!! A ti te voy a dar tal azotaina que van a quitarte las ganas de volver a comportarte así, con la autoridad de este pueblo…!!!
    -. Sheriff… por favor debe usted escucharme y luego prométame que no me va a dar otra azotaina…
    -. A penas tenga las manos libres vas a ver cómo te voy a poner el culo. Desgraciada!!!
    -. Sheriff… si no me promete escucharme no le voy a soltar…
    -. Tu ganas! Está visto que me tienes en tus manos, pero como no seas muy convincente, sabes lo que te espera…
    -. Señor yo no le mentí ayer por la mañana cuando le dije que no había visto a las hermanas. Fue la señora Palmer quien me envió a avisarlas, porque ella temía que usted la tuviera vigilada, y me envió a mí, pero solo la obedecía a ella, señor. Me ha castigado hoy por nada, yo soy inocente sheriff…
    -. Bueno si eso… es así, me dejas más tranquilo claro, puedes soltarme ahora?
    -. Claro que si sheriff… -. Soltó las ligaduras de sus manos atadas a su espalda, y las ligaduras de sus rodillas y tobillos, había sido atado a conciencia. Nada más estar liberado coloco a la joven sobre sus rodillas y sujetando con dedo índice y pulgar de sus manos derecha e izquierda, le bajo las bragas a Patricia. .- Me prometió no castigarme sheriff!  
    -. Es cierto mi pequeña, te prometí si eras convincente en tus palabras. No te iba a castigar, es verdad! Y debo decir que has sido muy convincente, ahora ya no tengo duda alguna que fuiste a avisar a las hermanas Watson. Ya que tú misma me lo has confesado ahora mismo. Y que lo hiciste por orden de tu jefa la Sra. Alison Palmer. Luego le hare una visita a ella. Si, en vez de ir a avisarlas. Hubieras venido avisarme a mí, no tendrías el culo como lo tienes, y yo no tendría que volver a darte otra azotaina ahora. Comprendes?
    -. Pero… vaya, no había pensado en ese punto, la verdad. Pero las hermanas querían que me hubiera ido con ellas, y en vez de hacerles caso, me quede aquí… Y gracias a mí, se ha liberado de sus ligaduras, no puede perdonarme, por favor sheriff… me… duele mucho el… trasero…
    -. Pequeña! Es cierto que me has ayudado. Y eso, es un atenuante para no ser demasiado severo contigo, pero… la ley se debe cumplir, así la próxima vez vendrás a avisarme antes de actuar por tu cuenta, verdad que lo harás?
    No pudo responder la joven. El sheriff empezó a darle una azotaina en su trasero con la mano derecha. Patricia no pudo hacer más que someterse a su castigo, ella misma se había dado cuenta demasiado tarde de su error, no había pensado bien sus palabras, pues si se hubiera escuchado antes así misma, se habría dado cuenta que no tenía escapatoria posible, el sheriff estaba actuando legalmente sobre ella y estaba siendo considerado con ella. Los azotes en su dolorido trasero estaban haciendo que este le ardiera como si tuviera brasas al rojo vivo encima de él. Pero algo inesperado sucedía en su interior, su mente no podía creer lo que estaba sintiendo, la estaban dando una azotaina sobre las rodillas, tenía sus bragas de algodón amarillas bajadas en las rodillas. Pero en su intimidad se sentía así misma húmeda, como si aquellos azotes en vez de dolerle el trasero, ahora también sentía calor en su entrepierna. Era muy extraño para ella, pero sus caderas se movían de un lado a otro, lo que hacia la sorprendía a ella misma, estaba sobando su sexo desnudo sobre el muslo del sheriff. Algo que el agente noto perfectamente, y no se extrañó para nada de aquel comportamiento de la joven damisela. La azotaina que estaba propinando a la joven ceso, y en vez de azotarle el trasero paso a acariciar trazando círculos en sus nalgas, la joven ronroneaba como una gatita, en un momento de aquellas deliciosas caricias, la mano del sheriff descendió entre sus nalgas posándose en su sexo, este estaba bañado en sus propios fluidos, los dedos del sheriff juagaban ahora con el sexo de la joven que suspiraba de placer que le producían aquellas caricias. Sus dedos entraron en su cavidad sexual, haciendo suspirar de placer a Patricia, la cual cada vez entendía menos que le estaba sucediendo, pero solo estaba sintiendo placer delicioso, a pesar que le doliera el trasero, ahora lo sentía de manera muy diferente, era una mezcla de dolor y placer, algo que jamás hubiera sospechado. Entonces sintió algo frio en sus nalgas, el sheriff le estaba poniendo algo que se había sacado del bolsillo de su guerrera, era una especie de aceite, la joven sintió con placer como se lo iba restregando sobre sus nalgas, sentía un frescor delicioso junto con las caricias de la mano del sheriff, que al expandir aquel aceite entre sus nalgas y rozar su sexo con las yemas de sus dedos, la joven Patricia sintió como una fuerte oleada de calor, le hacía estremecerse de placer suspirando como jamás había sentido, algo que acabo en un segundo orgasmo de la joven. El sheriff le subió las bragas con delicadeza ajustándoselas a su cintura, ayudándola a incorporarse poniéndose de pie. El mismo sheriff se levantó de su silla y recogió el vestido que se había despojado tan solo hacia unas horas y le ayudo a ponérselo. La chica se sentía estúpida, le acababan de dar una azotaina y había gozado de ella, además tenía en su rostro una sonrisa de felicidad que no comprendía.
    -. Bien mi pequeña! A partir de hoy, ya no trabajas para la señora Alison Palmer. Ve, y recoge tus cosas, llévalas a mi casa, a partir de ahora será tu casa. Vivirás más ratos como este, de ahora en adelante, aunque tus nalgas no van a estar muy ociosas de ahora en adelante. Siempre claro está, que tú lo desees. Aunque algo me dice en ver tu dulce rostro que estás de acuerdo, verdad? -. Dándole una cariñosa palmada en el culo, la mando a casa. La joven salió de la oficina mirando hacia atrás, hacia el sheriff. Se sobaba el trasero con mucha gracia y sonriéndole al sheriff maliciosamente. .- ve a casa mi pequeña! A penas me sea posible me reuniré contigo para darte más friegas en el trasero… Ahora debo pensar en cómo dar caza a esas Watson y sus amigas indias. 


CONTINUARA…

EL SHERIFF DE SPANK CITY SPRING´S IV



                                  EL SHERIFF DE SPANK CITY SPRING´S   IV

     Melanie observaba en silencio como sollozaban sus hermanas menores, no podía explicarse que el ver como castigaba el hombre de la ley a Laura, les hubiera producido ese llanto. Penélope se acariciaba suavemente el trasero de su pantalón, Melanie entonces recordó la amenaza del agente de la ley. “Mañana serás tú la que tengas el culo como tus hermanas”, eso y ver como se sobaba el culo su hermana Penélope, luego observo a Maggie que hacía lo propio con sus manos, veía que intentaba acariciarse el trasero de su pantalón, pero apenas posaba sus manos, estas eran retiradas de ipso facto. La penumbra de la poca luz producida por una lámpara de aceite, podía observar los rostros de sus hermanas mirándola a ella, como si le reprochasen que se encontraran en esa celda, pero no era reproche. Era lastima.
    Entonces en su mente reapareció aquella fatídica imagen de Laura siendo severamente castigada, se dejó caer en su camastro, lentamente como si temiera el sentarse con rapidez. Como si ella fuera la que acababa de estar sobre las rodillas de aquel salvaje, entonces por primera vez se sentía impotente, ella, una mujer que siempre había sido fuerte para proteger a sus hermanas, ahora se sentía como una pequeña hormiga que podía ser aplastada en cualquier momento por un animal, un caballo, una liebre, un zorro.  Pero ella en unas horas sabía lo que iba a ocurrir, en cambio la hormiga, no podía presagiar lo que podría suceder, simplemente vivir su supervivencia. Melanie en cambio sí podía presuponer lo que iba a suceder en unas horas, y ese pensamiento le producía una terrible angustia. Su estómago sonaba con ruidos característicos de vacío, entonces recordó que llevaba horas sin comer nada. Pero en cambio, no tenía apetito alguno. No podía comprender que era aquello que la embargaba en aquella angustia que sentía en su interior, entonces se percató de ello, era miedo a lo que se le avecinaba y no podía hacer nada por evitarlo.
    Se levantó de su camastro, andando por la celda sin rumbo alguno. Andaba como una autómata sin saber o tener claro del porqué, solamente deambulaba de un lado a otro. Sus manos tanto se enroscaban entrelazándose una a la otra, como se cruzaba de brazos, como si sintiera frio. Pero su frente sudaba, no podía ser frio aquella sensación. Sus manos también las notaba que estaban suaves por el sudor. La preocupación cada minuto que pasaba se acentuaba más, aquella angustia la devoraba interiormente, como podía ser que ella, una mujer segura de sí misma, se encontrara en aquella situación. Resultaba desesperante el no poder escapar al futuro incierto, algo que le hacía presagiar que no era la mujer fuerte que ella creía que era. Aturdida por sus pensamientos le condujeron hacia el ventanal con rejas, desde donde se podía ver el cielo estrellado, con una luna llena en el firmamento lo que le hizo pensar, que no podían faltar más de unas dos o tres horas para que amaneciera. El ventanal estaba muy alto, ni moviendo arrastras el camastro pudo alcanzarlo, luego la pared de piedra, donde se incrustaban aquellos fuertes barrotes del ventanal, hacía imposible el poder moverlos o separarlos para fugarse, la puerta de barrotes forjados a fuego de hierro, hacía imposible el forzarla para huir, no tenía escapatoria. En el rincón vio un cubo de hierro, en cada celda había uno para que las presas hicieran sus necesidades, así que colocándose delante del cubo cilíndrico, se desabrocho el pantalón tejano propio de esas bastas tierras, se bajó las bragas e agachándose como si fuera a sentarse, pero manteniéndose a pulso desalojo el líquido que presionaba su vejiga, el sonido sobre el cubo rompió el silencio durante unos instantes, cuando las ultimas gotas indicaban que había acabado de orinar, se subió las bragas y posteriormente el pantalón. Entonces preocupada pensó que el ruido podía haber despertado al degenerado hombre de la ley, pero al fondo del pasillo de las celdas estaba la oficina, hasta ella podía llegar nítidamente como se le escuchaba roncar, aquello tranquilizo a Melanie.
    Entonces miro en derredor suyo, viendo a sus hermanas acostadas en los camastros en sus correspondientes celdas, que dormían boca abajo. Al otro lado del pasillo de celdas, estaba la celda que estaba Laura. Esta ya había dejado de sollozar y también dormía, aunque debía de dolerle muchísimo el trasero, porque aunque en sueños se la escuchaba quejarse del dolor. Melanie, ya no podía más, estaba agotada. Así que decidió echarse en su camastro, aunque la angustia no la dejaba coger el sueño pese a su agotamiento, unos minutos después se quedaba profundamente dormida.
    Amanecía esa mañana, debido seguramente a los nervios la primera en despertar fue Melanie. Vio a sus hermanas que aun dormían, tanto Maggie como Penélope, estaban durmiendo solamente en braguitas y estas, se las habían bajado dejando sus traseros descubiertos, miro entonces a la otra celda en la que dormía Laura, esta también se había despojado de sus pantalones y se había bajado las bragas. Como aun dormía, Melanie se fijó en el trasero de Laura, este estaba totalmente amoratado y con la poca luz del nuevo día, podía observar los laterales de sus caderas azuladas, toda la redondez de sus nalgas las vio más oscuras en dos semicírculos perfectos. Entonces la vio moverse y desvió su mirada para que no advirtiera la comisaria que era observada. Para observarla mejor sin levantar sospechas, se incorporó del camastro quedándose sentada, vio como nada más despertarse Laura, se deslizo del camastro hasta que sus pies tocaron el suelo, y luego eran sus rodillas las que flexionadas eran apoyadas en el suelo de madera. Poco a poco se fue incorporando su cuerpo, las bragas las tenía a la altura de medio muslo, sus manos apoyadas en el camastro las utilizo para izar su cuerpo quedando de rodillas al lado lateral del camastro, una vez en esa posición levanto una rodilla al tiempo para apoyar su pie derecho en el suelo, y así, con la ayuda de sus brazos pudo levantarse, pero Melanie escucho los ayes de dolor que produjo al incorporarse e enderezar su cuerpo para ponerse de pie, vio como Laura encorvada se llevó ambas manos a su trasero, pero solamente las coloco sobre él, extendidas apenas rozando ligeramente las amoratadas nalgas, que debía de dolerle mucho por la dificultad con que caminaba muy despacio hacia el rincón de la celda sin apenas levantar los pies del suelo, prácticamente los arrastraba para moverse.
    Lugar en donde estaba el cubo para las necesidades, al llegar a él, recordó algo que la hizo detenerse, juntando las rodillas sus bragas descendieron por su propio peso a sus tobillos, luego levantando un pie y luego el otro las dejo abandonadas allí mismo, a Melanie le pareció extraño aquel gesto, pues Laura miraba las bragas en el suelo sorprendida, debería recordar como su jefe se las había quitado totalmente y tiradas luego al suelo. No comprendía como había amanecido con ellas puestas. Melanie continuaba observando a Laura, la cual ahora estaba sobre el cubo de las necesidades, la miro extrañada pues había puesto un pie a cada lado del mismo, no tardo en averiguar la razón. En esa posición se levantó la camisa que llevaba puesta y un chorro ruidoso fue escuchado por Melanie. Laura estaba orinando de pie, algo que hizo que las hermanas menores se despertaran. En ese momento Melanie se preocupó de sus hermanas Maggie y Penélope. Las cuales se acababan de despertar por el característico sonido de orinar de Laura. El característico sonido, no solamente las despertó. Les hizo en ese momento recordar que también ellas tenían la imperiosa necesidad de evacuar sus vejigas. Melanie agarrada a los barrotes, vio como sus hermanas se levantaban del camastro con suma dificultad, las vio sentarse contrayendo sus rostros en varios gestos, lo cual, Melanie vio acongojada sus rostros contraídos por el dolor de sus traseros al apoyarlos sobre los camastros, las dos sin pantalones y las bragas bajadas a la altura de las rodillas. Entonces le llamo la atención Laura que abandonaba su celda solo con la camisa, apenas le cubría el trasero y la vio caminar en dirección a la oficina hasta que desapareció.  Dejo de mirar hacia la puerta que daba a la oficina, preocupándose de sus hermanas, Maggie estaba orinando en el cubo, Penélope hacía lo propio en su celda.
    .- Como estáis pequeñas…
    .- Tu que crees? Con el culo dolorido… -. Respondió la pequeña Penélope, acabando de realizar sus necesidades menores y mayores, limpiándose con un manojo de paja que había en ese rincón de la celda para tal menester..- estarás contenta de como tengo el culo por dejarme abandonada en el almacén…
    .- Cállate desgraciada! Si no lo hubiéramos hecho, no estarías tu sola en esa celda! Estaríamos las cinco aquí, con el culo en el mismo estado. Al menos Sofía y Betty aún están libres, o preferirías que estuviéramos todas con el trasero en llamas como los tenemos tú y yo. Y por desgracia, Melanie en breve también lo va a tener igual que nosotras. Sabes tan bien como nosotras que ese degenerado del sheriff no tiene rival con el revólver, y dando azotainas tampoco… Papa y Mama nos habían zurrado a todas de niñas, pero no recuerdo que me hubieran dolido tanto como la que me dio ayer ese monstruo. -. Maggie mientras regañaba a su hermana menor, se subía las bragas, y recogía su pantalón del suelo para ponérselo, haciendo todo tipo de muecas de dolor al agacharse a recogerlos, así como pasar sus piernas por la prenda. .- como molestan las condenadas bragas, “ayyy” y… estos pantalones!! De buena gana me quedaría desnuda, pero no le voy a dar ese placer a ese cerdo, por mucho que no soporte este picor en el culo…
    .- Pues yo llevo dos azotainas de él, y no veas como me duele el culo. .- Subiéndose las bragas con muchísima lentitud, igual que Maggie, también hizo aspavientos de dolor al recoger sus pantalones, al igual que al ponérselos. -. Me dio una el día que me detuvo, después de zurrar a esa infeliz, y otra al día siguiente para interrogarme de donde estabais escondidas, y ya veis de que me sirvió guardar silencio, esta tonta se metió ella sola en la boca del lobo, y encima dice ahora que en el almacén, no teníais nada que hacer las cinco. Y tú sola, idiota. Que pensaste que podías hacer, eh?
    .- Callaos las dos de una vez! Hay que pensar cómo podemos hacer para escapar de estas celdas….- Melanie se cayó al escuchar como Laura se le volvía a escuchar llorar, y poco después el sonido de azotes en la carne desnuda, hicieron en mudar a las tres hermanas, en silencio escucharon como lloraba Laura y como el sonido característico de azotes llegaba hasta ellas, unas lágrimas brotaron de las pupilas de Melanie.-. Ya está de nuevo azotando a esa infeliz.
    Durante varios minutos se prolongó el castigo de Laura, ninguna de las hermanas dijo una palabra más, pero Maggie y Penélope se miraban entre ellas, para luego mirar a su hermana mayor Melanie. Esta estaba muy angustiada, era lógico imaginar lo que podría estar pasando por su cabeza en esos momentos. El monstruo del sheriff se había despertado, y para mayor preocupación era, que se había levantado con no de muy buen humor por el cariz de las circunstancias. Melanie estaba muy asustada y no era para estarlo menos, pues tenía grabadas las palabras del sheriff la noche anterior, lo que la hacía que su angustia aumentase considerablemente. Mientras aterrada escuchaba la azotaina que estaba recibiendo en la oficina Laura, Melanie tenía el rostro congestionado por el temor, sabía que no tardaría en ser ella la que se estaría desgañitando de llorar, como lo estaba haciendo aquella infeliz. Instintivamente se llevó la mano derecha a su trasero, se acariciaba arriba y abajo la nalga derecha.
    En un momento dado, se dejaron de escuchar el ruido de los azotes, aunque Laura seguía llorando sin cesar. Cuando desde la oficina se escucharon unos gritos, eran del salvaje de la ley…
    .- YA ESTAS VOLVIENDO A TU ALOJAMIENTO, Y PONIENDOTE LAS BRAGAS MEADAS Y EL PANTALON!!! ME DA IGUAL SI HUELEN A ORINA!!! ASI APRENDERAS!!! NUNCA!!! NUNCA MAS VUELVAS A APARECER DESNUDA!!! ENTENDIDO!!! Y… YA ESTAS SACANDO ESOS CUBOS CON LA MIERDA, LIMPIA LAS CELDAS Y VENTILALAS… CUANDO ENTRE NO QUIERO OLER NADA!!!
    Laura entro en el pasillo de las celdas hecha un mar de lágrimas, las hermanas la vieron que venía con las dos manos en su trasero, llorando. Paso por delante de ellas sin siquiera mirarlas, entro en la celda que había pasado la noche, recogió las mojadas braguitas del suelo, y ante la mirada de las hermanas, se las puso ante ellas, así como los pantalones mojados de orina, pues estaban en donde se había formado un charco de orina la noche anterior.
    Con claros gestos de dolor sin dejar de llorar, Laura se dedicó a cumplir las órdenes que su jefe le había dado…
    .- Tú, ven aquí y apoya la espalda en los barrotes de la celda! Rápido! No tengo todo el día!
    Melanie obedeció apoyando su espalda a los barrotes de su celda, sintió como era esposada a los barrotes. Poco después su celda era abierta entrando en ella Laura, cogiendo el cubo sacándolo fuera de las celdas por la puerta de atrás. Poco después volvía a entrar y con una escoba barrio la celda recogiendo la paja del rincón. Luego hizo lo propio con las hermanas menores, una vez hubo aseado las celdas les quito las esposas a las tres y se retiró a la oficina, segundos después regresaba con una escopeta de postas, abrió la puerta de par en par dejando la puerta abierta para que se híper ventilara las celdas durante una hora. Mientras tanto la comisaria aguardaba afuera de guardia para que nadie se acercase cerca de la cárcel.
    Las celdas ya habían sido ventiladas, Maggie y Penélope se miraban entre ellas. Podían ver a su hermana mayor muy preocupada, estaba claro que el momento podía llegar en cualquier momento. Melanie se la veía muy nerviosa, su angustia, temor, y nervios iban a mas cada minuto que pasaba, en cualquier momento podía aparecer el sheriff por la puerta de la oficina que daba a las celdas y abrir la de Melanie. Entonces se escuchó un fuerte portazo en la puerta de atrás, esta se había cerrado de improviso. Maggie y Penélope se pusieron en pie esperándose lo peor, debía de ser el sheriff el que habría cerrado aquella puerta enfadado, pues después de lo sucedido de buena mañana era de esperar que siguiera furioso, tenía fama en el pueblo de ser un hombre duro que no solía calmarse con facilidad cuando se enfurecía.
    Las hermanas se encontraban sin aliento esperando en cualquier momento ver aparecer al agente de la ley entrando por aquella puerta, Melanie estaba aterrada, en el silencio de las celdas solo se escuchaba el latido de su corazón, el cual se podía escuchar sus latidos, cuando de la penumbra apareció un cuerpo que les resulto muy familiar a las tres hermanas Watson.
    Casi les da algo a las hermanas del susto, aquella sombra que habían visto en la penumbra se hizo visible. Era Laura la que apareció en aquella penumbra, pero para sorpresa de las hermanas esta llevaba las manos alzadas e iba desarmada sin la escopeta de postas con la que saliera hacia aproximadamente una hora. Laura fue avanzando lentamente sin hacer ningún movimiento brusco, tras ella, apareció el cañón de la escopeta de postas y luego las tres hermanas saltaron de alegría hacia los barrotes de sus celdas, aparecieron encañonando a Laura sus hermanas Sofía y Betty, la primera llevaba la escopeta de postas, la segunda Betty llevaba en sus manos dos revólveres Remington en sus manos encañonando a la comisaria.
    .- Sofía! Betty! Que alegría veros! Cuanto habéis tardado en venir a por nosotras!
    Betty le quito las llaves a la comisaria del sheriff y abrió las celdas, primero la de Melanie que era la que había hablado y se abrazó a su hermana Betty como si le fuera la vida en ello, no podía explicar la alegría que había sentido al verla a ella y su hermana Sofía armadas y apuntando a la comisaria. Melanie cogió las armas de su hermana, mientras esta abría las celdas de Maggie y Penélope abrazándose a ellas, en ese momento ninguna de ellas dos sintió molestia alguna en sus traseros castigados, era superior a sus traseros doloridos la alegría que sentían.
    .- Como os habéis enterado que estábamos presas las tres?
    .- Patricia, la camarera del salón de Alison vino a avisarnos que te habían detenido, Melanie. Por lo visto Alison vio cómo te trajo el sheriff anoche, y mando a Patricia a buscarnos. Hoy teníamos pensado rescatar a estas dos infelices, mira que venir tu sola Maggie! Te habíamos advertido que no era el momento oportuno, que debíamos aguardar el momento para salvar a la pequeña Penélope.
     .- No perdamos más tiempo y salgamos de aquí, antes que se percaten de nuestra presencia en el pueblo. -. Fue Sofía quien había hablado, y las cinco hermanas, después de encerrar en una celda a Laura, se encaminaron hacia la puerta de atrás para escapar..- Qué diablos le sucede a esta puerta? No se abre! 
    .- Bueno, no ocurre nada hermanas. Betty, dale una de tus armas a Maggie. Tú, Sofía dale esta arma a Penélope, bien, salgamos por la puerta principal todas al tiempo disparando al aire, la gente se esconderá al vernos!
    Abrieron la puerta que daba a la oficina y salieron las cinco hermanas Watson al unísono del pasillo que daba a las celdas como si fueran solo una.  Pero una vez en el centro de la oficina, para su sorpresa la puerta se abrió entrando el sheriff. Las cinco encañonaron al tiempo a la autoridad del pueblo, este al entrar confiado en su oficina llevaba sus armas en sus fundas, poniendo cara de póker al verse encañonado por las cinco mujeres.
    .- Quieto sheriff!! No mueva una mano si quiere seguir viviendo! Arriba esas manos monstruo!!! Te creías hijo de puta que me ibas a azotar a mí, eh? Ya ves cómo han cambiado las cosas cerdo!!!
    .- Chicas! Chicas! No os compliquéis más la vida! Hasta ahora no habéis hecho nada que sea un delito grave, hasta ahora vuestros delitos son menores y nada que con una buena azotaina cada una se pueda solucionar, en breves días estaréis las cinco libres!!! Eso sí, con vuestro trasero dolorido por varios días desde luego…
    .- Cabrón! Vas apañado si crees que me vas a poner de nuevo las manos encima! Mi culo no lo van a tocar tus sucias manos, cerdo!!!
    .- Maggie! Tienes un trasero encantador y vas a estar varios días, sintiendo mi mano en él cada día!
    .- Levanta las manos hijo de puta o te pego un tiro como a un perro que es lo que eres!
    .- Penélope, voy a lavarte esa boca con jabón. Solo eres una mocosa para hablar de ese modo a la autoridad…
    .- Te vas hacer viejo esperando poner las esas manos sucias en mis hermanas!!! Hijo de perra!!!
    .- Sofía, ya está bien! Me habéis cansado de vuestras bravuconadas, es hora de poner fin a esta comedia con estas niñas…
    Las cinco hermanas sonreían al oír las palabras de la autoridad competente, estaba encañonado por cinco armas y aun se mostraba bravucón y seguro de ganar. Pero al tocar sus dedos el percutor para cargar sus armas, escucharon a sus espaldas como varios rifles Winchester eran cargados al mismo tiempo. Entonces fue cuando las cinco hermanas miraron a sus espaldas, la seguridad que habían mostrado momentos antes con una gran sonrisa sabedoras de su victoria, paso a ser una apesadumbre en las cinco chicas al verse encañonadas por diez rifles a sus espaldas, estaban sin palabras, no se atrevía ninguna a articular palabra alguna, habían caído en una emboscada, en una trampa… detrás de ellas, habían diez hombres apuntándoles con sus respectivos rifles.
    .- Laura! Haz algo bien en la vida. Desarma a estas cinco cabezas locas. Rápido! Esta farsa ha durado demasiado tiempo, haciéndome perder mi tiempo. Algo que cinco niñas van a pagar en breve… Al igual que vuestros insultos, dudo que vuestro padre de estar vivo os hubiera permitido llegar a esto, sin poneros el culo ardiendo como un volcán en erupción.
    Laura entro en la oficina sonriendo, fue retirando las armas una a una, de cada una de las hermanas. Las cuales seguían sin comprender nada de lo sucedido, como había podido sorprenderlas de esa manera el sheriff, era imposible que conociera sus planes.
    .- Que te ocurre Sofía? Y a ti Betty? No comprendéis como yo lo sabía, verdad? Hacedlas entrar….- Dos hombres hicieron entrar a Patricia y Alison en la comisaria-. Me extraño mucho que Patricia saliera del pueblo a deshoras. Por lo tanto, hice una visita a Alison y canto de plano todo. Cuando aprenderéis que no podéis hacer las cosas sin organizarlas vosotras mismas, si dejáis que os organicen un trabajo, os arriesgáis que este no funcione o salga bien..- Mientras hablaba se había acercado a una silla, sentándose en ella-. Traedme a Alison!
    Alison la dueña del salón, fue izada del suelo por dos hombre fornidos y la llevaron hasta el sheriff, este en un momento la tenía sobre sus rodillas boca abajo, sin ningún tipo de reparo, levanto la falda a la mujer dejando su trasero al descubierto, llevaba unas bragas blancas grandes que le llegaban por encima del culo, estas fueron bajadas dejando su trasero desnudo, pero no estaba blanco como sería de esperar, estaba completamente colorado.
    .- Como podéis ver, fui persuasivo y con la máxima delicadeza la hice confesar. Laura! Acércame el cepillo de madera de fresno, es el más adecuado para esta circunstancia… Verdad Laura? Tú lo sabes muy bien, lo has probado infinidad de veces…
    La comisaria se sobo el culo con ambas manos, algo que los quince hombres que se hallaban en la oficina rieron al ver con la gracia que se sobaba el culo la ayudante. Por no mencionar como se había ruborizado la ayudante. Pero obedeció a su jefe y del cajón del despacho extrajo el cepillo de madera de fresno, el cual se lo entrego.
     Alison sobre las rodillas del sheriff empezó a sentir los efectos del cepillo, el agente de la ley, no hacia reparos entre un trasero joven o el trasero de una mujer en la cuarentena. Aunque el cepillo tuvo sus efectos en ella, como si fuera el trasero de una joven de dieciocho años, pues aunque el sheriff tuvo la necesidad de emplearse más a fondo con la adulta señora, logro que el cepillo causara sus efectos y Alison a pesar de estar en la cuarentena, rompió a llorar como una muchacha. Pero el sheriff tenía una fama que le perseguía a donde fuera, tenía la costumbre de hacer patalear y menear el trasero de manera descompuesta presa del enorme dolor que sentían sus víctimas al ser castigadas, y Alison no fue menos, hicieron falta unos azotes más en su gran y poderoso trasero, pero al final no pudo aguantar más acabando pataleando y contorsionando su cuerpo sobre el regazo del sheriff como una mocosa.
    Cuando el salvaje del sheriff dio por terminada la azotaina, dejo que la señora se levantara de sus rodillas, esta, una vez libre de la fuerte tenaza de estar sujeta mientras recibía aquella severa azotaina, se levantó con serias dificultades, y se subió las bragas blancas. Dejo que la falda cayera por su propio peso cubriendo la desnudez de su trasero, mientras se retiraba de la oficina hacia su salón, pues nadie le intercepto su camino, ni le impidió salir de la oficina. Una vez fuera en la calle, llorando a lágrima viva, sus manos se sobaban con frenesí su trasero pues le dolía horrores el culo.
    .- Esa condenada de Alison ya le ajustare las cuentas mañana! Dejadla marchar! Traedme a la joven Patricia. Esta sí que va a menear el culo a base de bien…
    Patricia fue llevada hacia el agente de la ley, entre dos hombres los cuales la izaron con facilísima facilidad, y en volandas la acercaron hasta el lugar donde aguardaba el sheriff.
    .- Así que fuiste avisar a las dos hermanas que quedaban en libertad, cuando te interrogue ayer en la mañana no sabías donde se ocultaban verdad? Y resulta que me engañaste, sabes lo que significa eso, pequeña? Que les vas hacer compañía los días que ellas estén encerradas, corriendo su misma suerte! Te aseguro desvergonzada que te voy hacer que te arrepientas de lo que has hecho! Te aseguro que cuando acabe contigo no te atreverás a volver a engañar a la justicia… Ahora ven, que te voy a poner sobre mis rodillas y ante todos estos testigos vas a lamentar el haberte atrevido a jugar conmigo. Quítate el vestido! Mientras estés aquí no te va hacer falta llevarlo!... bien, veo que no quieres obedecer a tu sheriff verdad? Chicos! Quitarle el vestido! .- Los dos hombres que la habían llevado en volandas, dieron unos pasos al frente para sacarle el vestido a la chica del salón, ella al verles acercarse, asustada se sacó el vestido con un sutil movimiento, quedándose en ropa interior y una blusa azul. A espaldas de la muchacha el sheriff solo tuvo que alargar sus manos, y bajarle hasta las rodillas las bragas de algodón amarillas, un color muy chillón, pero era lo habitual en una bailarina de salón y camarera, los hombres les gustaba verle las bien formadas piernas cuando alzaban sus faldas para hacerles así beber más y que la casa tuviera más beneficios.-. Ahora te voy a enseñar a ti, desvergonzada! .- Con facilidad fue colocada sobre sus rodillas boca abajo, sus nalgas blancas no tardaron en ponerse rojas como amapolas. Al contrario que su jefa, no tardo nada en ponerse a patalear como una posesa, sus manos intentaban aferrarse a algo o simplemente las agitaba alocadamente en el aire, por el fuerte ardor que estaba sintiendo en su trasero, a los pocos azotes del cepillo, ya lloraba desconsolada. El cepillo de madera de fresno, hizo en ella rápidamente los efectos deseados..- Aun te quedan ganas de volver a engañarme? Dime!.- Patricia no podía responder a su pregunta, era para ella una veleta, ni siquiera comprender lo que la estaba diciendo, o porque la regañaba. Bastante tenía en preocuparse en patalear alocadamente, cada vez que aquel dichoso cepillo azotaba una nalga o la otra, así como cuando era la base de sus muslos la zona afectada por los fuertes azotes del cepillo. Cuando el sheriff concluyo, está aún seguía pataleando en el aire con sus piernas, así como sus brazos seguían intentando aferrarse a algo, lo cual al dejar libre el sheriff la cintura de la joven, por donde la mantenía sujeta a su regazo, por la inercia de contonearse alocadamente, esta cayó al suelo hecha un ovillo.-. Por el momento mi pequeña sinvergüenza, ya vas bien servida, pero no creas que esto haya terminado ya por hoy…
    Las hermanas estaban acongojadas, ahora había llegado su turno. La pequeña Penélope lloraba imperceptiblemente, el culo le dolía de lo lindo, pero aún más le preocupaba volver a ser castigada de nuevo. Maggie por su parte, también le caían las lágrimas por sus mejillas, la angustia de ser azotada de nuevo la hacía que no pudiera centrar sus pensamientos. Sofía y Betty observaban aterradas con sus ojos bien abiertos. En cambio Melanie no pensaba en nada más que en la vergüenza que iba a pasar, si era castigada ante tantos hombres. Ya no sabía si, pensar en la suerte que sus hermanas hubieran ido a rescatarlas, o las maldecía por haberlo hecho. Solo el verse con sus partes íntimas a la vista de aquellos quince hombres, era superior a sus fuerzas. Sobre todo lo que acababa de presenciar la mortificaba aún más, había podido ver como Patricia mostraba sin ningún pudor toda su intimidad, no sería porque Patricia no sintiese vergüenza por ser castigada, pues bastante debía tener con sentir aquel dolor en su culo, como para preocuparse si al patalear estaba mostrando a los espectadores toda su intimidad.
    .- Bien hermanas Watson. Ahora ha llegado vuestro turno. Sacaros esos pantalones las cinco! Quedaos solamente en bragas… lo hacéis vosotras? o mando a mis hombres que lo hagan ellos.
    Las hermanas se miraron las unas a las otras, y luego vieron como los hombres que estaban a sus espaldas se acercaban a ellas con aquellas miradas lascivas. Por lo que todas empezaron a desabrocharse el botón de la cintura de sus pantalones, luego hicieron bajar las cremalleras y se bajaron ellas mismas los pantalones, acabando por quitárselos del todo quedándose solo con las braguitas.
    .- Veo que sois inteligentes, pero habéis defraudado a mis hombres. Ellos muy gustosos os los hubieran quitado. Bien, bien… cual de vosotras quiere ser la primera? Ya veo, pues seré yo quien lo decida por vosotras… Melanie tu serás la primera por ser la mayor de las cinco. Vienes por ti misma o hago que te traigan?
    Melanie miro en derredor suyo, y vio como las miradas de aquellos hombres deseaban tocarla en todas las partes de su cuerpo que ahora estaban bien expuestas a sus miradas, aunque le resultaba vomitivo acercarse ante aquel hombre, comprendió que la otra alternativa era menos alentadora, por lo que con resignación empezó a caminar hacia el lugar de la oficina en el cual se encontraba su verdugo.  Con la mano derecha se cubría la parte delantera de sus bragas, muy monas por cierto, eran unas bragas de algodón de la época con ramilletes de flores, muy coloridas y muy obvias en una mujer como ella, la mano izquierda obraba por su propia cuenta inconscientemente acariciándose la nalga izquierda y parte de la derecha dentro de la limitada extensión de su brazo, disimuladamente al acariciarse su nalga izquierda le pareció que enseñaba demasiado el culo aquellos hombres barbudos y desaliñados, por lo que el dedo meñique lo introdujo por el elástico de la pernera izquierda de sus braguitas, tirando del elástico hacia abajo e intentar cubrir en algo más su trasero tensando así sus bragas, como con la misma mano hacer lo propio con la parte derecha no era posible, cogió el elástico por el fondillo derecho de sus braguitas con el dedo pulgar e índice y lo estiro lo que pudo. Necesito su tiempo, pero aunque iba despacio caminando hacia el sheriff, este se lo permitió porque debía disfrutar viéndola ir hacia él, con aquella mirada perdida para no mirarle a él. Cuando Melanie llego a su costado derecho, sintió con repugnancia como el sheriff posaba su mano en su cintura, justamente entre el fin de su espalda y en el elástico de la cinturilla de sus braguitas. Melanie temió que en ese instante que le bajase las bragas estando de pie junto a él, tal como había visto que se las había bajado a Patricia y quedar así expuesta totalmente a las miradas de aquellos asquerosos hombres que la desnudaban con sus ojos. Pero por fortuna no fue así.
    .- Ya la tenemos aquí muchachos! Tranquilos en breve la veréis retorcerse sobre mis piernas. Pero antes de nada, debemos hacer memoria de sus fechorías en el pueblo durante los últimos meses, me habéis creado muchas preocupaciones tú y tus hermanas. Intento de atraco al almacén de repuestos, para vuestra desgracia yo estaba allí adquiriendo este cepillo de madera de fresno. Ya has podido ver, que su uso no está destinado para bañarse, en breve lo vas a probar por ti misma en esta delicia que tienes por trasero.- Una fuerte palmada restallo en el trasero de la joven Melanie.-. Suena muy bien, verdad? En otro momento me explicaras como te apresaron los indios, de los cuales te rescate, los tenías muy furiosos… El mes pasado, sin ir más lejos. Tus hermanas Sofía y Betty provocaron una estampida de las reses del otro lado del cañón del colgado. Tiene gracia, tiene ese nombre porque en el colgaron a tu padre, esas reses eran mías, murieron cincuenta cabezas de buenas reses, todo porque a tus hermanas no se les ocurrió otra cosa mejor que estar cazando un zorro, los disparos provocaron la estampida. Luego les pasare las cuentas de esas reses muertas.
    .- Pero ellas no sabían que estaba ese ganado pasando por ese cañón…
    .- No me vuelvas a interrumpir….- Dos sonoras palmadas volvieron a sonar en las temblorosas nalgas.- Esas reses me habrían reportado unas ganancias de dos dólares por libra de carne para el ejército. Sofía y Betty venid aquí raudas. Recordad lo que les ocurre a las chicas que cazan donde no deben.
    Las dos chicas se habían quedado heladas al escuchar su nombre, no daban crédito a lo que escuchaban, en su espanto vieron como el agente de la ley iba hacia ellas a grandes zancadas, pasando entre ellas, las agarro a las dos de las orejas, tirando de ellas hacia adelante las obligo a caminar hacia la silla, apenas se sentó sobre ella, ya tenía a Betty sobre sus rodillas comenzando a darle una azotaina con la mano sobre las bragas de algodón blancas, solo adornadas por un bordado fino en sus elásticos de su cinturilla y perneras.  Melanie se abrazó a su hermana Sofía, mientras escuchaban sin otro remedio como su hermana Betty se quejaba con lastimeros “Ayees” a cada azote en su trasero. Podían observar con lágrimas en sus ojos, como se retorcía Betty de dolor, como sus piernas forcejeaban con el aire por librarse de aquella mano que caía implacable en su pequeño y respingón trasero. Sujetándola de su mano derecha tiro de ella hacia la derecha, haciéndola caer a sus pies. Estiro la misma mano hacia ese lugar, y agarro a Sofía a la cual coloco sobre sus rodillas, la cual no tuvo ni tiempo de reaccionar, cuando ya sentía en su trasero los manotazos del sheriff, la azotaina fue dura, pero igual que hiciera con Betty no le bajo las bragas, no fue una azotaina muy intensa en tiempo, solo era desahogar su enfado al recordar cómo habían fallecido aquellas reses de su ganado, pero si fue lo bastante intensa como para que por el borde de sus bragas asomase lo colorado que les había puesto el culo a las dos desafortunadas. Melanie estaba en el suelo de rodillas consolando a su hermana Betty, le acariciaba el cabello rojizo, mientras Betty se acariciaba el culo con sus dos manos, sentía en las palmas de estas el intenso calor que emanaba de sus nalgas. En unos minutos, Sofía se acurrucaba a sus hermanas llorando. Tenía el culo ardiendo como brasas al rojo…
    .- Bien, desvergonzadas!!! Podéis volver a vuestro puesto, en breve os ajustare las cuentas como es debido. No era justo, que vuestra hermana recibiera una azotaina estando enfadado por vuestra culpa, y que ella recibiese lo que es vuestro!!! Nada en este mundo me va a privar de azotar vuestros culos, pero lo justo es “Que lo que es del Cesar, lo reciba el Cesar” y ahora Melanie, llegó el turno de calentarte el culo como es debido, a conciencia… Ven aquí para ponerte sobre mis rodillas…
    Melanie ayudo a sus hermanas a incorporarse, estas se abrazaron a ella, no deseaban dejar a su hermana mayor a la suerte que se le avecinaba. Ambas tenían en sus traseros las razones grabadas a fuego en ellos, pero su hermana mayor les susurro que volvieran a sus puestos. Las dos obedecieron y con serias molestias en sus traseros, algo que todos los presentes pudieron apreciar por la manera que las dos chicas se sobaban el culo a manos llenas vigorosamente. Cuando la mayor de ellas se volteo para mirar al sheriff de Spank City Spring´s, su garganta hacia el sonido en su interior al tragar su propia saliva, sus piernas apenas la sostenían en pie, de no ser por la vergüenza que pasaría, se habría orinado en las bragas del temor que hacia presa en ella. No podía mirar hacia el lugar en el que la aguardaba su suplicio, aunque sabía que en parte, solo en parte, se merecía la azotaina que la aguardaba. Era cierto que había asaltado el almacén de repuestos, y eso merecía un castigo. No dudaba que se mereciese dicha azotaina, pero porque tenía que ser aquel monstruo que disfrutaba castigando un trasero, y no ponía reparos a que fuera una muchacha atractiva o una señora ya madura como la señora Alison. Melanie andaba resignada hacia aquel que llamaba monstruo, y no se refería a que fuera un hombre desfigurado o desaliñado como muchos de los presentes. Era un hombre viril y fuerte, cualquier mujer se rendiría a sus pies. Pero Melanie no era esa mujer, ella no caería rendida a sus pies, pero muy a su pesar iba a caer sobre sus rodillas y recibir una azotaina en el trasero con suerte con su mano, suerte, porque mucho peor sería sentir el impacto de aquel odioso cepillo. En su mente pasaba la idea de acabar cuanto antes, pero como iba aguantar ser castigada y ver como lo eran sus hermanas, acababa de ver como Betty y Sofía recibían una azotaina sobre las rodillas de aquel ser, y su alma se le había caído al suelo al verlas retorcerse de dolor. Sin darse cuenta por sus divagantes pensamientos, había llegado frente al sheriff el cual se palmeaba su muslo derecho para que se echara ella sobre él.
    .- Y bien pequeña! Te vas a echar sobre mis rodillas o… te voy a tener que poner yo sobre ellas…  se acabó mi paciencia…
     El agente de la ley se impaciento ante la espera, se había acabado o colmado su paciencia, levantándose agarro a Melanie y en breves segundos la tuvo echada sobre sus rodillas. La conocía bien, sabia sobradamente que ella se moriría de la vergüenza, por lo cual, una vez la tuvo echada sobre sus rodillas le puso la mano en el culo, ella actuó como era de esperar su mano derecha la cual quedaba libre de la tenaza del sheriff, se la llevo a su trasero para apartar aquella osada mano que le palpaba el culo por encima de sus bragas de algodón. Su mano izquierda permanecía sujeta sobre su espalda, por la fuerte y grande mano del sheriff que se la había doblado sobre su espalda, así la mantenía inmovilizada sobre sus rodillas, la mano derecha no tardo en unirse a ella, ya solo le quedaba menear el culo de un lado a otro, e intentar liberarse de aquella mano osada y desvergonzada que la manoseaba su trasero a placer.  Sus dedos penetraban bajo sus bragas tocando sus nalgas, Melanie se retorcía asqueada por la manera que era violada su intimidad, la mano del salvaje sheriff bajo por sus nalgas por debajo de sus bragas hasta llegar al fin de estas, punto donde se hallaba el sexo de la joven, esta, se revolvió más violenta juntando sus muslos para que la mano no siguiera más. La fuerte presión de los muslos impidieron progresar más, aquello molesto al sheriff, extrajo la mano bajo sus bragas y estiro la pernera derecha por el elástico, luego estiro la pernera izquierda, para por ultimo coger el elástico de la cinturilla de las bragas que cubrían el trasero, tirando de él, las subió hasta quedar bien tensas y el fondillo de las bragas hicieron ante la tensión hizo que las bragas marcaran mejor y más precioso aquel redondo trasero.
    Las hermanas desde su lugar veían como el salvaje manoseaba el trasero a su hermana mayor, sentían nauseas e impotencia al nada poder hacer por ayudar a su hermana mayor, Penélope aun con molestias en su trasero sentía pena por sus hermanas Betty y Sofía, las dos aún se sobaban sus traseros que permanecían muy rojos, por la rojez que sobresalía por las perneras de sus bragas, se apreciaba claramente en el ribeteado del elástico con una puntilla de punto muy sugerente, pero que hacía que el borde de las braguitas fuera más esterilizado para una prenda íntima femenina, lo que resaltaba más en las bragas de las hermanas, sobre todo el gusto por utilizar dichas prendas las cuales las hacían ser más juveniles. Maggie las observaba desde su posición, el cómo sus hermanas mayores se sobaban sus rojos traseros, cuando Maggie vio en sus hermanas como cambiaba su semblante de dolor, y cambiaban a estar horrorizadas hacia el punto que tenían clavada su mirada, entonces fue cuando Maggie se percató que algo sucedía. Mirando en la dirección que miraban sus hermanas, pudo ver como Melanie acababa de ser acomodada sobre las rodillas del sheriff, se puso la palma de su mano en la boca, para ahogar su grito de terror. En breve pudo ver cómo sin mediar palabra alguna, su hermana estaba recibiendo la azotaina anunciada. Contemplaba aterrorizada como la mano del salvaje de la autoridad descargaba con fuerza inusitada sobre el trasero de Melanie, la cual nada podía hacer para evitarla, los azotes caían implacables sobre su trasero revestido por aquellas preciosas bragas de algodón, acababa de comenzar la azotaina a su hermana mayor.  Maggie y sus hermanas no podían mantener la mirada, era su hermana mayor, cualquiera de ellas hubieran preferido ser ellas las que estuvieran en su lugar.
    El sheriff se mostraba enérgico como de costumbre, había comenzado la azotaina y deseaba dejar por sentado cuanto antes que no iba a ser nada considerado con las cinco jóvenes, los hombres allí presentes siempre habían tenido aquel hombre, como alguien que envidiaban por su suerte de poder tomarse aquella manera de emplear la fuerza, a la hora de tratar a las mujeres o las chicas que se salían del buen camino y del orden en el pueblo, tenía a Melanie sobre sus rodillas, había iniciado la azotaina de manera muy elocuente a su forma de actuar, Melanie por su parte permanecía impasible intentando simular su entereza, era la mayor de las hermanas Watson y no podía desfallecer su voluntad y de no mostrar debilidad ante sus hermanas Penélope, Maggie, Beth o Sofía, era la mayor se decía así misma, pero en su mente no paraba de inculcarse valor así misma, infundirse unos ánimos que cada vez estaban resultando claramente demasiado difícil, teniendo el trasero ardiendo de aquella manera tan intensa, sintiendo aquella mano de aquel desconocido, una persona que solo había visto miles de veces como un vecino más del pueblo, quien hubiera sospechado que aquel desconocido acabara siendo el sheriff y quien la tuviera en sus rodillas en esos momentos dándole una dolorosa azotaina.
    “…Debo aguantar…, -.no paraba de decirse asi misma.- , no puedo…AAAUUU rendirme AAAUUUU! Mierda! Como duele! No va a lograr hacerme llorar, pero jo… como arden, tengo el culo que me abrasa,… va listo AAYYY, va listo si cree este salvaje que voy a gritar y retorcerme de dolor como mis hermanas, ellas son casi niñas, pero yo soy una mujer!, no me doblegare AAAYYY….AAAYYY….AAAYYY… Cabrón! Será Bestia! Porque me tiene que pegar tan fuerte…AAAYYY… porque no me baja las bragas de una vez y acabamos con esta farsa…o pesadilla….AAAYYYY…AYYYY….AAYYY… Como duelen! Mierda! Mierda! Mierda! No sé si voy a poder aguantar mucho más…”
    El sheriff se estaba empleando a fondo, aplicaba la azotaina sobre el trasero de Melanie de manera firme y concisa, no tenía intención de dejar ni un centímetro, sin haberlo azotado a conciencia, descargaba su fuerte y gran mano, tanto sobre la nalga derecha, como sobre la nalga izquierda, o arreciando el ritmo de los azotes, azotaba en el centro del trasero recubierto por aquellas preciosas bragas blancas con aquellos ramilletes de flores floreados de colores diversos, mientras sonreía de manera socarrona disfrutando y azotando aquel excelente trasero, la de veces que había soñado con este momento, tenía un trasero muy bien formado, no estaban nada mal el de sus hermanas menores, eran mujeres que se habían criado en una granja, por lo cual ninguna había demostrado ser débil. En esos momentos recordaba la azotaina que le dio a Penélope, y como había soportado la azotaina al comienzo, pero su resistencia no duro demasiado, al bajarle las bragas, fue el bastión de resistencia que la quebró. Seguramente con Melanie pasaría algo similar, pero deseaba seguir disfrutando de la visión de aquel trasero formidable aun revestido con sus bragas blancas y aquellos ramilletes de flores. Ese estampado en sus dibujos hacía más delicioso azotar el trasero. Por no mencionar el delicioso tacto de su mano al impactar sobre el culo blandito, y como la tela de algodón de las bragas le causaba una sensación extraordinaria en la palma de su mano, así como apoyar la mano y sentir como irradiaba aquel calor a través de la prenda íntima. Se había dado cuenta que la joven tenía intención de hacerse la valiente, a pesar de la manera que movía sus caderas de un lado a otro, pero apenas movía sus piernas, a él le encantaba hacerlas patalear y ver como estiraban sus piernas a un lado y a otro, pero Melanie se mostraba dura en su orgullo, debía hacer algo y debía ser contundente. Hubiera preferido continuar dándole la azotaina sobre las bragas, pero tenía que demostrar a sus esbirros que con el ninguna mujer engreída iba a poder con él o destruir su fama de hombre rudo con las mujeres, sobre todo si a estas las tenía sobre sus rodillas.
    .- Laura! Tráeme el frasco azul que hay en el primer cajón de mi mesa, rápido! -. Nadie respondió a sus palabras -. Donde estará esa cabeza loca de mi ayudante? Laura!!! Se puede saber dónde estás ahora metida? ¬-. El sheriff miro hacia las celdas y la vio. Mejor hubiera sido que no la hubiera visto. Pues la vio como estaba acostada en unos de los camastros en una de las celdas, con los pantalones bajados en los tobillos, y las bragas bajadas a las rodillas, mientras su mano derecha desaparecía bajo su camisa, su boca entreabierta lo definía todo… .- Que alguno me traiga a esa degenerada, rápido!!!
    Un hombre que estaba más próximo a la puerta de las celdas desapareció tras ella, segundos después volvía con una Laura sujeta del brazo trastabillando con sus propios pantalones en sus tobillos, los cuales acabaron por salirse de sus pies, y con las bragas trabándole las rodillas, fue llevada ante el sheriff el cual no dudo un instante en echarla encima de la espalda de Melanie, y sacándose muy forzadamente el cinturón, le dio unos buenos correazos en el culo desnudo de Laura. Todos los presentes se quedaron sorprendidos al ver como el sheriff, después de asestarle unos buenos correazos en el trasero que se lo cubría la camisa, levantarle la misma, dejando expuesto ante la mirada de los presentes el trasero de su ayudante. Todos se taparon los ojos al contemplar el culo desnudo de la comisaria del sheriff, al verlo todo marcado de aquella manera tan salvaje, tenía el trasero negro por completo, con los bordes de sus nalgas en un morado más claro. Las hermanas que habían oído la azotaina en la celda de enfrente la noche anterior, no habían podido vérselo con la claridad del día, incluso en la penumbra de la mañana al levantarse, no habían podido apreciar con claridad nítida como lo estaban presenciando en ese momento. Varios hombres ante tal visión, salieron de la oficina al parecer su sensibilidad no podía continuar con aquella visión. Los que salieron fuera no pudieron evitar escuchar como los azotes del cinturón, resonaban sobre las muy magulladas nalgas de Laura dentro de la oficina y como solo eran silenciados por los “ayes” desconsolados de la pobre ayudante.
     Quien tampoco lo paso nada bien fue Melanie, la pobre con las nalgas ardiendo, tuvo que soportar la vergüenza de tener a la pobre ayudante sobre su espalda, teniendo que aguantar su peso, por si ello fuera poco, tuvo que soportar la manera compulsiva de como la pobre Laura, se debatía en su dolor pataleando con sus piernas en el aire, haciendo que la pobre Melanie tuviera que aguantar además de su peso, los gritos que esta daba. No es que le molestase que ella gritara al sentir en sus nalgas desnudas la quemazón que producía aquel cinturón de piel de serpiente. Todo lo contrario, sentía lastima por ella. Pero al mismo tiempo la aterraba ser ella la que pudiera llegar a gritar de la misma manera y forma. Ello la atormentaba, pues debía ser muy doloroso sentir aquel cinturón en sus nalgas.
    El sheriff enfrascado en castigar a Laura, no había prestado atención como varios de los hombres habían salido de la oficina, dejándolo en clara minoría ante las hermanas Watson. Pero más sorprendido quedo, al sentir en su cuello el filo de un cuchillo, intento revolverse ante aquella sorpresa inesperada, pero quedó paralizado, no por miedo, si no, porque al levantar la vista vio a cuatro hombres, que al igual que el mismo, tenían cuchillos amenazantes en sus cuellos. Y como otras diez chicas indias les apuntaban con sus arcos armados con flechas apuntándole a él.
    -. Pluma blanca! Tenías que ser tú, no podía ser otra desde luego! Pequeña cierva! Ya veo que te has visto arrastrada a hacer esta locura! Tú, hija de oso gris, también te has dejado enredar por estas locas!!! Y todas vosotras igual! Vuestros padres os ajustaran las cuentas cuando hable con ellos…. Sobre todo vuestro jefe Gran Oso, estará muy orgulloso de vuestra proeza…
    -. Tú, callar rostro pálido! Llevarnos a nuestras hermanas de sangre. No seguir o nosotras disparar…
     El sheriff en su oficina se quedó atado y amordazado a su silla, igual que los hombres que se habían quedado, también atados y amordazados.
    Con dificultades se vistieron las hermanas poniéndose los pantalones, iban a montar a caballo al salir, pero resulto ser muy molesto cabalgar con sus traseros doloridos, sobre todo para Maggie y Penélope que eran quienes llevaban sus traseros más doloridos, pero pusieron varias mantas sobre las sillas de montar, para ir mas cómodas, pero aun así fue un suplicio cabalgar, pero peor hubiera sido quedarse en la comisaria en compañía del sheriff…

    -. Podíais haber llegado antes, no?
    -. No poder escapar poblado. Nuestros guerreros cazar búfalo y estar poblado celebrando la caza buena!!! Venir antes no posible, hermana Melanie.
Continuará…
   
 
   


   
  

martes, abril 11, 2017

EL SHERIFF DE SPANKCITY SPARING´S Capitulo 3



                                         EL SHERIFF DE SPANKCITY SPARING´S       Capitulo 3

        El sol estaba en lo más alto debían ser como las tres de la tarde, un jinete cabalgaba en su caballo al paso supuestamente para no fatigarlo por el calor, rastreaba unas huellas de varios caballos. Llevaba desde el alba cabalgando buscando un indicio de las hermanas Watson. Iba pensando en las dos que ya tenía detenidas y en su mente estaban los traseros de las otras tres, siempre había deseado poder colocar sobre sus rodillas a las Watson, eran cinco bellezas orgullosas como su madre la cual había tenido sobre sus rodillas de joven, era una mujer de ideas fijas, y muy a menudo era frecuente verla caminar con cierta dificultad, su padre era un hombre rudo como era habitual entre los granjeros, no permitía que su pertinaz hija se le subiera a las barbas. Las dos detenidas las había interrogado esa misma mañana, con la intención de averiguar donde podrían ocultarse sus hermanas, pero no habían confesado donde podrían ocultarse sus hermanas, es más, tuvo que usar algo de persuasión para hacerlas hablar con educación, pues no se mostraron muy por la labor de facilitar información, y menos aún, habían olvidado como tenían sus traseros ambas, aunque  sus traseros acabaron  volviendo a recibir de nuevo por los improperios e insultos contra el agente de la ley, este se encargó de manera inmediata de hacerles ver su error.
    Sus hermanas eran las tres mayores y las más difícil de lidiar, no sería fácil dar con ellas… Cuando el sheriff se apeó del caballo, había visto algo que le había llamado su atención. Eran unas plumas de ave, las cogió para examinarlas. Al momento se dio cuenta que no era una ave salvaje, aquellas plumas no podían haber llegado hasta allí solas. Pertenecían a un ave de granja, un pavo para ser exacto. Levantando la vista pudo ver que el rastro se salía del camino hacia un bosque cercano, fue algo que le extraño, era un buen lugar para hacer una emboscada si se habían dado cuenta que las perseguía, por lo que cogió las riendas del caballo y andando con el animal tras su espalda, siguió el rastro. En su mente tenia a las tres hermanas, se deleitaba imaginando en cómo iba a disfrutar coloreando sus traseros y que rastreaba desde hacía unas horas, se le paso por la mente que dichas forajidas podrían emboscarse en aquel bosque, por lo que tomo las máximas precauciones moviéndose con el viento a su contra, para que no fuera percibida por alguno de los animales, y pusieran en alerta a las chicas.
      Con mucho sigilo se ocultó tras unas rocas las cuales pudo divisar después de vadear la colina, donde dejo su caballo atado a un árbol, continuando solo ocultándose entre las piedras. Fue cuando diviso no muy lejos en un claro del bosque una columna de humo, debían de ser las hermanas. Sin hacer ruido fue acercándose lentamente, cuando un ruido le cogió desprevenido, pero ya fue tarde para revolverse quien fuera aquella sombra, le había cogido la delantera. Una sombra salió de no se sabe dónde, la sombra cayo sobre él, acabando ambos rodando colina abajo, su atacante con un cuchillo intento clavárselo en el pecho, la rápida acción del sheriff evito la acción sujetando aquella mano. La lucha se prolongó hasta que el agente de la ley logro desarmar a su atacante y quedar sentado sobre su cuerpo, en el forcejeo pudo ver que se trataba de una chica joven y atractiva, muy conocida en el pueblo.
   .- Diablesa estate quieta diablos!!! Mira a quien tenemos aquí. Luna blanca, te has escapado de tu poblado? Que dirá tu padre, Zorro Gris. Cuando sepa que te has escapado del poblado y que has robado en la granja de los Mcgregor, porque ese pavo es de su granja cierto?
    .- Yo no robar, pavo estar en camino y yo atrapar.   
    .- Así? Y como ha llegado hasta el camino, ese pavo es de granja y no vuela, no hay ninguna huella de ave.
    .- Unas rostro pálido, huir al verme! Ellas llevar ave! Yo solo cazar cuando ellas irse.  
    .- Eran tres mujeres blancas? .- La joven india movió la cabeza asintiendo a la pregunta del sheriff, la dejo incorporar y ponerse en pie sin soltarle las manos las cual coloco a su espalda y la hizo avanzar hasta el lugar donde había dejado su caballo, de una de las alforjas extrajo un cuerda para atarle las manos a la muchacha india, no tendría mucho más de diecinueve años. .- Mira que desastre has hecho con tu cuchillo, endiablada india!!! Me has rasgado la camisa con tu cuchillo! Pero ya te voy a enseñar yo! Desgraciada!! 
      Sujeto a la muchacha de un brazo y tirando de ella, la arrastro prácticamente hasta hallar donde colocarla sobre sus rodillas,  se sentó en un tronco de árbol que debía de haber caído por una tormenta. Donde coloco a la joven india sobre sus rodillas, sacando el cuchillo de su funda, corto el pareo le la chica, dejando el culo desnudo a la joven. El sheriff volvió a guardar el cuchillo devolviéndolo a su funda, para acto seguido comenzar azotar el trasero desnudo. La chica apretaba los dientes mientras sentía como la mano del sheriff azotaba sus nalgas desnudas. Tenía un bonito trasero, pequeño y respingón. Pero la chica no lanzaba ni un solo gemido, ni siquiera pataleaba o intentar el liberarse de aquella mano izquierda que la sostenía sobre las rodillas del agente de la ley de los rostros pálidos. Aquella entereza la chica india comenzaba a desesperar al sheriff, a él, le encantaba que una chica se debatiera sobre sus rodillas, y que con sus fuertes manos las chicas rompieran a llorar a los pocos azotes. En cambio la muchacha india ni lloraba, ni forcejeaba, ni luchaba por liberarse. Aunque de sus ojos brotaban lágrimas, pues si, el culo lo tenía ardiendo por la prolongada azotaina, la cual estaba siendo severa, pues el sheriff se estaba empleando a fondo como siempre hacia cuando le calentaba el culo a una chica. Pero el sheriff no se rindió. Viendo que la chica india se estaba aguantando el echarse a llorar, decidió utilizar algo que la hiciera gritar de dolor en sus nalgas. Se levantó del tronco, al tiempo que levantaba a la muchacha india, apoyando el pie izquierdo  sobre el tronco, coloco a la muchacha india sobre su muslo izquierdo. Se desabrocho la cartuchera donde llevaba su revólver, y seguidamente después de depositarla en el suelo, se sacó el cinturón de las presillas del pantalón tejano. Doblo este a la mitad enrollándolo en su mano derecha, sujetando en esta, la hebilla y el otro extremo del cinturón. Comenzó a azotar con todas sus fuerzas el culo desnudo de la muchacha, al sentir esta, como sentía el abrasador azote en sus desprotegidas nalgas, no tardo en ponerse a gritar y a llorar desconsolada, pero a pesar de que el sheriff había logrado su objetivo y que ahora la muchacha india si pataleaba y forcejeaba con sus manos por liberarse, el sheriff aun siguió unos minutos castigándola en su trasero desnudo, hasta que la chica agotada dejo de luchar, para llorar desconsoladamente.
    Cuando el sheriff concluyo o dio por finalizado el castigo, coloco a la muchacha boca abajo sobre su montura, delante de su silla de montar, a la cual, el sheriff se sentara subiendo a su caballo, una vez puesto su cinturón y recogido del suelo su revolver. La muchacha al llevar sus manos atadas a su espalda, ello no le impidió poner sus manos en sus doloridas nalgas.
    Después de dos horas de cabalgar, el sheriff entraba al poblado indio de los apaches, tribu a la que pertenecía la india, fue Zorro Gris quien saliera a su paso. Habiendo sido informado por sus guerreros los cuales habían informado, por medio de señales de humo cuando el agente de la ley entrara en su territorio hacia una hora. Le habían informado que su hija Luna Blanca, iba echada sobre la montura del rostro pálido con estrella en el pecho, así de como llevaba el trasero la joven india.
      .- Vengo en son de paz, gran jefe Zorro Gris. Aquí traigo a tu hija pequeña, Luna Blanca. Le dado unos buenos azotes como gran jefe puede ver, me ataco en el bosque de la vaguada del sol naciente, como le decís los apaches! Atacar a gran jefe blanco tiene sus consecuencias!
     .- Mi esposa se encargara de mi hija, soltar ahora! Jefe rostros pálidos fumar pipa con Zorro Gris.
     El agente de la ley cogiendo el cuchillo de la funda, cortó las ligaduras de la muchacha india, ayudando a deslizar a la joven de su montura, una vez tocaron sus pies el suelo, una mujer mayor cogió de la mano a la muchacha y se la llevo a su tienda. Poco después la chica lloraba desconsolada, se escuchaba de fondo el sonido inconfundible de una vara.
     .- Luna Blanca se escapó del poblado hace una luna, ahora mi primera esposa le está explicando que hizo mal, al escapar del poblado como decís rostros pálidos.
    El sheriff estuvo una hora dialogando con el jefe de la tribu apache, así como el motivo que le había llevado a entrar en su territorio. Poco después volvía a ver a la muchacha india, caminar con serias dificultades y sentarse detrás de su padre, haciendo gestos de dolor al sentarse.
     .- Hija! Pide disculpas a jefe rostro pálido!
     .- Lo siento jefe rostro pálido. No ser intención atacar a rostro pálido con estrella en pecho. No volver hacer.
     Al disculparse la muchacha india, se llevó por instinto las manos a su trasero frotándose vigorosamente, hora ya cubierto por un nuevo pareo.
     .- Doy las gracias a rostro pálido por traer a Luna Blanca, hija de mi tercera esposa!  En compensación Zorro Gris hace regalo a rostro pálido. Capturar mis guerreros hoy, cuando buscar a mi hija. Espero que regalo quedar en paz, por devolver a Luna Blanca.
     Varios guerreros se movieron con rapidez, retirándose a un tótem que había en el centro poblado, a él tenían atada una chica blanca, la cual desataron y la llevaron ante su jefe.
     .- Que tenemos aquí!!! Si es Melanie Watson, la mayor de las hermanas. Rostro pálido acepta gustoso tu regalo, Zorro Gris. Ya solo quedan dos hermanas por detener, pronto os voy a tener a las cinco entre rejas… Melanie, te estaba buscando a ti y a tus hermanas, al menos no he perdido el tiempo del todo, te tengo  ti.
     .- Sheriff, le agradezco que haya venido a buscarme. Quien sabe lo que me hubieran hecho estos salvajes, prefiero la cárcel, que estar en sus manos!
     .- Cuando estemos en mi oficina hablaremos muy seriamente de vuestro atraco a la diligencia y el intento de robo al almacén de repuestos! Harás compañía a tus hermanas en la celda!
     .- Suélteme las manos!!! No me voy a escapar.
     .- No! Por el momento esas ligaduras no te las voy a soltar…
     .- Como voy a montar en su caballo? Se puede saber cómo voy a ir? No pretenderá que vaya caminando!
     Unos guerreros acercaron su caballo al sheriff, montando en él.
    .- Estira tus manos hacia mí!
     La joven estiro sus muñecas esperando que fuera liberada de sus ligaduras, pero lo que no esperaba es que el hombre de la ley, la agarrase por sus muñecas y la izara colocándola tumbada delante de él, tal y como había cargado a la joven india. El sheriff resoplo al fijarse en como el pantalón de la chica resaltaba su rollizo trasero, no pudiendo evitar el impulso de darle una sonora palmada en el culo, la cual levanto volutas de polvo. La chica respondió agitando sus caderas al sentir que el sheriff se había sobrepasado dándole esa palmada en el culo, lo que al ir sobre el lomo del animal como si fuera un fardo, no fue mucho.
   .- AAAAYYYYY…!!! Cerdo! No vuelva a tocarme el culo!
   .- Cuida tus palabras Melanie! A no ser que desees que te dé una buena azotaina, estas en una posición idónea para calentarte el culo…
   .- Ni se le ocurra, salvaje!!! Le voy a…
   .- En mi oficina ya hablaremos de esto!!! Ahora vamos. Arre caballo, volvamos!!!
    El regreso no fue cómodo en absoluto para Melanie, durante el camino no pudo evitar que las manos del sheriff sobaran su trasero, o que acomodara sus codos sobre su espalda, haciendo el trayecto más incómodo para ella. Ya entrada la noche entraron en Spankcity Spring´s. Cuando llegaron a la puerta de la oficina, el sheriff descabalgo del animal, Melanie iba agotada habiéndose quedado dormida, no noto cuando el sheriff cargo con su cuerpo entrándola en la oficina y llevándola a su celda, donde deposito en el camastro.
   .- Descansa. Mañana será un día duro para ti!
   Cubrió con una manta a la joven. El sheriff tenía otros menesteres en que pensar, porque en la oficina no estaba Laura. Se sentó en su mesa a esperar a su ayudante, estuviera donde estuviera. Sentía curiosidad de porque había dejado sin vigilancia la oficina, esa mujer la sacaba de sus casillas. Estaba visto que no aprendía ni a la de tres. Esta vez se había vuelto a meter en un buen lio la ayudante.
    Unas dos horas después de la llegada del sheriff, Laura se dirigía hacia la oficina. Confiaba en volver antes que su jefe, pero algo vio que hizo que su corazón se le detuviera. En la puerta de la oficina estaba el caballo del sheriff, Laura caminaba con mucha dificultad. El trasero le dolía terriblemente por los castigos recibidos los últimos días y el que el sheriff hubiera llegado antes de lo esperado, solamente podía significar una cosa, volvía a estar en problemas de nuevo, se preguntaba cómo podía ser tan estúpida y volver a estar en serios problemas. Entonces recordó que había dejado la puerta trasera abierta, sobándose con las dos manos el trasero de su ajustado pantalón se dirigió a parte de atrás de la oficina, esperaba poder entrar y fingir que estaba en la cuadra arreglando las caballerizas. Con sigilo abrió la puerta, entro, y se volvió lentamente para cerrarla de nuevo con mucha suavidad, para que las bisagras no chirriaran al cerrar la puerta. Entonces fue cuando se dio cuenta que alguien respiraba a sus espaldas, se giró asustada pensando que tenía a su jefe detrás de ella, pero para su sorpresa vio que la celda próxima estaba ocupada, le extraño, esa celda era la que solía ocupar ella cuando estaba de servicio, y ahora había alguien encerrada en ella. En la penumbra de la noche, no pudo reconocer a su ocupante. Miro la celda contigua que estaba vacía, procurando no hacer ruido se metió en ella. Se desnudó en un momento quitándose el chaleco, la blusa, el pantalón y estaba ya solo en bragas con una camisola fina, se iba a meter en la cama cuando al fondo de la celda vio como la brasa de un cigarrillo se iluminaba, alguien estaba fumando en esa celda, pudo ver vagamente el rostro congestionado por el enfado de su jefe, la brasa encendida del cigarrillo al aspirar de él, había iluminado levemente su cara. Asustada con sus ojos abiertos como platos, vio como la llama de una cerilla se encendía, en el movimiento de la llama vio que la acababa de encender en la suela de su bota el sheriff. En la mano izquierda tenía una lámpara de aceite, le prendió con la cerilla y luego con parsimonia puso el cristal de la lámpara, la celda se ilumino al completo. Laura se llevó sus manos a su trasero, no podía creer que tuviera tan mala suerte, allí al fondo de la celda, sentado en un banco de madera estaba su jefe, sobre su muslo derecho tenía el cepillo de baño de madera.
    .- Sheriff… puedo explicarlo…
    .- Como vas a explicar que las presas las hayas dejado solas, dime! O que hacia la puerta de atrás abierta! Que pretendías, facilitar a sus hermanas que las sacaran de sus celdas! Como vas a explicar eso? No te he ordenado esta mañana que para nada y por ningún motivo dejaras la oficina sola y sin vigilancia!!! Como tengo que decirte las cosas a ti? Es que no voy a poder abandonar esta oficina sin tener que preocuparme!!! Crees que si se escapan las presas, volveré a ser elegido sheriff. No!  Y si yo me quedo sin trabajo, a ti te despellejo el culo, entendido? Ven aquí, te voy a enseñar que me debes obedecer cuando te ordeno que te quedes en la oficina sin moverte de ella…
   .- Sheriff por favor… no me castigue de nuevo… El…el…me…duele…mucho…el…el…cepillo…noooo!
   .- No me hagas tener que ir a por ti!!! Ven aquí!!! Ponte sobre mis rodillas boca abajo, ya!!!
    Laura se fue acercando lentamente, con sus dos manos se frotaba el culo sobre sus bragas ahora bajo la luz de la lámpara se apreciaba su blancura, una sombra oscura apareció en su entrepierna y fue creciendo hasta desbordarse aquella humedad, hasta empapar por completo el fondillo de sus bragas blancas, pronto se vio descender por sus muslos, del pánico se estaba orinando encima, pronto se formó un charco bajo sus pies…
   .- Ooohhh! Sheriff, lo siento…
   .- No te da vergüenza mearte encima de las bragas? Ven aquí meona! Te voy a enseñar que no debes desobedecerme de nuevo! No vas a conseguir librarte de esta azotaina porque te hagas pis encima!!!
    El sheriff alargo su brazo agarrando a su desobediente ayudante por un brazo, tiro de ella, y la hizo tumbarse sobre su regazo, no tardando en caer sobre su trasero el cepillo con fuerza, la parte baja de su trasero cubierto por las bragas, se veía en un tono más oscurecido por la sombra de la orina, que aún seguía emanando de su entrepierna mojando el pantalón de su jefe. Que no dejaba de darle fuertes y muy sonoros azotes en el culo. Laura desde antes de ponerla sobre sus rodillas, por la vergüenza ya se había puesto a llorar, el haber mojado sus braguitas de orina por el miedo a ser castigada de nuevo, estaba tan avergonzada que se dejó dar aquella azotaina sin mostrar apenas resistencia, aunque su culo en llamas, la hacía retorcerse de dolor. Sus piernas no la obedecían agitándose como una posesa, intentaba librarse de aquella pesadilla, sus nalgas le ardían terriblemente, de su garganta brotaban gritos guturales a cada nuevo azote en el dolorido culo. Su jefe continuaba azotándole el trasero con el cepillo, estaba indignado por el comportamiento de su ayudante, y cada azote, parecía más duro que el anterior, la ira se estaba apoderando de él. Se detuvo un momento dejando el cepillo a su costado sobre el banco, cogió el elástico de la cinturilla de las bragas y se las bajo a los tobillos, cuando las tuvo ahí, se las acabo por sacar por completo, estaban muy mojadas por la orina y las lanzo al suelo con rabia. Entonces volvió a coger el cepillo, levanto su mano derecha en alto, entonces vio el estado lamentable de las nalgas de su ayudante, estaba completamente oscuro, estaba morado y azulado. Entonces se lamentó de haber sido tan severo con el cepillo, había dado a su ayudante varias azotainas severas en pocas horas, pero a pesar de ello sabía que debía castigarla más, no podía consentir aquel comportamiento de desobediencia y no cumplir con sus obligaciones en su trabajo. Volvió a dejar el cepillo sobre el banco, y siguió la azotaina de su desobediente ayudante con la mano. Ella apenas noto diferencia entre recibir la azotaina con el cepillo, o estar recibiendo ahora la azotaina con la mano. Le dolía tanto el culo, que la diferencia era imperceptible para ella. Al cabo de unos minutos Laura simplemente lloraba amargada, la azotaina no cesaba, su jefe continuaba azotándola sin pausa, aunque ya los azotes ya no eran tan duros, debería ser por el agotamiento de su jefe, pero seguía estando enfadado con ella, y no tenía en mente dejar de calentarle el culo, debía de enseñar a su ayudante de una vez por todas, que no podía consentirle su comportamiento por más tiempo. Al final el agotamiento hizo mella, y el ultimo azote cayó sobre el indefenso trasero, este estaba con un color rojo intenso, a pesar que sus nalgas, sobre todo el fondo de ellas, se las podía ver amoratadas.
    El sheriff dejo que su ayudante se incorporase de sus rodillas, esta, muy adolorida no podía ni acariciarse el culo, intento sobarselo pues sentía un picor horrible en el culo, pero las veces que lo intento, tuvo que separar sus manos de el. Sin apenas levantar sus pies del suelo, arrastrándolos y con su cuerpo encorvado consiguió llegar a su camastro, dejándose caer boca abajo sobre el llorando y sorbiéndose la nariz de los mocos que descendían de sus agujeros nasales.
    El sheriff salió de la celda alumbrándose con la lámpara, entonces vio como las ocupantes de las otras celdas estaban en pie agarradas a los barrotes de hierro de sus celdas. Penélope y Maggie Watson lloraban por lo que sus ojos habían contemplado, en otra de las celdas Melanie le miraba con los ojos inyectados en sangre por la ira que sentía hacia aquel hombre que había castigado de manera tan severa aquella mujer. Sin poder contenerse insulto aquel hombre indeseable…
    .- Bestia!!! Salvaje!!!
    .- Melanie! Gracias por tus piropos… Pero en cuanto amanezca y haya descansado unas horas, serás tú la que voy a castigar o crees, que te vas a librar de recibir una azotaina… Mira a tus hermanas, están llorando verdad… Ahora pregúntate por qué?  Pues en pocas horas tú, tendrás el trasero igual que ellas, y como mi ayudante… Si hiciera bien su trabajo, no me sería necesario el disciplinarla… Piensa en ello… Tú, eres la siguiente!!!