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miércoles, 8 de julio de 2015

DISCIPLINA EN LA UNIVERSIDAD Capitulo 3



                                                                      Capitulo  3

(John)-.                Perdón Señora!!! No volverá a ocurrir.- arrastras prácticamente condujo a Sonia hacia la silla, sentándose en ella, para luego sin mediar palabra ponerla sobre sus rodillas a Sonia-. Ves lo que has conseguido!!!
         No se esperaba que sucediera algo así, Sonia se vio echada sobre las rodillas de John. Este le había levantado la falda y todos pudieron observar las bragas de la profesora, blancas con dibujos de racimos de uvas azules, y como el Decano, levantaba su mano derecha para asestarle unos buenos azotes en su trasero,  estos se sucedían fuertes y muy sonoros sobre las bragas de Sonia, ella permanecía impasible, sin siquiera pestañear, sus piernas  semi-flexionadas ni se movían, sus manos por el otro extremo colgaban inertes, sin hacer ni un solo movimiento que pudiera hacer interpretar que esos azotes bien dados en su trasero, estuvieran haciendo mella en ella, las nalgas aunque cubiertas por la íntima prenda, se apreciaba como a cada azote se agitaban, pero Sonia no mostraba ningún gesto que hiciera presagiar que esos tremendos azotes le causaran dolor alguno. Por lo cual John se esmeró aún más, y arreció la fuerza e intensidad de los azotes, ahora azotaba la parte baja de las nalgas de Sonia, una parte delicada. Ahora con cerca de una cincuentena de muy fuertes azotes, Sonia no podía evitar exclamar algunos gemidos a cada azote que recibía, cerrando sus ojos a cada impacto en sus nalgas y sus piernas se balanceaban a cada nuevo azote.
(Presidenta)-.             Señor Lewiston!! No cree que pone demasiado entusiasmo en azotar esa joven?  Deténgase inmediatamente…!!! Ya le llegara el momento de recibir su castigo.
         El decano le bajo la falda y la dejo incorporar. Conduciéndola con claros gestos de estar muy enfadado, de nuevo ante la mesa. Sonia se dejó arrastrar mientras que se sobaba el trasero con la mano izquierda, introduciendo la mano bajo su falda, se acariciaba el trasero sobre sus bragas, al parecer los azotes propinados la habían escocido bastante sus nalgas, algo que todos pudieron observar como lo hacía y como sus dedos cogían el borde del elástico, y las estiraba hacia abajo para cubrir la zona castigada y vieran la rojez de su nalga izquierda, con la fuerza de los azotes se le habían ido subiendo dejando expuestas sus rojas nalgas a la vista de todos, al llegar de nuevo a la mesa y John Lewiston le soltase su mano derecha, Sonia hizo lo propio con su nalga derecha y estirando hacia abajo el elástico de la prenda íntima, aprovechando el momento para frotarse ambas nalgas, con las manos introducidas bajo su falda. Los azotes habían hecho mella en su trasero, en sus ojos se le podía descubrir cierto brillo que presagiaba lo cerca que había estado de brotar alguna lagrima, hacía muchos años que no había sentido azotes en su trasero, y estos los había notado ella, vaya! si los había sentido!.
(Presidenta)-.            Señor portavoz puede continuar leyendo el comunicado de resolución. Joven!!! No sea tan descarada y deje de frotarse… Y usted Decano Lewiston, le he dicho que corrigiera la conducta de esta joven, no que se tomase usted la ley por su mano. La alumna Sonia Adams en breve recibirá su debido correctivo, pero por determinación de esta Junta de accionistas, no por decisión de usted, Decano Lewiston.
(Sonia)-.                 Pero Señora yo no soy…
(Presidenta)-.            Señorita Adams, cállese..!!! Usted aquí no tiene la palabra para hablar, si vuelve a interrumpir seré yo misma quien la conduzca de nuevo a la silla, y el Sr. Lewiston acabara lo que comenzó.  Señor Portavoz cuando desee puede continuar…
(Portavoz)-.          Gracias señora Presidenta de la mesa de esta Junta reguladora de accionistas.
                               Alumna Sonia Adams… Como iba diciendo antes de esta desagradable interrupción, por la alumna acusada de una intolerable conducta, y que según hemos podido observar  todos los comparecientes, con cierta falta de educación que no será pasada por alto por esta Junta de accionistas.      En el día de autos, la Alumna Sonia Adams estudiante en prácticas para acabar su Master de Química, entonces Profesora Adams. A las 08,45 horas de la mañana del día de autos, protagonizo un grave altercado con dos alumnas de esta universidad, la alumna de segundo grado de ingeniería industrial de diecinueve años, Elisabeth Braun y la alumna también de segundo grado de ingeniería industrial de diecinueve años, Laura Carrington ambas citadas en esta sala por esta Junta de accionistas.   Dichas alumnas fueron salvajemente agredidas y de manera indigna por la Alumna de química en prácticas, Sonia Adams, en aquellos instantes Profesora de este centro universitario, lo que hace que dicha agresión fuera resultado de unos hechos como ya se ha comentado anteriormente, sencillamente intolerables.
          La profesora alego que dichas alumnas atentaron en contra de sus bienes privados, en este caso su vehículo. Con serios daños materiales que produjeron en dicho vehículo, hechos que fueron probados que eran totalmente verídicos según atestiguaban las cámaras de seguridad, por lo cual han sido aquí convocadas para recibir un muy merecido correctivo, que será llevado a cabo de forma inmediata en esta misma sala.
         Alumna Elisabeth Braun! Levántese! y adelántese hacia la silla para la aplicación de su correctivo, dicho correctivo será aplicado por el honorable director de esta universidad el señor, George Aston.
        Señor Aston proceda…  
       … Un caballero de unos sesenta años se levantó de su asiento, y pasando por detrás del espacio reservado para asientos de los profesores, y luego por delante de las primeras filas, y siguió hasta la mesa de los miembros de la Junta de accionistas. Se agacho abriendo un armario bajo la mesa, extrayendo un instrumento de castigo, a simple vista parecía una especie de paleta de madera de unos cuarenta centímetros, con un mango largo, el cual haría unos veinticinco centímetros y la base plana y ancha, mediría como unos catorce centímetros, por unos quince hasta el inicio del mango. A primera vista parecía un cepillo de baño de madera de cerezo, al ser de color oscuro. Luego no era una paleta. Era una especie de cepillo de baño pero no era tal, pues en vez de cedras llevaba una especie de espuma compacta y sólida, y para nada era madera de cerezo, si no, madera de fresno viejo, que lo hacía a si mismo mucho más pesado, además de un muy feo aspecto.  
        El Director avanzo directamente hacia la silla deteniéndose enfrente de la alumna, al estar a su lado se podía apreciar bien su apariencia corporal, la alumna Elisabeth parecía una niña a su lado, apenas sobrepasaba la altura del codo del director. Ya que dicho caballero media los dos metros veinte de estatura, de complexión fuerte y anchas espaldas que marcaban su envergadura, ya que a ojo debería rondar sobre los ciento cuarenta kilos de peso, sus manos parecían armarios, pues eran grandísimas, el cepillo daba la impresión de ser uno de cabello en aquellas gigantescas manos. Iba vestido con un traje gris oscuro chaqueta y pantalón, con una corbata a franjas verdes, grises.
(Aston)-.          Señorita Elisabeth quiere hacer el favor de quitarse la falda.- Mientras decía esto a la alumna, él tomaba asiento en la silla arreglándose la americana, y soltando los dos botones delanteros, para tener más comodidad y depositaba el cepillo en una especie de cubilete en el cual introdujo dentro, colgado dicho cubilete en el costado de la silla a su derecha.-. Entregue la falda al conserje joven.
         … el conserje al ser nombrado se apresuró a  acercarse hasta la joven sujetando la falda y volviendo a su lugar junto a la puerta.
(Aston)-.           Acérquese joven.- la chica se acercó a su lado, el director, medio entre giro su cuerpo hacia ella, y con las dos manos, agarro la cinturilla de las bragas blancas de Elisabeth, y de un solo gesto se las bajo a las rodillas.-. Venga aquí y colóquese sobre mis rodillas..- el Director tuvo que asirla por la cintura para auparla colocándola sobre sus muslos.-,.
        ….  El director acomodo bien sobre su regazo a la joven, y agarrando el brazo derecho de ella, lo doblo con delicadeza sobre su espalda sujetándola con su mano izquierda, y la derecha la posaba sobre las nalgas de la joven, que al sentir su tacto, sus muslos empezaron a tener un pequeño temblor, debía de conocer ya aquella mano para temerla de aquella manera. Sin preámbulos levanto su mano derecha a la altura de su hombro, dejándola caer e impulsada hacia el trasero de la joven, restallando en una fuerte palmada en sus nalgas desnudas, las cuales parecían amortiguar el fuerte manotazo, al sentir el impacto las piernas de la joven subieron poniéndose casi rectas y volviendo a bajar por su propio peso, este fue el primer azote de la fuerte azotaina que acababa de iniciarse, la mano parecía tener vida propia pues subía y bajaba al mismo ritmo una y otra vez, los azotes se sucedían uno tras otro, misma fuerza, misma intensidad, el culo ya estaba rojo con apenas veinte azotes, las lágrimas de los ojos de la joven no tardaron en aparecer, y descender por sus mejillas. Sus piernas ya chapoteaban en el aire como si estuviera nadando en una piscina, la mano izquierda libre de la joven, no hacia más que trazar  circunferencias en el aire como tratando de agarrar algo. A los pocos azotes la chica lloraba a todo llorar desconsolada, sus piernas se abrían y cerraban en todas direcciones posibles y por haber, aunque no podían abrirse demasiado pues sus bragas sobre sus rodillas la trababan de igual manera un resorte al fuelle, pero de tanto pataleo, sus bragas fueron descendiendo por sus piernas hasta salir despedidas de sus pies, primero quedando enganchadas en el pie izquierdo y por ultimo salir despedidas hacia el aire, para caer poco después a los pies de la joven, como una blanca mariposa se posaba lentamente en el suelo. La chica libre de trabas empezó alocadamente a abrir y cerrar la piernas, su mano izquierda ya solo subía y bajaba, sus nalgas brillaban en su intensa rojez, debían de arderle mucho para el menear de su cintura de aquel modo alocado, su sexo sin vello alguno quedaba expuesto ante el abrir y cerrar sus piernas que lo mostraba impúdicamente, aunque lógico pensar que en esos momentos su mente no estaba para detenerse a pensar en ello. Trataba de girar sobre si misma forcejeando con las pocas fuerzas que le quedaban, para intentar escapar de aquel intenso fuego de su pequeño culo, a los pocos minutos agotada de tanto esfuerzo, se resigno a su castigo y apenas sus piernas ejercían movimiento alguno, su cabeza cayo hacia delante y lloraba amargamente y desconsolada. Hasta que por fin, callo el ultimo azote. La chica fue deteniéndose en su breve  pataleo que minutos antes agitara con tanto ímpetu. Infernal fue la severa azotaina que duro varios minutos, unos treinta aproximadamente, mucho calor intenso en sus pobres nalgas debía de sentir. Al fin, paro quedándose quieta sollozando y moqueando por su nariz. Durante unos segundos más permaneció quieta llorando sin consuelo.    El director le soltó su muñeca derecha y sujetándola de los hombros la ayudo a incorporarse, al sentir ya libre sus manos, estas volaron hacia sus nalgas que frotaba rítmicamente arriba y abajo, tratando de apagar aquel fuego intenso que sentía en la retaguardia de su cuerpo y que no había forma de hacerlo mitigar de modo alguno.    La madre de Elisabeth allí presente se incorporó y fue hacia su hija, primero recogiendo del suelo sus braguitas blancas, y luego abrazándose a su hija se la fue llevando a pasos pequeños hacia el lugar que ocupaban, en los asientos para invitados, la madre se sentó en su lugar, mientras el conserje le hacía entrega de la falda de la chica, prenda que la madre se apresuró a colocársela para tapar su desnudez… pero el Director fue a por la alumna impidiendo que se acomodara, conduciéndola hacia el rincón, en el cual la dejo cara a la pared, colocando sus manos sobre su cabeza e impidiendo así, que continuara sobándose las nalgas, luego agarrando el dobladillo de la falda, se la sujeto en la cintura con unas pinzas de oficina metálicas, que le facilitase el conserje y allí cara a la pared la dejo castigada, con el culo al aire, a las miradas de los presentes, tenían un rojo muy intenso y brillante, los presentes podían observar como las nalgas de la joven palpitaban acordes a los sollozos de la joven…
    Sonia no había perdido detalle de la azotaina que acababa de presenciar, y de sus ojos broto alguna lagrima de angustia e impotencia, en unos minutos seria ella la que sentiría arder sus nalgas de aquella manera, y solo el pensar que le pudieran bajar sus bragas de igual manera, la hacía enrojecer de vergüenza…
(Portavoz)-.       Señorita Laura Carrington! haga el favor de levantarse!. Usted joven es la causante de mayores destrozos, que su compañera. Es usted una irresponsable, por las cámaras de seguridad hemos sido testigos, de que no únicamente saboteo el vehículo de la profesora Adams, si no el de otros profesores como el vehículo, del señor Aston, por tal motivo su castigo no será como el de la señorita Elisabeth Braun, si no, mucho más severo, ya que el mal ocasionado es mucho mayor.
      Señor Aston, hace unos días denuncio que alguien estaba dañando vehículos en el parking, a ninguno de nosotros se nos ocurrió mirar las cintas de las cámaras de seguridad, hasta que el caso de la Profesora Adams, nos ha recordado el que existían dichos dispositivos y cintas de video de las cámaras, con lo cual hemos observado que la joven aquí presente Laura Carrington, llevaba meses causando estragos en el parking del profesorado, por lo que un simple correctivo no creemos esta Junta de accionistas, que pueda ser suficiente castigo. Por lo tanto y después de hablar con sus padres, dicha joven será hoy severamente castigada, y para asegurarnos que esta joven luego no realiza otros estragos en vehículos o valores de otras naturalezas, será internada en esta universidad en el área sur, en donde pernoctan las alumnas que por vivir en zonas alejadas habitan. Permanecerá en ese centro hasta finalizar el curso vigente, y al acabar será expulsada de esta universidad. Ha no ser que su conducta cuando llegue la fecha de finalización, sea muy convincente para esta Junta de accionistas, ya que se recurrirá a los viejos métodos de corrección ya abolidos por la sociedad, pero que lo padres han sugerido en vista de todos los males causados. Durante el próximo mes recibirá un correctivo diario de mantenimiento, antes de acostarse y otro matinal. Además de los correctivos pertinentes que pueda resultar acreedora durante la jornada de estudios, ya que toda falta que cometa por pequeña que esta fuere, será debidamente corregida por su tutora la señora Lawton, nuestra profesora de gimnasia, quien se ocupara en todo momento de su reeducación.
     Señora Lawton! puede ocuparse de ella desde este instante, haga el favor de encargarse de su pupila y aplicarle su castigo.
      … una mujer de unos cincuenta años se levantó, esta se hallaba sentada en primera fila, junto a los padres de Laura, iba ataviada con una blusa azul marino, falda negra hasta debajo de la rodilla, medias negras y zapatos con escaso tacón también negros. Vestía de luto por la pérdida de su esposo hacía apenas unos meses en accidente de tráfico. Para ser la profesora de gimnasia, su físico no era el más idóneo, daba la apariencia de la clásica celadora de un orfanato o hospital, un metro ochenta de estatura y bien robusta, entrada en carnes como se suele decir a una señora rolliza, de unos noventa kilos de peso.
         Y su fama era por ser una mujer nada agradable, con un más que respetable mal carácter y de unas ideas muy conservadoras, siempre decía que la letra entra mejor con sangre, que con caricias. En otros tiempos era la supervisora de la vivienda destinada a las alumnas, y era muy conocido su mal genio por dichas alumnas, las cuales las que eran más antiguas, celebraron que los castigos fueran abolidos por ley. Algo que deberían de haberse pensado mejor o haber preguntado antes de celebrar tal celebración, pues todas las alumnas durmieron bien calientes esa noche y otras muchas noches que le precedieron. Días después pudieron saber, que la vivienda de la universidad no era considerada como parte del centro de estudio. Si no, como vivienda o hogar de las chicas. Por lo cual, al ser el hogar, los castigos en dicho lugar  aún eran legales y con pleno poder de las celadoras, encargadas de su vigilancia.
La señora Lawton se acercó a Laura, y dando pie a su fama de mujer estricta, la agarro del lóbulo de la oreja izquierda y casi arrastras la condujo hasta la silla…
(Sra. Lawton)-.      ¡Quítate la falda y bájate las bragas, Laura! Y luego apoya ambos codos sobre el asiento de la silla, con las manos hacia el interior agarrándote ambos codos, la piernas bien rectas!!!
          … La señora Lawton mientras Laura cumplía sus instrucciones, se volvió y caminando con paso firme y decidido, hacia la mesa de los socios. Exactamente donde el Director había abierto el armario y extrajo el instrumento de castigo. Ella después de rebuscar en el interior, debió encontrar lo que andaba buscando, lo cogió, y con gran maestría se lo enrollo en su muñeca derecha y asiéndolo luego en su mano, comprobando su sonido sobre su propia palma de su mano izquierda.  Sonia Adams estaba apenas a metro y medio, y vio muy de cerca como lo hacía resonar en la palma de la mano, ya que al hacerlo, la señora Lawton miro a Sonia, la cual sintió como un inmenso nudo en su garganta, al ver aquel brillo en sus ojos con clara furia. Una mirada penetrante la cual la había hecho llorar siempre, cuando era alumna e iba a ser

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