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miércoles, 8 de julio de 2015

DISCIPLINA EN LA UNIVERSIDAD Capitulo 5



                                                                    Capitulo  5

 (John)-.       Es que te has vuelto loca? Tenías que comportarte como una estúpida? Iba a ser una simple azotaina con el cepillo de madera, hubiera sido muy dolorosa pero estaba pactado así. Todo el trabajo que me ha costado lograr ese acuerdo y vas, y lo has estropeado todo, eres una estúpida… lo había arreglado de forma para que no te desnudaran ante todos para tu castigo, y te bajasen las bragas una vez estuvieras echada sobre el regazo, y ahora debo desnudarte de cintura para abajo… esta noche cuando te de tu azotaina antes de acostarte, me voy asegurar que duermas muy adolorida, para que duermas boca abajo… te vas a arrepentir te lo aseguro… .-Sonia se le quedo mirando con cara de sorpresa por sus palabras.  Mientras hablaba le quitaba la falda, y le bajo las bragas dejándola desnuda de cintura para abajo, ella se cubrió su sexo, el cual se había rasurado la noche anterior, desde que era adolescente no había dejado crecer vello púbico, pero John le coloco sus manos en sus caderas, para su vergüenza debía mostrar su sexo como cualquier otra estudiante cuando iban a ser castigadas-. Si, Sonia! Cada día antes de acostarte iré a tu casa a darte una azotaina. Es el acuerdo que llegamos al negociar tu castigo de hoy, durante un mes, el mismo tiempo que hemos estado agobiados por los medios de comunicación, y puede que se alargue durante más tiempo, por tu actuación tan desfavorable de hace unos momentos, y que incluso yo me he sentido indignado.
      El Decano la dejo sola ante la silla, permanecía de pie inmóvil con la mirada perdida en el suelo, estaba muy avergonzada de su situación, por su mente empezaban a circular mil un pensamientos, del porque se había comportado tan estúpidamente con aquellas dos alumnas, ahora se arrepentía y no dejaba de pensar en cómo iba a ser castigada, le atemorizaba que usaran la correa como con Elisabeth, la mano la descartaba. Pues después de los comentarios de John sobre que iban a usar con ella el cepillo, estaba muy asustada. Sabía por experiencia propia lo que dolía el maldito cepillo, y el Director Aston por algo debía de haberlo sacado del armario. Las nalgas le ardían aun un poco, y deseaba poder acariciárselas, pero el miedo a empeorar su situación le hacía permanecer en la posición que el Decano la había dejado. Escuchaba como los asistentes hablaban entre ellos sin poder entender lo que decían, pero estaba segura que hablaban de ella, sentía como su cuerpo se estremecía a medida que pasaban los minutos, y por un lado deseaba que llegara ya el momento de su castigo, y por otro deseaba que el tiempo se detuviera. Entonces escucho que una puerta se abría y que los asistentes dejaran de hablar. Su cuerpo empezó a temblar, había llegado el momento. A sus oídos llegaron el sonido de unas pisadas, alguien debía estar a su lado, pero no se atrevía a girar la cabeza. Sabía que debía de ser el Director que regresaba, pues al referirle que debía castigar a Sonia, este se ausento de la sala y debía de haber regresado con lo que hubiera tenido que ir a buscar, y entonces le vio delante de ella a menos de un metro…
 (Director Aston)-.    Bien señorita Sonia quiere hacer los honores y arremangarme la manga de la camisa para castigarla como se merece…!
      Sonia levanto la mirada y entonces le vio delante de ella que le ofrecia el brazo derecho para que le subiera arremangando su camisa, con los dedos temblorosos y torpes, le desabrocho el botón de la bocamanga y lo fue doblando, poco a poco la camisa fue doblándose y haciéndola ascender hasta la altura del codo. Al acabar miro al director a los ojos, lo vio frios y oscuros.
(Director Aston)-.    Vamos, jovencita…!!!
         Acababa Sonia de arremangarle la manga de la camisa, y cuando se disponía a bajar sus manos a sus caderas, cuando el director le agarro de la muñeca de su mano izquierda pillándola de sorpresa, vio como el director giraba  sobre sus pies y se dirigió a la silla tomando asiento, haciendo caer literalmente a Sonia sobre sus rodillas, la acomodo bien, de manera que la barriga de Sonia apoyara sobre su muslo derecho, de tal manera que el trasero de Sonia quedara bien expuesto al castigo. Sonia quedo echada sobre el regazo del Director, sus piernas por un extremo no tocaban el suelo, y por el otro sus manos colgaban inertes. Sonia se sentía como una niña que iba a recibir unos azotes por no haberse portado bien, sobre el regazo del profesor. Pero bien sabía ella que no iba  a ser así.

En ese momento ella pudo ver que unos pies se acercaban hacia ella, eran los pies del conserje que entregaba algo al Director, segundos después sintió algo líquido que caía en sus nalgas y como la enorme mano del Director restregaba aquel liquido por sus nalgas y muslos frotándoselas y repartiendo bien aquel líquido, pudo notar que era como aceitoso, y que embardunaban bien sus nalgas y muslos. No sabía lo que era hasta que recordó que una vez el Director había hecho algo parecido cuando era estudiante, …”Dios, No”…!! En ese instante empezó a sollozar.  Era vaselina liquida y conocía muy bien sus efectos, eso haría que sus nalgas estuvieran húmedas durante toda la azotaina, por lo que el efecto de los azotes iban a doler el triple o cuádruple…
    El conserje volvió a retirarse y acto seguido empezaron a caer azotes sobre sus nalgas desnudas, al instante recordó lo mucho que dolían los azotes propinados por la experta mano del director, en los años que estaba permitido el castigo en los centros escolares, las azotainas de aquellas manos eran temidas por todas las alumnas.
    La mano del Director subía y bajaba con una precisión casi perfecta, azotando una nalga y luego la otra o en el centro, azotando ambas al tiempo, Sonia agitaba débilmente sus piernas, procuraba mantenerlas juntas para no mostrar su sexo descaradamente, aunque sentía Sonia un intenso ardor en su trasero, simplemente gemía o soltaba algún …aaauuu! Por algún motivo el director no se estaba empleando a fondo, y eso hacía que Sonia se sintiera intrigada. Pues sabía muy bien cómo se las gastaba el señor Aston, pero enseguida cambio de parecer. Cuando menos se lo esperaba, empezaron a asestarle unos muy fuertes azotes en el culo, ahora si empezó inmediatamente a patalear de manera alocada y menear sus caderas circularmente, ahora su culo era puro fuego, apenas veinte de aquellos azotes la hicieron romper a llorar, casi a la desesperación, sus piernas se abrían y cerraban sin descanso, sus nalgas pronto alcanzaron un color rojo intenso, que al estar embadurnado de vaselina su brillo era mucho mayor. Las nalgas de Sonia se las veía estremecer a cada nuevo azote, el peso de la mano hacia que estas se aplanaran y al levantar la mano, la nalga volvía a adoptar su forma original, durante veinte o veinticinco minutos resultaron interminables para Sonia. 
      Estaba extenuada, ya apenas pataleaba o meneaba sus caderas, y los azotes eran mas certeros y firmes, Sonia lloraba, lloraba, sus nalgas ardían como si estuvieran en el mismísimo infierno, sus lágrimas caían por sus mejillas, pero los azotes no cesaban de caer sobre el indefenso trasero, completamente de color rojo intenso. Por fin el Director se detuvo y acaricio las nalgas unos segundos, que seguramente Sonia debió de agradecer. Habían sido cuarenta minutos interminables de castigo. Ella esperaba que en cualquier momento la dejara incorporar y poder frotarse, Sonia había aceptado su castigo, y no había intentado ni una sola vez protegerse el culo dolorido, aceptando estoicamente su castigo. Pasaron uno, dos, tres, cuatro y cinco minutos siguiendo sobre el regazo echada, no entendía porque no la dejaban incorporarse.
    El Director, levanto su mano derecha de las maltrechas nalgas de Sonia, y busco algo detrás de él, sobre el respaldo de la silla. Como por arte de magia, apareció en su mano el cepillo que dejara al iniciar el castigo a Laura en el cubilete del lateral de la silla. El feo cepillo de madera de fresno, y con esa capa de espuma compacta en la parte que deberían ir las cedras. De esa parte en concreto cayeron algunas gotas presumiblemente de agua, Sonia no se percató de ese hecho.
                Pero los asistentes si observaron ese detalle, el Decano John hizo un gesto de desavenencia y miro a la presidenta como indicando que era aquello, porque era necesario esa severidad, recibiendo una contra mirada de aprobación por parte de la presidenta, lo cual confirmaba que estaba de acuerdo.
               Sonia… relajada sobre el regazo creía o tenía el pensamiento de que había acabado el suplicio, había sido una azotaina cuando menos severa y le había dolido horrores, seguramente debido a la vaselina liquida, cuando sintió como el director apoyaba el cepillo en su nalga derecha. Al sentir el contacto del cepillo de madera en la piel, recordó en el acto, que su castigo iba a ser con el cepillo de madera, por primera vez Sonia dirigió su mirada a los asistentes buscando a alguien en concreto, una vez localizo a John quien decía ser su amigo, le miro con una mirada de súplica, como dando a entender porque más castigo para ella… Pero ya no pudo mirar más, el cepillo dejo de apoyarse en su nalga y Sonia cerro los ojos presintiendo el azote que en breve azotó su nalga izquierda. Su sonido fuerte y opaco, la dejo sin aliento abriendo su boca todo lo que daba de si, lanzando un airado alarido Aaaahhyyyyy! Nalga derecha, nalga izquierda, nalga derecha, nalga izquierda, nalga derecha… Sonia comenzó de nuevo su danza con sus piernas, agitándolas arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda, o una en cada dirección abriéndolas todo lo que la limitación de su cuerpo, le permitía al estar echada sobre las rodillas del director Aston. Su sexo quedo más a la vista de los presentes de lo que Sonia hubiera deseado, pero el cepillo estaba siendo muy muy doloroso, y ella no era dueña de sus actos, en solo unos minutos, que parecían siglos para la muchacha recibió más de cincuenta azotes de aquel maldito cepillo, al cuarto o quinto azote en el culo, ella rompió de nuevo a llorar, ahora acompañados de feroces gritos de puro dolor. Que brotaban de su garganta cada vez que el cepillo le asestaba un nuevo azote, hubo un momento que el Director cambio el punto donde los azotes ibán cayendo uno tras otro, y empezó a azotar la base de las nalgas con el inicio de los muslos, y ahí si fue duro. Sonia estaba muy agotada pero el dolor era tan intenso que seguía con su alocado movimiento de piernas, aunque si algo debilitada. Intentaba taparse el culo y los muslos con sus manos, pero era imposible el hacerlo. Cuando se cubría la nalga derecha, el azote caía sobre la izquierda, y si ponía sus manos en ambas, el siguiente azote golpeaba en los muslos, si bajaba a los muslos, entonces recibía un azote en la nalga que no podía cubrirse, y así sucesivamente, hasta que el agotamiento e intenso ardor de su trasero, hizo lo que sucede cuando se está siendo castigada tan severamente, su cuerpo dejo de tener fuerzas para luchar por escapar de aquella tremenda azotaina, y se rindió a lo inevitable. Los azotes siguieron cayendo sobre su maltrecho trasero, cada vez más y más rojo, con zonas ya más oscuras, pero el Director siguió y siguió dándole azotes en sus nalgas y muslos, durante unos minutos más. Sonia únicamente podía llorar en la desesperación, el intenso ardor de sus nalgas era tal, que ya solo los sentía caer y como golpeaban en su dolorido e inflamado trasero, por fin ceso. Sonia quedo desmadejada sobre el regazo del Director, llorando hasta la desesperación, sus nalgas y muslos eran puro fuego. Esta vez si fue ayudada por el director para incorporarse, pero sus piernas no le respondían y cayo de bruces al suelo, tumbada de costado. 
       El Director miro hacia la mesa de los miembros de la Junta, en especial a la señora presidenta, la cual hizo un gesto afirmativo con la cabeza, pero luego la giro mirando hacia donde estaban las otras dos chicas, como indicándole que la llevase junto con las otras chicas.
     Aston hizo un gesto al conserje que se acercó presuroso e indicándole que la asiera de un brazo, Aston hizo lo propio con el otro. La levantaron del suelo y la llevaron a la pared del fondo, la muchacha caminaba con serias dificultades, pero pudo llegar a la pared. Una vez allá, la dejaron de pie manteniendo sus manos sobre la cabeza. Sonia pudo no sin serias dificultades aguantar el equilibrio, aunque a veces sus piernas se le flexionaban un poco, pero allá permanecía el señor Aston en compañía de la señora Lawton, para asestar unos azotes a la que se moviera de su posición, lo que rápidamente hacia que la joven o cualquiera de las otras dos, adoptaran la posición de nuevo.
(Presidenta)-.    Señores profesores, y profesoras, miembros de la Junta pueden retirarse la sesión se da por finalizada. Señor Aston  y Señora Lawton, les dejo que permanezcan en la sala hasta que acabe el castigo de las estudiantes, exactamente dentro de dos horas pueden permitir que se vistan y arreglen sus ropas para irse a casa o a la dependencias donde deban concentrarse a partir de hoy.           

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